Ella

“A nosotras no nos pasa” repetía cada vez que veía una película árabe. A la vez, empequeñecía cada día por su amor, porque su novio era igual, pero no tanto. El doble azul para él no contaba. El espejo tampoco. Un argumentario forzado y para quien él le decía. Imponiendo amigos y disputas. Lo plástico se volvió acartonado permitiéndole a Gulliver reducirla más y más…
Tan pequeña se hizo que se volvió invisible.

Ella

Ella.
“A nosotras no nos pasa” repetía cada vez que veía una película árabe. A la vez, empequeñecía cada día por su amor, porque su novio era igual, pero no tanto. El doble azul para él no contaba. El espejo tampoco. Un argumentario forzado y para quien él le decía. Imponiendo amigos y disputas. Lo plástico se volvió acartonado permitiéndole a Gulliver reducirla más y más…
Tan pequeña se hizo que se volvió invisible.

Ella

Ella.
“A nosotras no nos pasa” repetía cada vez que veía una película árabe. A la vez, empequeñecía cada día por su amor, porque su novio era igual, pero no tanto. El doble azul para él no contaba. El espejo tampoco. Un argumentario forzado y para quien él le decía. Imponiendo amigos y disputas. Lo plástico se volvió acartonado permitiéndole a Gulliver reducirla más y más…
Tan pequeña se hizo que se volvió invisible.

Ella

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“A nosotras no nos pasa” repetía cada vez que veía una película árabe. A la vez, empequeñecía cada día por su amor, porque su novio era igual, pero no tanto. El doble azul para él no contaba. El espejo tampoco. Un argumentario forzado y para quien él le decía. Imponiendo amigos y disputas. Lo plástico se volvió acartonado permitiéndole a Gulliver reducirla más y más…
Tan pequeña se hizo que se volvió invisible.

Ella

Ella.
“A nosotras no nos pasa” repetía cada vez que veía una película árabe. A la vez, empequeñecía cada día por su amor, porque su novio era igual, pero no tanto. El doble azul para él no contaba. El espejo tampoco. Un argumentario forzado y para quien él le decía. Imponiendo amigos y disputas. Lo plástico se volvió acartonado permitiéndole a Gulliver reducirla más y más…
Tan pequeña se hizo que se volvió invisible.