Como enseñar a ser RESPONSABLES a nuestr@s HIJ@S

Enseñar a los niños a ser responsables requiere un ambiente determinado en el hogar y en la escuela. Se trata de conseguir un ambiente que les ofrezca información sobre las opciones entre las que deben escoger y las consecuencias de cada una de ellas, y que les proporcione también los recursos necesarios para elegir bien.

La responsabilidad es la habilidad para responder; se trata de la capacidad para decidir apropiadamente y con eficacia, es decir, dentro de los límites de las normas sociales y de las expectativas comúnmente aceptadas. Por otro lado, una respuesta se considera efectiva cuando permite al niño conseguir sus objetivos que reforzarán sus sentimientos de autoestima.

La responsabilidad conlleva, en cierta forma, ser autosuficiente y saber defenderse. Estas son dotes propias de poder personal que, según Gloria Marsellach Umbert en su artículo “La autoestima en niños y adolescentes”, significa tener seguridad y confianza en uno mismo y para ello es necesario ser responsable además de saber elegir, llegar a conocerse a uno mismo y adquirir y utilizar el poder en las propias relaciones y en la vida.

Para un niño es normal tener cierto temor a los límites, temor que desaparece conforme el niño va comprobando que límites y consecuencias se integran en un sistema coherente. Padres y educadores pueden contribuir a conformar el sentido de los límites de diferentes maneras:

  • Sabiendo claramente ellos mismos lo que esperan de los niños.
  • Exponiendo sus expectativas de manera que los niños las entiendan, incluyendo la asignación de responsabilidad acerca de tareas y deberes.
  • Averiguando si el niño entiende estas expectativas, bien haciéndolas repetir o bien guiándole mientras las cumple.
  • Estableciendo claramente los límites de tiempo razonables para realizar tareas o debes escolares, sin ambigüedades.
  • Explicando al niño las consecuencias de no hacer las cosas.
  •  Estas consecuencias deben aplicarse coherentemente, sin sentimientos de culpabilidad o remordimientos y sin hacer sufrir al niño.
  • La coherencia es más importante que la severidad.
  • Redactando y colocando un cartel con todas las reglas y las obligaciones, de modo que no pueda alegarse como excusa “el olvido”
  • Participando padres y madres (cuando sea posible) en la explicación de las reglas al niño. Así sabrá que ambos las apoyan y mantienen.
  • Consiguiendo que todos los niños de la familia o de la clase tengan responsabilidades equiparables, con los ajustes necesarios en función de su edad y de sus habilidades particulares.

Un niño es responsable cuando sus actos coordinan, de forma creativa, sus propios objetivos con las necesidades de los demás. Para ello, los adultos tienen que ayudar al niño a obtener este equilibrio, a definir sus propios valores y a resolver las dificultades en función de sus propios sentimientos.

El niño que posea sentido de la responsabilidad cosechará éxitos cada vez con mayor frecuencia, y se beneficiará de las consecuencias positivas de esos éxitos.

Muchos padres creen que las recompensas por buen comportamiento son una especie de “soborno”, pero las recompensas de orden material (dinero, juguetes…) sólo se convierten en sobornos si son la única técnica que se utiliza para motivar a un niño. Recompensas son aquellas cosas que el niño valora, cosas que desea o que necesita. Existen también recompensas que no son materiales que conviene recordar:

  • Hágale saber al niño, de palabra, mediante elogios, qué cosas ha hecho bien: “has limpiado tu armario estupendamente”
  • Proporciónele ese reconocimiento de forma espontánea, periódicamente, relacionándolo con los logros del niño: “¿Qué te parecería ir a comprarte un helado? La verdad es que has hecho un trabajo muy duro limpiando el cuarto de baño”
  • Apoye al niño cuando lo necesite: “Como me ayudaste ayer a limpiar el jardín, bien puedo yo ahora ayudarte a hacer los deberes”
  • Muestre interés por lo que hace el niño y anímele: “Ya que tienes que ir a una reunión de los boyscouts esta noche, yo me ocupo de lavar los platos”
  • Comparta con el niño algunas tareas de tanto en tanto, como reconocimiento a sus esfuerzos: “La verdad es que ayer dejaste tu habitación limpísima: ¿qué te parece si te ayudo a limpiarla hoy?

En ocasiones las responsabilidades de los niños producirán cierta incomodidad a los adultos. Los niños necesitan que los adultos sean pacientes y tolerantes.

El aprendizaje de la responsabilidad

A los niños que no sean considerados responsables de sus actos les será más difícil aprender de sus experiencias. Enseñar a los niños a ser responsables no quiere decir enseñarles a sentirse culpables. Los que tengan sentido de la responsabilidad poseerán los medios, las actitudes y los recursos necesarios para valorar con eficacia las diferentes situaciones y decidir de forma consecuente para ellos y para los que se encuentran a su alrededor.

Uno de los aspectos básicos de la enseñanza de responsabilidad a los niños es la cuestión: “¿Quién es el responsable de acordarse de las cosas?” Los niños pueden saber hacer las cosas y desear agradar a los padres pero si no han tomado sobre sí la responsabilidad de acordarse, no pueden ser responsables. Hay algunos artificios que estimulan al niño a recordar, tretas que pueden abandonarse conforme el niño crece y va siendo capaz de asumir mayores responsabilidades:

1.    Escriba las cosas y colóquelas en lugar visible.

2.    No les recuerde las cosas a los niños una vez esté seguro de que le han escuchado y entendido. Recordar las cosas a los niños se convierte en una mala costumbre de la cual los niños pasan a depender.

3.    Establezca costumbres lo más regulares posible. Cuando las cosas ocurren de forma predecible y regular, se incrementa la capacidad de recordar de los niños.

4.    No le dé miedo castigar al niño que se “olvida”.

5.    Acuérdese de lo que usted ha dicho. Si los padres lo olvidan, están otorgando al niño, tácitamente, permiso para hacer lo mismo.

Una vez que a los niños se les ha asignado ciertas obligaciones, los padres no deben confundirles ni fomentar la irresponsabilidad volviéndose a hacer cargo de las tareas encomendadas. Los padres relevan a sus hijos de sus responsabilidades si…

  • …les recuerdan las cosas cuando ellos “se olvidan”
  • …lo hacen ellos mismos porque “es más sencillo”
  • …subestiman la capacidad de los hijos.
  • …aceptan que los niños se califiquen a sí mismos de incompetentes o irresponsables.
  • … hacen cosas por sus hijos para que ellos les quieran o para que no les hieran en sus sentimientos.
  • …creen que sólo los padres que trabajan duramente y hacen un montón de cosas por los hijos son “buenos” padres.

¿Cómo enseñar a los niños a ser responsables?

Para enseñar a los niños a ser responsables tiene que existir un programa claro de recompensas y alabanzas que ofrezca respuesta a su comportamiento (aspecto este al que hemos hecho referencia anteriormente). Por otro lado, el niño seguirá siendo irresponsable si la respuesta que obtiene es la crítica excesiva, la exposición al ridículo o a la vergüenza. Los niños a los que se recompensa por ser responsables van desarrollando gradualmente la conciencia de que la responsabilidad y los buenos sentimientos están relacionados; y, con el tiempo, disminuye su necesidad de recompensas externas.

Las siguientes pautas nos pueden ayudar a responder la pregunta planteada en este apartado:

1.    DESARROLLE LA SENSACIÓN DE PODER DEL NIÑO. Cuando se tiene sensación de poder se poseen los recursos, oportunidades y capacidades necesarias para influir sobre las circunstancias de la propia vida. Enseñar a los niños a ser responsables incrementa su sensación de poder.

2.    AYUDE A LOS NIÑOS A TOMAR DECISIONES. Los niños que han aprendido a ser responsables toman mejores decisiones que los que no han aprendido a serlo. Podemos contribuir a aumentar la capacidad del niño para tomar decisiones si ayudamos a:

· Resolver los problemas que crea la necesidad de tomar una decisión.

· Buscar otras soluciones.

· Seleccionar una de las alternativas mediante la valoración de sus consecuencias.

· Valorar la eficacia de las decisiones por medio de una discusión posterior.

3.    ESTABLEZCA NORMAS Y LÍMITES.

4.    UTILICE TAREAS Y OBLIGACIONES PARA CREAR RESPONSABILIDAD. Tareas y obligaciones son cosas concretas: se puede especificar cómo, cuándo y quién debe hacerlas. Esto ayuda a desarrollar la capacidad de organización y manejar los propios recursos.

5.    SEA COHERENTE. Es la mejor forma de indicar al niño que los adultos dicen las cosas en serio. Los adultos coherentes ayudan a los niños a sentirse seguros. Cuando no existen normas claras y evidentes, no hay manera de ser coherente.

6.    NO SEA ARBITRARIO. Ser arbitrario significa hacer algo diferente de lo que se había dicho o hacer algo sobre lo que no se había advertido. Para evitar ser arbitrarios debemos aclarar lo que queremos, comunicar estas expectativas de forma sencilla y directa, y concretar cuáles son las consecuencias esperables si el niño actúa en consonancia o no con esas expectativas.

7.    DÉ RECOMPENSAS POR SER RESPONSABLE.

 

UN NIÑO ES RESPONSABLE SI…

  • …realiza sus tareas normales sin que haya que recordárselo en todo momento.
  • …puede razonar lo que hace.
  • …no echa la culpa a los demás sistemáticamente.
  • …es capaz de escoger entre diferentes alternativas….puede jugar y trabajar a solas sin angustia.
  • …puede tomar decisiones que difieran de las que otros toman en el grupo en que se mueve (amigos, pandilla, familia, etc.)
  • …posee diferentes objetivos e intereses que pueden absorber su atención.
  • …respeta y reconoce los límites impuestos por los padres sin discusiones inútiles o gratuitas.
  • …puede concentrar su atención en tareas complicadas (dependiendo de su edad) durante cierto tiempo, sin llegar a situaciones de frustración….lleva a cabo lo que dice que va a hacer.
  • …reconoce sus errores.

Fuente:http://ntic.educacion.es/w3/recursos2/e_padres/html/respons.htm

BIBLIOGRAFÍA

Cómo enseñar a sus hijos a ser responsables. Harris Clemes y Reynold Bean Círculo de lectores

¿Es mi hijo una persona insegura? José María Lahoz García http://www.solohijos.com/

La autoestima en niños y adolescentes Gloria Marsellach Umbert http://www.ciudadfutura.com/psico/articulos

 

 

 

 

 

Como enseñar a ser RESPONSABLES a nuestr@s HIJ@S

Enseñar a tus hijos a ser responsables necesita de un ambiente propicio en el hogar y en la escuela. Se trata de que dicho ambiente de información sobre las posibilidades entre las que deben elegir y las consecuencias de cada una de ellas, y que les ofrezca también los elementos poder elegir adecuadamente.

La Responsabilidad es la capacidad para decidir adecuadamente y con efectividad. Por un lado atendiendo a las normas sociales y a las expectativas comúnmente aceptadas y  por otro, dando una permite al niño conseguir sus objetivos que aumentarán su autoestima

Con la responsabilidad va incluida, en cierta medida, ser autónomo es decir saber defenderse por si mismo. Estas son cualidades del poder personal que, según Gloria Marsellach Umbert en su artículo “La autoestima en niños y adolescentes”, significa tener seguridad y confianza en uno mismo y para ello es necesario ser responsable además de saber elegir, llegar a conocerse a uno mismo y adquirir y utilizar el poder en las propias relaciones y en la vida.

Para tu hijo es natural tener cierto temor a los límites, temor que desaparece conforme se va comprobando que límites y consecuencias se integran en un sistema coherente. Padres y educadores pueden contribuir a conformar el sentido de los límites de diferentes maneras:

  • Sabiendo claramente lo que esperamos de los niños.
  • Exponiendo las expectativas que tenemos de manera que los niños las entiendan, incluyendo la asignación de responsabilidad acerca de tareas y deberes.
  • Averiguando si el niño entiende estas expectativas, bien haciéndolas repetir o bien guiándole mientras las cumple.
  • Estableciendo claramente los límites de tiempo razonables para realizar tareas o deberes escolares, sin ambigüedades.
  • Explicando al niño las consecuencias de no hacer las cosas. Estas consecuencias deben aplicarse coherentemente, sin sentimientos de culpabilidad o remordimientos y sin hacer sufrir al niño. La coherencia es más importante que la severidad.
  • Redactando y colocando un cartel con todas las reglas y las obligaciones, de modo que no pueda alegarse como excusa “el olvido”.
  • Participando padres y madres en la explicación de las reglas al niño. Así sabrá que ambos las apoyan y mantienen.
  • Consiguiendo que todos los niños de la familia o de la clase tengan responsabilidades equiparables, con los ajustes necesarios en función de su edad y de sus habilidades particulares.

 

Un niño asume la responsabilidad cuando sus conductas coordinan, de forma imaginativa, sus propios objetivos con las necesidades de los demás. Para ello, los padres y educadores tienen que ayudar al niño a obtener este equilibrio.

El niño que sea responsable obtendrá éxitos cada vez con mayor frecuencia, y se disfrutará de las consecuencias positivas de esos éxitos.

Muchos padres y educadores piensan erróneamente que las recompensas por buen comportamiento son una especie de “soborno”, pero no, las recompensas de orden material (dinero, juguetes…) sólo son sobornos si son la única estrategia que se utiliza para motivar a un niño. Las recompensas son aquellas cosas que el niño valora, cosas que desea o que necesita. Existen también muchas recompensas que no son materiales que conviene recordar:

  • Hazle saber a tu hijo, de palabra, mediante elogios, qué cosas ha hecho bien: “has ordenado tu habitación estupendamente.
  • Dale ese reconocimiento de forma espontánea, periódicamente, relacionándolo con los logros del niño: “¿Qué te parecería ir a comprarte un helado? La verdad es que has hecho un trabajo muy duro limpiando tu cuarto “.
  • Apoye al niño cuando lo necesite: “Como me ayudaste ayer a limpiar el jardín, bien puedo yo ahora ayudarte a hacer los deberes”.
  • Muestre interés por lo que hace el niño y anímele: “Ya que tienes que ir jugar al fútbol esta tarde, yo me ocupo de recoger los platos”.
  • Comparta con el niño algunas tareas de vez en cuando, como reconocimiento a sus esfuerzos: “La verdad es que ayer dejaste tu habitación muy limpia: ¿qué te parece si te ayudo a limpiarla hoy?.

En ocasiones las responsabilidades de los niños nos producirán cierta incomodidad a los adultos. Los niños necesitan que los adultos seamos pacientes y tolerantes

Como aprenden la responsabilidad

Los niños que no son responsables de sus actos les será más difícil aprender de sus vivencias. Enseñar a los niños a tener responsabilidad no quiere decir que les hagamos sentirse culpables. Los que tengan sentido de la responsabilidad poseerán las herramientas, y las actitudes necesarios para valorar con mayor eficacia las diferentes situaciones y decidir de forma consecuente para ellos y para los que se encuentran a su alrededor.

Uno de los aspectos básicos del aprendizaje de la responsabilidad en los niños es la cuestión: “¿Quién es el responsable de acordarse de las cosas?” Los niños pueden saber hacer las sus tareas y desear agradar a los padres pero si no han tomado sobre sí la responsabilidad de acordarse, no pueden ser responsables. Hay algunos trucos que estimulan al niño a recordar, estos se pueden abandonarse conforme el niño crece y va siendo capaz de asumir mayores responsabilidades:

 

  1. Escriba sus tareas y colóquelas en lugar visible.
  2. No les recuerde las cosas a los niños una vez esté seguro de que le han escuchado y entendido. Estar continuamente recordando las cosas a los niños se convierte en una mala costumbre. Haciendo a los niños dependientes.
  3. Establezca rutinas lo más regulares posible. Cuando las cosas ocurren de forma predecible y regular, se aumenta significativamente la capacidad de recordar de los niños.
  4. No le dé miedo que el niño “sufra” las consecuencias cuando se “olvida”.
  5. Sea coherente. Acuérdese de lo que ha dicho. Si los padres lo olvidan, están dando mal ejemplo al niño, le estamos dando permiso para hacer lo mismo.

 

Cuando los niños tienen asignado ciertas obligaciones, los padres no deben confundirles ni fomentar la irresponsabilidad volviéndose a hacer cargo de las tareas encomendadas. Los padres relevan a sus hijos de sus responsabilidades si…

  •  …les recuerdan las cosas cuando ellos “se olvidan”
  • …lo hacen ellos mismos porque “es más sencillo”
  • …subestiman la capacidad de los hijos.
  • …aceptan que los niños se califiquen a sí mismos de incompetentes o irresponsables.
  • … hacen cosas por sus hijos para que ellos les quieran o para que no les hieran en sus sentimientos.
  • …creen que sólo los padres que trabajan duramente y hacen un montón de cosas por los hijos son “buenos” padres.

 

¿Cómo enseñar a los niños a ser responsables?

Para enseñar a los niños a ser responsables tiene que existir un programa claro de recompensas y alabanzas que ofrezca respuesta a su comportamiento (aspecto este al que hemos hecho referencia anteriormente). Por otro lado, el niño seguirá siendo irresponsable si la respuesta que obtiene es la crítica excesiva, la exposición al ridículo o a la vergüenza. Los niños a los que se recompensa por ser responsables van desarrollando gradualmente la conciencia de que la responsabilidad y los buenos sentimientos están relacionados; y, con el tiempo, disminuye su necesidad de recompensas externas.

¿Cómo enseñar a los niños a ser responsables?

Tiene que existir un programa claro de recompensas y alabanzas que ofrezca respuesta a su comportamiento (como hemos hecho referencia anteriormente). Por otro lado, el niño seguirá siendo irresponsable si la respuesta que obtiene es la crítica excesiva, la exposición al ridículo o a la vergüenza. Los niños a los que se recompensa por ser responsables van desarrollando gradualmente la conciencia de que la responsabilidad y los buenos sentimientos están relacionados; y, con el tiempo, disminuye su necesidad de recompensas externas.

Las siguientes pautas nos pueden ayudar a responder la pregunta planteada en este apartado:

  1. DESARROLLE LA SENSACIÓN DE PODER DEL NIÑO.
    Cuando se tiene sensación de poder se poseen los recursos, oportunidades y capacidades necesarias para influir sobre las circunstancias de la propia vida. Enseñar a los niños a ser responsables incrementa su sensación de poder.
  2. AYUDE A LOS NIÑOS A TOMAR DECISIONES.
    Los niños que han aprendido a ser responsables toman mejores decisiones que los que no han aprendido a serlo. Podemos contribuir a aumentar la capacidad del niño para tomar decisiones si ayudamos a:
    · Resolver los problemas que crea la necesidad de tomar una decisión. ·Buscar otras soluciones.· Seleccionar una de las alternativas mediante la valoración de sus consecuenciasValorar la eficacia de las decisiones por medio de una discusión posterior.
  3. ESTABLEZCA NORMAS Y LÍMITES.
  4. UTILICE TAREAS Y OBLIGACIONES PARA CREAR RESPONSABILIDAD.
    Tareas y obligaciones son cosas concretas: se puede especificar cómo, cuándo y quién debe hacerlas. Esto ayuda a desarrollar la capacidad de organización y manejar los propios recursos.
  5. SEA COHERENTE.
    Es la mejor forma de indicar al niño que los adultos dicen las cosas en serio. Los adultos coherentes ayudan a los niños a sentirse seguros. Cuando no existen normas claras y evidentes, no hay manera de ser coherente.
  6. NO SEA ARBITRARIO.
    Ser arbitrario significa hacer algo diferente de lo que se había dicho o hacer algo sobre lo que no se había advertido. Para evitar ser arbitrarios debemos aclarar lo que queremos, comunicar estas expectativas de forma sencilla y directa, y concretar cuáles son las consecuencias esperables si el niño actúa en consonancia o no con esas expectativas.
  7. DÉ RECOMPENSAS POR SER RESPONSABLE.

 

 

UN NIÑO ES RESPONSABLE SI…

  • …realiza sus tareas normales sin que haya que recordárselo en todo momento.
  • …puede razonar lo que hace.
  • …no echa la culpa a los demás sistemáticamente.
  • …es capaz de escoger entre diferentes alternativas.
  • …puede jugar y trabajar a solas sin angustia.
  • …puede tomar decisiones que difieran de las que otros toman en el grupo en que se mueve (amigos, pandilla, familia, etc.)
  • …posee diferentes objetivos e intereses que pueden absorber su atención.
  • …respeta y reconoce los límites impuestos por los padres sin discusiones inútiles o gratuitas.
  • …puede concentrar su atención en tareas complicadas (dependiendo de su edad) durante cierto tiempo, sin llegar a situaciones de frustración.
  • …lleva a cabo lo que dice que va a hacer.
  • …reconoce sus errores.

BIBLIOGRAFÍA

Cómo enseñar a sus hijos a ser responsables. Harris Clemes y Reynold Bean Círculo de lectores

¿Es mi hijo una persona insegura? José María Lahoz García http://www.solohijos.com/

La autoestima en niños y adolescentes Gloria Marsellach Umbert http://www.ciudadfutura.com/psico/articulos

En la revista Niños de Hoy en su último numero publican este articulo mio “Cómo educar a los niños a ser responsables”. Espero que os guste: Este es el enlace http://www.ndehoy.com/ndhoy/numeros/reportaje52.pd

 

 

 

 

 

 

Como enseñar a ser RESPONSABLES a nuestr@s HIJ@S

Enseñar a tus hijos a ser responsables necesita de un ambiente propicio en el hogar y en la escuela. Se trata de que dicho ambiente de información sobre las posibilidades entre las que deben elegir y las consecuencias de cada una de ellas, y que les ofrezca también los elementos poder elegir adecuadamente.

La Responsabilidad es la capacidad para decidir adecuadamente y con efectividad. Por un lado atendiendo a las normas sociales y a las expectativas comúnmente aceptadas y  por otro, dando una permite al niño conseguir sus objetivos que aumentarán su autoestima

Con la responsabilidad va incluida, en cierta medida, ser autónomo es decir saber defenderse por si mismo. Estas son cualidades del poder personal que, según Gloria Marsellach Umbert en su artículo “La autoestima en niños y adolescentes”, significa tener seguridad y confianza en uno mismo y para ello es necesario ser responsable además de saber elegir, llegar a conocerse a uno mismo y adquirir y utilizar el poder en las propias relaciones y en la vida.

Para tu hijo es natural tener cierto temor a los límites, temor que desaparece conforme se va comprobando que límites y consecuencias se integran en un sistema coherente. Padres y educadores pueden contribuir a conformar el sentido de los límites de diferentes maneras:

  • Sabiendo claramente lo que esperamos de los niños.
  • Exponiendo las expectativas que tenemos de manera que los niños las entiendan, incluyendo la asignación de responsabilidad acerca de tareas y deberes.
  • Averiguando si el niño entiende estas expectativas, bien haciéndolas repetir o bien guiándole mientras las cumple.
  • Estableciendo claramente los límites de tiempo razonables para realizar tareas o deberes escolares, sin ambigüedades.
  • Explicando al niño las consecuencias de no hacer las cosas. Estas consecuencias deben aplicarse coherentemente, sin sentimientos de culpabilidad o remordimientos y sin hacer sufrir al niño. La coherencia es más importante que la severidad.
  • Redactando y colocando un cartel con todas las reglas y las obligaciones, de modo que no pueda alegarse como excusa “el olvido”.
  • Participando padres y madres en la explicación de las reglas al niño. Así sabrá que ambos las apoyan y mantienen.
  • Consiguiendo que todos los niños de la familia o de la clase tengan responsabilidades equiparables, con los ajustes necesarios en función de su edad y de sus habilidades particulares.

 

Un niño asume la responsabilidad cuando sus conductas coordinan, de forma imaginativa, sus propios objetivos con las necesidades de los demás. Para ello, los padres y educadores tienen que ayudar al niño a obtener este equilibrio.

El niño que sea responsable obtendrá éxitos cada vez con mayor frecuencia, y se disfrutará de las consecuencias positivas de esos éxitos.

Muchos padres y educadores piensan erróneamente que las recompensas por buen comportamiento son una especie de “soborno”, pero no, las recompensas de orden material (dinero, juguetes…) sólo son sobornos si son la única estrategia que se utiliza para motivar a un niño. Las recompensas son aquellas cosas que el niño valora, cosas que desea o que necesita. Existen también muchas recompensas que no son materiales que conviene recordar:

  • Hazle saber a tu hijo, de palabra, mediante elogios, qué cosas ha hecho bien: “has ordenado tu habitación estupendamente.
  • Dale ese reconocimiento de forma espontánea, periódicamente, relacionándolo con los logros del niño: “¿Qué te parecería ir a comprarte un helado? La verdad es que has hecho un trabajo muy duro limpiando tu cuarto “.
  • Apoye al niño cuando lo necesite: “Como me ayudaste ayer a limpiar el jardín, bien puedo yo ahora ayudarte a hacer los deberes”.
  • Muestre interés por lo que hace el niño y anímele: “Ya que tienes que ir jugar al fútbol esta tarde, yo me ocupo de recoger los platos”.
  • Comparta con el niño algunas tareas de vez en cuando, como reconocimiento a sus esfuerzos: “La verdad es que ayer dejaste tu habitación muy limpia: ¿qué te parece si te ayudo a limpiarla hoy?.

En ocasiones las responsabilidades de los niños nos producirán cierta incomodidad a los adultos. Los niños necesitan que los adultos seamos pacientes y tolerantes

Como aprenden la responsabilidad

Los niños que no son responsables de sus actos les será más difícil aprender de sus vivencias. Enseñar a los niños a tener responsabilidad no quiere decir que les hagamos sentirse culpables. Los que tengan sentido de la responsabilidad poseerán las herramientas, y las actitudes necesarios para valorar con mayor eficacia las diferentes situaciones y decidir de forma consecuente para ellos y para los que se encuentran a su alrededor.

Uno de los aspectos básicos del aprendizaje de la responsabilidad en los niños es la cuestión: “¿Quién es el responsable de acordarse de las cosas?” Los niños pueden saber hacer las sus tareas y desear agradar a los padres pero si no han tomado sobre sí la responsabilidad de acordarse, no pueden ser responsables. Hay algunos trucos que estimulan al niño a recordar, estos se pueden abandonarse conforme el niño crece y va siendo capaz de asumir mayores responsabilidades:

 

  1. Escriba sus tareas y colóquelas en lugar visible.
  2. No les recuerde las cosas a los niños una vez esté seguro de que le han escuchado y entendido. Estar continuamente recordando las cosas a los niños se convierte en una mala costumbre. Haciendo a los niños dependientes.
  3. Establezca rutinas lo más regulares posible. Cuando las cosas ocurren de forma predecible y regular, se aumenta significativamente la capacidad de recordar de los niños.
  4. No le dé miedo que el niño “sufra” las consecuencias cuando se “olvida”.
  5. Sea coherente. Acuérdese de lo que ha dicho. Si los padres lo olvidan, están dando mal ejemplo al niño, le estamos dando permiso para hacer lo mismo.

 

Cuando los niños tienen asignado ciertas obligaciones, los padres no deben confundirles ni fomentar la irresponsabilidad volviéndose a hacer cargo de las tareas encomendadas. Los padres relevan a sus hijos de sus responsabilidades si…

  •  …les recuerdan las cosas cuando ellos “se olvidan”
  • …lo hacen ellos mismos porque “es más sencillo”
  • …subestiman la capacidad de los hijos.
  • …aceptan que los niños se califiquen a sí mismos de incompetentes o irresponsables.
  • … hacen cosas por sus hijos para que ellos les quieran o para que no les hieran en sus sentimientos.
  • …creen que sólo los padres que trabajan duramente y hacen un montón de cosas por los hijos son “buenos” padres.

 

¿Cómo enseñar a los niños a ser responsables?

Para enseñar a los niños a ser responsables tiene que existir un programa claro de recompensas y alabanzas que ofrezca respuesta a su comportamiento (aspecto este al que hemos hecho referencia anteriormente). Por otro lado, el niño seguirá siendo irresponsable si la respuesta que obtiene es la crítica excesiva, la exposición al ridículo o a la vergüenza. Los niños a los que se recompensa por ser responsables van desarrollando gradualmente la conciencia de que la responsabilidad y los buenos sentimientos están relacionados; y, con el tiempo, disminuye su necesidad de recompensas externas.

¿Cómo enseñar a los niños a ser responsables?

Tiene que existir un programa claro de recompensas y alabanzas que ofrezca respuesta a su comportamiento (como hemos hecho referencia anteriormente). Por otro lado, el niño seguirá siendo irresponsable si la respuesta que obtiene es la crítica excesiva, la exposición al ridículo o a la vergüenza. Los niños a los que se recompensa por ser responsables van desarrollando gradualmente la conciencia de que la responsabilidad y los buenos sentimientos están relacionados; y, con el tiempo, disminuye su necesidad de recompensas externas.

Las siguientes pautas nos pueden ayudar a responder la pregunta planteada en este apartado:

  1. DESARROLLE LA SENSACIÓN DE PODER DEL NIÑO.
    Cuando se tiene sensación de poder se poseen los recursos, oportunidades y capacidades necesarias para influir sobre las circunstancias de la propia vida. Enseñar a los niños a ser responsables incrementa su sensación de poder.
  2. AYUDE A LOS NIÑOS A TOMAR DECISIONES.
    Los niños que han aprendido a ser responsables toman mejores decisiones que los que no han aprendido a serlo. Podemos contribuir a aumentar la capacidad del niño para tomar decisiones si ayudamos a:
    · Resolver los problemas que crea la necesidad de tomar una decisión. ·Buscar otras soluciones.· Seleccionar una de las alternativas mediante la valoración de sus consecuenciasValorar la eficacia de las decisiones por medio de una discusión posterior.
  3. ESTABLEZCA NORMAS Y LÍMITES.
  4. UTILICE TAREAS Y OBLIGACIONES PARA CREAR RESPONSABILIDAD.
    Tareas y obligaciones son cosas concretas: se puede especificar cómo, cuándo y quién debe hacerlas. Esto ayuda a desarrollar la capacidad de organización y manejar los propios recursos.
  5. SEA COHERENTE.
    Es la mejor forma de indicar al niño que los adultos dicen las cosas en serio. Los adultos coherentes ayudan a los niños a sentirse seguros. Cuando no existen normas claras y evidentes, no hay manera de ser coherente.
  6. NO SEA ARBITRARIO.
    Ser arbitrario significa hacer algo diferente de lo que se había dicho o hacer algo sobre lo que no se había advertido. Para evitar ser arbitrarios debemos aclarar lo que queremos, comunicar estas expectativas de forma sencilla y directa, y concretar cuáles son las consecuencias esperables si el niño actúa en consonancia o no con esas expectativas.
  7. DÉ RECOMPENSAS POR SER RESPONSABLE.

 

 

UN NIÑO ES RESPONSABLE SI…

  • …realiza sus tareas normales sin que haya que recordárselo en todo momento.
  • …puede razonar lo que hace.
  • …no echa la culpa a los demás sistemáticamente.
  • …es capaz de escoger entre diferentes alternativas.
  • …puede jugar y trabajar a solas sin angustia.
  • …puede tomar decisiones que difieran de las que otros toman en el grupo en que se mueve (amigos, pandilla, familia, etc.)
  • …posee diferentes objetivos e intereses que pueden absorber su atención.
  • …respeta y reconoce los límites impuestos por los padres sin discusiones inútiles o gratuitas.
  • …puede concentrar su atención en tareas complicadas (dependiendo de su edad) durante cierto tiempo, sin llegar a situaciones de frustración.
  • …lleva a cabo lo que dice que va a hacer.
  • …reconoce sus errores.

BIBLIOGRAFÍA

Cómo enseñar a sus hijos a ser responsables. Harris Clemes y Reynold Bean Círculo de lectores

¿Es mi hijo una persona insegura? José María Lahoz García http://www.solohijos.com/

La autoestima en niños y adolescentes Gloria Marsellach Umbert http://www.ciudadfutura.com/psico/articulos

 

 

 

 

 

Como enseñar a ser RESPONSABLES a nuestr@s HIJ@S

 

Enseñar a tus hijos a ser responsables necesita de un ambiente propicio en el hogar y en la escuela. Se trata de que dicho ambiente de información sobre las posibilidades entre las que deben elegir y las consecuencias de cada una de ellas, y que les ofrezca también los elementos poder elegir adecuadamente.

La Responsabilidad es la capacidad para decidir adecuadamente y con efectividad. Por un lado atendiendo a las normas sociales y a las expectativas comúnmente aceptadas y  por otro, dando una permite al niño conseguir sus objetivos que aumentarán su autoestima

Con la responsabilidad va incluida, en cierta medida, ser autónomo es decir saber defenderse por si mismo. Estas son cualidades del poder personal que, según Gloria Marsellach Umbert en su artículo “La autoestima en niños y adolescentes”, significa tener seguridad y confianza en uno mismo y para ello es necesario ser responsable además de saber elegir, llegar a conocerse a uno mismo y adquirir y utilizar el poder en las propias relaciones y en la vida.

Para tu hijo es natural tener cierto temor a los límites, temor que desaparece conforme se va comprobando que límites y consecuencias se integran en un sistema coherente. Padres y educadores pueden contribuir a conformar el sentido de los límites de diferentes maneras:

  • Sabiendo claramente lo que esperamos de los niños.
  • Exponiendo las expectativas que tenemos de manera que los niños las entiendan, incluyendo la asignación de responsabilidad acerca de tareas y deberes.
  • Averiguando si el niño entiende estas expectativas, bien haciéndolas repetir o bien guiándole mientras las cumple.
  • Estableciendo claramente los límites de tiempo razonables para realizar tareas o deberes escolares, sin ambigüedades.
  • Explicando al niño las consecuencias de no hacer las cosas. Estas consecuencias deben aplicarse coherentemente, sin sentimientos de culpabilidad o remordimientos y sin hacer sufrir al niño. La coherencia es más importante que la severidad.
  • Redactando y colocando un cartel con todas las reglas y las obligaciones, de modo que no pueda alegarse como excusa “el olvido”.
  • Participando padres y madres en la explicación de las reglas al niño. Así sabrá que ambos las apoyan y mantienen.
  • Consiguiendo que todos los niños de la familia o de la clase tengan responsabilidades equiparables, con los ajustes necesarios en función de su edad y de sus habilidades particulares.

 

Un niño asume la responsabilidad cuando sus conductas coordinan, de forma imaginativa, sus propios objetivos con las necesidades de los demás. Para ello, los padres y educadores tienen que ayudar al niño a obtener este equilibrio.

El niño que sea responsable obtendrá éxitos cada vez con mayor frecuencia, y se disfrutará de las consecuencias positivas de esos éxitos.

Muchos padres y educadores piensan erróneamente que las recompensas por buen comportamiento son una especie de “soborno”, pero no, las recompensas de orden material (dinero, juguetes…) sólo son sobornos si son la única estrategia que se utiliza para motivar a un niño. Las recompensas son aquellas cosas que el niño valora, cosas que desea o que necesita. Existen también muchas recompensas que no son materiales que conviene recordar:

  • Hazle saber a tu hijo, de palabra, mediante elogios, qué cosas ha hecho bien: “has ordenado tu habitación estupendamente.
  • Dale ese reconocimiento de forma espontánea, periódicamente, relacionándolo con los logros del niño: “¿Qué te parecería ir a comprarte un helado? La verdad es que has hecho un trabajo muy duro limpiando tu cuarto “.
  • Apoye al niño cuando lo necesite: “Como me ayudaste ayer a limpiar el jardín, bien puedo yo ahora ayudarte a hacer los deberes”.
  • Muestre interés por lo que hace el niño y anímele: “Ya que tienes que ir jugar al fútbol esta tarde, yo me ocupo de recoger los platos”.
  • Comparta con el niño algunas tareas de vez en cuando, como reconocimiento a sus esfuerzos: “La verdad es que ayer dejaste tu habitación muy limpia: ¿qué te parece si te ayudo a limpiarla hoy?.

En ocasiones las responsabilidades de los niños nos producirán cierta incomodidad a los adultos. Los niños necesitan que los adultos seamos pacientes y tolerantes

Como aprenden la responsabilidad

Los niños que no son responsables de sus actos les será más difícil aprender de sus vivencias. Enseñar a los niños a tener responsabilidad no quiere decir que les hagamos sentirse culpables. Los que tengan sentido de la responsabilidad poseerán las herramientas, y las actitudes necesarios para valorar con mayor eficacia las diferentes situaciones y decidir de forma consecuente para ellos y para los que se encuentran a su alrededor.

Uno de los aspectos básicos del aprendizaje de la responsabilidad en los niños es la cuestión: “¿Quién es el responsable de acordarse de las cosas?” Los niños pueden saber hacer las sus tareas y desear agradar a los padres pero si no han tomado sobre sí la responsabilidad de acordarse, no pueden ser responsables. Hay algunos trucos que estimulan al niño a recordar, estos se pueden abandonarse conforme el niño crece y va siendo capaz de asumir mayores responsabilidades:

 

  1. Escriba sus tareas y colóquelas en lugar visible.
  2. No les recuerde las cosas a los niños una vez esté seguro de que le han escuchado y entendido. Estar continuamente recordando las cosas a los niños se convierte en una mala costumbre. Haciendo a los niños dependientes.
  3. Establezca rutinas lo más regulares posible. Cuando las cosas ocurren de forma predecible y regular, se aumenta significativamente la capacidad de recordar de los niños.
  4. No le dé miedo que el niño “sufra” las consecuencias cuando se “olvida”.
  5. Sea coherente. Acuérdese de lo que ha dicho. Si los padres lo olvidan, están dando mal ejemplo al niño, le estamos dando permiso para hacer lo mismo.

 

Cuando los niños tienen asignado ciertas obligaciones, los padres no deben confundirles ni fomentar la irresponsabilidad volviéndose a hacer cargo de las tareas encomendadas. Los padres relevan a sus hijos de sus responsabilidades si…

  •  …les recuerdan las cosas cuando ellos “se olvidan”
  • …lo hacen ellos mismos porque “es más sencillo”
  • …subestiman la capacidad de los hijos.
  • …aceptan que los niños se califiquen a sí mismos de incompetentes o irresponsables.
  • … hacen cosas por sus hijos para que ellos les quieran o para que no les hieran en sus sentimientos.
  • …creen que sólo los padres que trabajan duramente y hacen un montón de cosas por los hijos son “buenos” padres.

 

¿Cómo enseñar a los niños a ser responsables?

Para enseñar a los niños a ser responsables tiene que existir un programa claro de recompensas y alabanzas que ofrezca respuesta a su comportamiento (aspecto este al que hemos hecho referencia anteriormente). Por otro lado, el niño seguirá siendo irresponsable si la respuesta que obtiene es la crítica excesiva, la exposición al ridículo o a la vergüenza. Los niños a los que se recompensa por ser responsables van desarrollando gradualmente la conciencia de que la responsabilidad y los buenos sentimientos están relacionados; y, con el tiempo, disminuye su necesidad de recompensas externas.

¿Cómo enseñar a los niños a ser responsables?

Tiene que existir un programa claro de recompensas y alabanzas que ofrezca respuesta a su comportamiento (como hemos hecho referencia anteriormente). Por otro lado, el niño seguirá siendo irresponsable si la respuesta que obtiene es la crítica excesiva, la exposición al ridículo o a la vergüenza. Los niños a los que se recompensa por ser responsables van desarrollando gradualmente la conciencia de que la responsabilidad y los buenos sentimientos están relacionados; y, con el tiempo, disminuye su necesidad de recompensas externas.

Las siguientes pautas nos pueden ayudar a responder la pregunta planteada en este apartado:

  1. DESARROLLE LA SENSACIÓN DE PODER DEL NIÑO.
    Cuando se tiene sensación de poder se poseen los recursos, oportunidades y capacidades necesarias para influir sobre las circunstancias de la propia vida. Enseñar a los niños a ser responsables incrementa su sensación de poder.
  • AYUDE A LOS NIÑOS A TOMAR DECISIONES.
    Los niños que han aprendido a ser responsables toman mejores decisiones que los que no han aprendido a serlo. Podemos contribuir a aumentar la capacidad del niño para tomar decisiones si ayudamos a:
    · Resolver los problemas que crea la necesidad de           tomar una decisión.
              · Buscar otras soluciones.
    · Seleccionar una de las alternativas mediante la           valoración de sus consecuencias.
    · Valorar la eficacia de las decisiones por medio de una           discusión posterior.
  1. ESTABLEZCA NORMAS Y LÍMITES.
  2. UTILICE TAREAS Y OBLIGACIONES PARA CREAR RESPONSABILIDAD.
    Tareas y obligaciones son cosas concretas: se puede especificar cómo, cuándo y quién debe hacerlas. Esto ayuda a desarrollar la capacidad de organización y manejar los propios recursos.
  3. SEA COHERENTE.
    Es la mejor forma de indicar al niño que los adultos dicen las cosas en serio. Los adultos coherentes ayudan a los niños a sentirse seguros. Cuando no existen normas claras y evidentes, no hay manera de ser coherente.
  4. NO SEA ARBITRARIO.
    Ser arbitrario significa hacer algo diferente de lo que se había dicho o hacer algo sobre lo que no se había advertido. Para evitar ser arbitrarios debemos aclarar lo que queremos, comunicar estas expectativas de forma sencilla y directa, y concretar cuáles son las consecuencias esperables si el niño actúa en consonancia o no con esas expectativas.
  5. DÉ RECOMPENSAS POR SER RESPONSABLE.

 

 

UN NIÑO ES RESPONSABLE SI…

  • …realiza sus tareas normales sin que haya que recordárselo en todo momento.
  • …puede razonar lo que hace.
  • …no echa la culpa a los demás sistemáticamente.
  • …es capaz de escoger entre diferentes alternativas.
  • …puede jugar y trabajar a solas sin angustia.
  • …puede tomar decisiones que difieran de las que otros toman en el grupo en que se mueve (amigos, pandilla, familia, etc.)
  • …posee diferentes objetivos e intereses que pueden absorber su atención.
  • …respeta y reconoce los límites impuestos por los padres sin discusiones inútiles o gratuitas.
  • …puede concentrar su atención en tareas complicadas (dependiendo de su edad) durante cierto tiempo, sin llegar a situaciones de frustración.
  • …lleva a cabo lo que dice que va a hacer.
  • …reconoce sus errores.

BIBLIOGRAFÍA

Cómo enseñar a sus hijos a ser responsables. Harris Clemes y Reynold Bean Círculo de lectores

¿Es mi hijo una persona insegura? José María Lahoz García http://www.solohijos.com/

La autoestima en niños y adolescentes Gloria Marsellach Umbert http://www.ciudadfutura.com/psico/articulos

 

 

 

 

 

La necesidad de poner normas a nuestros hij@s

    “Si mis padres no me ponen hora de llegada a casa por las noches, yo supongo que es porque no les importo”. Con estas palabras, que sorprenden a muchos padres, se expresaba un chico de unos catorce años; en ellas podemos entrever que los hijos necesitan pautas y normas para sentirse seguros.
Muchos de los descubrimientos psicopedagógicos de los últimos años parecen que no terminan de imponerse en nuestras teorías educativas.
Hemos incorporado una necesaria y adecuada tolerancia frente a las restricciones excesivas y asfixiantes en las que se educaba antes; pero hay otros prejuicios, esta vez de sentido contrario, es decir, de laxitud e indulgencia, cercanos a la dejadez, que por miedo, ideas equivocadas y mala comprensión del desarrollo psicológico de los niños, nos paralizan a la hora de ejercer la función de padres.
¿Ha fallado la educación que conocemos?
Se trataba de que los hijos no sufrieran los traumas que conlleva un exceso de represión. Se hace hincapié en la necesidad de mostrarse afectuoso, comunicativo e indulgente con las necesidades del niño y muy tolerante con su comportamiento.
Este planteamiento es muy favorable para facilitar el desarrollo sin ansiedades pero, en exceso, implica jóvenes sin motivación, con dificultad para decidir su futuro. Tanto emocional como económicamente se mantienen en un estado de dependencia.
El fallo puede estar en que no aprendan a enfrentarse con la realidad, con las inevitables frustraciones de la vida. Parece que “a fuerza de” no negarles nada, no llegan a desarrollar “la fuerza para” conseguir las cosas por sí mismos. Esa fuerza es necesaria para conseguir el éxito en cualquier campo y no sólo en el aspecto escolar.
Los padres, actualmente, nos sentimos confusos y desorientados al tener que decidir entre seguir la propia intuición, los modelos en que fuimos educados y los ejemplos que se ven en otros padres y en los medios de comunicación. El resultado es un comportamiento contradictorio.
Es difícil exigir a los hijos que cumplan la parte del trato implícito que supone la convivencia: “yo doy, tú das”. Hay muchos motivos, veamos algunos:
 Nos asusta defraudarlos.
No sabemos o no queremos decir “no” .No queremos frustrarlos,… ”ya sufrirán cuando sean mayores” .   Nos preocupa ser considerados autoritarios. No queremos que sufran lo que nosotros sufrimos     Compensamos la falta de tiempo y dedicación con una actitud indulgente (y culpable)     Tenemos miedo al conflicto y a sus malas caras     Nos parece que actuamos con egoísmo si imponemos normas que nos faciliten la vida.


Algunas ideas sobre el desarrollo: de la dependencia a la autonomía

Dicho muy brevemente, el estudio de lo que se llama ‘relaciones de objeto’ ha puesto de manifiesto la importancia que en la primera infancia tiene una relación estrecha y consistente con la madre (o con la persona que habitualmente haga dicha función). En esa época, cualquier separación, aunque sea breve, el niño la vive con ansiedad.
Pero también se ha descubierto,  que tras esa primera etapa, el niño necesita separarse de su madre, para diferenciar sus propios deseos y necesidades de los de ella, para ir tomando conciencia de sí mismo y de su individualidad.
La madre debe dejarlo no sólo separase tanto como sea posible, según su edad, sino que debería presentarse a sí misma como sujeto de necesidades “egoístas”, con una vida propia, e ir alejándose de esa imagen que tiene el niño de su madre como una extensión de él que sólo existe para satisfacer sus necesidades.
Lo que se ha llamado un ambiente familiar suficientemente bueno, es aquel que reacciona con cariño a la vez que permite que el niño experimente, de modo gradual y acorde con su maduración, una cantidad creciente de frustración.
Es necesario proteger al niño pero también dejar que se exponga gradualmente a experiencias en las que no logre todo lo que desea. La capacidad del niño para enfrentarse a la realidad depende de esto.
Este proceso de tolerancia a la frustración, que se desarrolla paulatinamente, permite que el niño aprenda a manejar su ansiedad y su agresividad. Cuando esto no se realiza bien, el niño puede volverse apático y pasivo o, por el contrario, irascible.

Algunas ideas que pueden servir de guía
La educación perfecta no existe, sobre todo si la consideramos como un conjunto de normas utilizadas como una receta; no hay un niño igual a otro ni siquiera en la misma familia, así que más que fórmulas estándar, podemos disponer de guías para orientarnos en situaciones diversas.
Es importante ser espontáneos, la intuición es necesaria porque son los propios padres quienes conocen mejor a sus hijos y el modo de ayudarles.
Nuestra empatía, capacidad para ponernos en su lugar, nos permite entender los motivos que ellos tienen para actuar y reaccionar en una determinada situación y, desde ahí, podemos enseñarles modos de afrontarla. Y también les enseñamos eso tan importante para su vida que es saber ponerse en el lugar del otro.

   La coherencia es también muy importante porque uno tiene que creer aquello que quiere enseñar. La contradicción entre lo que se dice y lo que se hace invalida la norma que o bien no se cumple o lleva a la mentira. Por eso es tan importante que los padres actúen con seguridad y sin contradicciones. Es sobre todo con un estilo de comportamiento con lo que los hijos se identifican y al que imitan. La norma concreta puede ser más o menos discutida si se le transmite una forma de ser responsable y honesta.
No se trata de adiestrarlo, convertirlo en algo que deseamos, tendremos más éxito si le ayudamos a descubrir sus capacidades, personalidad…, y él también.
Los castigos, en general, tienen pocos resultados, sobre todo las humillaciones. Un niño criado en un ambiente de discusiones, gritos, peleas, puede que reproduzca lo que ha vivido. Los castigos en forma de malos tratos físicos o verbales, convierten al niño en una persona agresiva o, en el otro extremo también insano, en alguien temeroso con serias dificultades para convivir.

http://www.youtube.com/watch?v=UfAOiGElOu0[/youtube]

Fuente:http://ntic.educacion.es/w3/recursos2/e_padres/html/normas.htm

La necesidad de poner límites a nuestros hij@s

    

    Si me dejan hacer lo que me da la gana mis padres es porque no les intereso”. Esto dicho por un adolescente puede dejar “boca abiertos” a un numero importante de padres; con ello intuimos que nuestros hijos nos piden pautas y normas para sentirse seguros y desarrollarse como adultos sanos.

Los avances en la psicología científica de los últimas décadas parecen que no terminan de “cuajar” en prácticas educativas que desempeñamos en el día a día como padres. En cuestión de relativamente poco tiempo los padres hemos pasado de ser educados con normas y límites exagerados y contraproducentes a educar del modo opuesto, sin ningún límite, en el dejar hacer, por miedo a la traumatizar a nuestros hijos. Y como todo en la vida “los extremos se tocan”.
Hoy en día es muy común y generalizado la necesidad social de mostrarse cariñoso, comunicativo e indulgente con cualquier necesidad de los hijos y desproporcionadamente tolerante con todo su comportamiento sea o no “adecuado”.
Esto esta siendo “caldo de cultivo” de lo que estamos empezado a ver ya en las consultas de psicología clínica, niños y jóvenes extremadamente inmaduros, emocionalmente débiles. Ellos tendrán probablemente un futuro muy complicado porque no son capaces de vivir y desarrollarse de manera autónoma, además de tener un desbordante sufrimiento por su baja tolerancia a la frustración. La sociedad no tolerará su falta de aceptación de normas y no será tan indulgente como lo somos erróneamente sus papás.
Es normal que hoy en día los padres, nos sentimos perdidos al tener que decidir entre educar como nos educaron nuestros padres hacerlo por como buenamente podamos, como nos dicen en los medios de comunicación o según vemos que lo hacen otros padres. Al producto de esta malgama de cosas hace que no seamos coherentes, norma básica parala Educación de nuestros hijos para enfrentar lo mas sanamente posible las dificultades que se le van a presentar en esta vida.

    Entiendo que esto es la teoría y que en el día día resulta complicado exigir que nuestros hijos  con la convivencia: que en resumidas cuestas es “yo doy, tú das”.

¿Por qué resulta tan complicado?

  • No queremos que tengan mala imagen nuestra.
  • Nos cuesta o no somos capaces de decir “NO”, es tan fácil decir “SI”.
  • No queremos que sufran pensamos que ”ya sufrirán cuando sean mayores” y esto no es sano porque cuanto antes aprendan a frustrase antes serán capaces de tolerar adecuadamente los sinsabores que la vida les va ir dando.
  • No nos gusta que los otros papás, amigos, familia,  nos lleguen a considerarnos como padres “rígidos y autoritarios”.
  • No queremos que ellos sufran lo que nosotros pudimos sufrir.
  • Tratamos erróneamente de contrarrestar la falta de tiempo y dedicación con una actitud excesivamente condescendiente.
  • No queremos el conflicto y evitamos que nos pongan mala cara.
  • Pensamos equivocadamente que somos egoístas si imponemos reglas que      nos ayuden en la convivencia.

Intentaré en pocas palabras explicar como en el desarrollo del ser humano de cada individuo se pasa de la dependencia inicial a la autonomía en el adulto:

    Las teorías del desarrollo infantil y del apego nos explican la importancia, que en los primeros momentos de la vida tiene el mantener una relación estrecha y consistente con la madre (o figura de apego). En ese periodo, cualquier separación, el niño la vive con ansiedad.
Estas mismas teorías han constatado que tras esa primera etapa, el niño necesita para su desarrollo normal separarse de su madre (o figura de apego), para explorar el mundo exterior teniendo como anclaje seguro  a su madre. También le sirve para discriminar sus propios deseos y necesidades de los de ella, para así ir tomando conciencia de sí mismo y de su individualidad.

    La madre no solo debe dejarlo explorar fuera sino que además, presentarse a sí misma como alguien con sus necesidades individuales, con una vida propia, e ir dejando la idea que tiene el niño de que su madre es una extensión de él y para él, que su razón de existir es única y exclusivamente para satisfacer sus necesidades.

    Para conseguir una convivencia familiar sana, como padres debemos  reaccionar con apoyo emocional a la vez que permite que el hijo padezca, de modo gradual y acorde con su maduración, una cantidad creciente y natural de frustración. Es “bueno” proteger al niño pero también dejar que se exponga gradualmente a experiencias en las que no consiga todo lo que quiere. La capacidad futura del niño para enfrentarse de modo sano a la realidad depende de esto.
Este proceso de adquisición de tolerancia a la frustración, que se desarrolla progresivamente, facilita que tu hijo aprenda a manejar su ansiedad y su agresividad sin temor a que le desborde. Cuando tu hijo no tolera ninguna frustración puede llegar a sentir apatía y desmotivación o, el otro extremo, ira.

Pautas para conseguir poner límites:

  • Antes que nada considerar que a pesar de tener claro todo lo dicho hasta ahora cometeremos errores. No existe una “receta” ideal para educar a nuestros hijos; cada hijo es distinto. Aunque  si podemos disponer de unos “mínimos” esenciales para distintas situaciones.
  • Es importante ser espontáneos, es decir tratar de hacer a nuestro modo lo que anteriormente hemos descrito. Aquello que no “nos salga” es mejor no llevarlo acabo porque nos resultará muy  incomodo y artificioso.
  • La empatía, que es la capacidad para “ponernos en su lugar”, nos ayudará a entender los motivos que ellos tienen para actuar y reaccionar en una determinada situación y, desde ahí, podemos enseñarles modos de afrontarla. Y también les enseñamos al ser modelos eso tan importante para las interrelación con los demás  que es saber ponerse en el lugar del otro. Esto le ayudará en su vida
  • La coherencia es también muy importante porque uno tiene que creer aquello que quiere enseñar. La contradicción entre lo que se dice y lo que se hace invalida la norma que o bien no se cumple o lleva a la mentira. Por eso es tan importante que los padres actúen con seguridad y sin contradicciones. Es sobre todo con un estilo de comportamiento con lo que los hijos se identifican y al que imitan. La norma concreta puede ser más o menos discutida si se le transmite una forma de ser responsable y honesta.
  • No consideres que se trata de domesticarlo, de convertirlo en algo que queremos, seremos mas eficaces en su educación si le apoyamos en el camino de encontrar sus propias capacidades, su forma de ser…, y él también se sentirá mejor mas seguro consigo mismo.
  • El castigo tiene una eficacia muy limitada sobre todo las humillaciones. Un hijo educado en un convivencia familiar donde lo habitual son las discusiones, gritos, peleas, existe una probabilidad muy alta que en el futuro reproduzca lo que ha vivido. Los malos tratos tanto físicos como verbales, hacen que tu hijo se comporte de manera agresiva o, por el contrario, en alguien extremadamente temeroso que tienda a evitar las interacciones sociales y por lo tanto presente serias dificultades para convivir con normalidad.

 


Fuente: http://ntic.educacion.es

La necesidad de poner límites a nuestros hij@s

    

    Si me dejan hacer lo que me da la gana mis padres es porque no les intereso”. Esto dicho por un adolescente puede dejar “boca abiertos” a un numero importante de padres; con ello intuimos que nuestros hijos nos piden pautas y normas para sentirse seguros y desarrollarse como adultos sanos.

Los avances en la psicología científica de los últimas décadas parecen que no terminan de “cuajar” en prácticas educativas que desempeñamos en el día a día como padres. En cuestión de relativamente poco tiempo los padres hemos pasado de ser educados con normas y límites exagerados y contraproducentes a educar del modo opuesto, sin ningún límite, en el dejar hacer, por miedo a la traumatizar a nuestros hijos. Y como todo en la vida “los extremos se tocan”.
Hoy en día es muy común y generalizado la necesidad social de mostrarse cariñoso, comunicativo e indulgente con cualquier necesidad de los hijos y desproporcionadamente tolerante con todo su comportamiento sea o no “adecuado”.
Esto esta siendo “caldo de cultivo” de lo que estamos empezado a ver ya en las consultas de psicología clínica, niños y jóvenes extremadamente inmaduros, emocionalmente débiles. Ellos tendrán probablemente un futuro muy complicado porque no son capaces de vivir y desarrollarse de manera autónoma, además de tener un desbordante sufrimiento por su baja tolerancia a la frustración. La sociedad no tolerará su falta de aceptación de normas y no será tan indulgente como lo somos erróneamente sus papás.
Es normal que hoy en día los padres, nos sentimos perdidos al tener que decidir entre educar como nos educaron nuestros padres hacerlo por como buenamente podamos, como nos dicen en los medios de comunicación o según vemos que lo hacen otros padres. Al producto de esta malgama de cosas hace que no seamos coherentes, norma básica parala Educación de nuestros hijos para enfrentar lo mas sanamente posible las dificultades que se le van a presentar en esta vida.

    Entiendo que esto es la teoría y que en el día día resulta complicado exigir que nuestros hijos  con la convivencia: que en resumidas cuestas es “yo doy, tú das”.

¿Por qué resulta tan complicado?

  • No queremos que tengan mala imagen nuestra.
  • Nos cuesta o no somos capaces de decir “NO”, es tan fácil decir “SI”.
  • No queremos que sufran pensamos que ”ya sufrirán cuando sean mayores” y esto no es sano porque cuanto antes aprendan a frustrase antes serán capaces de tolerar adecuadamente los sinsabores que la vida les va ir dando.
  • No nos gusta que los otros papás, amigos, familia,  nos lleguen a considerarnos como padres “rígidos y autoritarios”.
  • No queremos que ellos sufran lo que nosotros pudimos sufrir.
  • Tratamos erróneamente de contrarrestar la falta de tiempo y dedicación con una actitud excesivamente condescendiente.
  • No queremos el conflicto y evitamos que nos pongan mala cara.
  • Pensamos equivocadamente que somos egoístas si imponemos reglas que      nos ayuden en la convivencia.

Intentaré en pocas palabras explicar como en el desarrollo del ser humano de cada individuo se pasa de la dependencia inicial a la autonomía en el adulto:

    Las teorías del desarrollo infantil y del apego nos explican la importancia, que en los primeros momentos de la vida tiene el mantener una relación estrecha y consistente con la madre (o figura de apego). En ese periodo, cualquier separación, el niño la vive con ansiedad.
Estas mismas teorías han constatado que tras esa primera etapa, el niño necesita para su desarrollo normal separarse de su madre (o figura de apego), para explorar el mundo exterior teniendo como anclaje seguro  a su madre. También le sirve para discriminar sus propios deseos y necesidades de los de ella, para así ir tomando conciencia de sí mismo y de su individualidad.

    La madre no solo debe dejarlo explorar fuera sino que además, presentarse a sí misma como alguien con sus necesidades individuales, con una vida propia, e ir dejando la idea que tiene el niño de que su madre es una extensión de él y para él, que su razón de existir es única y exclusivamente para satisfacer sus necesidades.

    Para conseguir una convivencia familiar sana, como padres debemos  reaccionar con apoyo emocional a la vez que permite que el hijo padezca, de modo gradual y acorde con su maduración, una cantidad creciente y natural de frustración. Es “bueno” proteger al niño pero también dejar que se exponga gradualmente a experiencias en las que no consiga todo lo que quiere. La capacidad futura del niño para enfrentarse de modo sano a la realidad depende de esto.
Este proceso de adquisición de tolerancia a la frustración, que se desarrolla progresivamente, facilita que tu hijo aprenda a manejar su ansiedad y su agresividad sin temor a que le desborde. Cuando tu hijo no tolera ninguna frustración puede llegar a sentir apatía y desmotivación o, el otro extremo, ira.

Pautas para conseguir poner límites:

  • Antes que nada considerar que a pesar de tener claro todo lo dicho hasta ahora cometeremos errores. No existe una “receta” ideal para educar a nuestros hijos; cada hijo es distinto. Aunque  si podemos disponer de unos “mínimos” esenciales para distintas situaciones.
  • Es importante ser espontáneos, es decir tratar de hacer a nuestro modo lo que anteriormente hemos descrito. Aquello que no “nos salga” es mejor no llevarlo acabo porque nos resultará muy  incomodo y artificioso.
  • La empatía, que es la capacidad para “ponernos en su lugar”, nos ayudará a entender los motivos que ellos tienen para actuar y reaccionar en una determinada situación y, desde ahí, podemos enseñarles modos de afrontarla. Y también les enseñamos al ser modelos eso tan importante para las interrelación con los demás  que es saber ponerse en el lugar del otro. Esto le ayudará en su vida
  • La coherencia es también muy importante porque uno tiene que creer aquello que quiere enseñar. La contradicción entre lo que se dice y lo que se hace invalida la norma que o bien no se cumple o lleva a la mentira. Por eso es tan importante que los padres actúen con seguridad y sin contradicciones. Es sobre todo con un estilo de comportamiento con lo que los hijos se identifican y al que imitan. La norma concreta puede ser más o menos discutida si se le transmite una forma de ser responsable y honesta.
  • No consideres que se trata de domesticarlo, de convertirlo en algo que queremos, seremos mas eficaces en su educación si le apoyamos en el camino de encontrar sus propias capacidades, su forma de ser…, y él también se sentirá mejor mas seguro consigo mismo.
  • El castigo tiene una eficacia muy limitada sobre todo las humillaciones. Un hijo educado en un convivencia familiar donde lo habitual son las discusiones, gritos, peleas, existe una probabilidad muy alta que en el futuro reproduzca lo que ha vivido. Los malos tratos tanto físicos como verbales, hacen que tu hijo se comporte de manera agresiva o, por el contrario, en alguien extremadamente temeroso que tienda a evitar las interacciones sociales y por lo tanto presente serias dificultades para convivir con normalidad.

 


Fuente: http://ntic.educacion.es

La necesidad de poner normas a nuestros hij@s

    “Si mis padres no me ponen hora de llegada a casa por las noches, yo supongo que es porque no les importo”. Con estas palabras, que sorprenden a muchos padres, se expresaba un chico de unos catorce años; en ellas podemos entrever que los hijos necesitan pautas y normas para sentirse seguros.
Muchos de los descubrimientos psicopedagógicos de los últimos años parecen que no terminan de imponerse en nuestras teorías educativas.
Hemos incorporado una necesaria y adecuada tolerancia frente a las restricciones excesivas y asfixiantes en las que se educaba antes; pero hay otros prejuicios, esta vez de sentido contrario, es decir, de laxitud e indulgencia, cercanos a la dejadez, que por miedo, ideas equivocadas y mala comprensión del desarrollo psicológico de los niños, nos paralizan a la hora de ejercer la función de padres.
¿Ha fallado la educación que conocemos?
Se trataba de que los hijos no sufrieran los traumas que conlleva un exceso de represión. Se hace hincapié en la necesidad de mostrarse afectuoso, comunicativo e indulgente con las necesidades del niño y muy tolerante con su comportamiento.
Este planteamiento es muy favorable para facilitar el desarrollo sin ansiedades pero, en exceso, implica jóvenes sin motivación, con dificultad para decidir su futuro. Tanto emocional como económicamente se mantienen en un estado de dependencia.
El fallo puede estar en que no aprendan a enfrentarse con la realidad, con las inevitables frustraciones de la vida. Parece que “a fuerza de” no negarles nada, no llegan a desarrollar “la fuerza para” conseguir las cosas por sí mismos. Esa fuerza es necesaria para conseguir el éxito en cualquier campo y no sólo en el aspecto escolar.
Los padres, actualmente, nos sentimos confusos y desorientados al tener que decidir entre seguir la propia intuición, los modelos en que fuimos educados y los ejemplos que se ven en otros padres y en los medios de comunicación. El resultado es un comportamiento contradictorio.
Es difícil exigir a los hijos que cumplan la parte del trato implícito que supone la convivencia: “yo doy, tú das”. Hay muchos motivos, veamos algunos:
 Nos asusta defraudarlos.
No sabemos o no queremos decir “no” .No queremos frustrarlos,… ”ya sufrirán cuando sean mayores” .   Nos preocupa ser considerados autoritarios. No queremos que sufran lo que nosotros sufrimos     Compensamos la falta de tiempo y dedicación con una actitud indulgente (y culpable)     Tenemos miedo al conflicto y a sus malas caras     Nos parece que actuamos con egoísmo si imponemos normas que nos faciliten la vida.


Algunas ideas sobre el desarrollo: de la dependencia a la autonomía

Dicho muy brevemente, el estudio de lo que se llama ‘relaciones de objeto’ ha puesto de manifiesto la importancia que en la primera infancia tiene una relación estrecha y consistente con la madre (o con la persona que habitualmente haga dicha función). En esa época, cualquier separación, aunque sea breve, el niño la vive con ansiedad.
Pero también se ha descubierto,  que tras esa primera etapa, el niño necesita separarse de su madre, para diferenciar sus propios deseos y necesidades de los de ella, para ir tomando conciencia de sí mismo y de su individualidad.
La madre debe dejarlo no sólo separase tanto como sea posible, según su edad, sino que debería presentarse a sí misma como sujeto de necesidades “egoístas”, con una vida propia, e ir alejándose de esa imagen que tiene el niño de su madre como una extensión de él que sólo existe para satisfacer sus necesidades.
Lo que se ha llamado un ambiente familiar suficientemente bueno, es aquel que reacciona con cariño a la vez que permite que el niño experimente, de modo gradual y acorde con su maduración, una cantidad creciente de frustración.
Es necesario proteger al niño pero también dejar que se exponga gradualmente a experiencias en las que no logre todo lo que desea. La capacidad del niño para enfrentarse a la realidad depende de esto.
Este proceso de tolerancia a la frustración, que se desarrolla paulatinamente, permite que el niño aprenda a manejar su ansiedad y su agresividad. Cuando esto no se realiza bien, el niño puede volverse apático y pasivo o, por el contrario, irascible.

Algunas ideas que pueden servir de guía
La educación perfecta no existe, sobre todo si la consideramos como un conjunto de normas utilizadas como una receta; no hay un niño igual a otro ni siquiera en la misma familia, así que más que fórmulas estándar, podemos disponer de guías para orientarnos en situaciones diversas.
Es importante ser espontáneos, la intuición es necesaria porque son los propios padres quienes conocen mejor a sus hijos y el modo de ayudarles.
Nuestra empatía, capacidad para ponernos en su lugar, nos permite entender los motivos que ellos tienen para actuar y reaccionar en una determinada situación y, desde ahí, podemos enseñarles modos de afrontarla. Y también les enseñamos eso tan importante para su vida que es saber ponerse en el lugar del otro.

   La coherencia es también muy importante porque uno tiene que creer aquello que quiere enseñar. La contradicción entre lo que se dice y lo que se hace invalida la norma que o bien no se cumple o lleva a la mentira. Por eso es tan importante que los padres actúen con seguridad y sin contradicciones. Es sobre todo con un estilo de comportamiento con lo que los hijos se identifican y al que imitan. La norma concreta puede ser más o menos discutida si se le transmite una forma de ser responsable y honesta.
No se trata de adiestrarlo, convertirlo en algo que deseamos, tendremos más éxito si le ayudamos a descubrir sus capacidades, personalidad…, y él también.
Los castigos, en general, tienen pocos resultados, sobre todo las humillaciones. Un niño criado en un ambiente de discusiones, gritos, peleas, puede que reproduzca lo que ha vivido. Los castigos en forma de malos tratos físicos o verbales, convierten al niño en una persona agresiva o, en el otro extremo también insano, en alguien temeroso con serias dificultades para convivir.

http://www.youtube.com/watch?v=UfAOiGElOu0[/youtube]

Fuente:http://ntic.educacion.es/w3/recursos2/e_padres/html/normas.htm

La necesidad de poner límites a nuestros hij@s

    

    Si me dejan hacer lo que me da la gana mis padres es porque no les intereso”. Esto dicho por un adolescente puede dejar “boca abiertos” a un numero importante de padres; con ello intuimos que nuestros hijos nos piden pautas y normas para sentirse seguros y desarrollarse como adultos sanos.

Los avances en la psicología científica de los últimas décadas parecen que no terminan de “cuajar” en prácticas educativas que desempeñamos en el día a día como padres. En cuestión de relativamente poco tiempo los padres hemos pasado de ser educados con normas y límites exagerados y contraproducentes a educar del modo opuesto, sin ningún límite, en el dejar hacer, por miedo a la traumatizar a nuestros hijos. Y como todo en la vida “los extremos se tocan”.
Hoy en día es muy común y generalizado la necesidad social de mostrarse cariñoso, comunicativo e indulgente con cualquier necesidad de los hijos y desproporcionadamente tolerante con todo su comportamiento sea o no “adecuado”.
Esto esta siendo “caldo de cultivo” de lo que estamos empezado a ver ya en las consultas de psicología clínica, niños y jóvenes extremadamente inmaduros, emocionalmente débiles. Ellos tendrán probablemente un futuro muy complicado porque no son capaces de vivir y desarrollarse de manera autónoma, además de tener un desbordante sufrimiento por su baja tolerancia a la frustración. La sociedad no tolerará su falta de aceptación de normas y no será tan indulgente como lo somos erróneamente sus papás.
Es normal que hoy en día los padres, nos sentimos perdidos al tener que decidir entre educar como nos educaron nuestros padres hacerlo por como buenamente podamos, como nos dicen en los medios de comunicación o según vemos que lo hacen otros padres. Al producto de esta malgama de cosas hace que no seamos coherentes, norma básica parala Educación de nuestros hijos para enfrentar lo mas sanamente posible las dificultades que se le van a presentar en esta vida.

    Entiendo que esto es la teoría y que en el día día resulta complicado exigir que nuestros hijos  con la convivencia: que en resumidas cuestas es “yo doy, tú das”.

¿Por qué resulta tan complicado?

  • No queremos que tengan mala imagen nuestra.
  • Nos cuesta o no somos capaces de decir “NO”, es tan fácil decir “SI”.
  • No queremos que sufran pensamos que ”ya sufrirán cuando sean mayores” y esto no es sano porque cuanto antes aprendan a frustrase antes serán capaces de tolerar adecuadamente los sinsabores que la vida les va ir dando.
  • No nos gusta que los otros papás, amigos, familia,  nos lleguen a considerarnos como padres “rígidos y autoritarios”.
  • No queremos que ellos sufran lo que nosotros pudimos sufrir.
  • Tratamos erróneamente de contrarrestar la falta de tiempo y dedicación con una actitud excesivamente condescendiente.
  • No queremos el conflicto y evitamos que nos pongan mala cara.
  • Pensamos equivocadamente que somos egoístas si imponemos reglas que      nos ayuden en la convivencia.

Intentaré en pocas palabras explicar como en el desarrollo del ser humano de cada individuo se pasa de la dependencia inicial a la autonomía en el adulto:

    Las teorías del desarrollo infantil y del apego nos explican la importancia, que en los primeros momentos de la vida tiene el mantener una relación estrecha y consistente con la madre (o figura de apego). En ese periodo, cualquier separación, el niño la vive con ansiedad.
Estas mismas teorías han constatado que tras esa primera etapa, el niño necesita para su desarrollo normal separarse de su madre (o figura de apego), para explorar el mundo exterior teniendo como anclaje seguro  a su madre. También le sirve para discriminar sus propios deseos y necesidades de los de ella, para así ir tomando conciencia de sí mismo y de su individualidad.

    La madre no solo debe dejarlo explorar fuera sino que además, presentarse a sí misma como alguien con sus necesidades individuales, con una vida propia, e ir dejando la idea que tiene el niño de que su madre es una extensión de él y para él, que su razón de existir es única y exclusivamente para satisfacer sus necesidades.

    Para conseguir una convivencia familiar sana, como padres debemos  reaccionar con apoyo emocional a la vez que permite que el hijo padezca, de modo gradual y acorde con su maduración, una cantidad creciente y natural de frustración. Es “bueno” proteger al niño pero también dejar que se exponga gradualmente a experiencias en las que no consiga todo lo que quiere. La capacidad futura del niño para enfrentarse de modo sano a la realidad depende de esto.
Este proceso de adquisición de tolerancia a la frustración, que se desarrolla progresivamente, facilita que tu hijo aprenda a manejar su ansiedad y su agresividad sin temor a que le desborde. Cuando tu hijo no tolera ninguna frustración puede llegar a sentir apatía y desmotivación o, el otro extremo, ira.

Pautas para conseguir poner límites:

  • Antes que nada considerar que a pesar de tener claro todo lo dicho hasta ahora cometeremos errores. No existe una “receta” ideal para educar a nuestros hijos; cada hijo es distinto. Aunque  si podemos disponer de unos “mínimos” esenciales para distintas situaciones.
  • Es importante ser espontáneos, es decir tratar de hacer a nuestro modo lo que anteriormente hemos descrito. Aquello que no “nos salga” es mejor no llevarlo acabo porque nos resultará muy  incomodo y artificioso.
  • La empatía, que es la capacidad para “ponernos en su lugar”, nos ayudará a entender los motivos que ellos tienen para actuar y reaccionar en una determinada situación y, desde ahí, podemos enseñarles modos de afrontarla. Y también les enseñamos al ser modelos eso tan importante para las interrelación con los demás  que es saber ponerse en el lugar del otro. Esto le ayudará en su vida
  • La coherencia es también muy importante porque uno tiene que creer aquello que quiere enseñar. La contradicción entre lo que se dice y lo que se hace invalida la norma que o bien no se cumple o lleva a la mentira. Por eso es tan importante que los padres actúen con seguridad y sin contradicciones. Es sobre todo con un estilo de comportamiento con lo que los hijos se identifican y al que imitan. La norma concreta puede ser más o menos discutida si se le transmite una forma de ser responsable y honesta.
  • No consideres que se trata de domesticarlo, de convertirlo en algo que queremos, seremos mas eficaces en su educación si le apoyamos en el camino de encontrar sus propias capacidades, su forma de ser…, y él también se sentirá mejor mas seguro consigo mismo.
  • El castigo tiene una eficacia muy limitada sobre todo las humillaciones. Un hijo educado en un convivencia familiar donde lo habitual son las discusiones, gritos, peleas, existe una probabilidad muy alta que en el futuro reproduzca lo que ha vivido. Los malos tratos tanto físicos como verbales, hacen que tu hijo se comporte de manera agresiva o, por el contrario, en alguien extremadamente temeroso que tienda a evitar las interacciones sociales y por lo tanto presente serias dificultades para convivir con normalidad.

 


Fuente: http://ntic.educacion.es

La necesidad de poner límites a nuestros hij@s

    

    Si me dejan hacer lo que me da la gana mis padres es porque no les intereso”. Esto dicho por un adolescente puede dejar “boca abiertos” a un numero importante de padres; con ello intuimos que nuestros hijos nos piden pautas y normas para sentirse seguros y desarrollarse como adultos sanos.

Los avances en la psicología científica de los últimas décadas parecen que no terminan de “cuajar” en prácticas educativas que desempeñamos en el día a día como padres. En cuestión de relativamente poco tiempo los padres hemos pasado de ser educados con normas y límites exagerados y contraproducentes a educar del modo opuesto, sin ningún límite, en el dejar hacer, por miedo a la traumatizar a nuestros hijos. Y como todo en la vida “los extremos se tocan”.
Hoy en día es muy común y generalizado la necesidad social de mostrarse cariñoso, comunicativo e indulgente con cualquier necesidad de los hijos y desproporcionadamente tolerante con todo su comportamiento sea o no “adecuado”.
Esto esta siendo “caldo de cultivo” de lo que estamos empezado a ver ya en las consultas de psicología clínica, niños y jóvenes extremadamente inmaduros, emocionalmente débiles. Ellos tendrán probablemente un futuro muy complicado porque no son capaces de vivir y desarrollarse de manera autónoma, además de tener un desbordante sufrimiento por su baja tolerancia a la frustración. La sociedad no tolerará su falta de aceptación de normas y no será tan indulgente como lo somos erróneamente sus papás.
Es normal que hoy en día los padres, nos sentimos perdidos al tener que decidir entre educar como nos educaron nuestros padres hacerlo por como buenamente podamos, como nos dicen en los medios de comunicación o según vemos que lo hacen otros padres. Al producto de esta malgama de cosas hace que no seamos coherentes, norma básica parala Educación de nuestros hijos para enfrentar lo mas sanamente posible las dificultades que se le van a presentar en esta vida.

    Entiendo que esto es la teoría y que en el día día resulta complicado exigir que nuestros hijos  con la convivencia: que en resumidas cuestas es “yo doy, tú das”.

¿Por qué resulta tan complicado?

  • No queremos que tengan mala imagen nuestra.
  • Nos cuesta o no somos capaces de decir “NO”, es tan fácil decir “SI”.
  • No queremos que sufran pensamos que ”ya sufrirán cuando sean mayores” y esto no es sano porque cuanto antes aprendan a frustrase antes serán capaces de tolerar adecuadamente los sinsabores que la vida les va ir dando.
  • No nos gusta que los otros papás, amigos, familia,  nos lleguen a considerarnos como padres “rígidos y autoritarios”.
  • No queremos que ellos sufran lo que nosotros pudimos sufrir.
  • Tratamos erróneamente de contrarrestar la falta de tiempo y dedicación con una actitud excesivamente condescendiente.
  • No queremos el conflicto y evitamos que nos pongan mala cara.
  • Pensamos equivocadamente que somos egoístas si imponemos reglas que      nos ayuden en la convivencia.

Intentaré en pocas palabras explicar como en el desarrollo del ser humano de cada individuo se pasa de la dependencia inicial a la autonomía en el adulto:

    Las teorías del desarrollo infantil y del apego nos explican la importancia, que en los primeros momentos de la vida tiene el mantener una relación estrecha y consistente con la madre (o figura de apego). En ese periodo, cualquier separación, el niño la vive con ansiedad.
Estas mismas teorías han constatado que tras esa primera etapa, el niño necesita para su desarrollo normal separarse de su madre (o figura de apego), para explorar el mundo exterior teniendo como anclaje seguro  a su madre. También le sirve para discriminar sus propios deseos y necesidades de los de ella, para así ir tomando conciencia de sí mismo y de su individualidad.

    La madre no solo debe dejarlo explorar fuera sino que además, presentarse a sí misma como alguien con sus necesidades individuales, con una vida propia, e ir dejando la idea que tiene el niño de que su madre es una extensión de él y para él, que su razón de existir es única y exclusivamente para satisfacer sus necesidades.

    Para conseguir una convivencia familiar sana, como padres debemos  reaccionar con apoyo emocional a la vez que permite que el hijo padezca, de modo gradual y acorde con su maduración, una cantidad creciente y natural de frustración. Es “bueno” proteger al niño pero también dejar que se exponga gradualmente a experiencias en las que no consiga todo lo que quiere. La capacidad futura del niño para enfrentarse de modo sano a la realidad depende de esto.
Este proceso de adquisición de tolerancia a la frustración, que se desarrolla progresivamente, facilita que tu hijo aprenda a manejar su ansiedad y su agresividad sin temor a que le desborde. Cuando tu hijo no tolera ninguna frustración puede llegar a sentir apatía y desmotivación o, el otro extremo, ira.

Pautas para conseguir poner límites:

  • Antes que nada considerar que a pesar de tener claro todo lo dicho hasta ahora cometeremos errores. No existe una “receta” ideal para educar a nuestros hijos; cada hijo es distinto. Aunque  si podemos disponer de unos “mínimos” esenciales para distintas situaciones.
  • Es importante ser espontáneos, es decir tratar de hacer a nuestro modo lo que anteriormente hemos descrito. Aquello que no “nos salga” es mejor no llevarlo acabo porque nos resultará muy  incomodo y artificioso.
  • La empatía, que es la capacidad para “ponernos en su lugar”, nos ayudará a entender los motivos que ellos tienen para actuar y reaccionar en una determinada situación y, desde ahí, podemos enseñarles modos de afrontarla. Y también les enseñamos al ser modelos eso tan importante para las interrelación con los demás  que es saber ponerse en el lugar del otro. Esto le ayudará en su vida
  • La coherencia es también muy importante porque uno tiene que creer aquello que quiere enseñar. La contradicción entre lo que se dice y lo que se hace invalida la norma que o bien no se cumple o lleva a la mentira. Por eso es tan importante que los padres actúen con seguridad y sin contradicciones. Es sobre todo con un estilo de comportamiento con lo que los hijos se identifican y al que imitan. La norma concreta puede ser más o menos discutida si se le transmite una forma de ser responsable y honesta.
  • No consideres que se trata de domesticarlo, de convertirlo en algo que queremos, seremos mas eficaces en su educación si le apoyamos en el camino de encontrar sus propias capacidades, su forma de ser…, y él también se sentirá mejor mas seguro consigo mismo.
  • El castigo tiene una eficacia muy limitada sobre todo las humillaciones. Un hijo educado en un convivencia familiar donde lo habitual son las discusiones, gritos, peleas, existe una probabilidad muy alta que en el futuro reproduzca lo que ha vivido. Los malos tratos tanto físicos como verbales, hacen que tu hijo se comporte de manera agresiva o, por el contrario, en alguien extremadamente temeroso que tienda a evitar las interacciones sociales y por lo tanto presente serias dificultades para convivir con normalidad.

http://rizaldos.com/


Fuente: http://ntic.educacion.es