LOS PAPELES PSTUMOS DE LA LIGA DEL HIELO

Dictados por su miembro fundador, recopilados por sus fieles seguidores, y encontrados en el desierto de Alaska, otrora territorio Inuit por el Arquelogo E.R. Nofrost

Yo Nanuk, como miembro fundador de la Liga del Hielo, me propongo relatar los siguientes hechos, para dejar constancia para las generaciones futuras de nuestros actos, ya que podran servir como ejemplo. Tomo la palabra, y nuestro querido y honorable secretario, miembro cofundador y adems amigo Kirima, tomar las notas pertinentes en relacin a lo expuesto sobre los siguientes puntos,

De cmo comenz todo

La Liga del Hielo comenz un da como cualquier otro, despus de salir de pesca con mi padre. Lo que pescamos, no es objeto en este foro de ms explicacin. Baste decir que tan al norte no tenemos truchas (risas). bamos caminando hacia nuestra casa, cuando mi padre me llam la atencin sobre el lago.

- Sabes, hijo- me dijo.- hace muy pocos aos pasbamos con el trineo por este lago, y mira ahora, tenemos que bordearlo para llegar a casa. (rumores)

Le dije que lo recordaba muy bien. Siempre iba a patinar a ese lago, hasta que dejamos de patinar porque eso lo hacen los nios pequeos. Y tambin porque perdimos a nuestro amigo Inuk, en el hielo, como recordaris todos (rumores) estaba patinando, y al momento, ya no estaba (rumores). Pero el bueno de Inuk seguro que se fue a vivir con las focas, recordad como siempre hablaba de que en realidad era un nio foca (rumores ms altos).

Seguimos caminando, mientras me venan a la cabeza recuerdos de Inuk, cuando o claramente suspirar a mi padre, preocupado.

- Un da- me dijo- tal vez no muy lejano, nos veremos obligados a marcharnos a la ciudad, hijo mo, porque nuestro mundo est desapareciendo.

Le dije que no estaba de acuerdo en absoluto, y al momento no le di importancia, ya que los adultos tienen a veces ataques de cierta melancola.

Me trat de convencer por un instante de que nuestra vida continuaba exactamente igual que antes, pero las palabras de mi padre son sabias, y me sigui atormentando con sus pensamientos en voz alta, llamndome la atencin sobre algunas zonas en las que hielo pareca haberse retirado, retrocediendo haca el norte.

Me qued pensando en que tal vez deberamos ir hacia el norte en busca del hielo, tal y como deca mi padre, para seguir con nuestra vida (rumores).

Al llegar a casa encontr a mi madre muy enfadada, diciendo que debamos contratar un seguro a todo riesgo, que cubriera el deshielo, ya que las goteras en casa de pequeos hilillos se estaban convirtiendo en autnticas cascadas. La verdad es que al principio me pareci gracioso esto de las goteras, porque te puedes lavar tranquilamente sin salir de tu cama (rumores), pero cuando ests todo el rato debajo de una fuente, aunque es muy zen, pues llega a ser bastante molesto (rumores y risas). Mi padre prometi entonces reparar el igl cada noche. (rumores).

Pero como bien sabis levantando la voz- esto es una solucin slo temporal, y si no hacemos nada ahora, llegar el da en que nada podamos hacer (rumores cada vez ms altos). Entonces, fue cuando pens, que debamos unirnos y formar algo ms grande: LA LIGA DEL HIELO (aplausos, vtores y hurras).

De cmo se constituy la Liga

Pues todos estos pensamientos se los traslad a Kirima y a Anouk, los miembros cofundadores de la Liga. Pido un aplauso para ellos (aplausos y vtores). Ellos me comentaron que vivan una situacin parecida (rumores) y que tambin los adultos de su familia haban empezado a hablar de marcharse a la ciudad.

Como bien dijo Inuk, nuestro amigo nio foca, y gua espiritual, eso es lo ltimo. Os imaginis lo que sera de un oso polar en la ciudad? Es tan difcil para m imaginarme a un oso polar con traje y corbata, sentado en un Starbucks, pidiendo un descafeinado jamaicano dulce (risas), como imaginarme a mi padre o a mi madre, o a cualquiera de nosotros viviendo en la ciudad. (aplausos y vtores).

La ciudad est bien para ir de excursin, pero cualquier otra razn para ir, es una traicin a nuestra Liga. (aplausos).

As que aquel da, no hace tanto redactamos los estatutos de la Liga del Hielo, que a continuacin nuestro secretario, el fiel Kirima, recoger:

ESTATUTOS DE LA LIGA DEL HIELO

- Todos los miembros de la Liga del Hielo tienen la misin de proteger el hielo. Este es el punto ms importante de nuestra Liga.

- Todos los miembros de la Liga del Hielo, debern dejar constancia en nuestras Sesiones Semanales de los progresos que realizan en su lucha contra el deshielo, ya sea a nivel local (su igl familiar), o a nivel mundial (el lago que est al norte del poblado).

- En caso de extrema necesidad podrn convocarse sesiones extraordinarias. La convocatoria extraordinaria consistir en tirar bolas de nieve sobre los nios vecinos formando as una cadena.

- Se prohbe la inclusin de elementos slidos dentro de la nieve, as como se prohben las guerras de bola de nieve, ya que estas cosas son muy serias y no queremos que los miembros de la Liga se alarmen sin necesidad.

- La existencia de la Liga del Hielo es secreta. Cualquier revelacin de su existencia a adultos, llevar consigo la expulsin, y el repudio de los dems miembros. El repudio incluir el recreo en el colegio.

Y para que as consten, firman,

Los miembros de la Liga del Hielo

 

De las medidas tomadas para combatir el deshielo, por Nanuk, presidente y miembro fundador de la Liga del Hielo (fragmentado)

 

Yo Nanuk, tomo la palabra para comentar brevemente mis impresiones sobre la retirada del hielo, (.) y sobre esas islas de tierra que cada vez aparecen con ms frecuencia en nuestro mundo.

Nuestro amigo Kirima nos convenci de retirar piedras y todos los elementos de la superficie helada, ya que de esa forma dejbamos desnudo el hielo y as tendra ms fro.(.)

 

Tambin hemos fabricado cubitos de hielo, con cubiteras gigantes fabricadas por nosotros mismos. En realidad, hemos creado en el lago norte una autntica fbrica de ladrillos de hielo, apartada del mundo (.)

 

Hablar de fracaso? No voy a hablar de fracaso. () (aplausos, vtores, gritos, llantos). ()

 

Ahora que importa ya! La misin nos ha desbordado, y anoche fui hasta la fbrica de ladrillos de hielo y tall con los que an no se haban derretido un regalo de despedida. Un regalo para todo aquel que ha confiado en nosotros, un anillo (.). Es un regalo efmero, lo s, el sol entrar en el hielo, y el anillo alcanzara entonces mayor brillo, mayor belleza, y en ese instante, llorar tanto, que se deformar hasta desaparecer lentamente, como nosotros (llantos ahogados) (.)

 

CARTA DE ANOUK AL SR. PRESIDENTE DE LA LIGA DEL HIELO, Y MIEMBRO FUNDADOR, NANUK

Cuando leis esto, estar muy lejos de mi nico hogar, despus de los terribles sucesos acontecidos en los ltimos tiempos.

Como sabis la Liga del Hielo se fund para luchar contra esas sombras que acechan nuestra vida. Esa terrible sombra de humo que derrite el hielo, y transforma en agua nuestra vida.

Primero el hielo se transforma en agua, y luego el agua lo hace en vapor y humo.

Al principio fueron las casas del sur, y luego el norte de la aldea.

Nuestra familia fue de las primeras en partir, pero no ser la ltima, y pronto otras nos seguirn, en busca de un refugio que en realidad no existe. Mi padre dijo “sin hielo no tenemos mundo”.

Ahora escribo desde un tren, y veo como llego a una ciudad cubierta por nubes negras de humo. Mi vida aqu carece de significado, si no puedo patinar contigo, Nanuk, por el hielo del lago del norte. Si no puedo hablar con las focas, ni ir en busca del oso polar, mi vida pronto habr terminado.

Mis padres me dicen que no sea tonta, que pronto estaris conmigo, no se da cuenta de que yo no quiero eso si el precio es que todos perdamos nuestro mundo, que lo perdamos todo.

Yo seguir siendo integrante de la Liga mientras viva.

Si nuestro mundo termina, deshecho por el agujero que acecha, si el oso polar muere ahogado al tener que nadar ms distancia, yo prometo que volver y seguir apoyando esta, la mejor causa,

Anouk, con amor

Por siempre de la Liga del Hielo

De cmo trmino todo

Yo Nanuk, como miembro fundador de la Liga del Hielo, tomo la palabra, y nuestro querido y honorable secretario, miembro cofundador y adems amigo Kirima, tomar las notas pertinentes en relacin al fin de nuestro camino.

Tras la reunin de la pasada semana en la aldea, cmo sabis los adultos acordaron su traslado a la ciudad. Muchas son las familias que nos han dejado. Cada vez, nuestra Liga del hielo est ms diezmada. (rumores)

Ahora, compaeros, quedan tan pocas y a la vez tantas cosas por hacer,!

Pero no hay tiempo, por eso, y como parte de nuestro juramente, hemos acordado adelantarnos y marcharnos nosotros a probar suerte al norte. (aplausos)

Marcharemos maana, al anochecer. Todos estamos de acuerdo. Y algunos vendrn de la ciudad a unirse a nosotros. (aplausos)

Si hay alguna respuesta, la encontraremos. (vtores, aplausos)

Y cuando despunte el da, seremos slo unas manchas ms en la blanca nieve, cada vez ms oscurecida. Cuando estemos en el norte, junto a las focas y el oso polar, mirar a las paredes de hielo, y ver reflejado el rostro de todos los que nos han acompaado. Y sonreir, porque al fin estaremos todos juntos, en casa (aplausos, vtores, hurras).

 

Y para que as consten, firman,

 

Los miembros de la Liga del Hielo

 

NOTAS DE E.R.NOFROST ARQUELOGO Y EXPERTO

EN LA LIGA DEL HIELO

En este punto se dan por concluidos los documentos relativos a la Liga del Hielo. Gran parte de los papeles se perdieron para siempre en el gran deshielo de Alaska.

Mis investigaciones al norte del poblado B donde fueron hallados los documentos, y donde probablemente se produjeron los hechos, hablan de la leyenda de unos nios que desaparecieron sin dejar rastro alguno, una noche hace varios siglos.

En cuanto a si estos hechos son leyenda o realidad, es difcil de saber. Al menos la datacin de Carbono 14 confirma la antiguedad de los documentos.

 

Por otro lado, he encontrado una vieja cancin en las que se habla de las focas Inuk, una extraa raza de focas que habitan Iceland, el nico lugar helado del planeta.

Segn dice la cancin que cantan gentes de las reservas del desierto de Alaska, esta extraa raza de focas, juega a deslizarse por toboganes de hielo, patinando sobre sus cuerpos.

Pero lo ms extrao de su comportamiento, dicen estas gentes, es que suelen tirarse bolas de nieve los unos a los otros, en forma de cadena, antes de reunirse en crculo, aparentemente para discutir cuestiones importantes.

 

Edgard Robert Nofrost, en el desierto de Alaska, a 15 de Marzo de 2386

 

M.S.

LOS PAPELES PSTUMOS DE LA LIGA DEL HIELO

LOS PAPELES PSTUMOS DE LA LIGA DEL HIELO

Dictados por su miembro fundador, recopilados por sus fieles seguidores, y encontrados en el desierto de Alaska, otrora territorio Inuit por el Arquelogo E.R. Nofrost

Yo Nanuk, como miembro fundador de la Liga del Hielo, me propongo relatar los siguientes hechos, para dejar constancia para las generaciones futuras de nuestros actos, ya que podran servir como ejemplo. Tomo la palabra, y nuestro querido y honorable secretario, miembro cofundador y adems amigo Kirima, tomar las notas pertinentes en relacin a lo expuesto sobre los siguientes puntos,

De cmo comenz todo

La Liga del Hielo comenz un da como cualquier otro, despus de salir de pesca con mi padre. Lo que pescamos, no es objeto en este foro de ms explicacin. Baste decir que tan al norte no tenemos truchas (risas). bamos caminando hacia nuestra casa, cuando mi padre me llam la atencin sobre el lago.

- Sabes, hijo- me dijo.- hace muy pocos aos pasbamos con el trineo por este lago, y mira ahora, tenemos que bordearlo para llegar a casa. (rumores)

Le dije que lo recordaba muy bien. Siempre iba a patinar a ese lago, hasta que dejamos de patinar porque eso lo hacen los nios pequeos. Y tambin porque perdimos a nuestro amigo Inuk, en el hielo, como recordaris todos (rumores) estaba patinando, y al momento, ya no estaba (rumores). Pero el bueno de Inuk seguro que se fue a vivir con las focas, recordad como siempre hablaba de que en realidad era un nio foca (rumores ms altos).

Seguimos caminando, mientras me venan a la cabeza recuerdos de Inuk, cuando o claramente suspirar a mi padre, preocupado.

- Un da- me dijo- tal vez no muy lejano, nos veremos obligados a marcharnos a la ciudad, hijo mo, porque nuestro mundo est desapareciendo.

Le dije que no estaba de acuerdo en absoluto, y al momento no le di importancia, ya que los adultos tienen a veces ataques de cierta melancola.

Me trat de convencer por un instante de que nuestra vida continuaba exactamente igual que antes, pero las palabras de mi padre son sabias, y me sigui atormentando con sus pensamientos en voz alta, llamndome la atencin sobre algunas zonas en las que hielo pareca haberse retirado, retrocediendo haca el norte.

Me qued pensando en que tal vez deberamos ir hacia el norte en busca del hielo, tal y como deca mi padre, para seguir con nuestra vida (rumores).

Al llegar a casa encontr a mi madre muy enfadada, diciendo que debamos contratar un seguro a todo riesgo, que cubriera el deshielo, ya que las goteras en casa de pequeos hilillos se estaban convirtiendo en autnticas cascadas. La verdad es que al principio me pareci gracioso esto de las goteras, porque te puedes lavar tranquilamente sin salir de tu cama (rumores), pero cuando ests todo el rato debajo de una fuente, aunque es muy zen, pues llega a ser bastante molesto (rumores y risas). Mi padre prometi entonces reparar el igl cada noche. (rumores).

Pero como bien sabis levantando la voz- esto es una solucin slo temporal, y si no hacemos nada ahora, llegar el da en que nada podamos hacer (rumores cada vez ms altos). Entonces, fue cuando pens, que debamos unirnos y formar algo ms grande: LA LIGA DEL HIELO (aplausos, vtores y hurras).

De cmo se constituy la Liga

Pues todos estos pensamientos se los traslad a Kirima y a Anouk, los miembros cofundadores de la Liga. Pido un aplauso para ellos (aplausos y vtores). Ellos me comentaron que vivan una situacin parecida (rumores) y que tambin los adultos de su familia haban empezado a hablar de marcharse a la ciudad.

Como bien dijo Inuk, nuestro amigo nio foca, y gua espiritual, eso es lo ltimo. Os imaginis lo que sera de un oso polar en la ciudad? Es tan difcil para m imaginarme a un oso polar con traje y corbata, sentado en un Starbucks, pidiendo un descafeinado jamaicano dulce (risas), como imaginarme a mi padre o a mi madre, o a cualquiera de nosotros viviendo en la ciudad. (aplausos y vtores).

La ciudad est bien para ir de excursin, pero cualquier otra razn para ir, es una traicin a nuestra Liga. (aplausos).

As que aquel da, no hace tanto redactamos los estatutos de la Liga del Hielo, que a continuacin nuestro secretario, el fiel Kirima, recoger:

ESTATUTOS DE LA LIGA DEL HIELO Todos los miembros de la Liga del Hielo tienen la misin de proteger el hielo. Este es el punto ms importante de nuestra Liga. Todos los miembros de la Liga del Hielo, debern dejar constancia en nuestras Sesiones Semanales de los progresos que realizan en su lucha contra el deshielo, ya sea a nivel local (su igl familiar), o a nivel mundial (el lago que est al norte del poblado). En caso de extrema necesidad podrn convocarse sesiones extraordinarias. La convocatoria extraordinaria consistir en tirar bolas de nieve sobre los nios vecinos formando as una cadena. Se prohbe la inclusin de elementos slidos dentro de la nieve, as como se prohben las guerras de bola de nieve, ya que estas cosas son muy serias y no queremos que los miembros de la Liga se alarmen sin necesidad. La existencia de la Liga del Hielo es secreta. Cualquier revelacin de su existencia a adultos, llevar consigo la expulsin, y el repudio de los dems miembros. El repudio incluir el recreo en el colegio.

Y para que as consten, firman,

Los miembros de la Liga del Hielo

 

De las medidas tomadas para combatir el deshielo, por Nanuk, presidente y miembro fundador de la Liga del Hielo (fragmentado)

 

Yo Nanuk, tomo la palabra para comentar brevemente mis impresiones sobre la retirada del hielo, (.) y sobre esas islas de tierra que cada vez aparecen con ms frecuencia en nuestro mundo.

Nuestro amigo Kirima nos convenci de retirar piedras y todos los elementos de la superficie helada, ya que de esa forma dejbamos desnudo el hielo y as tendra ms fro.(.)

 

Tambin hemos fabricado cubitos de hielo, con cubiteras gigantes fabricadas por nosotros mismos. En realidad, hemos creado en el lago norte una autntica fbrica de ladrillos de hielo, apartada del mundo (.)

 

Hablar de fracaso? No voy a hablar de fracaso. () (aplausos, vtores, gritos, llantos). ()

 

Ahora que importa ya! La misin nos ha desbordado, y anoche fui hasta la fbrica de ladrillos de hielo y tall con los que an no se haban derretido un regalo de despedida. Un regalo para todo aquel que ha confiado en nosotros, un anillo (.). Es un regalo efmero, lo s, el sol entrar en el hielo, y el anillo alcanzara entonces mayor brillo, mayor belleza, y en ese instante, llorar tanto, que se deformar hasta desaparecer lentamente, como nosotros (llantos ahogados) (.)

 

CARTA DE ANOUK AL SR. PRESIDENTE DE LA LIGA DEL HIELO, Y MIEMBRO FUNDADOR, NANUK

Cuando leis esto, estar muy lejos de mi nico hogar, despus de los terribles sucesos acontecidos en los ltimos tiempos.

Como sabis la Liga del Hielo se fund para luchar contra esas sombras que acechan nuestra vida. Esa terrible sombra de humo que derrite el hielo, y transforma en agua nuestra vida.

Primero el hielo se transforma en agua, y luego el agua lo hace en vapor y humo.

Al principio fueron las casas del sur, y luego el norte de la aldea.

Nuestra familia fue de las primeras en partir, pero no ser la ltima, y pronto otras nos seguirn, en busca de un refugio que en realidad no existe. Mi padre dijo “sin hielo no tenemos mundo”.

Ahora escribo desde un tren, y veo como llego a una ciudad cubierta por nubes negras de humo. Mi vida aqu carece de significado, si no puedo patinar contigo, Nanuk, por el hielo del lago del norte. Si no puedo hablar con las focas, ni ir en busca del oso polar, mi vida pronto habr terminado.

Mis padres me dicen que no sea tonta, que pronto estaris conmigo, no se da cuenta de que yo no quiero eso si el precio es que todos perdamos nuestro mundo, que lo perdamos todo.

Yo seguir siendo integrante de la Liga mientras viva.

Si nuestro mundo termina, deshecho por el agujero que acecha, si el oso polar muere ahogado al tener que nadar ms distancia, yo prometo que volver y seguir apoyando esta, la mejor causa,

Anouk, con amor

Por siempre de la Liga del Hielo

De cmo trmino todo

Yo Nanuk, como miembro fundador de la Liga del Hielo, tomo la palabra, y nuestro querido y honorable secretario, miembro cofundador y adems amigo Kirima, tomar las notas pertinentes en relacin al fin de nuestro camino.

Tras la reunin de la pasada semana en la aldea, cmo sabis los adultos acordaron su traslado a la ciudad. Muchas son las familias que nos han dejado. Cada vez, nuestra Liga del hielo est ms diezmada. (rumores)

Ahora, compaeros, quedan tan pocas y a la vez tantas cosas por hacer,!

Pero no hay tiempo, por eso, y como parte de nuestro juramente, hemos acordado adelantarnos y marcharnos nosotros a probar suerte al norte. (aplausos)

Marcharemos maana, al anochecer. Todos estamos de acuerdo. Y algunos vendrn de la ciudad a unirse a nosotros. (aplausos)

Si hay alguna respuesta, la encontraremos. (vtores, aplausos)

Y cuando despunte el da, seremos slo unas manchas ms en la blanca nieve, cada vez ms oscurecida. Cuando estemos en el norte, junto a las focas y el oso polar, mirar a las paredes de hielo, y ver reflejado el rostro de todos los que nos han acompaado. Y sonreir, porque al fin estaremos todos juntos, en casa (aplausos, vtores, hurras).

 

Y para que as consten, firman,

 

Los miembros de la Liga del Hielo

 

NOTAS DE E.R.NOFROST ARQUELOGO Y EXPERTO

EN LA LIGA DEL HIELO

En este punto se dan por concluidos los documentos relativos a la Liga del Hielo. Gran parte de los papeles se perdieron para siempre en el gran deshielo de Alaska.

Mis investigaciones al norte del poblado B donde fueron hallados los documentos, y donde probablemente se produjeron los hechos, hablan de la leyenda de unos nios que desaparecieron sin dejar rastro alguno, una noche hace varios siglos.

En cuanto a si estos hechos son leyenda o realidad, es difcil de saber. Al menos la datacin de Carbono 14 confirma la antiguedad de los documentos.

 

Por otro lado, he encontrado una vieja cancin en las que se habla de las focas Inuk, una extraa raza de focas que habitan Iceland, el nico lugar helado del planeta.

Segn dice la cancin que cantan gentes de las reservas del desierto de Alaska, esta extraa raza de focas, juega a deslizarse por toboganes de hielo, patinando sobre sus cuerpos.

Pero lo ms extrao de su comportamiento, dicen estas gentes, es que suelen tirarse bolas de nieve los unos a los otros, en forma de cadena, antes de reunirse en crculo, aparentemente para discutir cuestiones importantes.

 

Edgard Robert Nofrost, en el desierto de Alaska, a 15 de Marzo de 2386

TODOS LOS OJOS

Me eligieron precisamente a m para el trabajo. A m, que a menudo me adentraba en la zonas frontera, desde las que, escondido, contemplaba con la mirada perdida el mar o el parque. Eso no se poda hacer en la zona de los privilegiados. Primero, porque no haba parques, y segundo, porque nadie lo hacia, y hubiera llamado la atencin de forma peligrosa.
Los otros, los marginados, disfrutaban an del mar que, por momentos, levantaba una brisa fresca que azotaba la cara, aunque las ms de las veces devolviera un pestilente hedor a cinaga. En los distritos donde todava reinaba la paz gobernada por un poder corrupto vivamos ordenadamente, en bloques inmensos de pisos-colmena minsculos. Pero nadie tena relacin con nadie. No haba miradas a los ojos. No haba caricias ni roces.
As se haba determinado por la Ley deProhibicin del Contacto Fsico de 2038, aquella ley qe vino a poner orden al caos existente.
El mundo estaba dividido en zonas, en las que los privilegiados a los que se haba marcado con un pasaporte-chip en el cuello, deban vivir slo para ellos, con la nica libertad de poder traspasar la frontera hacia otras zonas, en busca de pequeos pedazos de vida.
Por supuesto nadie les garantizaba la seguridad, no haba polica en aquellas zonas, ni nada parecido a una ley, ms all de la ley del ms fuerte. Las zonas fronteras estaban dominados por poderosos grupos encargados de la prostitucin y el trfico de drogas, que eran pagados por el propio gobierno para garantizar hasta cierto punto la seguridad de los habitantes, pero ms all de las zonas fronteras, en el corazn de las zonas marginales, no haba nada, o al menos eso se deca. Por supuesto aquellas tenan un poderoso atractivo, y se deca que eran el refugio de los antiguos soadores y los poetas. Haba quien deca en cambio, que haca mucho tiempo que haban sido exterminados.
En mi mundo de privilegiados, donde el el nico privilegio era seguir vivo, necesitbamos irremediablemente pedazos de vida ajena para llenar el vacio de la nuestra. Todos ramos yonquis. Las zonas fronteras grantizaban sexo y drogas, as como la posibilidad de muerte y la destruccin, que eran tambin todo hay que decirlo, un poderoso atractivo.
Para los ms cobardes exista la telerrealidad llevada al extremo. Todos los canales de televisin dedicaban gran parte de su programacin a la vida en directo. Yo trabajaba de esa industria, como gran parte de la poblacin. Era cmara de televisin, y an teniendo un rumbo, era consciente de estar completamente perdido. Haca con mi objetivo lo que no poda con mis ojos, mirar a la gente. Todos con las cabezas agachadas, sin hacer contacto visual. Quizs por eso por mi anhelo de mirar a otras personas, de no sentirme solo, haba aceptado el reto de trabajar un nuevo proyecto, un nuevo reality show llamado todos los ojos.
Debamos ser slo observadores, agazapados como si grabramos aquellos viejos documentales en la sabana africana, permanecer en un lado de la cmara, sin conmoverse por nada. La consigna principal del trabajo era no intervenir, pero por si acaso, por si las cosas se torcan me entregaron una pistola. La met en el bolsillo de mi chaqueta y pude comprobar como descompensaba mi peso, y me haca inclinarme ligeramente a un lado. Tambin me dieron un salvoconducto de clase A aadido a mi pasaporte-chip, que me permita entrar y salir de donde quisiera y me daba cierta proteccin, incluso en aquel lugar. De todas formas el hecho de trabajar en un reality me abra muchas puertas, y resultaba apasionante, tanto a un lado como a otro de la frontera.
Me dieron mi objetivo en una carpeta de color manila: Una foto en blanco y negro de una muchacha. Junto a la foto se adjuntaba el informe previo de una prostituta llamada Justine Basset. Por supuesto era una muchacha muy bonita ya que si no, no hubiera sido seleccionada. Sus rasgos confirmaban el informe de un origen en algn pas del este, Rusia al parecer. Tras una primera infancia en un hospicio, haba sido adoptada por una pareja inglesa que haba muerto en un tiroteo pocos aos despus. La custodia de Justine pas a las manos de un to demasiado afectuoso que cuando se cans de ella la haba dejado en la calle, sin mucho ms que su cuerpo.
La particularidad de Justine era su ceguera, provocada por las palizas que haba recibido de algn cliente, o quizs de algn desaprensivo que se haba aprovechado de la pobre prostituta adolescente tirada en una esquina.
Quizs por ello, pens yo, le vena bien un protector. La fotografa borrosa de un hombre corpulento, que vigilaba como un perro guardin que todo fuera bien con los clientes. A cambio ella le entregaba una buena parte del dinero que ganaba. Este hombre apareca en el informe como el Sr. X, ya que el programa no buscaba desenmascarar a ningn criminal, era sencillamente uno de los otros, un seor X cualquiera, que se gobernaba por una ley diferente, y por lo tanto sobre el que no haba jurisdiccin.
Justine viva en un piso antiguo, en la zona del puerto. Un distrito frontera. Esos barrios en los que se mezclaban personas de ambos mundos, y que se llenaban de gentes en busca de calmar sus ansias.
La productora haba habilitado un piso justo encima del de Justine. Todo estaba perfectamente equipado, lleno de pantallas que no dejaban lugar a ningn punto ciego dentro de su pequea habitacin. Todo estaba lleno de micrfonos, con los que se podra escuchar el latido de corazn de un ratn.
La primera impresin al ver a Justine fue ya intensa, no se como describirla. No me extra que la seleccionaran, ya que tena cierto aire de inocencia, de evasin incluso. Desde la primera noche, not como me hechizaba, cmo me afectaba. Era como la luz de una lucirnaga en la noche. Parpadeante y resplandeciente en medio de la oscuridad. Pareca ms joven sobre aquella colcha gastada, con una bata rada sobre su pijama. Tras unos momentos de calma, se arrodill en el suelo, e hizo lo que la vera hacer cada da a partir de entonces. Meti los dedos entre las tablas de la madera, y extrajo una de ellas, bajo la que haba una bolsa. De la bolsa de tela oscura de la que la muchacha sac una caja de madera, que en tiempos seguro haba estado recubierta de pintura brillante, pues an quedaban manchas rojas en la tapa. Cuando abri aquella caja, la habitacin se llen de msica, mientras al comps, una bailarina diminuta giraba sobre unas zapatillas de ballet. Tal vez, pens, slo le quedaba eso de su antigua vida.
Justine se qued mirando la caja abierta, poniendo sus ojos apagados exactamente all donde la mueca giraba. Y entonces, fue la primera vez que escuch su voz como un murmullo, “A t, s te veo”.
Despus, mientras la msica del lago de los cisnes iba perdiendo velocidad, hacindose lenta y quebradiza, como ella misma, cerr los ojos y se durmi.
Ese fue mi primer contacto. Nada me hizo borrar de mi mente esa inocencia que descubr esa noche, esa belleza en medio de la oscuridad. Da tras da, noche tras noche. Verla siempre a merced de cualquier hombre que pudiera pagarla. Yo slo esperaba ese momento ntimo, el ms ntimo de todos, en la que la vera en medio de la noche abrir su caja de msica. Me quedaba mirando a la bailarina, y al verla girar, mi corazn tambin giraba.
Justine bajaba a tientas buscando un muelle cercano, sin perro lazarillo, sin que nadie la ayudara, siempre guindose con sus manos contra la pared de la calle, llenas de heridas. Yo siempre iba detrs, a distancia, en la furgoneta, fumando un cigarrillo tras otro.
El Sr. X tambin estaba cerca, vigilando. Me repeta constantemente como un mantra que no poda intervenir, y durante un tiempo no lo hice. Tuve que soportar cada da como el muelle se llenaba de hombres que huan de sus sbanas fras buscando compaa.
La vea a travs de la pantalla de las cmaras bajo aquellos cuerpos, y me morda los labios con fuerza, mi corazn temblaba. Mi corazn arda. Cada da era diferente, pasaban a recogerla en aquella camioneta, expuesta en el muelle como si fuese el pescado, an vivo pero agonizante, mientras los marineros y los encorbatados pasaban revista y miraban de arriba a abajo la competencia. La elegan a ella muchas veces. De hecho, siempre. No poda estar en el muelle sin ser ella la elegida. Siempre suba a aquella habitacin del hotelucho del muelle, y siempre me tocaba contemplar la misma escena. Bueno, quizs no siempre lo mismo. Cada da era diferente. Cada da apareca un personaje siniestro. Uno la golpeaba, mientras yo me morda el labio y me haca sangre. “No puedes intervenir”, me repeta. Era como si me golpearan a m. Era como si me humillaran a m.
Muchas veces, miraba al suelo, sin poder mirarla a los ojos, y otras acariciaba su imagen en la pantalla. La besaba y le deca que un da, un da conseguira liberarla.
Record aquellas viejas fotografas antiguas de nios fusilados en cualquier conflicto armado del mundo. En cualquier revuelta. Esos instantes de muerte recogidos por cmaras multipremiadas, y por su parecido, me sent asqueado.
Una tarde cualquiera, cuando el crepsculo acariciaba el muelle del puerto, un marinero se interes por la muchacha, nada ms verla fue directo hacia ella. Era un marinero del barco ?????. La salud en su propio idioma, por lo que supuse que la conoca de otras veces, quizs de su pasado en su pas de origen, o quizs por otras veces. Fueron hasta el hotel, juntos. Todas las habitaciones del motel del puerto tenan instaladas cmaras, por lo que pude seguirla como cada da a distancia, incmodamente sentado en la parte de atrs de la furgoneta. La vea como siempre, callada, dcil y servicial. Sin embargo, por primera vez, levant la voz, no para discutir,su tono era de ruego, ahogado, un sollozo. Me qued quieto esperando la reaccin de aquel hombre, que sentado sobre la cama mova la cabeza en seal de negacin sin decir poco ms que algn monoslabo, que yo no poda interpretar.
No entenda lo que estaba pasando. Pero sent una sacudida dentro de m y dej la furgoneta all donde estaba y fui corriendo hasta el hotel. Sub por la escalera desvencijada nervioso. El hombre ya se haba ido, y tras la puerta slo escuchaba los sollozos ahogados de Justine. Llam a la puerta, y not como los golpes contra aquel material tan poco consistente del que estaba hecha acallaban los sollozos de Justine. No puedes intervenir, no puedes intervenir, me repeta dentro como si fuesen los latidos de mi corazn y an sabiendo que estaba a punto de hacerlo. Nadie ayuda a nadie. Es que no te acuerdas?
Apenas unos segundos de silencio, y la puerta se abri, y all estaba ella. Por mucho que hubiera hecho zoom sobre su rostro infinidad de veces, nada era comparable a verla tan cerca. Sin poder evitarlo la abrac, y not como su cuerpo se tensaba y trataba levemente de zafarse de mi abrazo. Sin conseguirlo. !Era tan pequea entre mis brazos!
Y despus, not como ella se abandonaba al mismo abrazo fundindose con mi cuerpo. No, estaba seguro, nunca nadie la haba abrazado as. Recuerdo como not que de sus ojos apagados brotaban lgrimas, a pesar de que su rostro estaba apoyado en uno de mis hombros, con la mirada hacia el suelo. Not mi camisa algo humedecida por su llanto. Me sent extrao, como si tuviera un nudo dentro de m. Entonces le dije aquellas palabras como en susurro “no te preocupes, estoy contigo, siempre estoy contigo,t no me ves, pero yo te veo, no va a pasarte nada, yo lo arreglar todo”, y la bes la frente.
Ella me mir, como si en realidad pudiera verme, y sonri, acaricindome la mejilla, tratando de verme con sus dedos. Sus manos estaban speras. No dijo nada, pero cuando me dej en aquella escalera dispuesta a volver al muelle en busca de clientes mir hacia atrs y sonri. Siempre a su lado.
Tena la grabacin de la conversacin que revisaba una y otra vez pero era en ruso, y no saba ruso, por lo que no poda poda entenderlo. Por la noche, cuando Justine extrajo la tabla del suelo y cogi con sus dedos la caja de msica, como haca cada noche, tena una sonrisa especial, y entonces dijo:
- Si me oyes, si me ves… debes hacerlo esta noche… l vive en el cuarto distrito hacia el norte, en la calle 8 , deja el coche en un callejn de atrs. Es el sitio perfecto. Nadie investiga la muerte de nadie, pero menos de un criminal.
Y escribi con lpiz de labios la direccin en un cristal. “Por favor, hazlo esta noche. Si quieres ayudarme, librame”. Y el zoom cay en sus ojos.
As que era eso, Justine le haba pedido a aquel hombre enorme, compatriota suyo, que la liberara, a lo que el hombre se haba negado. Verla como un animalillo indefenso doblada sobre ella misma, teniendo como nico centro del universo su esperanza puesta en un desconocido… cmo poda dejarla desamparada? Quin hubiera tenido corazn para no apretar el gatillo?
No haba tenido deseos de matar a nadie hasta ese momento. Odiaba a aquel hombre que mantena cautiva a Justine, pero hasta ese momento no haba pensado en matarle. Sin embargo en en ese momento nada ni nadie me hubiera persuadido de que no era del todo justicia matarle. Y adems estaba el abrazo de Justine, su piel contra la ma. Nunca haba sentido un contacto con nadie tan profundo. Algo parecido a lo que deba ser un sentimiento, cuando stos estaban permitidos. Yo haba estado con mujeres, claro, pero aquella inocencia de su piel me haba transtornado, convirtiendome en otra persona. Notaba una unin espiritual con ella, como un cordn invisible del que ella tiraba. Comprend que hara lo que fuera por liberarla, a cualquier precio.
Sal de la casa, y me dirig a mi furgoneta. La noche era bastante fra y me cost arrancar el coche. Poda haberlo pensado mejor, pero no poda. Tena que sacar a Julstine de aquel mundo. Pero llevarla a dnde.
Llegu hasta el callejn, y en la oscuridad esper el momento propicio. Las cosas que pens en aquellas horas de vigilia? No lo s. S que tena fija en mi mente tan solo la imagen de Justine, tena que liberarla. Y cuando al fin apareci el coche del Sr. X y descendi, roc la pistola que estaba en el bolsillo de la chaqueta, deformado por el peso, y al acercarme vaci el cargador. Fue as de fcil.

Y esa es la historia, la razn por la que han encerrado en este agujero. Un antiguo cine de las afueras convertido en crcel de seguridad media. Nadie me hubiera condenado por un crimen cometido ms all de las fronteras de mi mundo, pero estaba por alguna rzn lo haban grabado todo. Daba igual que el muerto no le importara a nadie realmente. Daba igual que aquel lugar tuviera tanta ley como futuro. De hecho, el delito que me imputaron no era asesinato ni homicidio, sino sabotaje de programa de televisin. Y decidieron que dado que era un caso meditico deban dar ejemplo. Y me encerraron all, dnde pudiera estar vigilado da y noche, miles de cmaras sobre m, miles de ojos me perseguan, aunque yo no pudiera verlos.
Al principio, me rebel, no lo entenda, pero al tiempo lo entend todo. Repas mentalmente todas las pruebas que me hicieron antes de acepar el trabajo. Todas las entrevistas. Ellos saban que me enamorara de Justine, que me enamorara? An me suena extrao pensarlo. Ellos previeron todo. Por eso me eligieron. Desde el principio era yo el que era perseguido, vigilado, el protagonista de la historia, mientras ellos me observaban, mientras ellos lo grababan todo. Mientras ellos guaban cada paso que daba. Todo era parte del show.
Y Justine? No puedo ni imaginar si lo era tambin parte de aquello o tambin era una vctima, pero no me importa.
Hace unos das recib un paquete por correo, una caja de msica. Pas mi mano por la tapa descolorida, y la abr, dejando que la msica de Chaikovski llenara mi pequea celda. Una pequea plataforma giraba, pero sobre ella no haba ninguna bailarina. Y comprend, que ella ya no estaba cautiva. Si cierro los ojos, veo su imagen, y en mi mente la veo a ella girar, y pienso “ahora s te veo”.

M.S.

TODOS LOS OJOS

Me eligieron precisamente a m para el trabajo. A m, que a menudo me adentraba en la zonas frontera, desde las que, escondido, contemplaba con la mirada perdida el mar o el parque. Eso no se poda hacer en la zona de los privilegiados. Primero, porque no haba parques, y segundo, porque nadie lo hacia, y hubiera llamado la atencin de forma peligrosa.
Los otros, los marginados, disfrutaban an del mar que, por momentos, levantaba una brisa fresca que azotaba la cara, aunque las ms de las veces devolviera un pestilente hedor a cinaga. En los distritos donde todava reinaba la paz gobernada por un poder corrupto vivamos ordenadamente, en bloques inmensos de pisos-colmena minsculos. Pero nadie tena relacin con nadie. No haba miradas a los ojos. No haba caricias ni roces.
As se haba determinado por la Ley deProhibicin del Contacto Fsico de 2038, aquella ley qe vino a poner orden al caos existente.
El mundo estaba dividido en zonas, en las que los privilegiados a los que se haba marcado con un pasaporte-chip en el cuello, deban vivir slo para ellos, con la nica libertad de poder traspasar la frontera hacia otras zonas, en busca de pequeos pedazos de vida.
Por supuesto nadie les garantizaba la seguridad, no haba polica en aquellas zonas, ni nada parecido a una ley, ms all de la ley del ms fuerte. Las zonas fronteras estaban dominados por poderosos grupos encargados de la prostitucin y el trfico de drogas, que eran pagados por el propio gobierno para garantizar hasta cierto punto la seguridad de los habitantes, pero ms all de las zonas fronteras, en el corazn de las zonas marginales, no haba nada, o al menos eso se deca. Por supuesto aquellas tenan un poderoso atractivo, y se deca que eran el refugio de los antiguos soadores y los poetas. Haba quien deca en cambio, que haca mucho tiempo que haban sido exterminados.
En mi mundo de privilegiados, donde el el nico privilegio era seguir vivo, necesitbamos irremediablemente pedazos de vida ajena para llenar el vacio de la nuestra. Todos ramos yonquis. Las zonas fronteras grantizaban sexo y drogas, as como la posibilidad de muerte y la destruccin, que eran tambin todo hay que decirlo, un poderoso atractivo.
Para los ms cobardes exista la telerrealidad llevada al extremo. Todos los canales de televisin dedicaban gran parte de su programacin a la vida en directo. Yo trabajaba de esa industria, como gran parte de la poblacin. Era cmara de televisin, y an teniendo un rumbo, era consciente de estar completamente perdido. Haca con mi objetivo lo que no poda con mis ojos, mirar a la gente. Todos con las cabezas agachadas, sin hacer contacto visual. Quizs por eso por mi anhelo de mirar a otras personas, de no sentirme solo, haba aceptado el reto de trabajar un nuevo proyecto, un nuevo reality show llamado todos los ojos.
Debamos ser slo observadores, agazapados como si grabramos aquellos viejos documentales en la sabana africana, permanecer en un lado de la cmara, sin conmoverse por nada. La consigna principal del trabajo era no intervenir, pero por si acaso, por si las cosas se torcan me entregaron una pistola. La met en el bolsillo de mi chaqueta y pude comprobar como descompensaba mi peso, y me haca inclinarme ligeramente a un lado. Tambin me dieron un salvoconducto de clase A aadido a mi pasaporte-chip, que me permita entrar y salir de donde quisiera y me daba cierta proteccin, incluso en aquel lugar. De todas formas el hecho de trabajar en un reality me abra muchas puertas, y resultaba apasionante, tanto a un lado como a otro de la frontera.
Me dieron mi objetivo en una carpeta de color manila: Una foto en blanco y negro de una muchacha. Junto a la foto se adjuntaba el informe previo de una prostituta llamada Justine Basset. Por supuesto era una muchacha muy bonita ya que si no, no hubiera sido seleccionada. Sus rasgos confirmaban el informe de un origen en algn pas del este, Rusia al parecer. Tras una primera infancia en un hospicio, haba sido adoptada por una pareja inglesa que haba muerto en un tiroteo pocos aos despus. La custodia de Justine pas a las manos de un to demasiado afectuoso que cuando se cans de ella la haba dejado en la calle, sin mucho ms que su cuerpo.
La particularidad de Justine era su ceguera, provocada por las palizas que haba recibido de algn cliente, o quizs de algn desaprensivo que se haba aprovechado de la pobre prostituta adolescente tirada en una esquina.
Quizs por ello, pens yo, le vena bien un protector. La fotografa borrosa de un hombre corpulento, que vigilaba como un perro guardin que todo fuera bien con los clientes. A cambio ella le entregaba una buena parte del dinero que ganaba. Este hombre apareca en el informe como el Sr. X, ya que el programa no buscaba desenmascarar a ningn criminal, era sencillamente uno de los otros, un seor X cualquiera, que se gobernaba por una ley diferente, y por lo tanto sobre el que no haba jurisdiccin.
Justine viva en un piso antiguo, en la zona del puerto. Un distrito frontera. Esos barrios en los que se mezclaban personas de ambos mundos, y que se llenaban de gentes en busca de calmar sus ansias.
La productora haba habilitado un piso justo encima del de Justine. Todo estaba perfectamente equipado, lleno de pantallas que no dejaban lugar a ningn punto ciego dentro de su pequea habitacin. Todo estaba lleno de micrfonos, con los que se podra escuchar el latido de corazn de un ratn.
La primera impresin al ver a Justine fue ya intensa, no se como describirla. No me extra que la seleccionaran, ya que tena cierto aire de inocencia, de evasin incluso. Desde la primera noche, not como me hechizaba, cmo me afectaba. Era como la luz de una lucirnaga en la noche. Parpadeante y resplandeciente en medio de la oscuridad. Pareca ms joven sobre aquella colcha gastada, con una bata rada sobre su pijama. Tras unos momentos de calma, se arrodill en el suelo, e hizo lo que la vera hacer cada da a partir de entonces. Meti los dedos entre las tablas de la madera, y extrajo una de ellas, bajo la que haba una bolsa. De la bolsa de tela oscura de la que la muchacha sac una caja de madera, que en tiempos seguro haba estado recubierta de pintura brillante, pues an quedaban manchas rojas en la tapa. Cuando abri aquella caja, la habitacin se llen de msica, mientras al comps, una bailarina diminuta giraba sobre unas zapatillas de ballet. Tal vez, pens, slo le quedaba eso de su antigua vida.
Justine se qued mirando la caja abierta, poniendo sus ojos apagados exactamente all donde la mueca giraba. Y entonces, fue la primera vez que escuch su voz como un murmullo, “A t, s te veo”.
Despus, mientras la msica del lago de los cisnes iba perdiendo velocidad, hacindose lenta y quebradiza, como ella misma, cerr los ojos y se durmi.
Ese fue mi primer contacto. Nada me hizo borrar de mi mente esa inocencia que descubr esa noche, esa belleza en medio de la oscuridad. Da tras da, noche tras noche. Verla siempre a merced de cualquier hombre que pudiera pagarla. Yo slo esperaba ese momento ntimo, el ms ntimo de todos, en la que la vera en medio de la noche abrir su caja de msica. Me quedaba mirando a la bailarina, y al verla girar, mi corazn tambin giraba.
Justine bajaba a tientas buscando un muelle cercano, sin perro lazarillo, sin que nadie la ayudara, siempre guindose con sus manos contra la pared de la calle, llenas de heridas. Yo siempre iba detrs, a distancia, en la furgoneta, fumando un cigarrillo tras otro.
El Sr. X tambin estaba cerca, vigilando. Me repeta constantemente como un mantra que no poda intervenir, y durante un tiempo no lo hice. Tuve que soportar cada da como el muelle se llenaba de hombres que huan de sus sbanas fras buscando compaa.
La vea a travs de la pantalla de las cmaras bajo aquellos cuerpos, y me morda los labios con fuerza, mi corazn temblaba. Mi corazn arda. Cada da era diferente, pasaban a recogerla en aquella camioneta, expuesta en el muelle como si fuese el pescado, an vivo pero agonizante, mientras los marineros y los encorbatados pasaban revista y miraban de arriba a abajo la competencia. La elegan a ella muchas veces. De hecho, siempre. No poda estar en el muelle sin ser ella la elegida. Siempre suba a aquella habitacin del hotelucho del muelle, y siempre me tocaba contemplar la misma escena. Bueno, quizs no siempre lo mismo. Cada da era diferente. Cada da apareca un personaje siniestro. Uno la golpeaba, mientras yo me morda el labio y me haca sangre. “No puedes intervenir”, me repeta. Era como si me golpearan a m. Era como si me humillaran a m.
Muchas veces, miraba al suelo, sin poder mirarla a los ojos, y otras acariciaba su imagen en la pantalla. La besaba y le deca que un da, un da conseguira liberarla.
Record aquellas viejas fotografas antiguas de nios fusilados en cualquier conflicto armado del mundo. En cualquier revuelta. Esos instantes de muerte recogidos por cmaras multipremiadas, y por su parecido, me sent asqueado.
Una tarde cualquiera, cuando el crepsculo acariciaba el muelle del puerto, un marinero se interes por la muchacha, nada ms verla fue directo hacia ella. Era un marinero del barco ?????. La salud en su propio idioma, por lo que supuse que la conoca de otras veces, quizs de su pasado en su pas de origen, o quizs por otras veces. Fueron hasta el hotel, juntos. Todas las habitaciones del motel del puerto tenan instaladas cmaras, por lo que pude seguirla como cada da a distancia, incmodamente sentado en la parte de atrs de la furgoneta. La vea como siempre, callada, dcil y servicial. Sin embargo, por primera vez, levant la voz, no para discutir,su tono era de ruego, ahogado, un sollozo. Me qued quieto esperando la reaccin de aquel hombre, que sentado sobre la cama mova la cabeza en seal de negacin sin decir poco ms que algn monoslabo, que yo no poda interpretar.
No entenda lo que estaba pasando. Pero sent una sacudida dentro de m y dej la furgoneta all donde estaba y fui corriendo hasta el hotel. Sub por la escalera desvencijada nervioso. El hombre ya se haba ido, y tras la puerta slo escuchaba los sollozos ahogados de Justine. Llam a la puerta, y not como los golpes contra aquel material tan poco consistente del que estaba hecha acallaban los sollozos de Justine. No puedes intervenir, no puedes intervenir, me repeta dentro como si fuesen los latidos de mi corazn y an sabiendo que estaba a punto de hacerlo. Nadie ayuda a nadie. Es que no te acuerdas?
Apenas unos segundos de silencio, y la puerta se abri, y all estaba ella. Por mucho que hubiera hecho zoom sobre su rostro infinidad de veces, nada era comparable a verla tan cerca. Sin poder evitarlo la abrac, y not como su cuerpo se tensaba y trataba levemente de zafarse de mi abrazo. Sin conseguirlo. !Era tan pequea entre mis brazos!
Y despus, not como ella se abandonaba al mismo abrazo fundindose con mi cuerpo. No, estaba seguro, nunca nadie la haba abrazado as. Recuerdo como not que de sus ojos apagados brotaban lgrimas, a pesar de que su rostro estaba apoyado en uno de mis hombros, con la mirada hacia el suelo. Not mi camisa algo humedecida por su llanto. Me sent extrao, como si tuviera un nudo dentro de m. Entonces le dije aquellas palabras como en susurro “no te preocupes, estoy contigo, siempre estoy contigo,t no me ves, pero yo te veo, no va a pasarte nada, yo lo arreglar todo”, y la bes la frente.
Ella me mir, como si en realidad pudiera verme, y sonri, acaricindome la mejilla, tratando de verme con sus dedos. Sus manos estaban speras. No dijo nada, pero cuando me dej en aquella escalera dispuesta a volver al muelle en busca de clientes mir hacia atrs y sonri. Siempre a su lado.
Tena la grabacin de la conversacin que revisaba una y otra vez pero era en ruso, y no saba ruso, por lo que no poda poda entenderlo. Por la noche, cuando Justine extrajo la tabla del suelo y cogi con sus dedos la caja de msica, como haca cada noche, tena una sonrisa especial, y entonces dijo:
- Si me oyes, si me ves… debes hacerlo esta noche… l vive en el cuarto distrito hacia el norte, en la calle 8 , deja el coche en un callejn de atrs. Es el sitio perfecto. Nadie investiga la muerte de nadie, pero menos de un criminal.
Y escribi con lpiz de labios la direccin en un cristal. “Por favor, hazlo esta noche. Si quieres ayudarme, librame”. Y el zoom cay en sus ojos.
As que era eso, Justine le haba pedido a aquel hombre enorme, compatriota suyo que la liberara, a lo que el hombre se haba negado. Verla como un animalillo indefenso doblada sobre ella misma, teniendo como nico centro del universo su esperanza puesta en un desconocido… cmo poda dejarla desamparada? Quin hubiera tenido corazn para no apretar el gatillo?
No haba tenido deseos de matar a nadie hasta ese momento. Odiaba a aquel hombre que mantena cautiva a Justine, pero hasta ese momento no haba pensado en matarle. Sin embargo en en ese momento nada ni nadie me hubiera persuadido de que no era del todo justicia matarle. Y adems estaba el abrazo de Justine, su piel contra la ma. Nunca haba sentido un contacto con nadie tan profundo. Algo parecido a lo que deba ser un sentimiento, cuando stos estaban permitidos. Yo haba estado con mujeres, claro, pero aquella inocencia de su piel me haba transtornado, convirtiendome en otra persona. Notaba una unin espiritual con ella, como un cordn invisible del que ella tiraba. Comprend que hara lo que fuera por liberarla, a cualquier precio.
Sal de la casa, y me dirig a mi furgoneta. La noche era bastante fra y me cost arrancar el coche. Poda haberlo pensado mejor, pero no poda. Tena que sacar a Julstine de aquel mundo. Pero llevarla a dnde.
Llegu hasta el callejn, y en la oscuridad esper el momento propicio. Las cosas que pens en aquellas horas de vigilia? No lo s. S que tena fija en mi mente tan solo la imagen de Justine, tena que liberarla. Y cuando al fin apareci el coche del Sr. X y descendi, roc la pistola que estaba en el bolsillo de la chaqueta, deformado por el peso, y al acercarme vaci el cargador. Fue as de fcil.

Y esa es la historia, la razn por la que han encerrado en este agujero. Un antiguo cine de las afueras convertido en crcel de seguridad media. Nadie me hubiera condenado por un crimen cometido ms all de las fronteras de mi mundo, pero estaba por alguna rzn lo haban grabado todo. Daba igual que el muerto no le importara a nadie realmente. Daba igual que aquel lugar tuviera tanta ley como futuro. De hecho, el delito que me imputaron no era asesinato ni homicidio, sino sabotaje de programa de televisin. Y decidieron que dado que era un caso meditico deban dar ejemplo. Y me encerraron all, dnde pudiera estar vigilado da y noche, miles de cmaras sobre m, miles de ojos me perseguan, aunque yo no pudiera verlos.
Al principio, me rebel, no lo entenda, pero al tiempo lo entend todo. Repas mentalmente todas las pruebas que me hicieron antes de acepar el trabajo. Todas las entrevistas. Ellos saban que me enamorara de Justine, que me enamorara? An me suena extrao pensarlo. Ellos previeron todo. Por eso me eligieron. Desde el principio era yo el que era perseguido, vigilado, el protagonista de la historia, mientras ellos me observaban, mientras ellos lo grababan todo. Mientras ellos guaban cada paso que daba. Todo era parte del show.
Y Justine? No puedo ni imaginar si lo era tambin parte de aquello o tambin era una vctima, pero no me importa.
Hace unos das recib un paquete por correo, una caja de msica. Pas mi mano por la tapa descolorida, y la abr, dejando que la msica de Chaikovski llenara mi pequea celda. Una pequea plataforma giraba, pero sobre ella no haba ninguna bailarina. Y comprend, que ella ya no estaba cautiva. Si cierro los ojos, veo su imagen, y en mi mente la veo a ella girar, y pienso “ahora s te veo”.

M.S.

MEMORIAS DE OLMO VIEJO

En un pequeo rincn, en un jardn, en un lugar llamado Indiana, el nio Abraham me trajo envuelto en una tela, y me coloc despacio en el agujero que hizo con sus propios dedos. Me sent arropado y pens que era un buen lugar para echar races.

El jardn era de la seora Pierce, una mujer madura, que dedicaba su vida a ese pequeo rincn de hierbas verdes y menudas salpicadas por flores de colores. Esas campanillas que repiqueteaban en el aire agitando su color violeta, marcaban el paso del tiempo como si fuesen su condena!

Pasaba el da trabajando en el jardn, con sus guantes manchados, y las tardes, las pasaba en el porche suspirando. Mirando el camino de arena, viendo cmo las imgenes se distorsionaban en sus ojos hasta dibujar las sombras que en su cabeza pintaba. O quizs fuese la edad que no perdonaba. Eso deba ser, porque muchas veces ella susurraba su nombre al distinguir una figura oscura avanzar ms all de la cerca. “Sam, Sam”, deca ella, pero por mucho que estiraba mis ramas para mirar el camino, no consegua ver nada.

Aquella mujer, peinada hacia atrs, con el pelo estirado y ya canoso sujeto con una pinza, con ese vestido con el que aguardaba a aquel que nunca llegaba, llor sobre m tantas veces regando mi corazn de madera con sus lgrimas, que me lleg muy dentro y absorb su esencia.

Aquella mujer siempre ola a flores de lavanda recin cortadas, a jabn y a tarta de manzana. Siempre esperando en aquel porche que abrazaba la casa, la seora Pierce no tena a nadie que la abrazara. Y a cambio ella se llevaba al corazn con fuerza una fotografa amarillenta y emborronada.

Pero el tiempo giraba y giraba, y la seora Pierce envejeci, esperando eternamente la llegada de aquel hombre que deba ayudarle en su jardn. Ya no sala casi nunca ms all del porche, y a su cuerpo encorvado, y a su mirada siempre ausente, ahora se aada la pena de ver su precioso jardn perdido para siempre. La naturaleza volva a reivindicar lo que haba sido suyo, y las ramas y la maleza, se abrieron paso, en cada rincn de aquel pequeo mundo, mi mundo, destrozndolo.

Y as, un da, cuando la seora Pierce se meca dulcemente, muy despacio en el porche, con la luz del crepsculo filtrndose entre las ramas de los rboles, se durmi plcidamente para siempre, dejando que aquella fotografa se escapara de sus dedos muertos arrebatada por la brisa que la pos con cuidado en mi copa para que pudiera ver aquel rostro moreno, el rostro de Sam.

El silencio se rompi por culpa de un bho que se mova curioso por mis ramas, yla fotografa se perdi.

Entonces imagin la razn por la que se haban separado: l tena la piel negra, oscura, y ella era tan plida! Tal vez blanco y negro no iban bien juntos.

Comprend que la vida es frgil y extraa. Y yo estaba atado, encadenado, condenado a seguir mirando desde arriba, aunque no lo quisiera. Cada vez ms alto, los aos giraban sobre mi espalda, dibujando crculos, y yo quera ser cada vez ms y ms alto para ver mejor detrs de la cerca y ver cmo el mundo giraba.

Pero las cosas que v, me estremecieron. Una guerra cruenta se levant, y el fuego y la plvora, la muerte y la desesperacin se aduearon de todo. La guerra era lejana, pero an as, penetraba dentro de m de forma extraa. Cuntos gritos escuch. Casacas azules. Casacas grises. Qu importaba? Gritos que parecan rayos contra mi corteza de olmo, empaada por la ceniza que cay sobre m como si fuese nieve negra. Todo mi cuerpo temblaba. Y despus, slo recuerdo silencio. Silencio durante mucho, mucho tiempo.

Despus de tantas marcas solitarias en mi corteza llegaron los Scott, con esos dos nios que iba a ser tan importantes. Jack era un muchacho al que le gustaba subirse a mis ramas. Construy una pequea casa, en la que hacer realidad sus sueos. Promesas incumplidas que nunca llegaron a ser ms que eso.

Su hermana, Sarah, fue mi favorita desde el primer da. Ese da en el que lleg siendo nia y al tocar mi tronco y agarrarse a mis ramas, tratando de aspirar mi aroma, susurr “hueles a lavanda”. Claro, que s, mi pequea nia, ola a lavanda!

Sarah, era pequea pero saba leer y escribir. Lea poesa en voz alta, primero las de otros, y luego empez a leer las suyas. Yo temblaba de emocin con sus palabras, con su modulacin y sus acentos.

Cunta gente ha pisado este jardn, y que vidas han llevado? se preguntaba, inventndose todas aquellas historias.

O aquellos versos sobre Indiana que empezaban as Indiana es tierra de Indios y de maizales, pero que ya no recuerdo.

Imaginaba a todos los indios pisando la hierba, con sus pies descalzos, y segn hablaba, me pareca verlos a mi lado. Y ya no me sent solo, sino que me sent acompaado.

Si un rbol viejo puede enamorarse, yo lo hice en ese instante.

Pero los aos, siempre los aos pasaron, y Jack que ahora era el tutor de Sarah, haba crecido tratando de alcanzar mis ramas, y decidi casarla. Recuerdo los gritos en el porche, y cmo ella lloraba. El viento me traa una mezcla de su fragancia de rosas, con un toque salado de las lgrimas, ylos pjaros cantaban tal vez tratando de tapar con su sonido, todos esos llantos y gritos en el abismo.

Su prometido vino entonces, y ella le entreg su vida envuelta en lgrimas y mentiras como engaoso regalo. Ella no le amaba, lo s. Ella no le amaba. Junto a mi llor la noche anterior a la boda mientras lea en voz alta aquellos versos, algunos de esos versos que no haba tenido el valor de convertir en ceniza para entregarlos al viento. Esos versos suyos, que su esposo no aprobara. Y all con la luna como testigo, y con una pequea pala, Sarah cavy enterr una caja metlica.

“Aqu guardo mi vida, y entierro mi alma”.

Y la v alejarse con su velo de novia y ese olor a rosas, que ya nunca me ha abandonado.

Jack se qued a cargo de la casa. Las deudas, los problemas deban ser profundos, porque sus arrugas surcaban su rostro de lneas anchas y oscuras. Muy distinto del hombre en que se haba convertido de aquel otro nio, pues deba ser otro nio,cuyo peso an senta en mis ramas. Por qu hay que complicarlo todo? Me deca. Ojal hubiera podido caminar y sentarme junto a l en el porche, y poder recordarle todas esas cosas, que siempre fueron importantes. Pero no poda, la impotencia ha sido mi vida.

Ni siquiera pude hacer nada cuando l lleg un da con una cuerda que at a una de mis ramas y a su propio cuello. Haca muchos aos habamos estado unidos, compartiendo tantos sueos, grabndolos l sobre mi corteza con su pequea navaja. Y ahora, yo, que todava tena sobre m aquella casa de madera, o lo que quedaba de ella entre mis ramas, le convert en una marioneta sujetando su hilo, sin poder hacer nada ms que sujetar su ltimo aliento. Por qu contemplar tanta tristeza? Mis hojas cayeron desconsoladas, mi grito de dolor despert a los polluelos que dorman plcidamente en un nido.

Vida y muerte a tan escasa distancia.

Sarah tuvo una hija, Mary, que se hizo sufragista. Su madre no la comprenda. De tanto fingir, acab por creerse su vida de mentira. Y Mary se march, y nunca regres.

Y tal vez Sarah, en la soledad de aquella casa, a la que el porche abrazaba y que haba heredado, al mecerse suavemente y mirar haca el jardn pensara en aquella caja que haba enterrado, y en esa vida que haba perdido. En esa pequea tumba que ella misma se haba cavado.

Pens seguro que era irnico que Jack hubiera muerto justo en aquel lugar, bajo aquellas ramas, mis ramas, donde ella haba muerto haca tantos aos.

Sarah se apag lentamente, como la tarde se apaga, como si fuera una tenue llama, y el aliento la hiciera estremecer hasta borrarla. Ya no me quedaba ms dolor en mi salvia blanca.

Ahora, el nuevo inquilino es un hombre corpulento, de piel negra, me estremec al saber que su nombre era Sam y que le gustaba la jardinera. Por qu el tiempo es tan relativo? Me gustara decirle a la seora Pierce que tal y como ella esperaba, un hombre llamadoSam de piel oscura,volvi un da, y se sent en el mismo porche en el que ella consumi su vida. Si hubiera podido llorar lo habra hecho, pero los olmos viejos no lloran, salvo cuando la maana los cubre de roco.

Y v aquel hombre, al otroSam, remover el suelo con la pala hasta encontrar una vieja caja, de la que sac unos poemas, que ley en voz alta, en el porche a la luz de las velas, mientras tomaba una porcin de tarta de manzana. Vida y muerte de Sarah Scott . Cunta gente ha pisado este jardn, y que vidas han llevado?, se preguntaba Sarah. l conoca a un editor, y se encargara de hacerle llegar el manuscrito. Sarah Scott, te hars famosa, pens.

Aquello le dio la idea. Abri un viejo libro de la biblioteca, Historia de Indiana. En la primera pgina, unos trazos infantiles reivindicaban a su propietaria Mary S.. Y una nota, escrita mucho despus, cuando aquella nia ya habra aprendido a domar su caligrafa Por qu no hay mujeres en este libro?. Y Sam sonro, y susurr:

- Yo tambin s mucho de eso. Me he sentido siempre ignorado, despreciado, discriminado, pero creo que es hora de salir de detrs de las sombras.

Descorch una botella de vino, aromatizada con rosas y lavanda, verti el vino en la copa, y al levantarlo, dejando que la luz del crepsculo le otorgara un color ms oscuro dentro del cristal, pas varios hojas del libro y el azar quiso que apareciera una fotografa de Abraham Lincoln.

Reconocen la fotografa la ternura de aquel nio Abraham que tantos aos atrs, me haban abrazado, y me sent conmovido y emocionado.

Y Sam abriun cuaderno y empez a escribir “Vida de Abraham Lincoln por Samuel Reddison. l siempre haba querido escribir, pero nunca, nunca se haba atrevido, yahora que los tiempos estaban cambiando tanto, tal vez tena una deuda con todos aquellos que haban perdido sus sueos en el camino.

Y yo contempl la escena a travs de mis hojas, que eran como miles de ojos, y pude ver como el jardn volva a ser lo que haba sido un da.

Y casi pude ver al nio Abraham que me colocaba con cuidado en un agjero hecho con sus manos, en un pequeo jardn, en un lugar llamado Indiana.

Y sonre al comprender al fin, que el tiempo pasa, y pisa todo a su paso.Slo quedan los sueos, que revolotean como mariposas en un jardn muerto, hasta que al fin parecen posarse en algn sitio,y se cumplen.Por eso soar es tan importante.

M.S.

EL HOMBRE, ENCADENADO

INTERIOR. DA. Empieza todo con una visin tomada desde arriba (PLANO CENITAL), la habitacin parece aun ms pequea. Paredes verdes. Entra la luz por una pequea ventana, y se reflejan los barrotes en el suelo. Slo una cama, y un cuerpo inerte sobre ella. Sudoroso. Es un hombre. Los ojos cerrados, todava no quiere abrirlos aunque est despierto. Nos metemos en su mente unos segundos (ZOOM), y leemos sus pensamientos, que pasan a un primer plano (PRIMERSIMO PRIMER PLANO DE SUS PENSAMIENTOS). Resulta que quiere abrir los ojos, pero tiene miedo. Todas las maanas abre los ojos y encuentra un mundo diferente, un mundo extrao. Cada da encarna un personaje distinto, una vida distinta. No se acuerda ya de cundo fue la ltima vez que protagoniz su propia vida. Cundo su alma se separ de su cuerpo.
Ahora cuando despierte, o mejor cuando abra los ojos y mire a su alrededor se dar cuenta de que est en una celda, pero no podr recordar que es lo que le ha llevado hasta all (PLANO DETALLE DE LOS OJOS).
Estar confundido. Se mirar su cuerpo cubierto de sudor, y se palpar el rostro tratando de averiguar su apariencia. Imaginando su rostro, tratando de verlo incluso con los ojos cerrados, igual que el da anterior, igual que hace cada da, desde que empez todo.
Esto ocurrir con el molesto sonido del silencio rebotando en el vacio hasta que escuche acercarse por el pasillo unos pies lentos. Hasta que los escuche, y cada vez estn ms cercanos. Se acercarn hasta apagarse junto a los barrotes de metal de la celda. Entonces aquel hombre vestido de uniforme, gordo, sudoroso, con entradas, pelo canoso, dientes marrones, y hedor a tabaco se dirigir al hombre de la celda.
- Eh, t! – le dir, envolviendo cada slaba en saliva- no s por qu vienen a visitarte, pero alguien ha venido. De todas formas ya sabes que la barbacoa ser esta noche, y sta es tu ltima visita.
Entonces, veremos sus ojos azules (PRIMERSIMO PRIMER PLANO), confundidos. Pobre hombre de la celda. l est all, respirando, en un cuerpo que no es el suyo, pero por poco tiempo, pues si es verdad lo que dice aquel hombre, que con cada slaba escupe saliva a travs de los barrotes, nuestro protagonista morir esta noche. ZOOM A LOS PENSAMIENTOS. l no sabe si morir efectivamente esta noche. Es algo nuevo, l roba instantes, roba das de otros, manteniendo su alma viva, pero nunca ha muerto. Cmo ser morir en cuerpo ajeno? Vemos en su mente una colcha hecha de retazos, cada uno de ellos en movimiento. Eso es l, piensa, una colcha americana.
Entonces ser encadenado. Como si as su ser se encadenara a su cuerpo. Y caminar, y notar dolor en sus tobillos, por el roce del metal. Caminar por el pasillo verde, por el camino que dentro de unas horas le llevar a su final. (TRAVELLING DEL PASILLO). Si fuera amarillo, piensa, si fuera amarillo tal vez me llevara de vuelta a mi casa, como el mago de Oz. El camino de baldosas amarillas, es curioso cmo se acuerda de algunas cosas y sin embargo no se acuerda ni de su nombre.
Entrara en la sala, y all estar esperando ella (PLANO MEDIO, ACERCNDOSE, ZOOM LENTO), y veremos su rostro plido, a travs de sus ojos claros, a punto de estallar, sin poder contener el llanto. (PRIMER PLANO).
Vestida con un jersey verde de lana de cuello alto. Muchas bolitas en el jersey. Muchas lgrimas derramadas, por alguien que tal vez no la mereca.
Es extrao pero mientras ella habla, es como si el resto de la gente no existiera cmo si el hombre encadenado no existiera. Slo la vemos a ella, l est de espaldas (PLANO ESCORZO)
- S que me dijiste que no viniera- dir ella, como maullando, tratando de encontrar las palabras.- Y no iba a hacerlo, pero quera verte por ltima vez… y cambi el turno en el hospital.
El hombre encadenado no dir nada entonces. La cabeza agachada. Qu puede decir a aquella mujer que no conoce? Qu sus pupilas conocen, pero no conoce su mirada.
Mirar sus manos, preguntndose qu han hecho (PLANO DETALLE DE LAS MANOS) Qu han hecho para merecer la muerte? Por mucho que las mira no logra ver ms que unas manos. Ella, lentamente levantara el rostro de l con los dedos (PLANO MEDIO). Un pequeo roce. Y entonces el hombre encadenado reaccionar, al tiempo que levantar la mirada girando hacia arriba las cejas en seal de asombro, abriendo las pupilas, tratando de recordar algo (PRIMERSIMO PRIMER PLANO).
Es imposible, ha ocupado muchos cuerpos hasta entonces, pero esta ser primera vez que tenga la sensacin de que conoce a alguien. Sus manos le resultan familiares. Maldita sea (ZOOM A LOS PENSAMIENTOS), le resulta familiar incluso ese perfume barato de jazmn. Sabe, intuye, que la conoce de algo. Ella llorar, dejar que las lgrimas caigan despacio, acariciando suavemente la mejilla, y l, las secar con las mangas de su uniforme, de ese pijama azul que lleva puesto. Y por un instante, querr que aquel hombre, que aquella carcasa, se pegara a su alma como si fuera su verdadero cuerpo. Y sentir lstima de l, por el hombre encadenado, porque pensar que con sus ltimos instantes robados, est ya muerto.
El hombre encadenado se marchar con las lgrimas de ella humedeciendo su camisa, y le veremos avanzando por el pasillo (TRAVELLING), mientras ella se girar para mirarle por ltima vez. Si hiciramos un ZOOM A SUS PENSAMIENTOS, veramos que est rota por dentro. SUBIMOS EL VOLUMEN DE LA MSICA. FUNDIDO EN BLANCO. ENCADENADO.
INTERIOR. DA. Plano tomado desde arriba (PLANO CENITAL) la habitacin parece aun ms pequea. Paredes verdes. Entra la luz por la ventana y se refleja la sombra de un pjaro que vuela. Slo una cama, y un cuerpo inerte sobre ella. Sudoroso. Los ojos cerrados. Todava no quiere abrirlos aunque est despierto. Nos metemos en su mente unos segundos (ZOOM A SUS PENSAMIENTOS). Quiere abrir los ojos, pero tiene miedo.
Los abre con cuidado, y se da cuenta de que todo est borroso. Miramos con sus ojos (PLANO SUBJETIVO). Vemos que se acerca alguien, y l nota que alguien se inclina sobre l y casi le roza. Nota el olor de un perfume barato, que le resulta irresistible. Que est seguro que conoce.
Y entonces, y an sin abrir los ojos, escucha una voz femenina
- Se ha despertado, es increble! se ha despertado, es un milagro.- Dice ella, con emocin en sus palabras. l mueve sus manos. Quiere tocar su rostro. Le duele la cabeza.
- Te conozco de algo?- acierta a decir l, como un murmullo.
- Te llevo cuidando meses, tuviste un accidente. Soy tu enfermera, pero es la primera vez que me ves.- Y vemos una lgrima que cae por el rostro de la joven de ojos claros, y entonces hacemos foco en ella, y ya no la vemos distorsionada. Es ella.
- Perdona, he pasado un da horrible. aadir, sonriendo tmidamente, tristemente- Me alegro de que ests de nuevo con nosotros.
ZOOM A LOS PENSAMIENTOS. Recuerda. Ahora recordar todo. El accidente. El momento en el que levant los ojos de la carretera. Cuando la vio junto al hospital, llorando, con su jersey verde. Gir la cabeza para verla mejor.
Y despus (PLANO SUBJETIVO), se sali de la carretera, y se estrell contra el rbol. Un golpe brusco. Not que se elevaba como si estuviera en una gra. Como si volar. Y desde all, descendi despacio hasta el suelo, y decidi buscar su cuerpo.
Su cuerpo. Y se dar cuenta, de que por fin ha vuelto.
SUBIMOS EL VOLUMEN DE LA MSICA. FUNDIDO EN NEGRO

SOBREIMPRESO APARECE LA PALABRA FIN

Escrito y dirigido por M. S.

LA OTRA VOZ (DETRS DE LA MSCARA)

Si habis visto alguna de las estupendas pelculas de Matt Hobson, sabis a lo que me refiero cuando hablo de presencia hipntica. Si las habis visto dobladas reconoceris mi voz.

Yo no tena vocacin de actor, y menos de doblaje. Empec en esto por casualidad, y aunque l no lo saba, llevaba ya quince aos pegado a su sombra y prestndole mi voz y mi poco talento, la verdad es que se me fue metiendo dentro. Acab vistiendo como l, adelgazando, o engordando segn su papel. Hacia cualquier cosa que hiciese l, y estuviese al alcance de mi famlico bolsillo, como si fuese su espejo.

Aquel fatdico 15 de febrero, me inclinaba sobre el atril de metal leyendo el guin, con su reflejo posado suavemente sobre m, tratando de encajar cada slaba en sus movimientos labiales.
-Repite esa ltima lnea desde el hola- dijo el director desde la cabina iluminada.
- Hola- repet encajndolo perfectamente en el hello silenciado de Matt.
- Espera. Corta, ha ocurrido algo, me acaban de decir, que Matt Hobson ha muerto esta maana.
Fue a las 8 de la maana hora de Los ngeles cuando ocurri. Sobredosis, dijeron. Busqu por toda la ciudad una licorera en la que envolvieran las botellas en papel marrn. Quera emborracharme s, pero quera hacerlo cmo en las pelculas.
La ciudad estaba a oscuras, y es que pareca que ahora que Matt no exista, se apagaban todas las luces como seal de respeto, o quizs la ciudad no estuviera hecha para la lluvia.
-Esto es por ti, – dije levantando la botella a la luna cubierta de nubes de tormenta.
Cuando llegu a casa empapado, abrazado a la soledad de cristal de las botellas, tuve que subir a tientas por la escalera. Y una vez en el apartamento, fui bebiendo pequeos sorbos por su memoria, mientras revolva todo buscando las cerillas, hasta que las encontr, y encend la primera.
Mir a mi alrededor, elevando la pequea llama hasta iluminar mi rostro, y descubr sombras, contornos extraos en las paredes del cuarto. Se me cort la respiracin. Me asust y tir al suelo la cerilla, y al hacerlo las figuras se apagaron, se desvanecieron. Pens que estaba loco.
Beb un sorbo ms. No haba nadie all conmigo. “Debe ser el alcohol, que me hace ver cosas que no son” me dije y encend otra cerilla.
- Hola, hijo mo- dijo una seora que no recordaba haber visto en mi vida, pero estaba seguro de que no era mi madre. Me asust con sus gafas gruesas, que distorsionaban su mirada. Era de mediana edad, llevaba una bata y una redecilla en el pelo.
- No me gusta la casa que tienes ahora. Dnde est la piscina?- aadi la seora.- Y quitat esa ropa mojada.
- Matt, soy Hal- dijo una voz a su lado. Un rostro de hombre mayor, con poco pelo y cara de preocupacin- Por qu me traicionaste? Por qu te marchaste de la agencia? Yo fui quien te hice grande, podra haber encontrado un papel maravilloso para ti.
- Matt, slo necesito 200 dlares, de verdad, los necesito. Ser la ltima vez que te pida dinero, por favor aydame. – dijo una muchacha, comindose las slabas, y mordindose al mismo tiempo nerviosamente el pelo. La cara plida y delgada, los brazos calados de agujeros.
- !Pero yo no soy Matt!- les dije- !Os habis equivocado! Matt ha muerto esta maana.
Pero no me crean, haban seguido la voz de Matt y les haba llevado hasta m. Yo no era Matt, pero la confusin era posible alumbrado por la luz de una simple cerilla.
- !Marchaos de aqu!- y soplaba sobre la cerilla, y al minuto encenda una nueva buscando compaa.
Nunca me gust beber solo.
Y volvieron a aparecer esas figuras. La mujer que no era mi madre, el hombre mayor que me regaaba por haber cambiado de agente y haberle dejado en la estacada, y la joven llamada Sue, que me peda insistentemente 200 dlares -”lo juro, Matt sern los ltimos”, me deca-. Apagaba y encenda las cerillas, y cada vez me senta ms extraamente acompaado.
Soplaba la pequea llama azulada acallando sus palabras y antes de que el humo desapareciera, las anhelaba. “No puedo estar slo, no quiero estar slo”. Y encenda de nuevo una cerilla. No s como fue, una cerilla mal apagada cay al suelo.
La llama brillante recorri la habitacin rpidamente, y el fuego creci hacia arriba y me cubri como un edredn.
No me mov. Poco senta yo despus de varias botellas.
No s quien me sac. Recuerdo un infierno rojo y gris. Lograron sacarme de all con mi piel quemada en casi un 90 %. Debera haber muerto, y de hecho pens que haba muerto.
Me debat durante semanas dudando si coger un camino u otro. Florence Hobson cuidndome noche y da, contenta de que le dejara entrar al fin en mi vida. “Te cuidar, como no te cuid cuando eras nio”. “Vale, mam”, le dije, sin atreverme a contradecirle. Le di 200 euros a Sue, y me bes en los labios y camin con una gran sonrisa hacia la luz. Y le dije a Hal que por supuesto aceptara el papel que encontrara para m y se llevara el 15%.
Cuando despert entre las sbanas blancas del hospital y el olor a carne quemada, la primera llamada que recib fue extraa. Me daban el papel principal de un gran musical. Haba sido recomendado por alguien, aunque nunca supe por quien. Lo ms raro es que nunca me present a la audicin, as que pens en Hal. Es una locura, lo s.
Y ahora tras la mscara de ltex, simulo ser un fantasma. Y oigo aplausos desde cada butaca. Butacas rojas teidas por miles de colores diferentes. Y me aplauden a m! !A m!
Y yo, Luis, envuelto en mi capa oscura que oculta mi piel cubierta de cicatrices negras, proyecto desde arriba mi propia voz detrs de la mscara y despojada de toda impostura.
Y s, ahora soy una estrella, pero an tengo una queja: por mucho que enciendo cerillas en la oscuridad del camerino, no veo nada ms que sombras y humo, lo me preocupa, porque no s cmo hacerle llegar a Hal su 15%.

M.S.

LA OTRA VOZ (DETRS DE LA MSCARA)

Si habis visto alguna de las estupendas pelculas de Matt Hobson, sabis a lo que me refiero cuando hablo de presencia hipntica. Si las habis visto dobladas reconoceris mi voz.

Yo no tena vocacin de actor, y menos de doblaje. Empec en esto por casualidad, y aunque l no lo saba, llevaba ya quince aos pegado a su sombra y prestndole mi voz y mi poco talento, la verdad es que se me fue metiendo dentro. Acab vistiendo como l, adelgazando, o engordando segn su papel. Hacia cualquier cosa que hiciese l, y estuviese al alcance de mi famlico bolsillo, como si fuese su espejo.

Aquel fatdico 15 de febrero, me inclinaba sobre el atril de metal leyendo el guin, con su reflejo posado suavemente sobre m, tratando de encajar cada slaba en sus movimientos labiales.
-Repite esa ltima lnea desde el hola- dijo el director desde la cabina iluminada.
- Hola- repet encajndolo perfectamente en el hello silenciado de Matt.
- Espera. Corta, ha ocurrido algo, me acaban de decir, que Matt Hobson ha muerto esta maana.
Fue a las 8 de la maana hora de Los ngeles cuando ocurri. Sobredosis, dijeron. Busqu por toda la ciudad una licorera en la que envolvieran las botellas en papel marrn. Quera emborracharme s, pero quera hacerlo cmo en las pelculas.
La ciudad estaba a oscuras, y es que pareca que ahora que Matt no exista, se apagaban todas las luces como seal de respeto, o quizs la ciudad no estuviera hecha para la lluvia.
-Esto es por ti, – dije levantando la botella a la luna cubierta de nubes de tormenta.
Cuando llegu a casa empapado, abrazado a la soledad de cristal de las botellas, tuve que subir a tientas por la escalera. Y una vez en el apartamento, fui bebiendo pequeos sorbos por su memoria, mientras revolva todo buscando las cerillas, hasta que las encontr, y encend la primera.
Mir a mi alrededor, elevando la pequea llama hasta iluminar mi rostro, y descubr sombras, contornos extraos en las paredes del cuarto. Se me cort la respiracin. Me asust y tir al suelo la cerilla, y al hacerlo las figuras se apagaron, se desvanecieron. Pens que estaba loco.
Beb un sorbo ms. No haba nadie all conmigo. “Debe ser el alcohol, que me hace ver cosas que no son” me dije y encend otra cerilla.
- Hola, hijo mo- dijo una seora que no recordaba haber visto en mi vida, pero estaba seguro de que no era mi madre. Me asust con sus gafas gruesas, que distorsionaban su mirada. Era de mediana edad, llevaba una bata y una redecilla en el pelo.
- No me gusta la casa que tienes ahora. Dnde est la piscina?- aadi la seora.- Y quitat esa ropa mojada.
- Matt, soy Hal- dijo una voz a su lado. Un rostro de hombre mayor, con poco pelo y cara de preocupacin- Por qu me traicionaste? Por qu te marchaste de la agencia? Yo fui quien te hice grande, podra haber encontrado un papel maravilloso para ti.
- Matt, slo necesito 200 dlares, de verdad, los necesito. Ser la ltima vez que te pida dinero, por favor aydame. – dijo una muchacha, comindose las slabas, y mordindose al mismo tiempo nerviosamente el pelo. La cara plida y delgada, los brazos calados de agujeros.
- !Pero yo no soy Matt!- les dije- !Os habis equivocado! Matt ha muerto esta maana.
Pero no me crean, haban seguido la voz de Matt y les haba llevado hasta m. Yo no era Matt, pero la confusin era posible alumbrado por la luz de una simple cerilla.
- !Marchaos de aqu!- y soplaba sobre la cerilla, y al minuto encenda una nueva buscando compaa.
Nunca me gust beber solo.
Y volvieron a aparecer esas figuras. La mujer que no era mi madre, el hombre mayor que me regaaba por haber cambiado de agente y haberle dejado en la estacada, y la joven llamada Sue, que me peda insistentemente 200 dlares -”lo juro, Matt sern los ltimos”, me deca-. Apagaba y encenda las cerillas, y cada vez me senta ms extraamente acompaado.
Soplaba la pequea llama azulada acallando sus palabras y antes de que el humo desapareciera, las anhelaba. “No puedo estar slo, no quiero estar slo”. Y encenda de nuevo una cerilla. No s como fue, una cerilla mal apagada cay al suelo.
La llama brillante recorri la habitacin rpidamente, y el fuego creci hacia arriba y me cubri como un edredn.
No me mov. Poco senta yo despus de varias botellas.
No s quien me sac. Recuerdo un infierno rojo y gris. Lograron sacarme de all con mi piel quemada en casi un 90 %. Debera haber muerto, y de hecho pens que haba muerto.
Me debat durante semanas dudando si coger un camino u otro. Florence Hobson cuidndome noche y da, contenta de que le dejara entrar al fin en mi vida. “Te cuidar, como no te cuid cuando eras nio”. “Vale, mam”, le dije, sin atreverme a contradecirle. Le di 200 euros a Sue, y me bes en los labios y camin con una gran sonrisa hacia la luz. Y le dije a Hal que por supuesto aceptara el papel que encontrara para m y se llevara el 15%.
Cuando despert entre las sbanas blancas del hospital y el olor a carne quemada, la primera llamada que recib fue extraa. Me daban el papel principal de un gran musical. Haba sido recomendado por alguien, aunque nunca supe por quien. Lo ms raro es que nunca me present a la audicin, as que pens en Hal. Es una locura, lo s.
Y ahora tras la mscara de ltex, simulo ser un fantasma. Y oigo aplausos desde cada butaca. Butacas rojas teidas por miles de colores diferentes. Y me aplauden a m! !A m!
Y yo, Luis, envuelto en mi capa oscura que oculta mi piel cubierta de cicatrices negras, proyecto desde arriba mi propia voz detrs de la mscara y despojada de toda impostura.
Y s, ahora soy una estrella, pero an tengo una queja: por mucho que enciendo cerillas en la oscuridad del camerino, no veo nada ms que sombras y humo, lo me preocupa, porque no s cmo hacerle llegar a Hal su 15%.

M.S.

EL CORAZN ESCONDIDO

La miraba cada da en silencio bajar al puerto por el camino de grava que roza el muro. La miraba en silencio, aunque el corazn le lata con fuerza, a penas ahogado por el murmullo del mar, y las voces del puerto. Todos esos pescadores, que llegaban con sus barcas de colores, y extendan las redes como si fuesen telas de araa. Y el sol penetrando por ellas, dibujaba el cuerpo de ella con una sombra en un tapiz dorado, adornado el suelo por esos caballeros con sus cotas de mallas hechas de escamas, que luchaban con su ltimo aliento por escapar de las redes y nadar mar adentro.
Oh, la baha tena tantos colores y reflejos! Tantos pensamientos no estaba desierto de sensaciones, sino que estaba vivo y en perpetuo movimiento, y all ella miraba hacia el faro que se ergua entre las rocas, y trataba de tocar el cielo, iluminndolo todo. Ella tambin hubiera querido tocarlo con los dedos
Y l, Lucien, all en la terraza, sin apartar la mirada. En invierno y en verano. La luz era diferente y con ella, los colores cambiaban, y cada da an siendo la misma, Amelia pareca cambiada. Qu precio tiene una mentira? Se haba preguntado, hasta que cada atardecer, las palabras parecieran apagarse, a la vez que el faro, siempre el faro, encenda con su luz a lo lejos, todos esos fantasmas del pasado.
Una dcada, dos dcadas, tres. Cunto tiempo haba pasado, cubriendo de plata el pelo, y el cuerpo con esa sensacin de estar siempre mojado! Arrugado. Consumido. Envejecido. Amortajado
Haban pasado el verano los tres juntos, l Lucien, Jan y Amelia. Cmo otros veranos lo pasaron, pero aquel ao cambi todo. Aquel ao cogieron sus bicis y subieron hasta el pueblo, en la montaa. Qu paisaje ms maravilloso desde arriba. Todas esas casas ocres, se volvieron doradas con el sol del verano, y alrededor, alrededor todas esas vias, que cmo si fuesen colchas cubran el paisaje y lo convertan en cuadrculas. Cmo en una tela de araa, hecha de finos hilos que el destino teja con sus manos.
Y las uvas. Cmo recordaba aquellas uvas enormes en sus dedos. Cmo recordaba apretar aquellas uvas esperando que todo ese jugo explotara entre sus dedos, y luego llevrselo lentamente a los labios, como un beso.
No era maravilloso sentirse tan vivo? Ola a rosas, porque en los viedos, siempre huele a rosas, y bajo aquellos rboles llenos de uvas maduras, que dejaban reflejos dorados en su pelo, en el pelo de ella, tan bellamente trenzado. Ellos, los dos, soaban con tener a Amelia siempre a su lado..
Ella siempre haba estado cerca de Jan. Recordaba el ao anterior, los dos solos, en aquel mismo lugar. Cmo haban tirado una moneda al pozo, con los ojos cerrados. Un ligero temblor en las manos entrelazadas. Y una promesa silenciosa estaremos siempre juntos, que ninguno haba pronunciado, y que cay en silencio al fondo del pozo.
Jan, slo era el hijo del farero. Y para ella, para Amelia, no haba nada ms hermoso que caminar por aquellas rocas junto al faro, en un lugar que no era tierra ni mar, pensaba ella, pues la tierra se volva mar continuamente, al entrar entre las rocas en colores claros, dejando ver multitud de peces plateados y tal vez una medusa al fondo, que iluminaba el momento desde abajo. El agua cubra esos peldaos de madera, desvencijados, y ahora, seguro que como todo lo dems, podrido y olvidado. Y los dos descalzos, acariciando el suelo con sus pies en lugar de acariciarse ellos con sus manos. El mejor recuerdo, el ms preciado. Un tnel infinito que se apoderaba de ella, y la enviaba ms abajo.
Un pozo en el que se asomaba un ao ms tarde, Jan, completamente solo. Tratando de ver alguna luz al final del pozo que iluminara todos esos sueos perdidos, adormecidos, amortajados, desde el anterior verano. Pues qu era un pozo sino un faro invertido, en el que la luz que guiaba a los navegantes se perda, un cementerio de sueos, que dejaba penetrar el agua hasta arrasarlo todo.
Eran tres ramitas. Tres. El azar que es una araa le hizo coger la ms larga. Cmo ser capaz de impedirlo se deca Jan cmo decir las palabras adecuadas. Las palabras que le acercaran a ella. Pareca que un muro invisible se haba interpuesto entre los dos, rompiendo todas esas promesas que como un hilo haba cosido su alma a la de ella. Y ya todo se haba perdido. Olvidado. Enterrado. l haba visto como Lucien la miraba. l haba visto, como le rozaba su piel sedosa, como le apartaba un mechn de su pelo de la cara. No tena que ser ms sabio de lo que era para saber que queran estar a solas. Escondidos. Olvidados. No quera imaginarse lo que encontrara si realmente les hubiera buscado. Jugar al escondite no tiene sentido cuando el que busca teme encontrar, y los que se esconden no quieren ser encontrados.
Lucien le haba dicho a Amelia que Jan no la quera, mientras le desabrochaba cada botn de la camisa, y meta la mano dentro con los dedos an pegajosos por las uvas, dejando sus huellas para siempre grabadas en su destino hasta entonces en blanco como su camisa. Senta su suavidad y el calor en sus manos. Todo el verano enfermo de celos, deba ser recompensado. Y ella no le haba credo al principio, pero la duda fue entrando dentro de ella y fue haciendo mella con cada caricia en su fe ciega. Poco a poco, cmo si se excavara un pozo en plena tierra.
Empez a ver fantasmas all donde no haba nada, o si acaso, slo haba niebla. No vea el faro a lo lejos que le serva de gua. No vea nada ms que el tnel sombro en que se haba convertido su vida.
Y se entreg con desconsuelo en brazos de Lucien, respondiendo, como si fuera un espejo. Jan no me quiere. Nunca, nunca jams me ha querido. He sido tan tonta..Se deca tragndose las lgrimas antes de ser derramadas, esas mismas lgrimas, saladas como el mar, que surcaban el rostro de Jan, y caan al pozo con todos sus sueos.
Cuantas uvas comieron. Cuantas pepitas escupieron Pequeas semillas que se convirtieron poco a poco en su nueva vida. Un bonito jardn y una bonita casa. Aqu en el pueblo, en plena baha.
Y ahora, tanto tiempo despus, Lucien slo poda mirar cada da como ella bajaba hasta el puerto, por el camino de grava que roza el muro, en silencio, aunque el corazn escondido, le latiera con fuerza en el pecho. l saba que ella deseaba perderse en el mar, y as haca cada da por perder la mirada, entre las olas, bajo la mirada de Lucien, vigilante como el faro.
Ojala pudiera ver una luz u otra, se deca Lucien, y al fin, ser encontrada. Pero la razn se apagaba, poco a poco. Igual que el da. Y ya slo se vea el faro.

EL CORAZN ESCONDIDO

La miraba cada da en silencio bajar al puerto por el camino de grava que roza el muro. La miraba en silencio, aunque el corazn le lata con fuerza, a penas ahogado por el murmullo del mar, y las voces del puerto. Todos esos pescadores, que llegaban con sus barcas de colores, y extendan las redes como si fuesen telas de araa. Y el sol penetrando por ellas, dibujaba el cuerpo de ella con una sombra en un tapiz dorado, adornado el suelo por esos caballeros con sus cotas de mallas hechas de escamas, que luchaban con su ltimo aliento por escapar de las redes y nadar mar adentro.
Oh, la baha tena tantos colores y reflejos! Tantos pensamientos no estaba desierto de sensaciones, sino que estaba vivo y en perpetuo movimiento, y all ella miraba hacia el faro que se ergua entre las rocas, y trataba de tocar el cielo, iluminndolo todo. Ella tambin hubiera querido tocarlo con los dedos
Y l, Lucien, all en la terraza, sin apartar la mirada. En invierno y en verano. La luz era diferente y con ella, los colores cambiaban, y cada da an siendo la misma, Amelia pareca cambiada. Qu precio tiene una mentira? Se haba preguntado, hasta que cada atardecer, las palabras parecieran apagarse, a la vez que el faro, siempre el faro, encenda con su luz a lo lejos, todos esos fantasmas del pasado.
Una dcada, dos dcadas, tres. Cunto tiempo haba pasado, cubriendo de plata el pelo, y el cuerpo con esa sensacin de estar siempre mojado! Arrugado. Consumido. Envejecido. Amortajado
Haban pasado el verano los tres juntos, l Lucien, Jan y Amelia. Cmo otros veranos lo pasaron, pero aquel ao cambi todo. Aquel ao cogieron sus bicis y subieron hasta el pueblo, en la montaa. Qu paisaje ms maravilloso desde arriba. Todas esas casas ocres, se volvieron doradas con el sol del verano, y alrededor, alrededor todas esas vias, que cmo si fuesen colchas cubran el paisaje y lo convertan en cuadrculas. Cmo en una tela de araa, hecha de finos hilos que el destino teja con sus manos.
Y las uvas. Cmo recordaba aquellas uvas enormes en sus dedos. Cmo recordaba apretar aquellas uvas esperando que todo ese jugo explotara entre sus dedos, y luego llevrselo lentamente a los labios, como un beso.
No era maravilloso sentirse tan vivo? Ola a rosas, porque en los viedos, siempre huele a rosas, y bajo aquellos rboles llenos de uvas maduras, que dejaban reflejos dorados en su pelo, en el pelo de ella, tan bellamente trenzado. Ellos, los dos, soaban con tener a Amelia siempre a su lado..
Ella siempre haba estado cerca de Jan. Recordaba el ao anterior, los dos solos, en aquel mismo lugar. Cmo haban tirado una moneda al pozo, con los ojos cerrados. Un ligero temblor en las manos entrelazadas. Y una promesa silenciosa estaremos siempre juntos, que ninguno haba pronunciado, y que cay en silencio al fondo del pozo.
Jan, slo era el hijo del farero. Y para ella, para Amelia, no haba nada ms hermoso que caminar por aquellas rocas junto al faro, en un lugar que no era tierra ni mar, pensaba ella, pues la tierra se volva mar continuamente, al entrar entre las rocas en colores claros, dejando ver multitud de peces plateados y tal vez una medusa al fondo, que iluminaba el momento desde abajo. El agua cubra esos peldaos de madera, desvencijados, y ahora, seguro que como todo lo dems, podrido y olvidado. Y los dos descalzos, acariciando el suelo con sus pies en lugar de acariciarse ellos con sus manos. El mejor recuerdo, el ms preciado. Un tnel infinito que se apoderaba de ella, y la enviaba ms abajo.
Un pozo en el que se asomaba un ao ms tarde, Jan, completamente solo. Tratando de ver alguna luz al final del pozo que iluminara todos esos sueos perdidos, adormecidos, amortajados, desde el anterior verano. Pues qu era un pozo sino un faro invertido, en el que la luz que guiaba a los navegantes se perda, un cementerio de sueos, que dejaba penetrar el agua hasta arrasarlo todo.
Eran tres ramitas. Tres. El azar que es una araa le hizo coger la ms larga. Cmo ser capaz de impedirlo se deca Jan cmo decir las palabras adecuadas. Las palabras que le acercaran a ella. Pareca que un muro invisible se haba interpuesto entre los dos, rompiendo todas esas promesas que como un hilo haba cosido su alma a la de ella. Y ya todo se haba perdido. Olvidado. Enterrado. l haba visto como Lucien la miraba. l haba visto, como le rozaba su piel sedosa, como le apartaba un mechn de su pelo de la cara. No tena que ser ms sabio de lo que era para saber que queran estar a solas. Escondidos. Olvidados. No quera imaginarse lo que encontrara si realmente les hubiera buscado. Jugar al escondite no tiene sentido cuando el que busca teme encontrar, y los que se esconden no quieren ser encontrados.
Lucien le haba dicho a Amelia que Jan no la quera, mientras le desabrochaba cada botn de la camisa, y meta la mano dentro con los dedos an pegajosos por las uvas, dejando sus huellas para siempre grabadas en su destino hasta entonces en blanco como su camisa. Senta su suavidad y el calor en sus manos. Todo el verano enfermo de celos, deba ser recompensado. Y ella no le haba credo al principio, pero la duda fue entrando dentro de ella y fue haciendo mella con cada caricia en su fe ciega. Poco a poco, cmo si se excavara un pozo en plena tierra.
Empez a ver fantasmas all donde no haba nada, o si acaso, slo haba niebla. No vea el faro a lo lejos que le serva de gua. No vea nada ms que el tnel sombro en que se haba convertido su vida.
Y se entreg con desconsuelo en brazos de Lucien, respondiendo, como si fuera un espejo. Jan no me quiere. Nunca, nunca jams me ha querido. He sido tan tonta..Se deca tragndose las lgrimas antes de ser derramadas, esas mismas lgrimas, saladas como el mar, que surcaban el rostro de Jan, y caan al pozo con todos sus sueos.
Cuantas uvas comieron. Cuantas pepitas escupieron Pequeas semillas que se convirtieron poco a poco en su nueva vida. Un bonito jardn y una bonita casa. Aqu en el pueblo, en plena baha.
Y ahora, tanto tiempo despus, Lucien slo poda mirar cada da como ella bajaba hasta el puerto, por el camino de grava que roza el muro, en silencio, aunque el corazn escondido, le latiera con fuerza en el pecho. l saba que ella deseaba perderse en el mar, y as haca cada da por perder la mirada, entre las olas, bajo la mirada de Lucien, vigilante como el faro.
Ojala pudiera ver una luz u otra, se deca Lucien, y al fin, ser encontrada. Pero la razn se apagaba, poco a poco. Igual que el da. Y ya slo se vea el faro.

M.S.