Tengo que empezar este artículo felicitando al Grupo Abierto de Debate Unamuno-Prim, por organizar la Tertulia de ayer en el Club Savoy donde tuve la oportunidad de escuchar a Javier Urra, y que ha servido de inspiración y de reflexión profunda hacia un tema que normalmente hace que la mayor parte de nosotros contemplemos con cierta tensión: la adolescencia.
Me gustó comprobar que la psicología no es esa disciplina en tierra de nadie y plagada de intrusistas de diferentes disciplinas (a cual más esotérica) que hacen de ella casi una afición en boca de todo el mundo. Me gustó comprobar que hay profesionales que la dignifican y que hacen de ella lo que es, una disciplina indispensable para el avance y la adaptación de las personas a la sociedad.
Pero sobre todo me encantó descubrir que hay personas que, aunque han tenido que presenciar y trabajar con escenarios tremendamente duros, siguen siendo positivos, y creen que la adolescencia y los jóvenes son apasionantes.
Además de psicóloga soy madre de dos hijas adolescentes, gemelas. En este momento tienen catorce años, pero muy pronto cumplirán quince, y por tanto seguirán avanzando hacia ese terreno que los adultos (sobre todo los padres) contemplamos con cierto temor. Hace dos años que estoy en pleno proceso de aprendizaje con ellas, otra vez. Aprendí mucho de su infancia, aprendí de elllas pero aprendí mucho de mí misma en mi nuevo papel de madre. Cuando los hijos se convierten en adolescentes, los adultos nos creemos que ya está todo hecho, pensamos que ya hemos atendido sus necesidades, y que es el momento en que ellos han de comenzar a “independizarse”. Y eso es cierto, lo de la independencia, pero no hemos terminado de hacer nuestro trabajo, es más, aparecen nuevos escenarios desconocidos que nos hacen tambalear el suelo sobre el que pensábamos que pisábamos firme. Y sí, estoy volviendo a aprender mucho, de ellas pero también de mí misma. Enfrentarme a las situaciones de mis dos hijas adolescentes me hace replantearme nuevamente cuál ha de ser mi papel.
Escuchar ayer a Javier Urra me tranquilizó, porque no es cierto que tener adolescentes sea algo por lo que dar el pésame, más bien al contrario, ha de ser algo emocionante y apasionante lleno de retos personales que les ayude a madurar y hacerse independientes de verdad. A veces confundimos independencia con desapego o con dejar hacer. Y particularmente creo que es importante discriminar entre fomentar su autonomía y dejarles desprotegidos completamente. Hay que estar pero no vigilar, confiar pero siempre con los ojos abiertos y, sobre todo, hay que hablar, hablar mucho para que aprendan a protegerse y a ser responsables de sus actos.
Alguno de los tertulianos ayer decía que nuestra sociedad es permisiva, pero yo no estoy del todo de acuerdo. Es cierto que es una sociedad permisiva, pero a la vez reclama penas, reclama actuaciones siempre en el sentido penalizador, ejemplificador… siempre desde el aprendizaje basado en el castigo. Pero yo no creo que esto funcione, el castigo no enseña, al menos si se hace de manera emocional sólo buscando la reparación del daño cuando en muchos casos esa reparación nunca se va a producir dada la gravedad de los hechos. Y aunque es cierto que necesitamos esas penas para aquellos que traspasan la línea, es mucho más importante pensar en lo que estamos haciendo como sociedad con nuestros adolescentes. ¿Somos una sociedad permisiva o somos una sociedad “adolescente”? Mis compañeros se ríen cuando digo esta frase, que somos una sociedad adolescente. En el sentido de que no queremos crecer ni madurar, pero a la vez nos sentimos “súper mayores” para algunos temas, como el alcohol, las drogas, la moda, la alimentación… y ofrecemos modelos poco responsables. La responsabilidad es la clave del proceso de autonomía en una persona. No podemos estar siempre encima de nuestros hijos, eso lo sabemos, pero hemos de propiciar que caminen con paso tranquilo y seguro hacia la independencia sin romper los vínculos que siempre nos han unido a ellos. Crecer no significa abandono.
Muchas veces los padres tenemos miedo, y cuando eso pasa es muy difícil educar. Tenemos miedo a que les pueda pasar algo, miedo a que alguien les influya negativamente y miedo a no tenerlos más en formato pequeño. Muchas veces observo a padres y madres de mi entorno con sus hijos e hijas adolescentes y tengo la sensación de que en realidad lo que sienten es nostalgia de lo que sus hijos fueron y que no volverán a ser, unos niños. Y cuando observo eso me da mucha pena porque aunque es cierto que los hijos crecen, en realidad no hay mejor noticia que esa, y pretender que sigan siendo unos niños es encarcelarlos y alejarlos de nosotros. No podemos pretender que sigan siendo esos locos bajitos que nos admiran profundamente y sobre todas las cosas de manera incondicional. Lo que sí debemos hacer es promover una relación sana con unos “locos” ya no tan bajitos, que han ampliado su círculo de admiración. Admiran a sus amigos, a sus cantantes favoritos, a sus hobbies, a sus novios y novias… pero también admiran a sus padres y profesores si son capaces de mantener un criterio y una relación basada en la confianza y el respeto.
Evidentemente hay casos para todos los gustos, pero creo que hemos de desmitificar la adolescencia y convertirla en una etapa apasionante donde está todo por descubrir, donde está todo por aprender. Merece la pena convertirse en educadores también de adolescentes, seamos responsables y enseñaremos a ser responsables, seamos respetuosos y enseñaremos a respetar, seamos padres y madres, no colegas, no represores ni espías, simplemente padres y madres, porque así enseñamos a serlo el día de mañana.
Sé que estas palabras suenan como algo muy bonito y que muchas veces no es fácil, pero creo en la educación como una de las únicas formas de evolución del ser humano, como una de las herramientas indispensables para terminar con la violencia y el dolor. Y aunque parece que en nuestra sociedad andamos un poco deprimidos observando situaciones incomprensibles entre padres e hijos, o entre chicos y chicas, no podemos dejar de hacer. Una sociedad responsable es aquella que asume que algo está haciendo mal si las cosas van mal entre nuestros jóvenes, pero también es una sociedad que es capaz de asumir que puede cambiar para mejorar. Solo se me ocurre la educación como instrumento para la evolución de nuestra sociedad.

Peazo reflexión!
) y quiero reforzar la idea de que educar a nuestros hijos e hijas debe ser una experiencia apasionante en todo momento.
Estoy muy de acuerdo contigo (como casi-siempre
Pues claro que tener hijos es vivir preocupado para el resto de nuestra vida pero creo que no hay preocupación más gratificante precisamente por lo que nos ayuda a aprender sobre nosotros mismos. El problema, desde mi punto de vista, viene cuando esa preocupación se centra en nosotros mismos y no en nuestros hijos y llegamos al punto de despreocuparnos.
En fin, a mi me queda mucho todavía para llegar a la adolescencia de mi hijo pero lo que sí tengo claro es que quiero disfrutar y aprender mucho mientras llega.
Mil gracias.
Besos
Ros
PD. Yo también tuve la oportunidad de conocer a Javier Urra y disfrutar de su experiencia.
Me encanta tu comentario y en especial la referencia a la sociedad adolescente.
Yo creo que la definición más exacta de nuestra Sociedad, se encuentra en la palabra “Adolescencia” (impulsiva, convulsa, caprichosa, inmadura, con aires de superioridad,…).
No debemos olvidar que somos producto de nuestros actos, esa es la lección que deberíamos sacar cuando superamos la adolescencia. En estos últimos años, es la lección que hemos olvidado, de donde venimos y a donde nos dirigimos (el origen mismo de las cosas, las preguntas que ya no se formulan al considerarse intrascentes cualquier respuesta)
En la adolescencia, ocurre lo mismo que en la sociedad. Muchos padres olvidan su etapa de adolescencia, lo que les supuso y en lo que les convirtió, muchos intentan compensar sus vivencias con el extremo contrario al que vivieron, lo cual desemboca en FRACASO y SUFRIMIENTO.
Lo único importante a la hora de educar, de criar a un adolescente no es otra cosa que transmitir cariño y confianza, y en caso de ser necesario estar capacitados para convertir sus fracasos y problemas en un elemento de motivación y de responsabilidad.
Cuando estudiaba me enseñaron a: “Ser un buen Profesional y mejor Persona/Ciudadano del Mundo”. Somos piezas de un engranaje y la colaboración es nuestro motor de vida.
Me encantan tus palabras, considero que los niños y los jóvenes desde hace ya un buen tiempo están tratando de entender este mundo que cada esta más complicado pero por una sencilla razón, y es que nos olvidamos de SER PERSONAS. La educación juega un papel muy importante al igual que los padres, pues tenemos la gran responsabilidad de enseñar a PENSAR, cosa que parece ser cada vez más difícil y sobre todo cuando la sociedad y los medios de comunicación que acompañan a los jóvenes y niños ya no tienen nada educativo.
Hay algo que he venido estudiando desde hace algún tiempo y es la importancia de tener una motivación interna, esto lastimosamente lo perdemos desde muy jóvenes y créanme que es lo que más vale en todas las etapas de la vida, apoyo tus comentarios y que bueno que personas que manejan este tipo de temas puedan ayudar a los jóvenes a generar las capacidades para pensar y analizar el mundo pero primero entiendo lo que ellos sienten; ojala podamos ayudarlos a encontrar esa motivación interna que hoy en día se ha perdido tanto.
La educacion de los hijos es el resultado de la educacion de los padres.Y llegados los hijos a la etapa adolescente en la que aparcen para ellos nuevas y desconocidas facetas tanto biologicas como psicologicas, son los padres los que siguen educando ante esta nueva etapa para sus hijos, hablando con ellos,argumentando con ellos,pero tambien haciendoles ver que existen unas normas de convivencia y respeto hacia los padres. Los hijos se dan cuenta de todo este proceso, los cambios y como se les sigue educando,apoyando pero tambien corrigiendo. Uno de los graves errores que actualmente se tiene en la sociedad es educar a los hijos como colegas o iguales,quizas por comodidad de los padres o temor a enfrentarse a educar bien a sus hijos, establecer normas de convivencia, el resultado entre otros es el facaso escolar y la falta de adaptacion y preparacion ante posibles dificultades que posteriormente puedan tener los adolescentes, evidentemente los responsables son los padres. Los hijos crecen dandose cuenta de como se les educa, si los padres son o no permisivos, o bien establencen ciertas normas, o son rigidos y en consecuencia los hijos responden a este tipo de educacion. Las normas son muy importantes en la educacion de los hijos, y argumentarles en las situaciones que se consideren necesarias tambien, se les ha de educar no solo pensando en la situacion de permanencia junto a los padres, si no tambien creando un marco para que los hijos puedan defender su forma de vida en el futuro.
Mariano Rillo Sanz. Psicologo.