Katmandú, un espejo en el cielo

Tengo que reconocer que me encantan las ideas que lleva al cine Iciar Bollaín, tanto ”Y después la lluvia” como “Katmandu” tratan temas comprometidos con el mundo que queremos, o creo que queremos, vivir en el futuro. Con la idea de otro mundo es posible y con el optimismo de que merece la pena esforzarse para conseguirlo, de una cooperación moderna. Sin embargo, nuevamente en Katmandu no consigue redondear la historia. Pasan cosas que no se explican y no se profundiza en el compromiso educativo de la protagonista, Laia (Verónica Echegui), que está muy bien en su papel por otra parte. No llegamos a saber que interés real tiene, que herramientas educativas plantea usar y porque, y por lo tanto, los resultados, especialmente los que suceden con el personaje de Sharmila (Saumyata Bhattarai), su alumna favorita, que resultan francamente increíbles. Es quizás ese personaje el que más inverosímil hace la película.
Otro personaje que a mi en particular me resultaba cómico es el director del colegio, pero sobre todo porque me recordaba al director del colegio de la serie Glee.
Hay sin embargo alguna escena fantástica, como la esperada llegada de los niños al colegio en los suburbios el primer día, y como nada va como lo esperado, es quizás lo único absolutamente creíble “educativamente” en un guión a mi parecer un tanto forzado, y, como me suele resultar con todos los guiones que he visto en los que participa Paul Laverty con la acción fuera de Inglaterra, bastante irreales, sin que llegues en ningún momento a poder meterte completamente en la historia que te cuentan.

En cualquier caso, seguiré viendo las películas de Icíar Bollaín porque siempre me aporta visiones sobre las que edificar mis reflexiones personales sobre el mundo que estamos haciendo y el que podemos hacer.

Título original:
Katmandú, un espejo en el cielo
Título castellano:
Katmandú, un espejo en el cielo
Nacionalidad:
España
Dirigida por:
Icíar Bollaín
Ficha imdb:
http://www.imdb.es/title/tt1839688/
Trailer:
Imagen de previsualización de YouTube
Web:
http://www.katmandulapelicula.com/

Katmandú, un espejo en el cielo

Tengo que reconocer que me encantan las ideas que lleva al cine Iciar Bollaín, tanto ”Y después la lluvia” como “Katmandu” tratan temas comprometidos con el mundo que queremos, o creo que queremos, vivir en el futuro. Con la idea de otro mundo es posible y con el optimismo de que merece la pena esforzarse para conseguirlo, de una cooperación moderna. Sin embargo, nuevamente en Katmandu no consigue redondear la historia. Pasan cosas que no se explican y no se profundiza en el compromiso educativo de la protagonista, Laia (Verónica Echegui), que está muy bien en su papel por otra parte. No llegamos a saber que interés real tiene, que herramientas educativas plantea usar y porque, y por lo tanto, los resultados, especialmente los que suceden con el personaje de Sharmila (Saumyata Bhattarai), su alumna favorita, que resultan francamente increíbles. Es quizás ese personaje el que más inverosímil hace la película.
Otro personaje que a mi en particular me resultaba cómico es el director del colegio, pero sobre todo porque me recordaba al director del colegio de la serie Glee.
Hay sin embargo alguna escena fantástica, como la esperada llegada de los niños al colegio en los suburbios el primer día, y como nada va como lo esperado, es quizás lo único absolutamente creíble “educativamente” en un guión a mi parecer un tanto forzado, y, como me suele resultar con todos los guiones que he visto en los que participa Paul Laverty con la acción fuera de Inglaterra, bastante irreales, sin que llegues en ningún momento a poder meterte completamente en la historia que te cuentan.

En cualquier caso, seguiré viendo las películas de Icíar Bollaín porque siempre me aporta visiones sobre las que edificar mis reflexiones personales sobre el mundo que estamos haciendo y el que podemos hacer.

Título original:
Katmandú, un espejo en el cielo
Título castellano:
Katmandú, un espejo en el cielo
Nacionalidad:
España
Dirigida por:
Icíar Bollaín
Ficha imdb:
http://www.imdb.es/title/tt1839688/
Trailer:
Imagen de previsualización de YouTube
Web:
http://www.katmandulapelicula.com/

Katmandú, un espejo en el cielo

Tengo que reconocer que me encantan las ideas que lleva al cine Iciar Bollaín, tanto ”Y después la lluvia” como “Katmandu” tratan temas comprometidos con el mundo que queremos, o creo que queremos, vivir en el futuro. Con la idea de otro mundo es posible y con el optimismo de que merece la pena esforzarse para conseguirlo, de una cooperación moderna. Sin embargo, nuevamente en Katmandu no consigue redondear la historia. Pasan cosas que no se explican y no se profundiza en el compromiso educativo de la protagonista, Laia (Verónica Echegui), que está muy bien en su papel por otra parte. No llegamos a saber que interés real tiene, que herramientas educativas plantea usar y porque, y por lo tanto, los resultados, especialmente los que suceden con el personaje de Sharmila (Saumyata Bhattarai), su alumna favorita, que resultan francamente increíbles. Es quizás ese personaje el que más inverosímil hace la película.
Otro personaje que a mi en particular me resultaba cómico es el director del colegio, pero sobre todo porque me recordaba al director del colegio de la serie Glee.
Hay sin embargo alguna escena fantástica, como la esperada llegada de los niños al colegio en los suburbios el primer día, y como nada va como lo esperado, es quizás lo único absolutamente creíble “educativamente” en un guión a mi parecer un tanto forzado, y, como me suele resultar con todos los guiones que he visto en los que participa Paul Laverty con la acción fuera de Inglaterra, bastante irreales, sin que llegues en ningún momento a poder meterte completamente en la historia que te cuentan.

En cualquier caso, seguiré viendo las películas de Icíar Bollaín porque siempre me aporta visiones sobre las que edificar mis reflexiones personales sobre el mundo que estamos haciendo y el que podemos hacer.

Título original:
Katmandú, un espejo en el cielo
Título castellano:
Katmandú, un espejo en el cielo
Nacionalidad:
España
Dirigida por:
Icíar Bollaín
Ficha imdb:
http://www.imdb.es/title/tt1839688/
Trailer:
Imagen de previsualización de YouTube
Web:
http://www.katmandulapelicula.com/

La necesidad de poner límites a nuestros hij@s

    

    Si me dejan hacer lo que me da la gana mis padres es porque no les intereso”. Esto dicho por un adolescente puede dejar “boca abiertos” a un numero importante de padres; con ello intuimos que nuestros hijos nos piden pautas y normas para sentirse seguros y desarrollarse como adultos sanos.

Los avances en la psicología científica de los últimas décadas parecen que no terminan de “cuajar” en prácticas educativas que desempeñamos en el día a día como padres. En cuestión de relativamente poco tiempo los padres hemos pasado de ser educados con normas y límites exagerados y contraproducentes a educar del modo opuesto, sin ningún límite, en el dejar hacer, por miedo a la traumatizar a nuestros hijos. Y como todo en la vida “los extremos se tocan”.
Hoy en día es muy común y generalizado la necesidad social de mostrarse cariñoso, comunicativo e indulgente con cualquier necesidad de los hijos y desproporcionadamente tolerante con todo su comportamiento sea o no “adecuado”.
Esto esta siendo “caldo de cultivo” de lo que estamos empezado a ver ya en las consultas de psicología clínica, niños y jóvenes extremadamente inmaduros, emocionalmente débiles. Ellos tendrán probablemente un futuro muy complicado porque no son capaces de vivir y desarrollarse de manera autónoma, además de tener un desbordante sufrimiento por su baja tolerancia a la frustración. La sociedad no tolerará su falta de aceptación de normas y no será tan indulgente como lo somos erróneamente sus papás.
Es normal que hoy en día los padres, nos sentimos perdidos al tener que decidir entre educar como nos educaron nuestros padres hacerlo por como buenamente podamos, como nos dicen en los medios de comunicación o según vemos que lo hacen otros padres. Al producto de esta malgama de cosas hace que no seamos coherentes, norma básica parala Educación de nuestros hijos para enfrentar lo mas sanamente posible las dificultades que se le van a presentar en esta vida.

    Entiendo que esto es la teoría y que en el día día resulta complicado exigir que nuestros hijos  con la convivencia: que en resumidas cuestas es “yo doy, tú das”.

¿Por qué resulta tan complicado?

  • No queremos que tengan mala imagen nuestra.
  • Nos cuesta o no somos capaces de decir “NO”, es tan fácil decir “SI”.
  • No queremos que sufran pensamos que ”ya sufrirán cuando sean mayores” y esto no es sano porque cuanto antes aprendan a frustrase antes serán capaces de tolerar adecuadamente los sinsabores que la vida les va ir dando.
  • No nos gusta que los otros papás, amigos, familia,  nos lleguen a considerarnos como padres “rígidos y autoritarios”.
  • No queremos que ellos sufran lo que nosotros pudimos sufrir.
  • Tratamos erróneamente de contrarrestar la falta de tiempo y dedicación con una actitud excesivamente condescendiente.
  • No queremos el conflicto y evitamos que nos pongan mala cara.
  • Pensamos equivocadamente que somos egoístas si imponemos reglas que      nos ayuden en la convivencia.

Intentaré en pocas palabras explicar como en el desarrollo del ser humano de cada individuo se pasa de la dependencia inicial a la autonomía en el adulto:

    Las teorías del desarrollo infantil y del apego nos explican la importancia, que en los primeros momentos de la vida tiene el mantener una relación estrecha y consistente con la madre (o figura de apego). En ese periodo, cualquier separación, el niño la vive con ansiedad.
Estas mismas teorías han constatado que tras esa primera etapa, el niño necesita para su desarrollo normal separarse de su madre (o figura de apego), para explorar el mundo exterior teniendo como anclaje seguro  a su madre. También le sirve para discriminar sus propios deseos y necesidades de los de ella, para así ir tomando conciencia de sí mismo y de su individualidad.

    La madre no solo debe dejarlo explorar fuera sino que además, presentarse a sí misma como alguien con sus necesidades individuales, con una vida propia, e ir dejando la idea que tiene el niño de que su madre es una extensión de él y para él, que su razón de existir es única y exclusivamente para satisfacer sus necesidades.

    Para conseguir una convivencia familiar sana, como padres debemos  reaccionar con apoyo emocional a la vez que permite que el hijo padezca, de modo gradual y acorde con su maduración, una cantidad creciente y natural de frustración. Es “bueno” proteger al niño pero también dejar que se exponga gradualmente a experiencias en las que no consiga todo lo que quiere. La capacidad futura del niño para enfrentarse de modo sano a la realidad depende de esto.
Este proceso de adquisición de tolerancia a la frustración, que se desarrolla progresivamente, facilita que tu hijo aprenda a manejar su ansiedad y su agresividad sin temor a que le desborde. Cuando tu hijo no tolera ninguna frustración puede llegar a sentir apatía y desmotivación o, el otro extremo, ira.

Pautas para conseguir poner límites:

  • Antes que nada considerar que a pesar de tener claro todo lo dicho hasta ahora cometeremos errores. No existe una “receta” ideal para educar a nuestros hijos; cada hijo es distinto. Aunque  si podemos disponer de unos “mínimos” esenciales para distintas situaciones.
  • Es importante ser espontáneos, es decir tratar de hacer a nuestro modo lo que anteriormente hemos descrito. Aquello que no “nos salga” es mejor no llevarlo acabo porque nos resultará muy  incomodo y artificioso.
  • La empatía, que es la capacidad para “ponernos en su lugar”, nos ayudará a entender los motivos que ellos tienen para actuar y reaccionar en una determinada situación y, desde ahí, podemos enseñarles modos de afrontarla. Y también les enseñamos al ser modelos eso tan importante para las interrelación con los demás  que es saber ponerse en el lugar del otro. Esto le ayudará en su vida
  • La coherencia es también muy importante porque uno tiene que creer aquello que quiere enseñar. La contradicción entre lo que se dice y lo que se hace invalida la norma que o bien no se cumple o lleva a la mentira. Por eso es tan importante que los padres actúen con seguridad y sin contradicciones. Es sobre todo con un estilo de comportamiento con lo que los hijos se identifican y al que imitan. La norma concreta puede ser más o menos discutida si se le transmite una forma de ser responsable y honesta.
  • No consideres que se trata de domesticarlo, de convertirlo en algo que queremos, seremos mas eficaces en su educación si le apoyamos en el camino de encontrar sus propias capacidades, su forma de ser…, y él también se sentirá mejor mas seguro consigo mismo.
  • El castigo tiene una eficacia muy limitada sobre todo las humillaciones. Un hijo educado en un convivencia familiar donde lo habitual son las discusiones, gritos, peleas, existe una probabilidad muy alta que en el futuro reproduzca lo que ha vivido. Los malos tratos tanto físicos como verbales, hacen que tu hijo se comporte de manera agresiva o, por el contrario, en alguien extremadamente temeroso que tienda a evitar las interacciones sociales y por lo tanto presente serias dificultades para convivir con normalidad.

http://rizaldos.com/


Fuente: http://ntic.educacion.es

La necesidad de poner límites a nuestros hij@s

    

    Si me dejan hacer lo que me da la gana mis padres es porque no les intereso”. Esto dicho por un adolescente puede dejar “boca abiertos” a un numero importante de padres; con ello intuimos que nuestros hijos nos piden pautas y normas para sentirse seguros y desarrollarse como adultos sanos.

Los avances en la psicología científica de los últimas décadas parecen que no terminan de “cuajar” en prácticas educativas que desempeñamos en el día a día como padres. En cuestión de relativamente poco tiempo los padres hemos pasado de ser educados con normas y límites exagerados y contraproducentes a educar del modo opuesto, sin ningún límite, en el dejar hacer, por miedo a la traumatizar a nuestros hijos. Y como todo en la vida “los extremos se tocan”.
Hoy en día es muy común y generalizado la necesidad social de mostrarse cariñoso, comunicativo e indulgente con cualquier necesidad de los hijos y desproporcionadamente tolerante con todo su comportamiento sea o no “adecuado”.
Esto esta siendo “caldo de cultivo” de lo que estamos empezado a ver ya en las consultas de psicología clínica, niños y jóvenes extremadamente inmaduros, emocionalmente débiles. Ellos tendrán probablemente un futuro muy complicado porque no son capaces de vivir y desarrollarse de manera autónoma, además de tener un desbordante sufrimiento por su baja tolerancia a la frustración. La sociedad no tolerará su falta de aceptación de normas y no será tan indulgente como lo somos erróneamente sus papás.
Es normal que hoy en día los padres, nos sentimos perdidos al tener que decidir entre educar como nos educaron nuestros padres hacerlo por como buenamente podamos, como nos dicen en los medios de comunicación o según vemos que lo hacen otros padres. Al producto de esta malgama de cosas hace que no seamos coherentes, norma básica parala Educación de nuestros hijos para enfrentar lo mas sanamente posible las dificultades que se le van a presentar en esta vida.

    Entiendo que esto es la teoría y que en el día día resulta complicado exigir que nuestros hijos  con la convivencia: que en resumidas cuestas es “yo doy, tú das”.

¿Por qué resulta tan complicado?

  • No queremos que tengan mala imagen nuestra.
  • Nos cuesta o no somos capaces de decir “NO”, es tan fácil decir “SI”.
  • No queremos que sufran pensamos que ”ya sufrirán cuando sean mayores” y esto no es sano porque cuanto antes aprendan a frustrase antes serán capaces de tolerar adecuadamente los sinsabores que la vida les va ir dando.
  • No nos gusta que los otros papás, amigos, familia,  nos lleguen a considerarnos como padres “rígidos y autoritarios”.
  • No queremos que ellos sufran lo que nosotros pudimos sufrir.
  • Tratamos erróneamente de contrarrestar la falta de tiempo y dedicación con una actitud excesivamente condescendiente.
  • No queremos el conflicto y evitamos que nos pongan mala cara.
  • Pensamos equivocadamente que somos egoístas si imponemos reglas que      nos ayuden en la convivencia.

Intentaré en pocas palabras explicar como en el desarrollo del ser humano de cada individuo se pasa de la dependencia inicial a la autonomía en el adulto:

    Las teorías del desarrollo infantil y del apego nos explican la importancia, que en los primeros momentos de la vida tiene el mantener una relación estrecha y consistente con la madre (o figura de apego). En ese periodo, cualquier separación, el niño la vive con ansiedad.
Estas mismas teorías han constatado que tras esa primera etapa, el niño necesita para su desarrollo normal separarse de su madre (o figura de apego), para explorar el mundo exterior teniendo como anclaje seguro  a su madre. También le sirve para discriminar sus propios deseos y necesidades de los de ella, para así ir tomando conciencia de sí mismo y de su individualidad.

    La madre no solo debe dejarlo explorar fuera sino que además, presentarse a sí misma como alguien con sus necesidades individuales, con una vida propia, e ir dejando la idea que tiene el niño de que su madre es una extensión de él y para él, que su razón de existir es única y exclusivamente para satisfacer sus necesidades.

    Para conseguir una convivencia familiar sana, como padres debemos  reaccionar con apoyo emocional a la vez que permite que el hijo padezca, de modo gradual y acorde con su maduración, una cantidad creciente y natural de frustración. Es “bueno” proteger al niño pero también dejar que se exponga gradualmente a experiencias en las que no consiga todo lo que quiere. La capacidad futura del niño para enfrentarse de modo sano a la realidad depende de esto.
Este proceso de adquisición de tolerancia a la frustración, que se desarrolla progresivamente, facilita que tu hijo aprenda a manejar su ansiedad y su agresividad sin temor a que le desborde. Cuando tu hijo no tolera ninguna frustración puede llegar a sentir apatía y desmotivación o, el otro extremo, ira.

Pautas para conseguir poner límites:

  • Antes que nada considerar que a pesar de tener claro todo lo dicho hasta ahora cometeremos errores. No existe una “receta” ideal para educar a nuestros hijos; cada hijo es distinto. Aunque  si podemos disponer de unos “mínimos” esenciales para distintas situaciones.
  • Es importante ser espontáneos, es decir tratar de hacer a nuestro modo lo que anteriormente hemos descrito. Aquello que no “nos salga” es mejor no llevarlo acabo porque nos resultará muy  incomodo y artificioso.
  • La empatía, que es la capacidad para “ponernos en su lugar”, nos ayudará a entender los motivos que ellos tienen para actuar y reaccionar en una determinada situación y, desde ahí, podemos enseñarles modos de afrontarla. Y también les enseñamos al ser modelos eso tan importante para las interrelación con los demás  que es saber ponerse en el lugar del otro. Esto le ayudará en su vida
  • La coherencia es también muy importante porque uno tiene que creer aquello que quiere enseñar. La contradicción entre lo que se dice y lo que se hace invalida la norma que o bien no se cumple o lleva a la mentira. Por eso es tan importante que los padres actúen con seguridad y sin contradicciones. Es sobre todo con un estilo de comportamiento con lo que los hijos se identifican y al que imitan. La norma concreta puede ser más o menos discutida si se le transmite una forma de ser responsable y honesta.
  • No consideres que se trata de domesticarlo, de convertirlo en algo que queremos, seremos mas eficaces en su educación si le apoyamos en el camino de encontrar sus propias capacidades, su forma de ser…, y él también se sentirá mejor mas seguro consigo mismo.
  • El castigo tiene una eficacia muy limitada sobre todo las humillaciones. Un hijo educado en un convivencia familiar donde lo habitual son las discusiones, gritos, peleas, existe una probabilidad muy alta que en el futuro reproduzca lo que ha vivido. Los malos tratos tanto físicos como verbales, hacen que tu hijo se comporte de manera agresiva o, por el contrario, en alguien extremadamente temeroso que tienda a evitar las interacciones sociales y por lo tanto presente serias dificultades para convivir con normalidad.

 


Fuente: http://ntic.educacion.es

La necesidad de poner límites a nuestros hij@s

    

    Si me dejan hacer lo que me da la gana mis padres es porque no les intereso”. Esto dicho por un adolescente puede dejar “boca abiertos” a un numero importante de padres; con ello intuimos que nuestros hijos nos piden pautas y normas para sentirse seguros y desarrollarse como adultos sanos.

Los avances en la psicología científica de los últimas décadas parecen que no terminan de “cuajar” en prácticas educativas que desempeñamos en el día a día como padres. En cuestión de relativamente poco tiempo los padres hemos pasado de ser educados con normas y límites exagerados y contraproducentes a educar del modo opuesto, sin ningún límite, en el dejar hacer, por miedo a la traumatizar a nuestros hijos. Y como todo en la vida “los extremos se tocan”.
Hoy en día es muy común y generalizado la necesidad social de mostrarse cariñoso, comunicativo e indulgente con cualquier necesidad de los hijos y desproporcionadamente tolerante con todo su comportamiento sea o no “adecuado”.
Esto esta siendo “caldo de cultivo” de lo que estamos empezado a ver ya en las consultas de psicología clínica, niños y jóvenes extremadamente inmaduros, emocionalmente débiles. Ellos tendrán probablemente un futuro muy complicado porque no son capaces de vivir y desarrollarse de manera autónoma, además de tener un desbordante sufrimiento por su baja tolerancia a la frustración. La sociedad no tolerará su falta de aceptación de normas y no será tan indulgente como lo somos erróneamente sus papás.
Es normal que hoy en día los padres, nos sentimos perdidos al tener que decidir entre educar como nos educaron nuestros padres hacerlo por como buenamente podamos, como nos dicen en los medios de comunicación o según vemos que lo hacen otros padres. Al producto de esta malgama de cosas hace que no seamos coherentes, norma básica parala Educación de nuestros hijos para enfrentar lo mas sanamente posible las dificultades que se le van a presentar en esta vida.

    Entiendo que esto es la teoría y que en el día día resulta complicado exigir que nuestros hijos  con la convivencia: que en resumidas cuestas es “yo doy, tú das”.

¿Por qué resulta tan complicado?

  • No queremos que tengan mala imagen nuestra.
  • Nos cuesta o no somos capaces de decir “NO”, es tan fácil decir “SI”.
  • No queremos que sufran pensamos que ”ya sufrirán cuando sean mayores” y esto no es sano porque cuanto antes aprendan a frustrase antes serán capaces de tolerar adecuadamente los sinsabores que la vida les va ir dando.
  • No nos gusta que los otros papás, amigos, familia,  nos lleguen a considerarnos como padres “rígidos y autoritarios”.
  • No queremos que ellos sufran lo que nosotros pudimos sufrir.
  • Tratamos erróneamente de contrarrestar la falta de tiempo y dedicación con una actitud excesivamente condescendiente.
  • No queremos el conflicto y evitamos que nos pongan mala cara.
  • Pensamos equivocadamente que somos egoístas si imponemos reglas que      nos ayuden en la convivencia.

Intentaré en pocas palabras explicar como en el desarrollo del ser humano de cada individuo se pasa de la dependencia inicial a la autonomía en el adulto:

    Las teorías del desarrollo infantil y del apego nos explican la importancia, que en los primeros momentos de la vida tiene el mantener una relación estrecha y consistente con la madre (o figura de apego). En ese periodo, cualquier separación, el niño la vive con ansiedad.
Estas mismas teorías han constatado que tras esa primera etapa, el niño necesita para su desarrollo normal separarse de su madre (o figura de apego), para explorar el mundo exterior teniendo como anclaje seguro  a su madre. También le sirve para discriminar sus propios deseos y necesidades de los de ella, para así ir tomando conciencia de sí mismo y de su individualidad.

    La madre no solo debe dejarlo explorar fuera sino que además, presentarse a sí misma como alguien con sus necesidades individuales, con una vida propia, e ir dejando la idea que tiene el niño de que su madre es una extensión de él y para él, que su razón de existir es única y exclusivamente para satisfacer sus necesidades.

    Para conseguir una convivencia familiar sana, como padres debemos  reaccionar con apoyo emocional a la vez que permite que el hijo padezca, de modo gradual y acorde con su maduración, una cantidad creciente y natural de frustración. Es “bueno” proteger al niño pero también dejar que se exponga gradualmente a experiencias en las que no consiga todo lo que quiere. La capacidad futura del niño para enfrentarse de modo sano a la realidad depende de esto.
Este proceso de adquisición de tolerancia a la frustración, que se desarrolla progresivamente, facilita que tu hijo aprenda a manejar su ansiedad y su agresividad sin temor a que le desborde. Cuando tu hijo no tolera ninguna frustración puede llegar a sentir apatía y desmotivación o, el otro extremo, ira.

Pautas para conseguir poner límites:

  • Antes que nada considerar que a pesar de tener claro todo lo dicho hasta ahora cometeremos errores. No existe una “receta” ideal para educar a nuestros hijos; cada hijo es distinto. Aunque  si podemos disponer de unos “mínimos” esenciales para distintas situaciones.
  • Es importante ser espontáneos, es decir tratar de hacer a nuestro modo lo que anteriormente hemos descrito. Aquello que no “nos salga” es mejor no llevarlo acabo porque nos resultará muy  incomodo y artificioso.
  • La empatía, que es la capacidad para “ponernos en su lugar”, nos ayudará a entender los motivos que ellos tienen para actuar y reaccionar en una determinada situación y, desde ahí, podemos enseñarles modos de afrontarla. Y también les enseñamos al ser modelos eso tan importante para las interrelación con los demás  que es saber ponerse en el lugar del otro. Esto le ayudará en su vida
  • La coherencia es también muy importante porque uno tiene que creer aquello que quiere enseñar. La contradicción entre lo que se dice y lo que se hace invalida la norma que o bien no se cumple o lleva a la mentira. Por eso es tan importante que los padres actúen con seguridad y sin contradicciones. Es sobre todo con un estilo de comportamiento con lo que los hijos se identifican y al que imitan. La norma concreta puede ser más o menos discutida si se le transmite una forma de ser responsable y honesta.
  • No consideres que se trata de domesticarlo, de convertirlo en algo que queremos, seremos mas eficaces en su educación si le apoyamos en el camino de encontrar sus propias capacidades, su forma de ser…, y él también se sentirá mejor mas seguro consigo mismo.
  • El castigo tiene una eficacia muy limitada sobre todo las humillaciones. Un hijo educado en un convivencia familiar donde lo habitual son las discusiones, gritos, peleas, existe una probabilidad muy alta que en el futuro reproduzca lo que ha vivido. Los malos tratos tanto físicos como verbales, hacen que tu hijo se comporte de manera agresiva o, por el contrario, en alguien extremadamente temeroso que tienda a evitar las interacciones sociales y por lo tanto presente serias dificultades para convivir con normalidad.

 


Fuente: http://ntic.educacion.es

La necesidad de poner límites a nuestros hij@s

    

    Si me dejan hacer lo que me da la gana mis padres es porque no les intereso”. Esto dicho por un adolescente puede dejar “boca abiertos” a un numero importante de padres; con ello intuimos que nuestros hijos nos piden pautas y normas para sentirse seguros y desarrollarse como adultos sanos.

Los avances en la psicología científica de los últimas décadas parecen que no terminan de “cuajar” en prácticas educativas que desempeñamos en el día a día como padres. En cuestión de relativamente poco tiempo los padres hemos pasado de ser educados con normas y límites exagerados y contraproducentes a educar del modo opuesto, sin ningún límite, en el dejar hacer, por miedo a la traumatizar a nuestros hijos. Y como todo en la vida “los extremos se tocan”.
Hoy en día es muy común y generalizado la necesidad social de mostrarse cariñoso, comunicativo e indulgente con cualquier necesidad de los hijos y desproporcionadamente tolerante con todo su comportamiento sea o no “adecuado”.
Esto esta siendo “caldo de cultivo” de lo que estamos empezado a ver ya en las consultas de psicología clínica, niños y jóvenes extremadamente inmaduros, emocionalmente débiles. Ellos tendrán probablemente un futuro muy complicado porque no son capaces de vivir y desarrollarse de manera autónoma, además de tener un desbordante sufrimiento por su baja tolerancia a la frustración. La sociedad no tolerará su falta de aceptación de normas y no será tan indulgente como lo somos erróneamente sus papás.
Es normal que hoy en día los padres, nos sentimos perdidos al tener que decidir entre educar como nos educaron nuestros padres hacerlo por como buenamente podamos, como nos dicen en los medios de comunicación o según vemos que lo hacen otros padres. Al producto de esta malgama de cosas hace que no seamos coherentes, norma básica parala Educación de nuestros hijos para enfrentar lo mas sanamente posible las dificultades que se le van a presentar en esta vida.

    Entiendo que esto es la teoría y que en el día día resulta complicado exigir que nuestros hijos  con la convivencia: que en resumidas cuestas es “yo doy, tú das”.

¿Por qué resulta tan complicado?

  • No queremos que tengan mala imagen nuestra.
  • Nos cuesta o no somos capaces de decir “NO”, es tan fácil decir “SI”.
  • No queremos que sufran pensamos que ”ya sufrirán cuando sean mayores” y esto no es sano porque cuanto antes aprendan a frustrase antes serán capaces de tolerar adecuadamente los sinsabores que la vida les va ir dando.
  • No nos gusta que los otros papás, amigos, familia,  nos lleguen a considerarnos como padres “rígidos y autoritarios”.
  • No queremos que ellos sufran lo que nosotros pudimos sufrir.
  • Tratamos erróneamente de contrarrestar la falta de tiempo y dedicación con una actitud excesivamente condescendiente.
  • No queremos el conflicto y evitamos que nos pongan mala cara.
  • Pensamos equivocadamente que somos egoístas si imponemos reglas que      nos ayuden en la convivencia.

Intentaré en pocas palabras explicar como en el desarrollo del ser humano de cada individuo se pasa de la dependencia inicial a la autonomía en el adulto:

    Las teorías del desarrollo infantil y del apego nos explican la importancia, que en los primeros momentos de la vida tiene el mantener una relación estrecha y consistente con la madre (o figura de apego). En ese periodo, cualquier separación, el niño la vive con ansiedad.
Estas mismas teorías han constatado que tras esa primera etapa, el niño necesita para su desarrollo normal separarse de su madre (o figura de apego), para explorar el mundo exterior teniendo como anclaje seguro  a su madre. También le sirve para discriminar sus propios deseos y necesidades de los de ella, para así ir tomando conciencia de sí mismo y de su individualidad.

    La madre no solo debe dejarlo explorar fuera sino que además, presentarse a sí misma como alguien con sus necesidades individuales, con una vida propia, e ir dejando la idea que tiene el niño de que su madre es una extensión de él y para él, que su razón de existir es única y exclusivamente para satisfacer sus necesidades.

    Para conseguir una convivencia familiar sana, como padres debemos  reaccionar con apoyo emocional a la vez que permite que el hijo padezca, de modo gradual y acorde con su maduración, una cantidad creciente y natural de frustración. Es “bueno” proteger al niño pero también dejar que se exponga gradualmente a experiencias en las que no consiga todo lo que quiere. La capacidad futura del niño para enfrentarse de modo sano a la realidad depende de esto.
Este proceso de adquisición de tolerancia a la frustración, que se desarrolla progresivamente, facilita que tu hijo aprenda a manejar su ansiedad y su agresividad sin temor a que le desborde. Cuando tu hijo no tolera ninguna frustración puede llegar a sentir apatía y desmotivación o, el otro extremo, ira.

Pautas para conseguir poner límites:

  • Antes que nada considerar que a pesar de tener claro todo lo dicho hasta ahora cometeremos errores. No existe una “receta” ideal para educar a nuestros hijos; cada hijo es distinto. Aunque  si podemos disponer de unos “mínimos” esenciales para distintas situaciones.
  • Es importante ser espontáneos, es decir tratar de hacer a nuestro modo lo que anteriormente hemos descrito. Aquello que no “nos salga” es mejor no llevarlo acabo porque nos resultará muy  incomodo y artificioso.
  • La empatía, que es la capacidad para “ponernos en su lugar”, nos ayudará a entender los motivos que ellos tienen para actuar y reaccionar en una determinada situación y, desde ahí, podemos enseñarles modos de afrontarla. Y también les enseñamos al ser modelos eso tan importante para las interrelación con los demás  que es saber ponerse en el lugar del otro. Esto le ayudará en su vida
  • La coherencia es también muy importante porque uno tiene que creer aquello que quiere enseñar. La contradicción entre lo que se dice y lo que se hace invalida la norma que o bien no se cumple o lleva a la mentira. Por eso es tan importante que los padres actúen con seguridad y sin contradicciones. Es sobre todo con un estilo de comportamiento con lo que los hijos se identifican y al que imitan. La norma concreta puede ser más o menos discutida si se le transmite una forma de ser responsable y honesta.
  • No consideres que se trata de domesticarlo, de convertirlo en algo que queremos, seremos mas eficaces en su educación si le apoyamos en el camino de encontrar sus propias capacidades, su forma de ser…, y él también se sentirá mejor mas seguro consigo mismo.
  • El castigo tiene una eficacia muy limitada sobre todo las humillaciones. Un hijo educado en un convivencia familiar donde lo habitual son las discusiones, gritos, peleas, existe una probabilidad muy alta que en el futuro reproduzca lo que ha vivido. Los malos tratos tanto físicos como verbales, hacen que tu hijo se comporte de manera agresiva o, por el contrario, en alguien extremadamente temeroso que tienda a evitar las interacciones sociales y por lo tanto presente serias dificultades para convivir con normalidad.

 


Fuente: http://ntic.educacion.es

La necesidad de poner normas a nuestros hij@s

    “Si mis padres no me ponen hora de llegada a casa por las noches, yo supongo que es porque no les importo”. Con estas palabras, que sorprenden a muchos padres, se expresaba un chico de unos catorce años; en ellas podemos entrever que los hijos necesitan pautas y normas para sentirse seguros.
Muchos de los descubrimientos psicopedagógicos de los últimos años parecen que no terminan de imponerse en nuestras teorías educativas.
Hemos incorporado una necesaria y adecuada tolerancia frente a las restricciones excesivas y asfixiantes en las que se educaba antes; pero hay otros prejuicios, esta vez de sentido contrario, es decir, de laxitud e indulgencia, cercanos a la dejadez, que por miedo, ideas equivocadas y mala comprensión del desarrollo psicológico de los niños, nos paralizan a la hora de ejercer la función de padres.
¿Ha fallado la educación que conocemos?
Se trataba de que los hijos no sufrieran los traumas que conlleva un exceso de represión. Se hace hincapié en la necesidad de mostrarse afectuoso, comunicativo e indulgente con las necesidades del niño y muy tolerante con su comportamiento.
Este planteamiento es muy favorable para facilitar el desarrollo sin ansiedades pero, en exceso, implica jóvenes sin motivación, con dificultad para decidir su futuro. Tanto emocional como económicamente se mantienen en un estado de dependencia.
El fallo puede estar en que no aprendan a enfrentarse con la realidad, con las inevitables frustraciones de la vida. Parece que “a fuerza de” no negarles nada, no llegan a desarrollar “la fuerza para” conseguir las cosas por sí mismos. Esa fuerza es necesaria para conseguir el éxito en cualquier campo y no sólo en el aspecto escolar.
Los padres, actualmente, nos sentimos confusos y desorientados al tener que decidir entre seguir la propia intuición, los modelos en que fuimos educados y los ejemplos que se ven en otros padres y en los medios de comunicación. El resultado es un comportamiento contradictorio.
Es difícil exigir a los hijos que cumplan la parte del trato implícito que supone la convivencia: “yo doy, tú das”. Hay muchos motivos, veamos algunos:
 Nos asusta defraudarlos.
No sabemos o no queremos decir “no” .No queremos frustrarlos,… ”ya sufrirán cuando sean mayores” .   Nos preocupa ser considerados autoritarios. No queremos que sufran lo que nosotros sufrimos     Compensamos la falta de tiempo y dedicación con una actitud indulgente (y culpable)     Tenemos miedo al conflicto y a sus malas caras     Nos parece que actuamos con egoísmo si imponemos normas que nos faciliten la vida.


Algunas ideas sobre el desarrollo: de la dependencia a la autonomía

Dicho muy brevemente, el estudio de lo que se llama ‘relaciones de objeto’ ha puesto de manifiesto la importancia que en la primera infancia tiene una relación estrecha y consistente con la madre (o con la persona que habitualmente haga dicha función). En esa época, cualquier separación, aunque sea breve, el niño la vive con ansiedad.
Pero también se ha descubierto,  que tras esa primera etapa, el niño necesita separarse de su madre, para diferenciar sus propios deseos y necesidades de los de ella, para ir tomando conciencia de sí mismo y de su individualidad.
La madre debe dejarlo no sólo separase tanto como sea posible, según su edad, sino que debería presentarse a sí misma como sujeto de necesidades “egoístas”, con una vida propia, e ir alejándose de esa imagen que tiene el niño de su madre como una extensión de él que sólo existe para satisfacer sus necesidades.
Lo que se ha llamado un ambiente familiar suficientemente bueno, es aquel que reacciona con cariño a la vez que permite que el niño experimente, de modo gradual y acorde con su maduración, una cantidad creciente de frustración.
Es necesario proteger al niño pero también dejar que se exponga gradualmente a experiencias en las que no logre todo lo que desea. La capacidad del niño para enfrentarse a la realidad depende de esto.
Este proceso de tolerancia a la frustración, que se desarrolla paulatinamente, permite que el niño aprenda a manejar su ansiedad y su agresividad. Cuando esto no se realiza bien, el niño puede volverse apático y pasivo o, por el contrario, irascible.

Algunas ideas que pueden servir de guía
La educación perfecta no existe, sobre todo si la consideramos como un conjunto de normas utilizadas como una receta; no hay un niño igual a otro ni siquiera en la misma familia, así que más que fórmulas estándar, podemos disponer de guías para orientarnos en situaciones diversas.
Es importante ser espontáneos, la intuición es necesaria porque son los propios padres quienes conocen mejor a sus hijos y el modo de ayudarles.
Nuestra empatía, capacidad para ponernos en su lugar, nos permite entender los motivos que ellos tienen para actuar y reaccionar en una determinada situación y, desde ahí, podemos enseñarles modos de afrontarla. Y también les enseñamos eso tan importante para su vida que es saber ponerse en el lugar del otro.

   La coherencia es también muy importante porque uno tiene que creer aquello que quiere enseñar. La contradicción entre lo que se dice y lo que se hace invalida la norma que o bien no se cumple o lleva a la mentira. Por eso es tan importante que los padres actúen con seguridad y sin contradicciones. Es sobre todo con un estilo de comportamiento con lo que los hijos se identifican y al que imitan. La norma concreta puede ser más o menos discutida si se le transmite una forma de ser responsable y honesta.
No se trata de adiestrarlo, convertirlo en algo que deseamos, tendremos más éxito si le ayudamos a descubrir sus capacidades, personalidad…, y él también.
Los castigos, en general, tienen pocos resultados, sobre todo las humillaciones. Un niño criado en un ambiente de discusiones, gritos, peleas, puede que reproduzca lo que ha vivido. Los castigos en forma de malos tratos físicos o verbales, convierten al niño en una persona agresiva o, en el otro extremo también insano, en alguien temeroso con serias dificultades para convivir.

http://www.youtube.com/watch?v=UfAOiGElOu0[/youtube]

Fuente: http://ntic.educacion.es

La necesidad de poner normas a nuestros hij@s

    “Si mis padres no me ponen hora de llegada a casa por las noches, yo supongo que es porque no les importo”. Con estas palabras, que sorprenden a muchos padres, se expresaba un chico de unos catorce años; en ellas podemos entrever que los hijos necesitan pautas y normas para sentirse seguros.
Muchos de los descubrimientos psicopedagógicos de los últimos años parecen que no terminan de imponerse en nuestras teorías educativas.
Hemos incorporado una necesaria y adecuada tolerancia frente a las restricciones excesivas y asfixiantes en las que se educaba antes; pero hay otros prejuicios, esta vez de sentido contrario, es decir, de laxitud e indulgencia, cercanos a la dejadez, que por miedo, ideas equivocadas y mala comprensión del desarrollo psicológico de los niños, nos paralizan a la hora de ejercer la función de padres.
¿Ha fallado la educación que conocemos?
Se trataba de que los hijos no sufrieran los traumas que conlleva un exceso de represión. Se hace hincapié en la necesidad de mostrarse afectuoso, comunicativo e indulgente con las necesidades del niño y muy tolerante con su comportamiento.
Este planteamiento es muy favorable para facilitar el desarrollo sin ansiedades pero, en exceso, implica jóvenes sin motivación, con dificultad para decidir su futuro. Tanto emocional como económicamente se mantienen en un estado de dependencia.
El fallo puede estar en que no aprendan a enfrentarse con la realidad, con las inevitables frustraciones de la vida. Parece que “a fuerza de” no negarles nada, no llegan a desarrollar “la fuerza para” conseguir las cosas por sí mismos. Esa fuerza es necesaria para conseguir el éxito en cualquier campo y no sólo en el aspecto escolar.
Los padres, actualmente, nos sentimos confusos y desorientados al tener que decidir entre seguir la propia intuición, los modelos en que fuimos educados y los ejemplos que se ven en otros padres y en los medios de comunicación. El resultado es un comportamiento contradictorio.
Es difícil exigir a los hijos que cumplan la parte del trato implícito que supone la convivencia: “yo doy, tú das”. Hay muchos motivos, veamos algunos:
 Nos asusta defraudarlos.
No sabemos o no queremos decir “no” .No queremos frustrarlos,… ”ya sufrirán cuando sean mayores” .   Nos preocupa ser considerados autoritarios. No queremos que sufran lo que nosotros sufrimos     Compensamos la falta de tiempo y dedicación con una actitud indulgente (y culpable)     Tenemos miedo al conflicto y a sus malas caras     Nos parece que actuamos con egoísmo si imponemos normas que nos faciliten la vida.


Algunas ideas sobre el desarrollo: de la dependencia a la autonomía

Dicho muy brevemente, el estudio de lo que se llama ‘relaciones de objeto’ ha puesto de manifiesto la importancia que en la primera infancia tiene una relación estrecha y consistente con la madre (o con la persona que habitualmente haga dicha función). En esa época, cualquier separación, aunque sea breve, el niño la vive con ansiedad.
Pero también se ha descubierto,  que tras esa primera etapa, el niño necesita separarse de su madre, para diferenciar sus propios deseos y necesidades de los de ella, para ir tomando conciencia de sí mismo y de su individualidad.
La madre debe dejarlo no sólo separase tanto como sea posible, según su edad, sino que debería presentarse a sí misma como sujeto de necesidades “egoístas”, con una vida propia, e ir alejándose de esa imagen que tiene el niño de su madre como una extensión de él que sólo existe para satisfacer sus necesidades.
Lo que se ha llamado un ambiente familiar suficientemente bueno, es aquel que reacciona con cariño a la vez que permite que el niño experimente, de modo gradual y acorde con su maduración, una cantidad creciente de frustración.
Es necesario proteger al niño pero también dejar que se exponga gradualmente a experiencias en las que no logre todo lo que desea. La capacidad del niño para enfrentarse a la realidad depende de esto.
Este proceso de tolerancia a la frustración, que se desarrolla paulatinamente, permite que el niño aprenda a manejar su ansiedad y su agresividad. Cuando esto no se realiza bien, el niño puede volverse apático y pasivo o, por el contrario, irascible.

Algunas ideas que pueden servir de guía
La educación perfecta no existe, sobre todo si la consideramos como un conjunto de normas utilizadas como una receta; no hay un niño igual a otro ni siquiera en la misma familia, así que más que fórmulas estándar, podemos disponer de guías para orientarnos en situaciones diversas.
Es importante ser espontáneos, la intuición es necesaria porque son los propios padres quienes conocen mejor a sus hijos y el modo de ayudarles.
Nuestra empatía, capacidad para ponernos en su lugar, nos permite entender los motivos que ellos tienen para actuar y reaccionar en una determinada situación y, desde ahí, podemos enseñarles modos de afrontarla. Y también les enseñamos eso tan importante para su vida que es saber ponerse en el lugar del otro.

   La coherencia es también muy importante porque uno tiene que creer aquello que quiere enseñar. La contradicción entre lo que se dice y lo que se hace invalida la norma que o bien no se cumple o lleva a la mentira. Por eso es tan importante que los padres actúen con seguridad y sin contradicciones. Es sobre todo con un estilo de comportamiento con lo que los hijos se identifican y al que imitan. La norma concreta puede ser más o menos discutida si se le transmite una forma de ser responsable y honesta.
No se trata de adiestrarlo, convertirlo en algo que deseamos, tendremos más éxito si le ayudamos a descubrir sus capacidades, personalidad…, y él también.
Los castigos, en general, tienen pocos resultados, sobre todo las humillaciones. Un niño criado en un ambiente de discusiones, gritos, peleas, puede que reproduzca lo que ha vivido. Los castigos en forma de malos tratos físicos o verbales, convierten al niño en una persona agresiva o, en el otro extremo también insano, en alguien temeroso con serias dificultades para convivir.

http://www.youtube.com/watch?v=UfAOiGElOu0[/youtube]

Fuente:http://ntic.educacion.es/w3/recursos2/e_padres/html/normas.htm

La necesidad de poner normas a nuestros hij@s

    “Si mis padres no me ponen hora de llegada a casa por las noches, yo supongo que es porque no les importo”. Con estas palabras, que sorprenden a muchos padres, se expresaba un chico de unos catorce años; en ellas podemos entrever que los hijos necesitan pautas y normas para sentirse seguros.
Muchos de los descubrimientos psicopedagógicos de los últimos años parecen que no terminan de imponerse en nuestras teorías educativas.
Hemos incorporado una necesaria y adecuada tolerancia frente a las restricciones excesivas y asfixiantes en las que se educaba antes; pero hay otros prejuicios, esta vez de sentido contrario, es decir, de laxitud e indulgencia, cercanos a la dejadez, que por miedo, ideas equivocadas y mala comprensión del desarrollo psicológico de los niños, nos paralizan a la hora de ejercer la función de padres.
¿Ha fallado la educación que conocemos?
Se trataba de que los hijos no sufrieran los traumas que conlleva un exceso de represión. Se hace hincapié en la necesidad de mostrarse afectuoso, comunicativo e indulgente con las necesidades del niño y muy tolerante con su comportamiento.
Este planteamiento es muy favorable para facilitar el desarrollo sin ansiedades pero, en exceso, implica jóvenes sin motivación, con dificultad para decidir su futuro. Tanto emocional como económicamente se mantienen en un estado de dependencia.
El fallo puede estar en que no aprendan a enfrentarse con la realidad, con las inevitables frustraciones de la vida. Parece que “a fuerza de” no negarles nada, no llegan a desarrollar “la fuerza para” conseguir las cosas por sí mismos. Esa fuerza es necesaria para conseguir el éxito en cualquier campo y no sólo en el aspecto escolar.
Los padres, actualmente, nos sentimos confusos y desorientados al tener que decidir entre seguir la propia intuición, los modelos en que fuimos educados y los ejemplos que se ven en otros padres y en los medios de comunicación. El resultado es un comportamiento contradictorio.
Es difícil exigir a los hijos que cumplan la parte del trato implícito que supone la convivencia: “yo doy, tú das”. Hay muchos motivos, veamos algunos:
 Nos asusta defraudarlos.
No sabemos o no queremos decir “no” .No queremos frustrarlos,… ”ya sufrirán cuando sean mayores” .   Nos preocupa ser considerados autoritarios. No queremos que sufran lo que nosotros sufrimos     Compensamos la falta de tiempo y dedicación con una actitud indulgente (y culpable)     Tenemos miedo al conflicto y a sus malas caras     Nos parece que actuamos con egoísmo si imponemos normas que nos faciliten la vida.


Algunas ideas sobre el desarrollo: de la dependencia a la autonomía

Dicho muy brevemente, el estudio de lo que se llama ‘relaciones de objeto’ ha puesto de manifiesto la importancia que en la primera infancia tiene una relación estrecha y consistente con la madre (o con la persona que habitualmente haga dicha función). En esa época, cualquier separación, aunque sea breve, el niño la vive con ansiedad.
Pero también se ha descubierto,  que tras esa primera etapa, el niño necesita separarse de su madre, para diferenciar sus propios deseos y necesidades de los de ella, para ir tomando conciencia de sí mismo y de su individualidad.
La madre debe dejarlo no sólo separase tanto como sea posible, según su edad, sino que debería presentarse a sí misma como sujeto de necesidades “egoístas”, con una vida propia, e ir alejándose de esa imagen que tiene el niño de su madre como una extensión de él que sólo existe para satisfacer sus necesidades.
Lo que se ha llamado un ambiente familiar suficientemente bueno, es aquel que reacciona con cariño a la vez que permite que el niño experimente, de modo gradual y acorde con su maduración, una cantidad creciente de frustración.
Es necesario proteger al niño pero también dejar que se exponga gradualmente a experiencias en las que no logre todo lo que desea. La capacidad del niño para enfrentarse a la realidad depende de esto.
Este proceso de tolerancia a la frustración, que se desarrolla paulatinamente, permite que el niño aprenda a manejar su ansiedad y su agresividad. Cuando esto no se realiza bien, el niño puede volverse apático y pasivo o, por el contrario, irascible.

Algunas ideas que pueden servir de guía
La educación perfecta no existe, sobre todo si la consideramos como un conjunto de normas utilizadas como una receta; no hay un niño igual a otro ni siquiera en la misma familia, así que más que fórmulas estándar, podemos disponer de guías para orientarnos en situaciones diversas.
Es importante ser espontáneos, la intuición es necesaria porque son los propios padres quienes conocen mejor a sus hijos y el modo de ayudarles.
Nuestra empatía, capacidad para ponernos en su lugar, nos permite entender los motivos que ellos tienen para actuar y reaccionar en una determinada situación y, desde ahí, podemos enseñarles modos de afrontarla. Y también les enseñamos eso tan importante para su vida que es saber ponerse en el lugar del otro.

   La coherencia es también muy importante porque uno tiene que creer aquello que quiere enseñar. La contradicción entre lo que se dice y lo que se hace invalida la norma que o bien no se cumple o lleva a la mentira. Por eso es tan importante que los padres actúen con seguridad y sin contradicciones. Es sobre todo con un estilo de comportamiento con lo que los hijos se identifican y al que imitan. La norma concreta puede ser más o menos discutida si se le transmite una forma de ser responsable y honesta.
No se trata de adiestrarlo, convertirlo en algo que deseamos, tendremos más éxito si le ayudamos a descubrir sus capacidades, personalidad…, y él también.
Los castigos, en general, tienen pocos resultados, sobre todo las humillaciones. Un niño criado en un ambiente de discusiones, gritos, peleas, puede que reproduzca lo que ha vivido. Los castigos en forma de malos tratos físicos o verbales, convierten al niño en una persona agresiva o, en el otro extremo también insano, en alguien temeroso con serias dificultades para convivir.

http://www.youtube.com/watch?v=UfAOiGElOu0[/youtube]

Fuente:http://ntic.educacion.es/w3/recursos2/e_padres/html/normas.htm