Disfrutar de la crisis

Hay una frase, poco correcta, que seguro que todos hemos oído alguna vez que dice “en caso de violación inminente relájate y disfruta”.
Cada vez parece más claro que ese es el momento en el que nos encontramos todos, o quieren que nos encontremos de una u otra forma. Hay unos entes inmateriales, pero sobre todo económicos, que intentan incrementar nuestros miedos: vamos a perderlo todo, nos van a intervenir, vas a perder el trabajo, vas a perder la casa, vas a perder tu bienestar, tu coche, …tu vida. No quiero entrar ahora en las perdidas reales que están sucediendo, y que quizás trate en otro post, ya que son absolutamente dramáticas pero debidas a comportamientos erróneos fomentados, en un pasado muy lejano, por esos mismos entes inmateriales que ahora hacen lo contrario. La diferencia de comportamiento se debe a que ahora el dinero lo ganan con lo contrario.

Lo que quiero es centrarme en este caso en aquellas cosas que consideramos imprescindibles,  pero que seguramente no lo son tanto. Hoy he recibido por tercera vez por correo electrónico el artículo de Angeles Caso: “lo que quiero ahora” que publicó en enero de este año 2012.  Lo leo de nuevo y sigo compartiendo la mayor parte de sus reflexiones: he tenido suficientes horas buenas y malas,  no quiero reposar en una tumba lleno de honores y cuentas bancarias, y sobretodo me parece que vivimos en una sociedad absolutamente cínica e hipócrita. Quizás un calificativo mejor para esta sociedad sería el de adolescente, una sociedad de la inmediatez, de tener ahora mismo cosas que abandono a continuación. Pero si vamos a las verdaderas raíces de que le está sucediendo a nuestra sociedad, llegamos a la conclusión que no es una crisis económica, sino que esta es simplemente el resultado de la crisis ética que sufrimos.
Si nos hacemos conscientes que estamos inmersos en una crisis ética, intentando participar lo menos posible en ella para sentirte a gusto con tu conciencia, y siendo de naturaleza más bien optimista, lo único que queda es valorar lo realmente importante para tu universo identitario: mis amigos, mi Albayzin, el menú del día en el sitio de siempre, las charlas delante de nuestro bebaje favorito, ese nuevo disco que descubrimos desayunando en Plaza Larga, ese libro que nos cuenta por enésima vez los trapicheos existentes de forma novelada e intrigante, y en definitiva, nuestra pelicula en V.O.

Y con estas mimbres qué respuesta podemos dar a nuestra situación actual, y sobre todo, y más importante, qué debemos intentar con nuestros hijos, o en un escenario más abierto, con los jóvenes pertenecientes a nuestro entorno cercano. Yo creo que simplemente lo que debemos hacer es no capar su capacidad intrínseca de disfrutar, de hacer lo que les gusta por encima de todo.

Y eso solo lo podemos hacer siendo un modelo en ese sentido, recomponiendo nuestros valores, disfrutando el hoy desde la posición en la que estemos, sin anhelar lo que no tenemos porque no es que nos lo quiten, es que no lo queremos. Compartiendo y colaborando. Aprendiendo continuamente. Sin enrocarnos en posiciones dañinas, sobre todo para nosotros mismos. Creciendo continuamente para permitir de verdad a nuestros jóvenes que se esfuercen por hacer lo que les gusta, porque su trabajo se convertirá en hobby. Que no se preocupen solamente por el dinero que ganan porque en ese momento su sueldo se convertirá en vida. Que no les preocupen sus posesiones como un bien a proteger porque en ese momento sus bienes se convertirán en comunidad. Que su seguridad no dependa de pisar a los demás, porque en ese momento sus relaciones se convertirán en amor.

Y eso, esos entes inmateriales basados en el dinero no saben gestionarlo, y ver esa actitud en los que creen sus vasallos les llevará a enloquecer, explotar y desaparecer.

 

Disfrutar de la crisis

Hay una frase, poco correcta, que seguro que todos hemos oído alguna vez que dice “en caso de violación inminente relájate y disfruta”.
Cada vez parece más claro que ese es el momento en el que nos encontramos todos, o quieren que nos encontremos de una u otra forma. Hay unos entes inmateriales, pero sobre todo económicos, que intentan incrementar nuestros miedos: vamos a perderlo todo, nos van a intervenir, vas a perder el trabajo, vas a perder la casa, vas a perder tu bienestar, tu coche, …tu vida. No quiero entrar ahora en las pérdidas reales que están sucediendo, y que quizás trate en otro post. Y es que éstas, son absolutamente dramáticas pero debidas a comportamientos erróneos fomentados, en un pasado muy lejano, por esos mismos entes inmateriales que ahora hacen lo contrario. La diferencia de comportamiento se debe a que ahora el dinero lo ganan haciendo lo contrario a lo que hacían antes: Ahora me interesa darte una hipoteca, puedas pagarla o no; Ahora me interesa quitarte el piso.

Pero como digo, no quiero dedicar este post a esto. Lo que quiero es centrarme, en este caso, en aquellas cosas que consideramos imprescindibles,  pero que seguramente no lo son tanto. Hoy he recibido por tercera vez por correo electrónico el artículo de Angeles Caso: “lo que quiero ahora” que publicó en enero de este año 2012.  Lo leo de nuevo y sigo compartiendo la mayor parte de sus reflexiones: he tenido suficientes horas buenas y malas,  no quiero reposar en una tumba lleno de honores y cuentas bancarias, y sobretodo me parece que vivimos en una sociedad absolutamente cínica e hipócrita. Quizás un calificativo mejor para esta sociedad sería el de adolescente, una sociedad de la inmediatez, de tener ahora mismo cosas que abandono a continuación. Pero si vamos a las verdaderas raíces de que le está sucediendo a nuestra sociedad, llegamos a la conclusión que no es una crisis económica, sino que esta es simplemente el resultado de la crisis ética que sufrimos.
Si nos hacemos conscientes que estamos inmersos en una crisis ética, intentando participar lo menos posible en ella para sentirte a gusto con tu conciencia, y siendo de naturaleza más bien optimista, lo único que queda es valorar lo realmente importante para tu universo identitario: mis amigos, mi Albayzin, el menú del día en el sitio de siempre, las charlas delante de nuestro bebaje favorito, ese nuevo disco que descubrimos desayunando en Plaza Larga, ese libro que nos cuenta por enésima vez los trapicheos existentes de forma novelada e intrigante, y en definitiva, nuestra pelicula en V.O.

Y con estas mimbres qué respuesta podemos dar a nuestra situación actual, y sobre todo, y más importante, qué debemos intentar con nuestros hijos, o en un escenario más abierto, con los jóvenes pertenecientes a nuestro entorno cercano. Yo creo que simplemente lo que debemos hacer es no capar su capacidad intrínseca de disfrutar, de hacer lo que les gusta por encima de todo.

Y eso solo lo podemos hacer siendo un modelo en ese sentido, recomponiendo nuestros valores, disfrutando el hoy desde la posición en la que estemos, sin anhelar lo que no tenemos porque no es que nos lo quiten, es que no lo queremos. Compartiendo y colaborando. Aprendiendo continuamente. Sin enrocarnos en posiciones dañinas, sobre todo para nosotros mismos. Creciendo continuamente para permitir de verdad a nuestros jóvenes que se esfuercen por hacer lo que les gusta, porque su trabajo se convertirá en hobby. Que no se preocupen solamente por el dinero que ganan porque en ese momento su sueldo se convertirá en vida. Que no les preocupen sus posesiones como un bien a proteger porque en ese momento sus bienes se convertirán en comunidad. Que su seguridad no dependa de pisar a los demás, porque en ese momento sus relaciones se convertirán en amor.

Y esto, esos entes inmateriales basados en el dinero no saben gestionarlo, y ver esa actitud en los que creen sus vasallos les llevará a enloquecer, explotar y desaparecer.

 

Disfrutar de la crisis

Hay una frase, poco correcta, que seguro que todos hemos oído alguna vez que dice “en caso de violación inminente relájate y disfruta”.
Cada vez parece más claro que ese es el momento en el que nos encontramos todos, o quieren que nos encontremos de una u otra forma. Hay unos entes inmateriales, pero sobre todo económicos, que intentan incrementar nuestros miedos: vamos a perderlo todo, nos van a intervenir, vas a perder el trabajo, vas a perder la casa, vas a perder tu bienestar, tu coche, …tu vida. No quiero entrar ahora en las pérdidas reales que están sucediendo, y que quizás trate en otro post. Y es que éstas, son absolutamente dramáticas pero debidas a comportamientos erróneos fomentados, en un pasado muy lejano, por esos mismos entes inmateriales que ahora hacen lo contrario. La diferencia de comportamiento se debe a que ahora el dinero lo ganan haciendo lo contrario a lo que hacían antes: Ahora me interesa darte una hipoteca, puedas pagarla o no; Ahora me interesa quitarte el piso.

Pero como digo, no quiero dedicar este post a esto. Lo que quiero es centrarme, en este caso, en aquellas cosas que consideramos imprescindibles,  pero que seguramente no lo son tanto. Hoy he recibido por tercera vez por correo electrónico el artículo de Angeles Caso: “lo que quiero ahora” que publicó en enero de este año 2012.  Lo leo de nuevo y sigo compartiendo la mayor parte de sus reflexiones: he tenido suficientes horas buenas y malas,  no quiero reposar en una tumba lleno de honores y cuentas bancarias, y sobretodo me parece que vivimos en una sociedad absolutamente cínica e hipócrita. Quizás un calificativo mejor para esta sociedad sería el de adolescente, una sociedad de la inmediatez, de tener ahora mismo cosas que abandono a continuación. Pero si vamos a las verdaderas raíces de que le está sucediendo a nuestra sociedad, llegamos a la conclusión que no es una crisis económica, sino que esta es simplemente el resultado de la crisis ética que sufrimos.
Si nos hacemos conscientes que estamos inmersos en una crisis ética, intentando participar lo menos posible en ella para sentirte a gusto con tu conciencia, y siendo de naturaleza más bien optimista, lo único que queda es valorar lo realmente importante para tu universo identitario: mis amigos, mi Albayzin, el menú del día en el sitio de siempre, las charlas delante de nuestro bebaje favorito, ese nuevo disco que descubrimos desayunando en Plaza Larga, ese libro que nos cuenta por enésima vez los trapicheos existentes de forma novelada e intrigante, y en definitiva, nuestra pelicula en V.O.

Y con estas mimbres qué respuesta podemos dar a nuestra situación actual, y sobre todo, y más importante, qué debemos intentar con nuestros hijos, o en un escenario más abierto, con los jóvenes pertenecientes a nuestro entorno cercano. Yo creo que simplemente lo que debemos hacer es no capar su capacidad intrínseca de disfrutar, de hacer lo que les gusta por encima de todo.

Y eso solo lo podemos hacer siendo un modelo en ese sentido, recomponiendo nuestros valores, disfrutando el hoy desde la posición en la que estemos, sin anhelar lo que no tenemos porque no es que nos lo quiten, es que no lo queremos. Compartiendo y colaborando. Aprendiendo continuamente. Sin enrocarnos en posiciones dañinas, sobre todo para nosotros mismos. Creciendo continuamente para permitir de verdad a nuestros jóvenes que se esfuercen por hacer lo que les gusta, porque su trabajo se convertirá en hobby. Que no se preocupen solamente por el dinero que ganan porque en ese momento su sueldo se convertirá en vida. Que no les preocupen sus posesiones como un bien a proteger porque en ese momento sus bienes se convertirán en comunidad. Que su seguridad no dependa de pisar a los demás, porque en ese momento sus relaciones se convertirán en amor.

Y esto, esos entes inmateriales basados en el dinero no saben gestionarlo, y ver esa actitud en los que creen sus vasallos les llevará a enloquecer, explotar y desaparecer.

 

Katmandú, un espejo en el cielo

Tengo que reconocer que me encantan las ideas que lleva al cine Iciar Bollaín, tanto ”Y después la lluvia” como “Katmandu” tratan temas comprometidos con el mundo que queremos, o creo que queremos, vivir en el futuro. Con la idea de otro mundo es posible y con el optimismo de que merece la pena esforzarse para conseguirlo, de una cooperación moderna. Sin embargo, nuevamente en Katmandu no consigue redondear la historia. Pasan cosas que no se explican y no se profundiza en el compromiso educativo de la protagonista, Laia (Verónica Echegui), que está muy bien en su papel por otra parte. No llegamos a saber que interés real tiene, que herramientas educativas plantea usar y porque, y por lo tanto, los resultados, especialmente los que suceden con el personaje de Sharmila (Saumyata Bhattarai), su alumna favorita, que resultan francamente increíbles. Es quizás ese personaje el que más inverosímil hace la película.
Otro personaje que a mi en particular me resultaba cómico es el director del colegio, pero sobre todo porque me recordaba al director del colegio de la serie Glee.
Hay sin embargo alguna escena fantástica, como la esperada llegada de los niños al colegio en los suburbios el primer día, y como nada va como lo esperado, es quizás lo único absolutamente creíble “educativamente” en un guión a mi parecer un tanto forzado, y, como me suele resultar con todos los guiones que he visto en los que participa Paul Laverty con la acción fuera de Inglaterra, bastante irreales, sin que llegues en ningún momento a poder meterte completamente en la historia que te cuentan.

En cualquier caso, seguiré viendo las películas de Icíar Bollaín porque siempre me aporta visiones sobre las que edificar mis reflexiones personales sobre el mundo que estamos haciendo y el que podemos hacer.

Título original:
Katmandú, un espejo en el cielo
Título castellano:
Katmandú, un espejo en el cielo
Nacionalidad:
España
Dirigida por:
Icíar Bollaín
Ficha imdb:
http://www.imdb.es/title/tt1839688/
Trailer:
Imagen de previsualización de YouTube
Web:
http://www.katmandulapelicula.com/

Katmandú, un espejo en el cielo

Tengo que reconocer que me encantan las ideas que lleva al cine Iciar Bollaín, tanto ”Y después la lluvia” como “Katmandu” tratan temas comprometidos con el mundo que queremos, o creo que queremos, vivir en el futuro. Con la idea de otro mundo es posible y con el optimismo de que merece la pena esforzarse para conseguirlo, de una cooperación moderna. Sin embargo, nuevamente en Katmandu no consigue redondear la historia. Pasan cosas que no se explican y no se profundiza en el compromiso educativo de la protagonista, Laia (Verónica Echegui), que está muy bien en su papel por otra parte. No llegamos a saber que interés real tiene, que herramientas educativas plantea usar y porque, y por lo tanto, los resultados, especialmente los que suceden con el personaje de Sharmila (Saumyata Bhattarai), su alumna favorita, que resultan francamente increíbles. Es quizás ese personaje el que más inverosímil hace la película.
Otro personaje que a mi en particular me resultaba cómico es el director del colegio, pero sobre todo porque me recordaba al director del colegio de la serie Glee.
Hay sin embargo alguna escena fantástica, como la esperada llegada de los niños al colegio en los suburbios el primer día, y como nada va como lo esperado, es quizás lo único absolutamente creíble “educativamente” en un guión a mi parecer un tanto forzado, y, como me suele resultar con todos los guiones que he visto en los que participa Paul Laverty con la acción fuera de Inglaterra, bastante irreales, sin que llegues en ningún momento a poder meterte completamente en la historia que te cuentan.

En cualquier caso, seguiré viendo las películas de Icíar Bollaín porque siempre me aporta visiones sobre las que edificar mis reflexiones personales sobre el mundo que estamos haciendo y el que podemos hacer.

Título original:
Katmandú, un espejo en el cielo
Título castellano:
Katmandú, un espejo en el cielo
Nacionalidad:
España
Dirigida por:
Icíar Bollaín
Ficha imdb:
http://www.imdb.es/title/tt1839688/
Trailer:
Imagen de previsualización de YouTube
Web:
http://www.katmandulapelicula.com/

Katmandú, un espejo en el cielo

Tengo que reconocer que me encantan las ideas que lleva al cine Iciar Bollaín, tanto ”Y después la lluvia” como “Katmandu” tratan temas comprometidos con el mundo que queremos, o creo que queremos, vivir en el futuro. Con la idea de otro mundo es posible y con el optimismo de que merece la pena esforzarse para conseguirlo, de una cooperación moderna. Sin embargo, nuevamente en Katmandu no consigue redondear la historia. Pasan cosas que no se explican y no se profundiza en el compromiso educativo de la protagonista, Laia (Verónica Echegui), que está muy bien en su papel por otra parte. No llegamos a saber que interés real tiene, que herramientas educativas plantea usar y porque, y por lo tanto, los resultados, especialmente los que suceden con el personaje de Sharmila (Saumyata Bhattarai), su alumna favorita, que resultan francamente increíbles. Es quizás ese personaje el que más inverosímil hace la película.
Otro personaje que a mi en particular me resultaba cómico es el director del colegio, pero sobre todo porque me recordaba al director del colegio de la serie Glee.
Hay sin embargo alguna escena fantástica, como la esperada llegada de los niños al colegio en los suburbios el primer día, y como nada va como lo esperado, es quizás lo único absolutamente creíble “educativamente” en un guión a mi parecer un tanto forzado, y, como me suele resultar con todos los guiones que he visto en los que participa Paul Laverty con la acción fuera de Inglaterra, bastante irreales, sin que llegues en ningún momento a poder meterte completamente en la historia que te cuentan.

En cualquier caso, seguiré viendo las películas de Icíar Bollaín porque siempre me aporta visiones sobre las que edificar mis reflexiones personales sobre el mundo que estamos haciendo y el que podemos hacer.

Título original:
Katmandú, un espejo en el cielo
Título castellano:
Katmandú, un espejo en el cielo
Nacionalidad:
España
Dirigida por:
Icíar Bollaín
Ficha imdb:
http://www.imdb.es/title/tt1839688/
Trailer:
Imagen de previsualización de YouTube
Web:
http://www.katmandulapelicula.com/

Nuria

Sin venita…de papa…
y una mierda,…
por decisión propia,
con dos….
o incluso más
De las patadas a las piedras
en reflexión solitaria, a las sonrisas dp,
sin anestesia,
a lo happy,
fuera unicejos dentro sonrisas
fuera cobardes dentro los besos
y el resto….
Chica práctica y féliz,
y que no se note cuando no,
para que mi espejo permanente no sufra,
al otro lado, con el conejo
Protectora y sufridora anónima
tontuela y divertida conocida;
insegura y frágil
sincera y dura,
todo y nada
musica y teatro,
flauta y relatos
piano y retiro
Lista y Principe de Vergara
tanto a crol como a braza;
Mi maestra y abogada favorita,
por la felicidad que enseñas,
por la verdad que defiendes,
en la luz
y a veces en la tinieblas que iluminas.

Nuria

Sin venita…de papa…
y una mierda,…
por decisión propia,
con dos….
o incluso más
De las patadas a las piedras
en reflexión solitaria, a las sonrisas dp,
sin anestesia,
a lo happy,
fuera unicejos dentro sonrisas
fuera cobardes dentro los besos
y el resto….
Chica práctica y feliz,
y que no se note cuando no,
para que mi espejo permanente no sufra,
al otro lado, con el conejo
Protectora y sufridora anónima
tontuela y divertida conocida;
insegura y frágil
sincera y dura,
todo y nada
musica y teatro,
flauta y relatos
piano y retiro
Lista y Principe de Vergara
tanto a crol como a braza;
Mi maestra y abogada favorita,
por la felicidad que enseñas,
por la verdad que defiendes,
en la luz
y a veces en la tinieblas que iluminas.

¿Aprendemos juntos?

Ayer terminé junto a mi compañero Abraham del Caño (@Abramchu) una formación realmente gratificante sobre Aprendizaje Cooperativo. Los que más me conocen saben que es un tema que me apasiona, sobre el que formo pero que nunca dejo de aprender. Y es que creo que esta metodología es más que nunca necesaria y urgente. Creo que estamos ante una serie de cambios sociales, culturales y, en definitiva, generacionales que hacen de aprender juntos sea una necesidad y no una más de las metodologías que podemos poner en marcha. Nuestros alumnos piden a gritos que les enseñemos a cooperar, nos están pidiendo transformar el mundo, que pasemos de la “Jungla” en la que algunos dicen que viven, al “Paraíso” de la creatividad y la innovación.

Las TIC nos están dando la excusa, ya hay muy poca gente en el entorno educativo que se resista a acercarse a ellas (hoy leía que tan solo un 5% del profesorado no está interesado), pero las TIC sin un cambio en el orden de las cosas será una vez más el parche que no consigue solucionar los problemas a los que tendrán que enfrentarse.

Y nosotros, generación anterior a esta, seguimos resistiéndonos a creer en un mundo diferente, seguimos teniendo miedo al cambio, a cambiar las estrategias y estructuras de aprendizaje en el aula, desconfiamos de la capacidad de nuestros alumnos para aprender a respetarse, cooperar y competir sanamente. Y tenemos miedo de que en el mundo de los adultos se comprenda la necesidad de este cambio.

Pero estamos en el 2012, ante un mundo en constante cambio, donde las tecnologías nos han transformado nuestra forma de pensar, donde nuestros alumnos han crecido y en el que suceden cosas curiosas como movimientos espontáneos en la calle. Estamos asistiendo a transformaciones lentas pero seguras en la importancia de la creatividad, de la emocionalidad y del disfrute. Estamos asistiendo a un entorno que persigue romper con estructuras antiguas y arcaicas para dar paso a movimientos en red, espontáneos, frescos y, la mayor parte de las veces, poco estructurados.
Así que ¿no merece la pena embarcarse en algo que permitirá a nuestros alumnos adaptarse mejor a esta mundo? Diseñar los espacios del aula donde sean ellos los que asumen la responsabilidad de su aprendizaje en compañía de otros que, a su vez, aprenden con ellos. Conseguir que sean ellos mismos los que nos pidan más y más, hasta saciar su ansia de saber que nada tiene que ver con las asignaturas encorsetadas y pobres que muchas veces impartimos. Alentar su capacidad para desarrollar nuevos conocimientos a partir de un entorno-red en el que se sientan además imprescindibles.

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Eso es el aprendizaje cooperativo, crear estructuras y espacios para el aprendizaje en grupos cohesionados que respetan a todos sus miembros, que aprenden a descubrir el potencial que cada uno tiene, que toman las riendas de lo que pasa en el aula y que ven en su profesor una persona que posibilita que este “milagro” suceda.

Así que, vaya esta entrada dedicada a todos aquellos docentes que se embarcan de forma valiente en la transformación de sus aulas dedicando horas de formación, de dedicación y de sueños para que sus alumnos, nuestros niños, construyan un mundo diferente en el que todos podamos aprender juntos.

¡Gracias por enseñarme cada día un poquito más!

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¿Aprendemos juntos?

Ayer terminé junto a mi compañero Abraham del Caño (@Abramchu) una formación realmente gratificante sobre Aprendizaje Cooperativo. Los que más me conocen saben que es un tema que me apasiona, sobre el que formo pero que nunca dejo de aprender. Y es que creo que esta metodología es más que nunca necesaria y urgente. Creo que estamos ante una serie de cambios sociales, culturales y, en definitiva, generacionales que hacen de aprender juntos sea una necesidad y no una más de las metodologías que podemos poner en marcha. Nuestros alumnos piden a gritos que les enseñemos a cooperar, nos están pidiendo transformar el mundo, que pasemos de la “Jungla” en la que algunos dicen que viven, al “Paraíso” de la creatividad y la innovación.

Las TIC nos están dando la excusa, ya hay muy poca gente en el entorno educativo que se resista a acercarse a ellas (hoy leía que tan solo un 5% del profesorado no está interesado), pero las TIC sin un cambio en el orden de las cosas será una vez más el parche que no consigue solucionar los problemas a los que tendrán que enfrentarse.

Y nosotros, generación anterior a esta, seguimos resistiéndonos a creer en un mundo diferente, seguimos teniendo miedo al cambio, a cambiar las estrategias y estructuras de aprendizaje en el aula, desconfiamos de la capacidad de nuestros alumnos para aprender a respetarse, cooperar y competir sanamente. Y tenemos miedo de que en el mundo de los adultos se comprenda la necesidad de este cambio.

Pero estamos en el 2012, ante un mundo en constante cambio, donde las tecnologías nos han transformado nuestra forma de pensar, donde nuestros alumnos han crecido y en el que suceden cosas curiosas como movimientos espontáneos en la calle. Estamos asistiendo a transformaciones lentas pero seguras en la importancia de la creatividad, de la emocionalidad y del disfrute. Estamos asistiendo a un entorno que persigue romper con estructuras antiguas y arcaicas para dar paso a movimientos en red, espontáneos, frescos y, la mayor parte de las veces, poco estructurados.
Así que ¿no merece la pena embarcarse en algo que permitirá a nuestros alumnos adaptarse mejor a esta mundo? Diseñar los espacios del aula donde sean ellos los que asumen la responsabilidad de su aprendizaje en compañía de otros que, a su vez, aprenden con ellos. Conseguir que sean ellos mismos los que nos pidan más y más, hasta saciar su ansia de saber que nada tiene que ver con las asignaturas encorsetadas y pobres que muchas veces impartimos. Alentar su capacidad para desarrollar nuevos conocimientos a partir de un entorno-red en el que se sientan además imprescindibles.

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Eso es el aprendizaje cooperativo, crear estructuras y espacios para el aprendizaje en grupos cohesionados que respetan a todos sus miembros, que aprenden a descubrir el potencial que cada uno tiene, que toman las riendas de lo que pasa en el aula y que ven en su profesor una persona que posibilita que este “milagro” suceda.

Así que, vaya esta entrada dedicada a todos aquellos docentes que se embarcan de forma valiente en la transformación de sus aulas dedicando horas de formación, de dedicación y de sueños para que sus alumnos, nuestros niños, construyan un mundo diferente en el que todos podamos aprender juntos.

¡Gracias por enseñarme cada día un poquito más!

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