¡Viva la mujer que lucha!

¡Viva la mujer que lucha!
Ya no tuvo que levantar su puño morado al grito de: “¡Viva la mujer que lucha!” nunca más. Porque ya no caminaba con miedo por la calle, no se sentía encerrada a su lado, podía comprarle muñecas a su niño y camiones a su niña, podía elegir si tener hijos.
Nunca más tubo que luchar por la igualdad, porque nunca se rindió.

¡Viva la mujer que lucha!

Ya no tuvo que levantar su puño morado al grito de: “¡Viva la mujer que lucha!” nunca más. Porque ya no caminaba con miedo por la calle, no se sentía encerrada a su lado, podía comprarle muñecas a su niño y camiones a su niña, podía elegir si tener hijos.
Nunca más tubo que luchar por la igualdad, porque nunca se rindió.

Ella

“A nosotras no nos pasa” repetía cada vez que veía una película árabe. A la vez, empequeñecía cada día por su amor, porque su novio era igual, pero no tanto. El doble azul para él no contaba. El espejo tampoco. Un argumentario forzado y para quien él le decía. Imponiendo amigos y disputas. Lo plástico se volvió acartonado permitiéndole a Gulliver reducirla más y más…
Tan pequeña se hizo que se volvió invisible.

Ella

Ella.
“A nosotras no nos pasa” repetía cada vez que veía una película árabe. A la vez, empequeñecía cada día por su amor, porque su novio era igual, pero no tanto. El doble azul para él no contaba. El espejo tampoco. Un argumentario forzado y para quien él le decía. Imponiendo amigos y disputas. Lo plástico se volvió acartonado permitiéndole a Gulliver reducirla más y más…
Tan pequeña se hizo que se volvió invisible.

Ella

Ella.
“A nosotras no nos pasa” repetía cada vez que veía una película árabe. A la vez, empequeñecía cada día por su amor, porque su novio era igual, pero no tanto. El doble azul para él no contaba. El espejo tampoco. Un argumentario forzado y para quien él le decía. Imponiendo amigos y disputas. Lo plástico se volvió acartonado permitiéndole a Gulliver reducirla más y más…
Tan pequeña se hizo que se volvió invisible.

Ella

Ella.
“A nosotras no nos pasa” repetía cada vez que veía una película árabe. A la vez, empequeñecía cada día por su amor, porque su novio era igual, pero no tanto. El doble azul para él no contaba. El espejo tampoco. Un argumentario forzado y para quien él le decía. Imponiendo amigos y disputas. Lo plástico se volvió acartonado permitiéndole a Gulliver reducirla más y más…
Tan pequeña se hizo que se volvió invisible.

Ella

Ella.
“A nosotras no nos pasa” repetía cada vez que veía una película árabe. A la vez, empequeñecía cada día por su amor, porque su novio era igual, pero no tanto. El doble azul para él no contaba. El espejo tampoco. Un argumentario forzado y para quien él le decía. Imponiendo amigos y disputas. Lo plástico se volvió acartonado permitiéndole a Gulliver reducirla más y más…
Tan pequeña se hizo que se volvió invisible.