LA MALA HIERBA

Empezar a hablar de Denis hablando sobre mi mismo, puede parecer presuntuoso, pero creo que es necesario.. Para empezar Denis y yo crecimos juntos como espigas de un mismo campo que el viento agita suavemente en la misma dirección, pero incluso así, el sol parecía haber beneficiado a Denis con sus mejores rayos dotándole de belleza, talento y simpatía, mientras que a mi, como mala hierba, me había dejado en la sombra. Si yo existía en el mundo, sólo era para engrandecer  a Denis en comparación. En todo había sido siempre el mejor sin ni siquiera pretenderlo. Siempre el preferido de todos en la escuela y luego en la universidad. E incluso cuando ambos empezamos a escribir, mientras mis escritos no eran más que una sucesión de palabras sin sentido ni trascendencia, él había sido adulado y reconocido como una promesa de las letras con su primera novela “el príncipe maldito”.

En parte yo me sentía ese principe maldito, oculto desde el nacimiento, ese hombre talentoso que muere sin que nadie nunca se fije en él. Y Denis era el rey coronado, con su corte de bufones alrededor. Y lo más dificil para mí, es que era un rey amado por su pueblo. Todos los que le conocían sentían un anhelo constante de estar junto a él. El odio es un sentimiento extraño, porque puede esperar para siempre anidando cual oruga o crisálida hasta el momento de convertirse en mariposa. No es fácil saber qué despierta el rugido del odio en su cueva, pero en mi caso sé con certeza que fue Eunice.
Eunice era la criatura más irreal en su perfección que yo había contemplado, exceptuando al propio Denis, y me enamoré de ella al instante.
No pude resignarme a contemplar cómo me era arrebatada. Tal vez fuese sólo la gota de agua que faltaba para desbordar el mar. Desesperado y enfermo de celos, fui a ver a un brujo que se anunciaba en las páginas de un periódico. No sé si creía o no en la brujería, pero pensé que valía la pena intentar un encantamiento por doscientos dólares. Aunque fuera el último dinero del que disponía. El brujo puso en mis manos un amuleto, una extraña flor llamada “Rosa de Jericó” originaria de Asia y de África, que tenía, según me dijo, propiedades mágicas.
-          La flor es inmortal, pero con una inmortalidad intermitente, sus ramas sólo se abren a la vida cuando se sumergen en agua
Pasando por alto la incongruencia de la existencia de una inmortalidad intermitente, comenzamos con un ritual de vudú, con pelo del propio Denis que le había robado de su chaqueta,  y cuando terminamos conduje hasta el West Side, deseoso de entregarle el amuleto. Hacia pocos meses que vivía en aquel ático, que le había dejado su editor .
 
 Me precipité escaleras arriba hacia el ático, nervioso, en contraste con el inocente y tranquilo semblante que encontré al abrir la puerta. Él estaba imponente, con un traje oscuro.  Puse el amuleto en sus manos, y al hacerlo sentí el roce de su piel caliente contra la mía. Por un instante nos miramos el uno al otro y sentí que me encontraba ante un espejo, aunque fuera distorsionado. Me dio las gracias distraidamente  con su encantadora sonrisa, y le expliqué que para atraer la fortuna debía sumergirlo en agua, y esperar a que recobrara la vida, pero creo que no me escuchó. Por un momento me arrepentí. Pero en seguida vi a Eunice en la terraza, sola, bebiendo una copa de vino blanco, y aquello me animó. Detrás de ella, centelleaba la ciudad sobre el Hudson como si fuese un hada que atrajera a las luciérnagas. Fui hacia ella hechizado, mientras Denis decía algo ininteligible y se escabullía hacia el pequeño despacho en el que escribía.
 
Saludé a Eunice, y la hice sonreír. Pensé que podía ser el efecto del hechizo. Una invitación para algo más. Aprovechando la oportunidad de estar solos, me acerqué a ella,atraído por el efecto que debía estar haciendo el vino en sus labios.
El pulso de Denis parecía agitado desde la habitación contigua, si atendemos al repiqueteo de sus dedos contra las teclas de la máquina de escribir que bombeaba sus palabras envolviendo con sonido acompasado el aire que respirábamos. Denis se había puesto a escribir así de pronto, lo que no era una actitud extraña en él.
Me tiré al vacío y traté de besar a Eunice. Ella se retiró, asqueada, y me dijo que me odiaba. Me amenazo entre susurros, apretando fuertemente los dientes.  Me dijo que si no quería que Denis se enterara de aquello no debía volver a verla.
 
Me marché. Dejé la ciudad. Puede parecer exagerado, pero preferí poner tierra de por medio. Tal vez aquella era la excusa que necesitaba para romper con todo mi pasado, e iniciar una nueva vida. Alejarme de aquella parte de mi mismo. Alejarme de Denis. Recogí todas mis cosas y me marche hacia el oeste. Conduje varios días, hasta que encontré una cabaña donde vivir, y un trabajo a partir del que empezar de nuevo.
No dí señales de vida, más que alguna postal a mi familia. Unos años después, volví a escribir. Pura basura, ahora me doy cuenta.
Envié el manuscrito a muchas editoriales, y fuíamablemente rechazado una tras otra, hasta que finalmente me llamaron de una pequeña editorial de Nueva York. Así fue como volví a la ciudad en el tercer aniversario de mi extraña partida, con mis esperanzas de nuevo llenas hasta rebosar. La ciudad no parecía haber cambiado y me parecía ver a Denis en cada escaparate, y al doblar cada esquina. No pensaba en ella, en Eunice. Mi pasión por ella se había evaporado. Por eso mi corazón dio un vuelco cuando la vi sentada, esperándome, en el despacho de la editora. Eunice, era mi editora.
-Hola- me dijo, sin muestra de sorpresa- !Cuánto tiempo!
-Hola.- dije yo, recordando aquella noche funesta en la que había intentado besarla.- ¿Qué es de Denis?-
- Denis murió. Murió hace un tiempo. ¿Nadie te lo ha dicho?
- Nadie tiene mi dirección.
 
 
Y Eunice me contó lo que había ocurrido en mi ausencia. Lo que sigue a continuación, es un relato de los hechos tal y como me los confió Eunice, excluyendo de ellos mis intervenciones en el relato, mis preguntas, sus llantos, y esas pequeñas aproximaciones de sus manos a su rostro, tratando de tapar con ellos su vergüenza, como  breve telón del drama:
 ”Todo cambió. Cuando tú te marchaste. Denis cambió. Al principio no parecía que fuera algo definitivo. La verdad que trataba de no estar preocupado porque tú no le respondieras. Pensaba que te había ofendido de alguna manera, y no lograba entenderlo. Se puso en contacto con tus padres, pero Mary le dijo que no sabía donde estabas pero que le habías dicho necesitabas soledad. Pareció tranquilizarse, pero creo que en el fondo, le preocupaba mucho. Un día que paseábamos por el Soho, pasamos por una tienda de antigüedades, y como la boda de Antoine estaba cerca, entramos. Sobre una repisa había una flor extraña en un recipiente con agua, como una mandrágora sumergida, y él pareció acordarse de algo, pues por su rostro pareció cruzarse un recuerdo, que le arrugó la frente. Luego supe que pensó en ti.  La última noche le habías regalado una de esas flores.
Me pareció un poco trastornado entonces, pero nada que me preparara para lo que sucedería más tarde. Volvió a casa corriendo, debía encontrar aquella flor, como si tu te hubieras encarnado en aquel objeto, y al perderte, al olvidarte en algún rincón, te hubiera perdido para siempre.
Traté de decirle que era una locura. Que las personas no habitan en las cosas inanimadas, pero él decía que existía una metafísica de las cosas, algo intangible que las rodea y les da significado.
Recordaba a menudo aquella noche en el  ático. ¿Dónde habría dejado aquella flor? Se decía, en una mesa, en una esquina, en un cajón, olvidada eternamente. Nunca la encontró.
Empezó a recopilar las historias místicas que encontraba sobre la rosa, y una cosa aparentemente banal, se convirtió en obsesión. Parecía que ahora que no estabas tú, él se hubiera vaciado de sí mismo.
No quiero culparte a ti, en realidad, fue mi culpa. Yo te dije que te quería fuera de mi vida, de nuestra vida. No me gustabas.
Ni siquiera le pude contarle la verdad sobre nuestro encuentro en la terraza. Cuando él me dijo que para él, eráis como cuchillas de un mismo trineo, que se apoyan la una en la otra, con la huella del pasado recorrido tras ellas, debí decirle lo engañado que estaba contigo. Debí decirle que hubieras sido capaz de traicionarle. Pero no lo hice, y le traicioné de esa forma yo también.
Dejé que llenara la casa de todas aquellas estrafalarias flores,  y no sé cómo se volvió completamente loco. Esa pequeña línea de cordura que todavía le tenía atado al mundo, se rompió.
Dejó el trabajo, o le invitaron a irse. Dejó de comer, de asearse. Siempre en su jardín de flores muertas y renacidas.
Creo que entonces sólo tú podrías haberle salvado. 
 En cualquier caso, murió, y tendrías que haberle visto, tumbado, y desnudo como un recién nacido rodeado de aquellas flores retorcidas, en el centro de un jardín de  muerte. Tiramos toda aquella porquería. y le vestimos, con su mejor traje. Te acordarás de él seguro, aquel traje oscuro que llevaba la última vez que le viste, en el ático, aquella noche que fue el principio del fin.
Lo más irónico fue que al ponerle la chaqueta ahí estaba, la maldita flor que que le habías regalado aquella noche, en el bolsillo izquierdo.
Todo el tiempo había estado allí. Eterna,  esperando su momento, con una eternidad intermitente, cómo tú le habías dicho”.
 
Aquellas palabras de Eunice me estremecieron. Necesitaba pensar y me marché. No sabía si sentía culpabilidad, pues ¿qué había hecho yo? Si, yo había deseado un gran mal a Denis por Eunice. ¿Por Eunice realmente? ¿Y ella? Ella pensaba que era la culpable de todo, y no podía vivir con ello, por eso al ver mi nombre en el sobre con el manuscrito, supo que para poder redimirse debía ayudarme a publicar mi novela.
 
Ayudándome a mi, le ayudaba a él, y de nuevo, si yo tenía éxito sería por el.  En cambio yo, ¿cómo podría encontrar redención?
 
M.S.

EL MECANISMO DE UN RELOJ DE CUCO

Es curioso que ahora que ha pasado todo pienso en mi vida como la de un pequeño cuco atrapado en el reloj, deseando escapar de su destino cada hora, pero siempre retenido en su caja de madera.

Sobretodo desde que nos instalamos en este país, en esta ciudad, en esta calle perdida. Sin amigos, sin distracciones. “Es un ascenso, una oportunidad”, dijo él. Pero para mí era un camino lleno de polvo, que levantaba el aire, y llenaba mis ojos, haciéndome llorar lágrimas de barro. 

Si no hubiéramos venido a este lugar, creo que los años hubieran pasado sin cambios. Había dejado toda mi vida, suspendida en el tiempo. Cómo si se hubiera parado, como si le hubiera puesto una chincheta atravesándola y sujetándola en un corcho.  Llegamos aquí, y en la casa de dos pisos con el hermoso y fantasmal jardín de ramas retorcidas, tan sólo había un libro “el mecanismo de un reloj de cuco”, y mucho polvo.

Y entonces pensé, “un nuevo hobby con el que llenar las horas vacías, las páginas vacías de mi vida, que nunca serán leídas”.

 Y cómo el cuco cada hora anunciando su visita, cada día llegaba aquel hombre extraño de la gabardina. Ese hombre extraño con olor a tabaco, gabardina oscura hasta los pies. Peluquín peinado hacia delante.

Ese hombre que cada día traía un sobre color manila bajo el brazo. Y allí fuera, en las sombras del jardín de flores marchitas, se lo entregaba a mi marido. ¿Quien era ese hombre extraño? ¿Y qué contenía ese sobre cerrado?

Siempre lo mismo, la misma pregunta. “¿Qué hacemos aquí?” todo estaba relacionado. Y mientras yo movía un poco de tierra para plantar nuevas plantas, con una pequeña pala, el viento devolvía una y otra vez la arena a su agujero. “¿Qué estás plantando hoy, querida?”. “Buganvillas, esto es tan triste… necesito ver algo que me transmita alegría”

 Tal vez toda mi vida era una mentira. Vivía en mi pequeña casa, y soñaba con una vida que en realidad no existía. ¡Si no me hubiera planteado nada. Si hubiera acogido las preguntas sin respuestas! Si me hubiera resignado. Pero estaba aburrida. Aburrida mirando pasar las horas, dedicada a devolver color a un jardín que tal vez nunca lo tuvo, dedicada a leer el libro sobre el mecanismo del reloj de cuco: la vida que vive el cuco dentro del reloj, la vida a la que aspira cuando se abre la portezuela y casi ve la luz del sol.

 Y la curiosidad me despertó, cómo si volviera a la vida al mirar una pequeña hoja tambaleante que flotaba, suspendida en el tiempo, tras la ventana. ¡Cómo lo recuerdo! Esos pequeños detalles son los que echo de menos. La luz centelleante, reflejándose en las hojas doradas, que anunciaban el otoño.

El aire era mucho más frío de lo que parecía aquella mañana, mirando hacia el jardín a través de la ventana.

¡Pensé en las veces que había tratado de entrar en su despacho sin conseguir nada! La cerradura siempre cerrada. Igual que se cerraban sus palabras cuando  le preguntaba. “Olvídate de ese hombre, querida, no es importante”. “Exactamente, ¿a qué te dedicas?, ya sé que a algo de seguros, pero ahora que no tengo mucho que hacer, que tengo todo el día, me da por pensar cosas y …”, le decía. “Querida, olvídate de todo, sal a pasear”, me respondía.

 Le obedecí y me encontré en una calle vacía de la ciudad frente una pequeña placa oxidada con un letrero: “DETECTIVES”.  No quería subir, pero mis pies me desobedecieron, como siguiendo el dictado de mi curiosidad. El ascensor no funcionaba. Las escaleras eran estrechas. Puerta de cristal. Humo de cigarrillos. Personas, personas con las que hablar. Paredes desconchadas. ¿Cuanto valía la verdad? Les hice un talón, estaba nerviosa. Pronto lo sabría. Lo sabría todo, sabría la verdad.

 Claro, serían seguros de vida, “que tonta soy”, pensé. Pero tenía que estar segura. Habíamos venido a este lugar porque él debía vender seguros de vida a estas personas. “¿Pero qué vida hay aquí? Grandes casas. Grandes parques, pero nadie sonríe, nadie habla. No hay más vida en esta ciudad que el viento que se mete por debajo de las contraventanas”

 ”El viento a veces azota con fuerza este lugar. El viento. Las ventanas. Las ventanas se abren con fuerza, y el viento susurra <<corre, aquí hay una salida>>. Pero no me atrevía. ¡Si hubiera tenido el valor que no tenía el cuco del reloj! ¡El valor de extender mis alas y emprender el vuelo! << ¿Qué digo? el valor lo tengo. He extendido mis alas, y estoy preparada para volar. ¿Seguros? ¿Un vendedor de seguros que trabaja en casa, que sale a horas intempestivas, que tiene amigos tan extraños como el hombre de la gabardina…? Maletines oscuros. Noche. Cerraduras ¿Cuantos años he vivido una mentira?>> Ahora, la puerta de mi pequeña casa de madera se abría y veía la verdad que entraba llenando de luz la estancia.

 Después, en la casa, dieron las tres en el reloj de la pared del salón. El hombre extraño de gabardina oscura y peluquín llegó y entregó el sobre como cada día. Ese día sonreí oculta tras las cortinas que cubrían la ventana. Ese día. Ese día yo había quitado el papel de calco de debajo del libro de mi vida y había cambiado las palabras que debían ser escritas. “Hoy escribiré mi destino, con mi propia caligrafía” pronto sabría quien era ese hombre. Pronto encontraría sentido a mi vida.

 Me encontraría con el detective en el parque unas horas después, un día más tarde. Le encontraría después del desayuno. Estaba tan impaciente que cuando llegó el momento a penas me manché los labios con la espuma del capuchino. Un bolso lo suficientemente grande para guardar los secretos de toda una vida. Un maquillaje discreto. Un murmullo,  “me voy a dar un paseo”.

Y me encontré en el parque. “Hoy es domingo y el parque está lleno de niños que ríen ruidosamente”. Yo sonreía. “Si pudiera parar el tiempo, si pudiera volver al principio..”, pero no podía. El hombre llegaría con las respuestas que tanto quería, y me contaría mi vida. Pero las horas giraban en las manillas del reloj, y nadie aparecía.

 Llegué a casa derrotada y confundida, con arena en el pelo y muchas más preguntas no respondidas. La tarjeta amarillenta escrita con letra de imprenta de los detectives en mi bolsillo. Había llamado varias veces desde una cabina, pero nada sabía.

 No me esperaba encontrarle en casa aquel día. A ese hombre extraño con el que vivía, al que alguna vez había querido, con el batín puesto. Me esperaba en su despacho. “Pasa querida. Debo hablarte”. Noté algo extraño en su voz. Tal vez él notó que mi cuerpo temblaba como una hoja. Cómo aquella hoja frente a la ventana del salón. Moví mi sandalia, sintiendo la suavidad de la alfombra al pisarla, mientras él hablaba. “¡Tenías que fastidiarlo todo, tenías que meterte en mis asuntos!”. Y así, sin tiempo para reaccionar él que me había jurado un día amor eterno, sacó un revolver del cajón de arriba de su escritorio de cedro y disparo varias veces, dejándome en el suelo, tendida, cubierta por mi propia sangre muerta, que a penas salió de su agujero. Hay cosas que nunca pueden salir.

 Y desde entonces, no veo la luz. No oigo el zumbido del aire. No oigo a los niños reír en el parque. El mecanismo del reloj de cuco falló en un instante, y la puerta cerró y ya no se abre. No puedo moverme. Permaneceré para siempre en esta pequeña caja de madera como si fuera un pequeño cuco atrapado en un reloj, cubierta de arena y sin ninguna respuesta, y fuera sólo las buganvillas lucharán por mantener mi recuerdo con vida. 

M.S.

UNA PEQUEÑA ESTRELLA

Venid todos aquí y os contaré un secreto. Hace muchos, muchos años,no había estrellas en el cielo. Sobre nuestras cabezas había sólo un desiertooscuro recorrido por una brisa helada. Y no había día, no había noche.

Al mismo tiempo, la gente estaba triste y contaminada. Como si el negro vacíose hubiera llenado de odio, y al rebosar, hubiera vertido sus sombras en elespíritu de los hombres, atrapando muy dentro su risa y su alegría.

Y a este mundo extraño, llegó un día una pequeña estrella. ¡Estaba perdida, yse encontraba tan triste y sola…!

Y al llegar trató de llamar la atención de la gente, perotodos los que encontraba en su camino se apartaban de ella, desconfiados.
Ella gritaba “!quiero volver a mi mundo, en el que al nacer, nos rodean deluz y de magia!”.

Pero el aliento de la estrella consumía su fuego lentamente, entresuspiros de pena. ¡Derramó tantos rayos y lágrimas de fuego, que mientrasse vacíaba logró cubrir el cielo de un mar rojo e intenso!

Y la gente miro temerosa arriba, y al fin algo se quebró dentro de ellosy su indiferencia se tornó en admiración ante tanta belleza.

Y de los ojos de los hombres brotaron lágrimas.

Y de los labios irradiaron sonrisas. Y la estrella viocon sorpresa que crecía su luz en tamaño, intensidad y forma.

Fue entonces cuando comprendió que aquel era su sitio y decidió quedarse. Ycómo estrella solitaria que era, se llamó así misma Sol.

Sol sabía bien, que en medio de toda oscuridad, siempre queda una pequeñallama. Pero para hacer de una brasa olvidada un gran fuego hace falta fe,paciencia y esperanza.

Entonces, como un faro, su luz invitó a otras estrellas a unirse en unjuego, dibujar figuras y sueños en el cielo.

Y ahora, la brisa nocturna es cálida, y aviva la luz de las velas, que desdearriba iluminan la noche.Y cuando la gente mira hacia el cielo y encuentra unaestrella, cierra los ojos y pide un deseo.

M.S. (2008)

LAS HOJAS SECAS

La mujer que está sentada frente a ti se llama Gloria. Tiene tu mismo abrigo verde, con doble botonadura, y el mismo corte de pelo. Parece mirarse al espejo de la pared del café, ese espejo que está justo detrás de ti, pero es a ti a quien mira. No es extraño que al pintarse los labios a la vez que lo haces tú y sin dejar de mirarte, acabe manchándose los dientes de carmín rojo intenso. Piensas que el color es demasiado fuerte para una tez tan clara, y acabas por bajar la mirada un poco avergonzada por mirar tan fijamente.
Miras el fondo de tu taza de té y remueves el azúcar con la cucharilla. Al fondo se forma un remolino de hojas secas de té verde, que te hace recordar un otoño lluvioso, muchos años atrás, cuando en el parque ibas cada tarde a buscarle.
¿Recuerdas el crujido de las hojas secas bajo tus botas de agua?, ¿Y cómo la otra Gloria te miraba desde los charcos, mientras la lluvia trataba de borrarla, y las hojas caían suavemente sobre ella?. Entonces ella ya estaba allí. Vigilante y silenciosa. Cuidándote.
Y te llega el aroma de té, fresco y suavemente amargo, y vienen a tu cabeza imágenes y recuerdos. Él no sabía quien eras tú, sólo eras aquella muchacha que cada tarde esperaba en el parque, encogida y temblorosa, como un gorrión mojado. En busca tan sólo de una mirada, de una sonrisa, quien sabe si de una palabra. Siempre en el mismo sitio. ¿En qué momento comprendió que le esperabas?
Debió ser aquella tarde de intensa lluvia, con la cabeza empapada, en la que corristeis juntos de la mano, hasta refugiaros en algún lugar cercano. Quizás el mismo lugar en el que ahora te encuentras. ¿Acaso no lo recuerdas?
“Recuerdo que él apareció para llenar un vacío con palabras y esperanzas. Y que lo fue llenando día a día, hasta que un día, no sé cómo ni cuándo terminó por apagarlas.”
Y olvidaste su rostro, olvidaste su voz, olvidaste su nombre. Todo él se distorsionó hasta borrarse.
A veces crees que recuerdas. Lo intentas, y pides otro té verde, porque es bueno para la memoria.
-Nunca me separaré de ti- crees q te dijo, aunque no estás segura de sus palabras.
Llenas la taza de té hasta arriba y se desborda, y las hojas secas se acaban por escapar de la taza, igual que tus recuerdos llenan tu mente hasta rebosarla, para luego derramarse y perderse.
Te llevas la taza a los labios y bebes despacio, saboreando su aroma, y dejando la huella del carmín de tus labios en la porcelana blanca. Y te preguntas qué haces allí un día más. Sola, mirando tu reflejo.
La mujer que está sentada frente a ti se llama Gloria. Tiene tu mismo abrigo verde, con doble botonadura, y el mismo corte de pelo. Siempre observadora, siempre vigilante y silenciosa, atrapada en el espejo, sabe bien que él nunca falta. Que siempre se sienta en el mismo sitio y te observa sin apartar la mirada. Pero tú no le miras. Pero tú no le recuerdas. Quizás no llegue nunca el momento en que comprendas.

M.S. (2008)

LAS HOJAS SECAS

La mujer que está sentada frente a ti se llama Gloria. Tiene tu mismo abrigo verde, con doble botonadura, y el mismo corte de pelo. Parece mirarse al espejo de la pared del café, ese espejo que está justo detrás de ti, pero es a ti a quien mira. No es extraño que al pintarse los labios a la vez que lo haces tú y sin dejar de mirarte, acabe manchándose los dientes de carmín rojo intenso. Piensas que el color es demasiado fuerte para una tez tan clara, y acabas por bajar la mirada un poco avergonzada por mirar tan fijamente.
Miras el fondo de tu taza de té y remueves el azúcar con la cucharilla. Al fondo se forma un remolino de hojas secas de té verde, que te hace recordar un otoño lluvioso, muchos años atrás, cuando en el parque ibas cada tarde a buscarle.
¿Recuerdas el crujido de las hojas secas bajo tus botas de agua?, ¿Y cómo la otra Gloria te miraba desde los charcos, mientras la lluvia trataba de borrarla, y las hojas caían suavemente sobre ella?. Entonces ella ya estaba allí. Vigilante y silenciosa. Cuidándote.
Y te llega el aroma de té, fresco y suavemente amargo, y vienen a tu cabeza imágenes y recuerdos. Él no sabía quien eras tú, sólo eras aquella muchacha que cada tarde esperaba en el parque, encogida y temblorosa, como un gorrión mojado. En busca tan sólo de una mirada, de una sonrisa, quien sabe si de una palabra. Siempre en el mismo sitio. ¿En qué momento comprendió que le esperabas?
Debió ser aquella tarde de intensa lluvia, con la cabeza empapada, en la que corristeis juntos de la mano, hasta refugiaros en algún lugar cercano. Quizás el mismo lugar en el que ahora te encuentras. ¿Acaso no lo recuerdas?
“Recuerdo que él apareció para llenar un vacío con palabras y esperanzas. Y que lo fue llenando día a día, hasta que un día, no sé cómo ni cuándo terminó por apagarlas.”
Y olvidaste su rostro, olvidaste su voz, olvidaste su nombre. Todo él se distorsionó hasta borrarse.
A veces crees que recuerdas. Lo intentas, y pides otro té verde, porque es bueno para la memoria.
-Nunca me separaré de ti- crees q te dijo, aunque no estás segura de sus palabras.
Llenas la taza de té hasta arriba y se desborda, y las hojas secas se acaban por escapar de la taza, igual que tus recuerdos llenan tu mente hasta rebosarla, para luego derramarse y perderse.
Te llevas la taza a los labios y bebes despacio, saboreando su aroma, y dejando la huella del carmín de tus labios en la porcelana blanca. Y te preguntas qué haces allí un día más. Sola, mirando tu reflejo.
La mujer que está sentada frente a ti se llama Gloria. Tiene tu mismo abrigo verde, con doble botonadura, y el mismo corte de pelo. Siempre observadora, siempre vigilante y silenciosa, atrapada en el espejo, sabe bien que él nunca falta. Que siempre se sienta en el mismo sitio y te observa sin apartar la mirada. Pero tú no le miras. Pero tú no le recuerdas. Quizás no llegue nunca el momento en que comprendas.

M.S. (2008)

LAS HOJAS SECAS

La mujer que está sentada frente a ti se llama Gloria. Tiene tu mismo abrigo verde, con doble botonadura, y el mismo corte de pelo. Parece mirarse al espejo de la pared del café, ese espejo que está justo detrás de ti, pero es a ti a quien mira. No es extraño que al pintarse los labios a la vez que lo haces tú y sin dejar de mirarte, acabe manchándose los dientes de carmín rojo intenso. Piensas que el color es demasiado fuerte para una tez tan clara, y acabas por bajar la mirada un poco avergonzada por mirar tan fijamente.
Miras el fondo de tu taza de té y remueves el azúcar con la cucharilla. Al fondo se forma un remolino de hojas secas de té verde, que te hace recordar un otoño lluvioso, muchos años atrás, cuando en el parque ibas cada tarde a buscarle.
¿Recuerdas el crujido de las hojas secas bajo tus botas de agua?, ¿Y cómo la otra Gloria te miraba desde los charcos, mientras la lluvia trataba de borrarla, y las hojas caían suavemente sobre ella?. Entonces ella ya estaba allí. Vigilante y silenciosa. Cuidándote.
Y te llega el aroma de té, fresco y suavemente amargo, y vienen a tu cabeza imágenes y recuerdos. Él no sabía quien eras tú, sólo eras aquella muchacha que cada tarde esperaba en el parque, encogida y temblorosa, como un gorrión mojado. En busca tan sólo de una mirada, de una sonrisa, quien sabe si de una palabra. Siempre en el mismo sitio. ¿En qué momento comprendió que le esperabas?
Debió ser aquella tarde de intensa lluvia, con la cabeza empapada, en la que corristeis juntos de la mano, hasta refugiaros en algún lugar cercano. Quizás el mismo lugar en el que ahora te encuentras. ¿Acaso no lo recuerdas?
“Recuerdo que él apareció para llenar un vacío con palabras y esperanzas. Y que lo fue llenando día a día, hasta que un día, no sé cómo ni cuándo terminó por apagarlas.”
Y olvidaste su rostro, olvidaste su voz, olvidaste su nombre. Todo él se distorsionó hasta borrarse.
A veces crees que recuerdas. Lo intentas, y pides otro té verde, porque es bueno para la memoria.
-Nunca me separaré de ti- crees q te dijo, aunque no estás segura de sus palabras.
Llenas la taza de té hasta arriba y se desborda, y las hojas secas se acaban por escapar de la taza, igual que tus recuerdos llenan tu mente hasta rebosarla, para luego derramarse y perderse.
Te llevas la taza a los labios y bebes despacio, saboreando su aroma, y dejando la huella del carmín de tus labios en la porcelana blanca. Y te preguntas qué haces allí un día más. Sola, mirando tu reflejo.
La mujer que está sentada frente a ti se llama Gloria. Tiene tu mismo abrigo verde, con doble botonadura, y el mismo corte de pelo. Siempre observadora, siempre vigilante y silenciosa, atrapada en el espejo, sabe bien que él nunca falta. Que siempre se sienta en el mismo sitio y te observa sin apartar la mirada. Pero tú no le miras. Pero tú no le recuerdas. Quizás no llegue nunca el momento en que comprendas.

M.S.

Como enseñar a ser RESPONSABLES a nuestr@s HIJ@S

Enseñar a los niños a ser responsables requiere un ambiente determinado en el hogar y en la escuela. Se trata de conseguir un ambiente que les ofrezca información sobre las opciones entre las que deben escoger y las consecuencias de cada una de ellas, y que les proporcione también los recursos necesarios para elegir bien.

La responsabilidad es la habilidad para responder; se trata de la capacidad para decidir apropiadamente y con eficacia, es decir, dentro de los límites de las normas sociales y de las expectativas comúnmente aceptadas. Por otro lado, una respuesta se considera efectiva cuando permite al niño conseguir sus objetivos que reforzarán sus sentimientos de autoestima.

La responsabilidad conlleva, en cierta forma, ser autosuficiente y saber defenderse. Estas son dotes propias de poder personal que, según Gloria Marsellach Umbert en su artículo “La autoestima en niños y adolescentes”, significa tener seguridad y confianza en uno mismo y para ello es necesario ser responsable además de saber elegir, llegar a conocerse a uno mismo y adquirir y utilizar el poder en las propias relaciones y en la vida.

Para un niño es normal tener cierto temor a los límites, temor que desaparece conforme el niño va comprobando que límites y consecuencias se integran en un sistema coherente. Padres y educadores pueden contribuir a conformar el sentido de los límites de diferentes maneras:

  • Sabiendo claramente ellos mismos lo que esperan de los niños.
  • Exponiendo sus expectativas de manera que los niños las entiendan, incluyendo la asignación de responsabilidad acerca de tareas y deberes.
  • Averiguando si el niño entiende estas expectativas, bien haciéndolas repetir o bien guiándole mientras las cumple.
  • Estableciendo claramente los límites de tiempo razonables para realizar tareas o debes escolares, sin ambigüedades.
  • Explicando al niño las consecuencias de no hacer las cosas.
  •  Estas consecuencias deben aplicarse coherentemente, sin sentimientos de culpabilidad o remordimientos y sin hacer sufrir al niño.
  • La coherencia es más importante que la severidad.
  • Redactando y colocando un cartel con todas las reglas y las obligaciones, de modo que no pueda alegarse como excusa “el olvido”
  • Participando padres y madres (cuando sea posible) en la explicación de las reglas al niño. Así sabrá que ambos las apoyan y mantienen.
  • Consiguiendo que todos los niños de la familia o de la clase tengan responsabilidades equiparables, con los ajustes necesarios en función de su edad y de sus habilidades particulares.

Un niño es responsable cuando sus actos coordinan, de forma creativa, sus propios objetivos con las necesidades de los demás. Para ello, los adultos tienen que ayudar al niño a obtener este equilibrio, a definir sus propios valores y a resolver las dificultades en función de sus propios sentimientos.

El niño que posea sentido de la responsabilidad cosechará éxitos cada vez con mayor frecuencia, y se beneficiará de las consecuencias positivas de esos éxitos.

Muchos padres creen que las recompensas por buen comportamiento son una especie de “soborno”, pero las recompensas de orden material (dinero, juguetes…) sólo se convierten en sobornos si son la única técnica que se utiliza para motivar a un niño. Recompensas son aquellas cosas que el niño valora, cosas que desea o que necesita. Existen también recompensas que no son materiales que conviene recordar:

  • Hágale saber al niño, de palabra, mediante elogios, qué cosas ha hecho bien: “has limpiado tu armario estupendamente”
  • Proporciónele ese reconocimiento de forma espontánea, periódicamente, relacionándolo con los logros del niño: “¿Qué te parecería ir a comprarte un helado? La verdad es que has hecho un trabajo muy duro limpiando el cuarto de baño”
  • Apoye al niño cuando lo necesite: “Como me ayudaste ayer a limpiar el jardín, bien puedo yo ahora ayudarte a hacer los deberes”
  • Muestre interés por lo que hace el niño y anímele: “Ya que tienes que ir a una reunión de los boyscouts esta noche, yo me ocupo de lavar los platos”
  • Comparta con el niño algunas tareas de tanto en tanto, como reconocimiento a sus esfuerzos: “La verdad es que ayer dejaste tu habitación limpísima: ¿qué te parece si te ayudo a limpiarla hoy?

En ocasiones las responsabilidades de los niños producirán cierta incomodidad a los adultos. Los niños necesitan que los adultos sean pacientes y tolerantes.

El aprendizaje de la responsabilidad

A los niños que no sean considerados responsables de sus actos les será más difícil aprender de sus experiencias. Enseñar a los niños a ser responsables no quiere decir enseñarles a sentirse culpables. Los que tengan sentido de la responsabilidad poseerán los medios, las actitudes y los recursos necesarios para valorar con eficacia las diferentes situaciones y decidir de forma consecuente para ellos y para los que se encuentran a su alrededor.

Uno de los aspectos básicos de la enseñanza de responsabilidad a los niños es la cuestión: “¿Quién es el responsable de acordarse de las cosas?” Los niños pueden saber hacer las cosas y desear agradar a los padres pero si no han tomado sobre sí la responsabilidad de acordarse, no pueden ser responsables. Hay algunos artificios que estimulan al niño a recordar, tretas que pueden abandonarse conforme el niño crece y va siendo capaz de asumir mayores responsabilidades:

1.    Escriba las cosas y colóquelas en lugar visible.2.    No les recuerde las cosas a los niños una vez esté seguro de que le han escuchado y entendido. Recordar las cosas a los niños se convierte en una mala costumbre de la cual los niños pasan a depender.

3.    Establezca costumbres lo más regulares posible. Cuando las cosas ocurren de forma predecible y regular, se incrementa la capacidad de recordar de los niños.

4.    No le dé miedo castigar al niño que se “olvida”.

5.    Acuérdese de lo que usted ha dicho. Si los padres lo olvidan, están otorgando al niño, tácitamente, permiso para hacer lo mismo.

Una vez que a los niños se les ha asignado ciertas obligaciones, los padres no deben confundirles ni fomentar la irresponsabilidad volviéndose a hacer cargo de las tareas encomendadas. Los padres relevan a sus hijos de sus responsabilidades si…

  • …les recuerdan las cosas cuando ellos “se olvidan”
  • …lo hacen ellos mismos porque “es más sencillo”
  • …subestiman la capacidad de los hijos.
  • …aceptan que los niños se califiquen a sí mismos de incompetentes o irresponsables.
  • … hacen cosas por sus hijos para que ellos les quieran o para que no les hieran en sus sentimientos.
  • …creen que sólo los padres que trabajan duramente y hacen un montón de cosas por los hijos son “buenos” padres.

¿Cómo enseñar a los niños a ser responsables?

Para enseñar a los niños a ser responsables tiene que existir un programa claro de recompensas y alabanzas que ofrezca respuesta a su comportamiento (aspecto este al que hemos hecho referencia anteriormente). Por otro lado, el niño seguirá siendo irresponsable si la respuesta que obtiene es la crítica excesiva, la exposición al ridículo o a la vergüenza. Los niños a los que se recompensa por ser responsables van desarrollando gradualmente la conciencia de que la responsabilidad y los buenos sentimientos están relacionados; y, con el tiempo, disminuye su necesidad de recompensas externas.

Las siguientes pautas nos pueden ayudar a responder la pregunta planteada en este apartado:

1.    DESARROLLE LA SENSACIÓN DE PODER DEL NIÑO. Cuando se tiene sensación de poder se poseen los recursos, oportunidades y capacidades necesarias para influir sobre las circunstancias de la propia vida. Enseñar a los niños a ser responsables incrementa su sensación de poder.

2.    AYUDE A LOS NIÑOS A TOMAR DECISIONES. Los niños que han aprendido a ser responsables toman mejores decisiones que los que no han aprendido a serlo. Podemos contribuir a aumentar la capacidad del niño para tomar decisiones si ayudamos a:

· Resolver los problemas que crea la necesidad de tomar una decisión.

· Buscar otras soluciones.

· Seleccionar una de las alternativas mediante la valoración de sus consecuencias.

· Valorar la eficacia de las decisiones por medio de una discusión posterior.

3.    ESTABLEZCA NORMAS Y LÍMITES.

4.    UTILICE TAREAS Y OBLIGACIONES PARA CREAR RESPONSABILIDAD. Tareas y obligaciones son cosas concretas: se puede especificar cómo, cuándo y quién debe hacerlas. Esto ayuda a desarrollar la capacidad de organización y manejar los propios recursos.

5.    SEA COHERENTE. Es la mejor forma de indicar al niño que los adultos dicen las cosas en serio. Los adultos coherentes ayudan a los niños a sentirse seguros. Cuando no existen normas claras y evidentes, no hay manera de ser coherente.

6.    NO SEA ARBITRARIO. Ser arbitrario significa hacer algo diferente de lo que se había dicho o hacer algo sobre lo que no se había advertido. Para evitar ser arbitrarios debemos aclarar lo que queremos, comunicar estas expectativas de forma sencilla y directa, y concretar cuáles son las consecuencias esperables si el niño actúa en consonancia o no con esas expectativas.

7.    DÉ RECOMPENSAS POR SER RESPONSABLE.

 

UN NIÑO ES RESPONSABLE SI…

  • …realiza sus tareas normales sin que haya que recordárselo en todo momento.
  • …puede razonar lo que hace.
  • …no echa la culpa a los demás sistemáticamente.
  • …es capaz de escoger entre diferentes alternativas….puede jugar y trabajar a solas sin angustia.
  • …puede tomar decisiones que difieran de las que otros toman en el grupo en que se mueve (amigos, pandilla, familia, etc.)
  • …posee diferentes objetivos e intereses que pueden absorber su atención.
  • …respeta y reconoce los límites impuestos por los padres sin discusiones inútiles o gratuitas.
  • …puede concentrar su atención en tareas complicadas (dependiendo de su edad) durante cierto tiempo, sin llegar a situaciones de frustración….lleva a cabo lo que dice que va a hacer.
  • …reconoce sus errores.

Fuente:http://ntic.educacion.es/w3/recursos2/e_padres/html/normas.htm
BIBLIOGRAFÍA

Cómo enseñar a sus hijos a ser responsables. Harris Clemes y Reynold Bean Círculo de lectores

¿Es mi hijo una persona insegura? José María Lahoz García http://www.solohijos.com/

La autoestima en niños y adolescentes Gloria Marsellach Umbert http://www.ciudadfutura.com/psico/articulos

 

 

 

 

 

Como enseñar a ser RESPONSABLES a nuestr@s HIJ@S

Enseñar a tus hijos a ser responsables necesita de un ambiente propicio en el hogar y en la escuela. Se trata de que dicho ambiente de información sobre las posibilidades entre las que deben elegir y las consecuencias de cada una de ellas, y que les ofrezca también los elementos poder elegir adecuadamente.

La Responsabilidad es la capacidad para decidir adecuadamente y con efectividad. Por un lado atendiendo a las normas sociales y a las expectativas comúnmente aceptadas y  por otro, dando una permite al niño conseguir sus objetivos que aumentarán su autoestima

Con la responsabilidad va incluida, en cierta medida, ser autónomo es decir saber defenderse por si mismo. Estas son cualidades del poder personal que, según Gloria Marsellach Umbert en su artículo “La autoestima en niños y adolescentes”, significa tener seguridad y confianza en uno mismo y para ello es necesario ser responsable además de saber elegir, llegar a conocerse a uno mismo y adquirir y utilizar el poder en las propias relaciones y en la vida.

Para tu hijo es natural tener cierto temor a los límites, temor que desaparece conforme se va comprobando que límites y consecuencias se integran en un sistema coherente. Padres y educadores pueden contribuir a conformar el sentido de los límites de diferentes maneras:

  • Sabiendo claramente lo que esperamos de los niños.
  • Exponiendo las expectativas que tenemos de manera que los niños las entiendan, incluyendo la asignación de responsabilidad acerca de tareas y deberes.
  • Averiguando si el niño entiende estas expectativas, bien haciéndolas repetir o bien guiándole mientras las cumple.
  • Estableciendo claramente los límites de tiempo razonables para realizar tareas o deberes escolares, sin ambigüedades.
  • Explicando al niño las consecuencias de no hacer las cosas. Estas consecuencias deben aplicarse coherentemente, sin sentimientos de culpabilidad o remordimientos y sin hacer sufrir al niño. La coherencia es más importante que la severidad.
  • Redactando y colocando un cartel con todas las reglas y las obligaciones, de modo que no pueda alegarse como excusa “el olvido”.
  • Participando padres y madres en la explicación de las reglas al niño. Así sabrá que ambos las apoyan y mantienen.
  • Consiguiendo que todos los niños de la familia o de la clase tengan responsabilidades equiparables, con los ajustes necesarios en función de su edad y de sus habilidades particulares.

 

Un niño asume la responsabilidad cuando sus conductas coordinan, de forma imaginativa, sus propios objetivos con las necesidades de los demás. Para ello, los padres y educadores tienen que ayudar al niño a obtener este equilibrio.

El niño que sea responsable obtendrá éxitos cada vez con mayor frecuencia, y se disfrutará de las consecuencias positivas de esos éxitos.

Muchos padres y educadores piensan erróneamente que las recompensas por buen comportamiento son una especie de “soborno”, pero no, las recompensas de orden material (dinero, juguetes…) sólo son sobornos si son la única estrategia que se utiliza para motivar a un niño. Las recompensas son aquellas cosas que el niño valora, cosas que desea o que necesita. Existen también muchas recompensas que no son materiales que conviene recordar:

  • Hazle saber a tu hijo, de palabra, mediante elogios, qué cosas ha hecho bien: “has ordenado tu habitación estupendamente.
  • Dale ese reconocimiento de forma espontánea, periódicamente, relacionándolo con los logros del niño: “¿Qué te parecería ir a comprarte un helado? La verdad es que has hecho un trabajo muy duro limpiando tu cuarto “.
  • Apoye al niño cuando lo necesite: “Como me ayudaste ayer a limpiar el jardín, bien puedo yo ahora ayudarte a hacer los deberes”.
  • Muestre interés por lo que hace el niño y anímele: “Ya que tienes que ir jugar al fútbol esta tarde, yo me ocupo de recoger los platos”.
  • Comparta con el niño algunas tareas de vez en cuando, como reconocimiento a sus esfuerzos: “La verdad es que ayer dejaste tu habitación muy limpia: ¿qué te parece si te ayudo a limpiarla hoy?.

En ocasiones las responsabilidades de los niños nos producirán cierta incomodidad a los adultos. Los niños necesitan que los adultos seamos pacientes y tolerantes

Como aprenden la responsabilidad

Los niños que no son responsables de sus actos les será más difícil aprender de sus vivencias. Enseñar a los niños a tener responsabilidad no quiere decir que les hagamos sentirse culpables. Los que tengan sentido de la responsabilidad poseerán las herramientas, y las actitudes necesarios para valorar con mayor eficacia las diferentes situaciones y decidir de forma consecuente para ellos y para los que se encuentran a su alrededor.

Uno de los aspectos básicos del aprendizaje de la responsabilidad en los niños es la cuestión: “¿Quién es el responsable de acordarse de las cosas?” Los niños pueden saber hacer las sus tareas y desear agradar a los padres pero si no han tomado sobre sí la responsabilidad de acordarse, no pueden ser responsables. Hay algunos trucos que estimulan al niño a recordar, estos se pueden abandonarse conforme el niño crece y va siendo capaz de asumir mayores responsabilidades:

 

  1. Escriba sus tareas y colóquelas en lugar visible.
  2. No les recuerde las cosas a los niños una vez esté seguro de que le han escuchado y entendido. Estar continuamente recordando las cosas a los niños se convierte en una mala costumbre. Haciendo a los niños dependientes.
  3. Establezca rutinas lo más regulares posible. Cuando las cosas ocurren de forma predecible y regular, se aumenta significativamente la capacidad de recordar de los niños.
  4. No le dé miedo que el niño “sufra” las consecuencias cuando se “olvida”.
  5. Sea coherente. Acuérdese de lo que ha dicho. Si los padres lo olvidan, están dando mal ejemplo al niño, le estamos dando permiso para hacer lo mismo.

 

Cuando los niños tienen asignado ciertas obligaciones, los padres no deben confundirles ni fomentar la irresponsabilidad volviéndose a hacer cargo de las tareas encomendadas. Los padres relevan a sus hijos de sus responsabilidades si…

  •  …les recuerdan las cosas cuando ellos “se olvidan”
  • …lo hacen ellos mismos porque “es más sencillo”
  • …subestiman la capacidad de los hijos.
  • …aceptan que los niños se califiquen a sí mismos de incompetentes o irresponsables.
  • … hacen cosas por sus hijos para que ellos les quieran o para que no les hieran en sus sentimientos.
  • …creen que sólo los padres que trabajan duramente y hacen un montón de cosas por los hijos son “buenos” padres.

 

¿Cómo enseñar a los niños a ser responsables?

Para enseñar a los niños a ser responsables tiene que existir un programa claro de recompensas y alabanzas que ofrezca respuesta a su comportamiento (aspecto este al que hemos hecho referencia anteriormente). Por otro lado, el niño seguirá siendo irresponsable si la respuesta que obtiene es la crítica excesiva, la exposición al ridículo o a la vergüenza. Los niños a los que se recompensa por ser responsables van desarrollando gradualmente la conciencia de que la responsabilidad y los buenos sentimientos están relacionados; y, con el tiempo, disminuye su necesidad de recompensas externas.

¿Cómo enseñar a los niños a ser responsables?

Tiene que existir un programa claro de recompensas y alabanzas que ofrezca respuesta a su comportamiento (como hemos hecho referencia anteriormente). Por otro lado, el niño seguirá siendo irresponsable si la respuesta que obtiene es la crítica excesiva, la exposición al ridículo o a la vergüenza. Los niños a los que se recompensa por ser responsables van desarrollando gradualmente la conciencia de que la responsabilidad y los buenos sentimientos están relacionados; y, con el tiempo, disminuye su necesidad de recompensas externas.

Las siguientes pautas nos pueden ayudar a responder la pregunta planteada en este apartado:

  1. DESARROLLE LA SENSACIÓN DE PODER DEL NIÑO.
    Cuando se tiene sensación de poder se poseen los recursos, oportunidades y capacidades necesarias para influir sobre las circunstancias de la propia vida. Enseñar a los niños a ser responsables incrementa su sensación de poder.
  2. AYUDE A LOS NIÑOS A TOMAR DECISIONES.
    Los niños que han aprendido a ser responsables toman mejores decisiones que los que no han aprendido a serlo. Podemos contribuir a aumentar la capacidad del niño para tomar decisiones si ayudamos a:
    · Resolver los problemas que crea la necesidad de tomar una decisión. ·Buscar otras soluciones.· Seleccionar una de las alternativas mediante la valoración de sus consecuenciasValorar la eficacia de las decisiones por medio de una discusión posterior.
  3. ESTABLEZCA NORMAS Y LÍMITES.
  4. UTILICE TAREAS Y OBLIGACIONES PARA CREAR RESPONSABILIDAD.
    Tareas y obligaciones son cosas concretas: se puede especificar cómo, cuándo y quién debe hacerlas. Esto ayuda a desarrollar la capacidad de organización y manejar los propios recursos.
  5. SEA COHERENTE.
    Es la mejor forma de indicar al niño que los adultos dicen las cosas en serio. Los adultos coherentes ayudan a los niños a sentirse seguros. Cuando no existen normas claras y evidentes, no hay manera de ser coherente.
  6. NO SEA ARBITRARIO.
    Ser arbitrario significa hacer algo diferente de lo que se había dicho o hacer algo sobre lo que no se había advertido. Para evitar ser arbitrarios debemos aclarar lo que queremos, comunicar estas expectativas de forma sencilla y directa, y concretar cuáles son las consecuencias esperables si el niño actúa en consonancia o no con esas expectativas.
  7. DÉ RECOMPENSAS POR SER RESPONSABLE.

 

 

UN NIÑO ES RESPONSABLE SI…

  • …realiza sus tareas normales sin que haya que recordárselo en todo momento.
  • …puede razonar lo que hace.
  • …no echa la culpa a los demás sistemáticamente.
  • …es capaz de escoger entre diferentes alternativas.
  • …puede jugar y trabajar a solas sin angustia.
  • …puede tomar decisiones que difieran de las que otros toman en el grupo en que se mueve (amigos, pandilla, familia, etc.)
  • …posee diferentes objetivos e intereses que pueden absorber su atención.
  • …respeta y reconoce los límites impuestos por los padres sin discusiones inútiles o gratuitas.
  • …puede concentrar su atención en tareas complicadas (dependiendo de su edad) durante cierto tiempo, sin llegar a situaciones de frustración.
  • …lleva a cabo lo que dice que va a hacer.
  • …reconoce sus errores.

BIBLIOGRAFÍA

Cómo enseñar a sus hijos a ser responsables. Harris Clemes y Reynold Bean Círculo de lectores

¿Es mi hijo una persona insegura? José María Lahoz García http://www.solohijos.com/

La autoestima en niños y adolescentes Gloria Marsellach Umbert http://www.ciudadfutura.com/psico/articulos

En la revista Niños de Hoy en su último numero publican este articulo mio “Cómo educar a los niños a ser responsables”. Espero que os guste: Este es el enlace http://www.ndehoy.com/ndhoy/numeros/reportaje52.pd

 

 

 

 

 

 

Como enseñar a ser RESPONSABLES a nuestr@s HIJ@S

Enseñar a los niños a ser responsables requiere un ambiente determinado en el hogar y en la escuela. Se trata de conseguir un ambiente que les ofrezca información sobre las opciones entre las que deben escoger y las consecuencias de cada una de ellas, y que les proporcione también los recursos necesarios para elegir bien.

La responsabilidad es la habilidad para responder; se trata de la capacidad para decidir apropiadamente y con eficacia, es decir, dentro de los límites de las normas sociales y de las expectativas comúnmente aceptadas. Por otro lado, una respuesta se considera efectiva cuando permite al niño conseguir sus objetivos que reforzarán sus sentimientos de autoestima.

La responsabilidad conlleva, en cierta forma, ser autosuficiente y saber defenderse. Estas son dotes propias de poder personal que, según Gloria Marsellach Umbert en su artículo “La autoestima en niños y adolescentes”, significa tener seguridad y confianza en uno mismo y para ello es necesario ser responsable además de saber elegir, llegar a conocerse a uno mismo y adquirir y utilizar el poder en las propias relaciones y en la vida.

Para un niño es normal tener cierto temor a los límites, temor que desaparece conforme el niño va comprobando que límites y consecuencias se integran en un sistema coherente. Padres y educadores pueden contribuir a conformar el sentido de los límites de diferentes maneras:

  • Sabiendo claramente ellos mismos lo que esperan de los niños.
  • Exponiendo sus expectativas de manera que los niños las entiendan, incluyendo la asignación de responsabilidad acerca de tareas y deberes.
  • Averiguando si el niño entiende estas expectativas, bien haciéndolas repetir o bien guiándole mientras las cumple.
  • Estableciendo claramente los límites de tiempo razonables para realizar tareas o debes escolares, sin ambigüedades.
  • Explicando al niño las consecuencias de no hacer las cosas.
  •  Estas consecuencias deben aplicarse coherentemente, sin sentimientos de culpabilidad o remordimientos y sin hacer sufrir al niño.
  • La coherencia es más importante que la severidad.
  • Redactando y colocando un cartel con todas las reglas y las obligaciones, de modo que no pueda alegarse como excusa “el olvido”
  • Participando padres y madres (cuando sea posible) en la explicación de las reglas al niño. Así sabrá que ambos las apoyan y mantienen.
  • Consiguiendo que todos los niños de la familia o de la clase tengan responsabilidades equiparables, con los ajustes necesarios en función de su edad y de sus habilidades particulares.

Un niño es responsable cuando sus actos coordinan, de forma creativa, sus propios objetivos con las necesidades de los demás. Para ello, los adultos tienen que ayudar al niño a obtener este equilibrio, a definir sus propios valores y a resolver las dificultades en función de sus propios sentimientos.

El niño que posea sentido de la responsabilidad cosechará éxitos cada vez con mayor frecuencia, y se beneficiará de las consecuencias positivas de esos éxitos.

Muchos padres creen que las recompensas por buen comportamiento son una especie de “soborno”, pero las recompensas de orden material (dinero, juguetes…) sólo se convierten en sobornos si son la única técnica que se utiliza para motivar a un niño. Recompensas son aquellas cosas que el niño valora, cosas que desea o que necesita. Existen también recompensas que no son materiales que conviene recordar:

  • Hágale saber al niño, de palabra, mediante elogios, qué cosas ha hecho bien: “has limpiado tu armario estupendamente”
  • Proporciónele ese reconocimiento de forma espontánea, periódicamente, relacionándolo con los logros del niño: “¿Qué te parecería ir a comprarte un helado? La verdad es que has hecho un trabajo muy duro limpiando el cuarto de baño”
  • Apoye al niño cuando lo necesite: “Como me ayudaste ayer a limpiar el jardín, bien puedo yo ahora ayudarte a hacer los deberes”
  • Muestre interés por lo que hace el niño y anímele: “Ya que tienes que ir a una reunión de los boyscouts esta noche, yo me ocupo de lavar los platos”
  • Comparta con el niño algunas tareas de tanto en tanto, como reconocimiento a sus esfuerzos: “La verdad es que ayer dejaste tu habitación limpísima: ¿qué te parece si te ayudo a limpiarla hoy?

En ocasiones las responsabilidades de los niños producirán cierta incomodidad a los adultos. Los niños necesitan que los adultos sean pacientes y tolerantes.

El aprendizaje de la responsabilidad

A los niños que no sean considerados responsables de sus actos les será más difícil aprender de sus experiencias. Enseñar a los niños a ser responsables no quiere decir enseñarles a sentirse culpables. Los que tengan sentido de la responsabilidad poseerán los medios, las actitudes y los recursos necesarios para valorar con eficacia las diferentes situaciones y decidir de forma consecuente para ellos y para los que se encuentran a su alrededor.

Uno de los aspectos básicos de la enseñanza de responsabilidad a los niños es la cuestión: “¿Quién es el responsable de acordarse de las cosas?” Los niños pueden saber hacer las cosas y desear agradar a los padres pero si no han tomado sobre sí la responsabilidad de acordarse, no pueden ser responsables. Hay algunos artificios que estimulan al niño a recordar, tretas que pueden abandonarse conforme el niño crece y va siendo capaz de asumir mayores responsabilidades:

1.    Escriba las cosas y colóquelas en lugar visible.

2.    No les recuerde las cosas a los niños una vez esté seguro de que le han escuchado y entendido. Recordar las cosas a los niños se convierte en una mala costumbre de la cual los niños pasan a depender.

3.    Establezca costumbres lo más regulares posible. Cuando las cosas ocurren de forma predecible y regular, se incrementa la capacidad de recordar de los niños.

4.    No le dé miedo castigar al niño que se “olvida”.

5.    Acuérdese de lo que usted ha dicho. Si los padres lo olvidan, están otorgando al niño, tácitamente, permiso para hacer lo mismo.

Una vez que a los niños se les ha asignado ciertas obligaciones, los padres no deben confundirles ni fomentar la irresponsabilidad volviéndose a hacer cargo de las tareas encomendadas. Los padres relevan a sus hijos de sus responsabilidades si…

  • …les recuerdan las cosas cuando ellos “se olvidan”
  • …lo hacen ellos mismos porque “es más sencillo”
  • …subestiman la capacidad de los hijos.
  • …aceptan que los niños se califiquen a sí mismos de incompetentes o irresponsables.
  • … hacen cosas por sus hijos para que ellos les quieran o para que no les hieran en sus sentimientos.
  • …creen que sólo los padres que trabajan duramente y hacen un montón de cosas por los hijos son “buenos” padres.

¿Cómo enseñar a los niños a ser responsables?

Para enseñar a los niños a ser responsables tiene que existir un programa claro de recompensas y alabanzas que ofrezca respuesta a su comportamiento (aspecto este al que hemos hecho referencia anteriormente). Por otro lado, el niño seguirá siendo irresponsable si la respuesta que obtiene es la crítica excesiva, la exposición al ridículo o a la vergüenza. Los niños a los que se recompensa por ser responsables van desarrollando gradualmente la conciencia de que la responsabilidad y los buenos sentimientos están relacionados; y, con el tiempo, disminuye su necesidad de recompensas externas.

Las siguientes pautas nos pueden ayudar a responder la pregunta planteada en este apartado:

1.    DESARROLLE LA SENSACIÓN DE PODER DEL NIÑO. Cuando se tiene sensación de poder se poseen los recursos, oportunidades y capacidades necesarias para influir sobre las circunstancias de la propia vida. Enseñar a los niños a ser responsables incrementa su sensación de poder.

2.    AYUDE A LOS NIÑOS A TOMAR DECISIONES. Los niños que han aprendido a ser responsables toman mejores decisiones que los que no han aprendido a serlo. Podemos contribuir a aumentar la capacidad del niño para tomar decisiones si ayudamos a:

· Resolver los problemas que crea la necesidad de tomar una decisión.

· Buscar otras soluciones.

· Seleccionar una de las alternativas mediante la valoración de sus consecuencias.

· Valorar la eficacia de las decisiones por medio de una discusión posterior.

3.    ESTABLEZCA NORMAS Y LÍMITES.

4.    UTILICE TAREAS Y OBLIGACIONES PARA CREAR RESPONSABILIDAD. Tareas y obligaciones son cosas concretas: se puede especificar cómo, cuándo y quién debe hacerlas. Esto ayuda a desarrollar la capacidad de organización y manejar los propios recursos.

5.    SEA COHERENTE. Es la mejor forma de indicar al niño que los adultos dicen las cosas en serio. Los adultos coherentes ayudan a los niños a sentirse seguros. Cuando no existen normas claras y evidentes, no hay manera de ser coherente.

6.    NO SEA ARBITRARIO. Ser arbitrario significa hacer algo diferente de lo que se había dicho o hacer algo sobre lo que no se había advertido. Para evitar ser arbitrarios debemos aclarar lo que queremos, comunicar estas expectativas de forma sencilla y directa, y concretar cuáles son las consecuencias esperables si el niño actúa en consonancia o no con esas expectativas.

7.    DÉ RECOMPENSAS POR SER RESPONSABLE.

 

UN NIÑO ES RESPONSABLE SI…

  • …realiza sus tareas normales sin que haya que recordárselo en todo momento.
  • …puede razonar lo que hace.
  • …no echa la culpa a los demás sistemáticamente.
  • …es capaz de escoger entre diferentes alternativas….puede jugar y trabajar a solas sin angustia.
  • …puede tomar decisiones que difieran de las que otros toman en el grupo en que se mueve (amigos, pandilla, familia, etc.)
  • …posee diferentes objetivos e intereses que pueden absorber su atención.
  • …respeta y reconoce los límites impuestos por los padres sin discusiones inútiles o gratuitas.
  • …puede concentrar su atención en tareas complicadas (dependiendo de su edad) durante cierto tiempo, sin llegar a situaciones de frustración….lleva a cabo lo que dice que va a hacer.
  • …reconoce sus errores.

Fuente:http://ntic.educacion.es/w3/recursos2/e_padres/html/respons.htm

BIBLIOGRAFÍA

Cómo enseñar a sus hijos a ser responsables. Harris Clemes y Reynold Bean Círculo de lectores

¿Es mi hijo una persona insegura? José María Lahoz García http://www.solohijos.com/

La autoestima en niños y adolescentes Gloria Marsellach Umbert http://www.ciudadfutura.com/psico/articulos

 

 

 

 

 

Como enseñar a ser RESPONSABLES a nuestr@s HIJ@S

Enseñar a tus hijos a ser responsables necesita de un ambiente propicio en el hogar y en la escuela. Se trata de que dicho ambiente de información sobre las posibilidades entre las que deben elegir y las consecuencias de cada una de ellas, y que les ofrezca también los elementos poder elegir adecuadamente.

La Responsabilidad es la capacidad para decidir adecuadamente y con efectividad. Por un lado atendiendo a las normas sociales y a las expectativas comúnmente aceptadas y  por otro, dando una permite al niño conseguir sus objetivos que aumentarán su autoestima

Con la responsabilidad va incluida, en cierta medida, ser autónomo es decir saber defenderse por si mismo. Estas son cualidades del poder personal que, según Gloria Marsellach Umbert en su artículo “La autoestima en niños y adolescentes”, significa tener seguridad y confianza en uno mismo y para ello es necesario ser responsable además de saber elegir, llegar a conocerse a uno mismo y adquirir y utilizar el poder en las propias relaciones y en la vida.

Para tu hijo es natural tener cierto temor a los límites, temor que desaparece conforme se va comprobando que límites y consecuencias se integran en un sistema coherente. Padres y educadores pueden contribuir a conformar el sentido de los límites de diferentes maneras:

  • Sabiendo claramente lo que esperamos de los niños.
  • Exponiendo las expectativas que tenemos de manera que los niños las entiendan, incluyendo la asignación de responsabilidad acerca de tareas y deberes.
  • Averiguando si el niño entiende estas expectativas, bien haciéndolas repetir o bien guiándole mientras las cumple.
  • Estableciendo claramente los límites de tiempo razonables para realizar tareas o deberes escolares, sin ambigüedades.
  • Explicando al niño las consecuencias de no hacer las cosas. Estas consecuencias deben aplicarse coherentemente, sin sentimientos de culpabilidad o remordimientos y sin hacer sufrir al niño. La coherencia es más importante que la severidad.
  • Redactando y colocando un cartel con todas las reglas y las obligaciones, de modo que no pueda alegarse como excusa “el olvido”.
  • Participando padres y madres en la explicación de las reglas al niño. Así sabrá que ambos las apoyan y mantienen.
  • Consiguiendo que todos los niños de la familia o de la clase tengan responsabilidades equiparables, con los ajustes necesarios en función de su edad y de sus habilidades particulares.

 

Un niño asume la responsabilidad cuando sus conductas coordinan, de forma imaginativa, sus propios objetivos con las necesidades de los demás. Para ello, los padres y educadores tienen que ayudar al niño a obtener este equilibrio.

El niño que sea responsable obtendrá éxitos cada vez con mayor frecuencia, y se disfrutará de las consecuencias positivas de esos éxitos.

Muchos padres y educadores piensan erróneamente que las recompensas por buen comportamiento son una especie de “soborno”, pero no, las recompensas de orden material (dinero, juguetes…) sólo son sobornos si son la única estrategia que se utiliza para motivar a un niño. Las recompensas son aquellas cosas que el niño valora, cosas que desea o que necesita. Existen también muchas recompensas que no son materiales que conviene recordar:

  • Hazle saber a tu hijo, de palabra, mediante elogios, qué cosas ha hecho bien: “has ordenado tu habitación estupendamente.
  • Dale ese reconocimiento de forma espontánea, periódicamente, relacionándolo con los logros del niño: “¿Qué te parecería ir a comprarte un helado? La verdad es que has hecho un trabajo muy duro limpiando tu cuarto “.
  • Apoye al niño cuando lo necesite: “Como me ayudaste ayer a limpiar el jardín, bien puedo yo ahora ayudarte a hacer los deberes”.
  • Muestre interés por lo que hace el niño y anímele: “Ya que tienes que ir jugar al fútbol esta tarde, yo me ocupo de recoger los platos”.
  • Comparta con el niño algunas tareas de vez en cuando, como reconocimiento a sus esfuerzos: “La verdad es que ayer dejaste tu habitación muy limpia: ¿qué te parece si te ayudo a limpiarla hoy?.

En ocasiones las responsabilidades de los niños nos producirán cierta incomodidad a los adultos. Los niños necesitan que los adultos seamos pacientes y tolerantes

Como aprenden la responsabilidad

Los niños que no son responsables de sus actos les será más difícil aprender de sus vivencias. Enseñar a los niños a tener responsabilidad no quiere decir que les hagamos sentirse culpables. Los que tengan sentido de la responsabilidad poseerán las herramientas, y las actitudes necesarios para valorar con mayor eficacia las diferentes situaciones y decidir de forma consecuente para ellos y para los que se encuentran a su alrededor.

Uno de los aspectos básicos del aprendizaje de la responsabilidad en los niños es la cuestión: “¿Quién es el responsable de acordarse de las cosas?” Los niños pueden saber hacer las sus tareas y desear agradar a los padres pero si no han tomado sobre sí la responsabilidad de acordarse, no pueden ser responsables. Hay algunos trucos que estimulan al niño a recordar, estos se pueden abandonarse conforme el niño crece y va siendo capaz de asumir mayores responsabilidades:

 

  1. Escriba sus tareas y colóquelas en lugar visible.
  2. No les recuerde las cosas a los niños una vez esté seguro de que le han escuchado y entendido. Estar continuamente recordando las cosas a los niños se convierte en una mala costumbre. Haciendo a los niños dependientes.
  3. Establezca rutinas lo más regulares posible. Cuando las cosas ocurren de forma predecible y regular, se aumenta significativamente la capacidad de recordar de los niños.
  4. No le dé miedo que el niño “sufra” las consecuencias cuando se “olvida”.
  5. Sea coherente. Acuérdese de lo que ha dicho. Si los padres lo olvidan, están dando mal ejemplo al niño, le estamos dando permiso para hacer lo mismo.

 

Cuando los niños tienen asignado ciertas obligaciones, los padres no deben confundirles ni fomentar la irresponsabilidad volviéndose a hacer cargo de las tareas encomendadas. Los padres relevan a sus hijos de sus responsabilidades si…

  •  …les recuerdan las cosas cuando ellos “se olvidan”
  • …lo hacen ellos mismos porque “es más sencillo”
  • …subestiman la capacidad de los hijos.
  • …aceptan que los niños se califiquen a sí mismos de incompetentes o irresponsables.
  • … hacen cosas por sus hijos para que ellos les quieran o para que no les hieran en sus sentimientos.
  • …creen que sólo los padres que trabajan duramente y hacen un montón de cosas por los hijos son “buenos” padres.

 

¿Cómo enseñar a los niños a ser responsables?

Para enseñar a los niños a ser responsables tiene que existir un programa claro de recompensas y alabanzas que ofrezca respuesta a su comportamiento (aspecto este al que hemos hecho referencia anteriormente). Por otro lado, el niño seguirá siendo irresponsable si la respuesta que obtiene es la crítica excesiva, la exposición al ridículo o a la vergüenza. Los niños a los que se recompensa por ser responsables van desarrollando gradualmente la conciencia de que la responsabilidad y los buenos sentimientos están relacionados; y, con el tiempo, disminuye su necesidad de recompensas externas.

¿Cómo enseñar a los niños a ser responsables?

Tiene que existir un programa claro de recompensas y alabanzas que ofrezca respuesta a su comportamiento (como hemos hecho referencia anteriormente). Por otro lado, el niño seguirá siendo irresponsable si la respuesta que obtiene es la crítica excesiva, la exposición al ridículo o a la vergüenza. Los niños a los que se recompensa por ser responsables van desarrollando gradualmente la conciencia de que la responsabilidad y los buenos sentimientos están relacionados; y, con el tiempo, disminuye su necesidad de recompensas externas.

Las siguientes pautas nos pueden ayudar a responder la pregunta planteada en este apartado:

  1. DESARROLLE LA SENSACIÓN DE PODER DEL NIÑO.
    Cuando se tiene sensación de poder se poseen los recursos, oportunidades y capacidades necesarias para influir sobre las circunstancias de la propia vida. Enseñar a los niños a ser responsables incrementa su sensación de poder.
  2. AYUDE A LOS NIÑOS A TOMAR DECISIONES.
    Los niños que han aprendido a ser responsables toman mejores decisiones que los que no han aprendido a serlo. Podemos contribuir a aumentar la capacidad del niño para tomar decisiones si ayudamos a:
    · Resolver los problemas que crea la necesidad de tomar una decisión. ·Buscar otras soluciones.· Seleccionar una de las alternativas mediante la valoración de sus consecuenciasValorar la eficacia de las decisiones por medio de una discusión posterior.
  3. ESTABLEZCA NORMAS Y LÍMITES.
  4. UTILICE TAREAS Y OBLIGACIONES PARA CREAR RESPONSABILIDAD.
    Tareas y obligaciones son cosas concretas: se puede especificar cómo, cuándo y quién debe hacerlas. Esto ayuda a desarrollar la capacidad de organización y manejar los propios recursos.
  5. SEA COHERENTE.
    Es la mejor forma de indicar al niño que los adultos dicen las cosas en serio. Los adultos coherentes ayudan a los niños a sentirse seguros. Cuando no existen normas claras y evidentes, no hay manera de ser coherente.
  6. NO SEA ARBITRARIO.
    Ser arbitrario significa hacer algo diferente de lo que se había dicho o hacer algo sobre lo que no se había advertido. Para evitar ser arbitrarios debemos aclarar lo que queremos, comunicar estas expectativas de forma sencilla y directa, y concretar cuáles son las consecuencias esperables si el niño actúa en consonancia o no con esas expectativas.
  7. DÉ RECOMPENSAS POR SER RESPONSABLE.

 

 

UN NIÑO ES RESPONSABLE SI…

  • …realiza sus tareas normales sin que haya que recordárselo en todo momento.
  • …puede razonar lo que hace.
  • …no echa la culpa a los demás sistemáticamente.
  • …es capaz de escoger entre diferentes alternativas.
  • …puede jugar y trabajar a solas sin angustia.
  • …puede tomar decisiones que difieran de las que otros toman en el grupo en que se mueve (amigos, pandilla, familia, etc.)
  • …posee diferentes objetivos e intereses que pueden absorber su atención.
  • …respeta y reconoce los límites impuestos por los padres sin discusiones inútiles o gratuitas.
  • …puede concentrar su atención en tareas complicadas (dependiendo de su edad) durante cierto tiempo, sin llegar a situaciones de frustración.
  • …lleva a cabo lo que dice que va a hacer.
  • …reconoce sus errores.

BIBLIOGRAFÍA

Cómo enseñar a sus hijos a ser responsables. Harris Clemes y Reynold Bean Círculo de lectores

¿Es mi hijo una persona insegura? José María Lahoz García http://www.solohijos.com/

La autoestima en niños y adolescentes Gloria Marsellach Umbert http://www.ciudadfutura.com/psico/articulos

En la revista Niños de Hoy en su último numero publican este articulo mio “Cómo educar a los niños a ser responsables”. Espero que os guste: Este es el enlace http://www.ndehoy.com/ndhoy/numeros/reportaje52.pd