¡Viva la mujer que lucha!

Ya no tuvo que levantar su puño morado al grito de: “¡Viva la mujer que lucha!” nunca más. Porque ya no caminaba con miedo por la calle, no se sentía encerrada a su lado, podía comprarle muñecas a su niño y camiones a su niña, podía elegir si tener hijos.
Nunca más tubo que luchar por la igualdad, porque nunca se rindió.

¡Viva la mujer que lucha!

Ya no tuvo que levantar su puño morado al grito de: “¡Viva la mujer que lucha!” nunca más. Porque ya no caminaba con miedo por la calle, no se sentía encerrada a su lado, podía comprarle muñecas a su niño y camiones a su niña, podía elegir si tener hijos.
Nunca más tuvo que luchar por la igualdad, porque nunca se rindió.

¡Viva la mujer que lucha!

¡Viva la mujer que lucha!
Ya no tuvo que levantar su puño morado al grito de: “¡Viva la mujer que lucha!” nunca más. Porque ya no caminaba con miedo por la calle, no se sentía encerrada a su lado, podía comprarle muñecas a su niño y camiones a su niña, podía elegir si tener hijos.
Nunca más tubo que luchar por la igualdad, porque nunca se rindió.

¡Viva la mujer que lucha!

¡Viva la mujer que lucha!
Ya no tuvo que levantar su puño morado al grito de: “¡Viva la mujer que lucha!” nunca más. Porque ya no caminaba con miedo por la calle, no se sentía encerrada a su lado, podía comprarle muñecas a su niño y camiones a su niña, podía elegir si tener hijos.
Nunca más tubo que luchar por la igualdad, porque nunca se rindió.

¡Viva la mujer que lucha!

¡Viva la mujer que lucha!
Ya no tuvo que levantar su puño morado al grito de: “¡Viva la mujer que lucha!” nunca más. Porque ya no caminaba con miedo por la calle, no se sentía encerrada a su lado, podía comprarle muñecas a su niño y camiones a su niña, podía elegir si tener hijos.
Nunca más tubo que luchar por la igualdad, porque nunca se rindió.

¡Viva la mujer que lucha!

¡Viva la mujer que lucha!
Ya no tuvo que levantar su puño morado al grito de: “¡Viva la mujer que lucha!” nunca más. Porque ya no caminaba con miedo por la calle, no se sentía encerrada a su lado, podía comprarle muñecas a su niño y camiones a su niña, podía elegir si tener hijos.
Nunca más tubo que luchar por la igualdad, porque nunca se rindió.