NameChk

Cada vez es más complicado registrarnos en las diferentes redes sociales que existen con el nombre de usuario que nos gustaría. Es habitual tomarnos cierto tiempo tratando de encontrar un nickname propio (con el que nos identifiquemos) que no esté en uso en el momento.

Para eso tenemos Namechk . En esta web podemos chequear a la vez en la diferentes redes sociales que existen y comprobar si nuestro apodo preferido esta disponible. Sin duda una herramienta que nos puede ahorrar tiempo a la hora del registro y evitarnos estar probando nombres.

Y además esta página nos sirve de listado de las diferentes redes sociales que existen en el momento.  ;-)

Google Wave

Google ha desarrollado lo que se presenta como una nueva generación de comunicación en internet. Se trata de Google Wave, una herramienta de colaboración y comunicación entre los usuarios.

El codename del proyecto es Walkabout y nace de Where 2 Tech, fundado por los hermanos Jen y Lars Rasmussen y que fue adquirido por Google. Este producto les ayudó al desarrollo de Google Maps.

En principio se puede pensar que es una utilidad del estilo de Twitter donde los usuarios interactúan mediante mensajes. Sin embargo, Google Wave está más enfocado al aspecto colaborativo ayudándose de las múltiples herramientas de las que dispone, un potente traductor automático entre 40 lenguas y un corrector ortográfico y gramático.

El sistema de funcionamiento se basa en lo que denominan una wave (onda). Una wave es una conversación. Las personas pueden comunicarse y trabajar con texto, fotos, vídeos, mapas, etc.. Una característica interesante de Google Wave es que las conversaciones son en tiempo real, pudiendo ver como nuestros contactos construyen la frase en el momento. Además la discusión permite introducir comentarios en cualquier parte del mensaje, editar el contenido y añadir a los participantes en cualquier momento del proceso. Las waves pueden ser (o incluir) de distintos tipos (discusión, documento, tareas, reuniones, brainstorming)

Desde un punto de vista más técnico, cabe destacar que con Google Wave:

  • Han lanzado el Protocolo Wave que hasta cierto punto propone lo que hace el SMTP y permite que sea distribuido e interoperable entre diferentes proveedores. El protocolo es abierto y se puede colaborar con su desarrollo.
  • La plataforma busca empujar la masificación de HTML 5 como estándar.

Existen bastantes vídeos de presentación de Google Wave en Youtube y la propia pagina de wave

Reloaded

Pues este es el primer articulo, espero que esta vez de unos cuantos más en mi n-simo (bueno segundo ;-) intento de mantener mi blog. Estoy oyendo hablar últimamente de la serendipia, que es, básicamente, un descubrimiento o un hallazgo afortunado e inesperado…. es decir, lo que tenemos asociado con Eureka! Así que me ha parecido un buen nombre para un sitio en donde principalmente contaré mis hallazgos y descubrimientos, que muchas veces serán inesperados y espero que con la misma frecuencia sean afortunados :-)

Bienvenido a mi blog

Bienvenido a mi blog!

¿Te vienes de Romería? Ponte tus mejores galas para la ocasión, trae tus mejores deseos y ayúdame a debatir sobre educación, TIC, aprendizaje… Hagamos un gran debate entre todos para mejorar nuestra realidad educativa. ¡Vamos allá! ¡Os espero!

Monsieur Moyano

Hagamos un brindis por ti, ¿lo oyes?, el chocar de las copas con ese sonido transparente y brillante de las celebraciones. La voz de mi hija gritando desde la cama: “por Jose”, ¿lo oyes?

Bebo un sorbo de vino mirando los ojos de mi amigo, los ojos más bonitos del mundo, me sumerjo en ellos mientras saboreo la madera del líquido color sangre y te veo liando un cigarrillo, sentado en tu banco de madera con una sonrisa en la cara asintiendo. Te veo los ojos claros, infinitos cuando mirabas, muy pocas veces. Las más, lo hacías hacia abajo, hacia el suelo, la mesa o, como ahora, el cigarrillo que estás liando. Me enseñas una maquinita que hace por ti el trabajo, es muy práctica, metes el papel y el tabaco y al girar la rueda consigues un cigarro perfecto. Bueno, a veces no tan perfecto, entonces miras, sonríes y lo enciendes.

Fumas y cuando das una calada te veo de joven, soy capaz de ver en ese gesto el hombre joven y alegre que yo no llegué a conocer. Veo a tu hija en ese gesto, complaciente, sin ganas de pelear, tolerante con todos, demasiado tolerante con todos. Miro tus manos, grandes y cortas, tecleando al ordenador, levantas tus ojos por encima de las gafas y miras la pantalla, frunciendo el ceño y entornando los párpados, luego vuelves a bajar la mirada hacia el teclado y me concentro en tus manos otra vez. Me llaman la atención tus manos, lo sabes, pero no dices nada.

El vino ha pasado por mi cuerpo y vuelvo a mirar los ojos de mi amigo, de nuestro amigo. Me sumerjo en ellos y veo su brillo, él también ha pensado en ti, seguramente él ha recordado alguna conversación, tu tono de voz fuerte pero templado, sin mirarle a los ojos, miras hacia abajo y asientes, entiendes lo que él te dice pero no puedes hacerlo, ríes, siempre que hablas con él te ríes, te encanta su humor, su valentía y su coherencia. Te encanta su fuerza, la que tú sabes que no tienes. Es tu amigo, un gran amigo. Te gusta que te visite porque sientes que tienes respaldo, aunque no lo hayas dicho nunca.

Volvemos a chocar las copas, “por Jose”, y esta vez recordamos lo que no hicimos, lo que estábamos a punto de hacer, mi amigo ir a verte, otra vez. Yo, quizás algún día, ir a verte con mis hijas, siempre me lo decías. Cada vez que me iba, ven algún día con las niñas. Imagino qué pensarías si las vieras ahora, tan mayores, ya no niñas pero sí chicas. Nuestro amigo piensa, tardé mucho, intenta borrar de su cabeza esa idea y vuelve a sentir los ojos vidriosos. Entonces sonríe y me dice, disfrutemos la vida a tope, a Jose le gustaría seguramente que hiciéramos esto por él. Nos miramos otra vez, nos abrazamos. Es el abrazo de los vivos, los que aún tienen la oportunidad de disfrutar, los que aún pueden decir sí y no, los que aún pueden ir a recorrer el mundo, y consumirlo. Es el abrazo de los vivos que han consumido parte de su vida y asisten enmudecidos a la sorpresa de la muerte, pensando cada uno lo que a partir de ahora hará, “por Jose”, por el amigo dormido.

(De tus amigos Nano y Gema)

Monsieur Moyano

Brujas_2002Agosto_0015 copia
Hagamos un brindis por ti, ¿lo oyes?, el chocar de las copas con ese sonido transparente y brillante de las celebraciones. La voz de mi hija gritando desde la cama: “por Jose”, ¿lo oyes?

Bebo un sorbo de vino mirando los ojos de mi amigo, los ojos más bonitos del mundo, me sumerjo en ellos mientras saboreo la madera del líquido color sangre y te veo liando un cigarrillo, sentado en tu banco de madera con una sonrisa en la cara asintiendo. Te veo los ojos claros, infinitos cuando mirabas, muy pocas veces. Las más, lo hacías hacia abajo, hacia el suelo, la mesa o, como ahora, el cigarrillo que estás liando. Me enseñas una maquinita que hace por ti el trabajo, es muy práctica, metes el papel y el tabaco y al girar la rueda consigues un cigarro perfecto. Bueno, a veces no tan perfecto, entonces miras, sonríes y lo enciendes.

Fumas y cuando das una calada te veo de joven, soy capaz de ver en ese gesto el hombre joven y alegre que yo no llegué a conocer. Veo a tu hija en ese gesto, complaciente, sin ganas de pelear, tolerante con todos, demasiado tolerante con todos. Miro tus manos, grandes y cortas, tecleando al ordenador, levantas tus ojos por encima de las gafas y miras la pantalla, frunciendo el ceño y entornando los párpados, luego vuelves a bajar la mirada hacia el teclado y me concentro en tus manos otra vez. Me llaman la atención tus manos, lo sabes, pero no dices nada.

El vino ha pasado por mi cuerpo y vuelvo a mirar los ojos de mi amigo, de nuestro amigo. Me sumerjo en ellos y veo su brillo, él también ha pensado en ti, seguramente él ha recordado alguna conversación, tu tono de voz fuerte pero templado, sin mirarle a los ojos, miras hacia abajo y asientes, entiendes lo que él te dice pero no puedes hacerlo, ríes, siempre que hablas con él te ríes, te encanta su humor, su valentía y su coherencia. Te encanta su fuerza, la que tú sabes que no tienes. Es tu amigo, un gran amigo. Te gusta que te visite porque sientes que tienes respaldo, aunque no lo hayas dicho nunca.

Volvemos a chocar las copas, “por Jose”, y esta vez recordamos lo que no hicimos, lo que estábamos a punto de hacer, mi amigo ir a verte, otra vez. Yo, quizás algún día, ir a verte con mis hijas, siempre me lo decías. Cada vez que me iba, ven algún día con las niñas. Imagino qué pensarías si las vieras ahora, tan mayores, ya no niñas pero sí chicas. Nuestro amigo piensa, tardé mucho, intenta borrar de su cabeza esa idea y vuelve a sentir los ojos vidriosos. Entonces sonríe y me dice, disfrutemos la vida a tope, a Jose le gustaría seguramente que hiciéramos esto por él. Nos miramos otra vez, nos abrazamos. Es el abrazo de los vivos, los que aún tienen la oportunidad de disfrutar, los que aún pueden decir sí y no, los que aún pueden ir a recorrer el mundo, y consumirlo. Es el abrazo de los vivos que han consumido parte de su vida y asisten enmudecidos a la sorpresa de la muerte, pensando cada uno lo que a partir de ahora hará, “por Jose”, por el amigo dormido.

(De tus amigos Nano y Gema)

Monsieur Moyano

Brujas_2002Agosto_0015 copia
Hagamos un brindis por ti, ¿lo oyes?, el chocar de las copas con ese sonido transparente y brillante de las celebraciones. La voz de mi hija gritando desde la cama: “por Jose”, ¿lo oyes?

Bebo un sorbo de vino mirando los ojos de mi amigo, los ojos más bonitos del mundo, me sumerjo en ellos mientras saboreo la madera del líquido color sangre y te veo liando un cigarrillo, sentado en tu banco de madera con una sonrisa en la cara asintiendo. Te veo los ojos claros, infinitos cuando mirabas, muy pocas veces. Las más, lo hacías hacia abajo, hacia el suelo, la mesa o, como ahora, el cigarrillo que estás liando. Me enseñas una maquinita que hace por ti el trabajo, es muy práctica, metes el papel y el tabaco y al girar la rueda consigues un cigarro perfecto. Bueno, a veces no tan perfecto, entonces miras, sonríes y lo enciendes.

Fumas y cuando das una calada te veo de joven, soy capaz de ver en ese gesto el hombre joven y alegre que yo no llegué a conocer. Veo a tu hija en ese gesto, complaciente, sin ganas de pelear, tolerante con todos, demasiado tolerante con todos. Miro tus manos, grandes y cortas, tecleando al ordenador, levantas tus ojos por encima de las gafas y miras la pantalla, frunciendo el ceño y entornando los párpados, luego vuelves a bajar la mirada hacia el teclado y me concentro en tus manos otra vez. Me llaman la atención tus manos, lo sabes, pero no dices nada.

El vino ha pasado por mi cuerpo y vuelvo a mirar los ojos de mi amigo, de nuestro amigo. Me sumerjo en ellos y veo su brillo, él también ha pensado en ti, seguramente él ha recordado alguna conversación, tu tono de voz fuerte pero templado, sin mirarle a los ojos, miras hacia abajo y asientes, entiendes lo que él te dice pero no puedes hacerlo, ríes, siempre que hablas con él te ríes, te encanta su humor, su valentía y su coherencia. Te encanta su fuerza, la que tú sabes que no tienes. Es tu amigo, un gran amigo. Te gusta que te visite porque sientes que tienes respaldo, aunque no lo hayas dicho nunca.

Volvemos a chocar las copas, “por Jose”, y esta vez recordamos lo que no hicimos, lo que estábamos a punto de hacer, mi amigo ir a verte, otra vez. Yo, quizás algún día, ir a verte con mis hijas, siempre me lo decías. Cada vez que me iba, ven algún día con las niñas. Imagino qué pensarías si las vieras ahora, tan mayores, ya no niñas pero sí chicas. Nuestro amigo piensa, tardé mucho, intenta borrar de su cabeza esa idea y vuelve a sentir los ojos vidriosos. Entonces sonríe y me dice, disfrutemos la vida a tope, a Jose le gustaría seguramente que hiciéramos esto por él. Nos miramos otra vez, nos abrazamos. Es el abrazo de los vivos, los que aún tienen la oportunidad de disfrutar, los que aún pueden decir sí y no, los que aún pueden ir a recorrer el mundo, y consumirlo. Es el abrazo de los vivos que han consumido parte de su vida y asisten enmudecidos a la sorpresa de la muerte, pensando cada uno lo que a partir de ahora hará, “por Jose”, por el amigo dormido.

(De tus amigos Nano y Gema)

Monsieur Moyano

Brujas_2002Agosto_0015 copia
Hagamos un brindis por ti, ¿lo oyes?, el chocar de las copas con ese sonido transparente y brillante de las celebraciones. La voz de mi hija gritando desde la cama: “por Jose”, ¿lo oyes?

Bebo un sorbo de vino mirando los ojos de mi amigo, los ojos más bonitos del mundo, me sumerjo en ellos mientras saboreo la madera del líquido color sangre y te veo liando un cigarrillo, sentado en tu banco de madera con una sonrisa en la cara asintiendo. Te veo los ojos claros, infinitos cuando mirabas, muy pocas veces. Las más, lo hacías hacia abajo, hacia el suelo, la mesa o, como ahora, el cigarrillo que estás liando. Me enseñas una maquinita que hace por ti el trabajo, es muy práctica, metes el papel y el tabaco y al girar la rueda consigues un cigarro perfecto. Bueno, a veces no tan perfecto, entonces miras, sonríes y lo enciendes.

Fumas y cuando das una calada te veo de joven, soy capaz de ver en ese gesto el hombre joven y alegre que yo no llegué a conocer. Veo a tu hija en ese gesto, complaciente, sin ganas de pelear, tolerante con todos, demasiado tolerante con todos. Miro tus manos, grandes y cortas, tecleando al ordenador, levantas tus ojos por encima de las gafas y miras la pantalla, frunciendo el ceño y entornando los párpados, luego vuelves a bajar la mirada hacia el teclado y me concentro en tus manos otra vez. Me llaman la atención tus manos, lo sabes, pero no dices nada.

El vino ha pasado por mi cuerpo y vuelvo a mirar los ojos de mi amigo, de nuestro amigo. Me sumerjo en ellos y veo su brillo, él también ha pensado en ti, seguramente él ha recordado alguna conversación, tu tono de voz fuerte pero templado, sin mirarle a los ojos, miras hacia abajo y asientes, entiendes lo que él te dice pero no puedes hacerlo, ríes, siempre que hablas con él te ríes, te encanta su humor, su valentía y su coherencia. Te encanta su fuerza, la que tú sabes que no tienes. Es tu amigo, un gran amigo. Te gusta que te visite porque sientes que tienes respaldo, aunque no lo hayas dicho nunca.

Volvemos a chocar las copas, “por Jose”, y esta vez recordamos lo que no hicimos, lo que estábamos a punto de hacer, mi amigo ir a verte, otra vez. Yo, quizás algún día, ir a verte con mis hijas, siempre me lo decías. Cada vez que me iba, ven algún día con las niñas. Imagino qué pensarías si las vieras ahora, tan mayores, ya no niñas pero sí chicas. Nuestro amigo piensa, tardé mucho, intenta borrar de su cabeza esa idea y vuelve a sentir los ojos vidriosos. Entonces sonríe y me dice, disfrutemos la vida a tope, a Jose le gustaría seguramente que hiciéramos esto por él. Nos miramos otra vez, nos abrazamos. Es el abrazo de los vivos, los que aún tienen la oportunidad de disfrutar, los que aún pueden decir sí y no, los que aún pueden ir a recorrer el mundo, y consumirlo. Es el abrazo de los vivos que han consumido parte de su vida y asisten enmudecidos a la sorpresa de la muerte, pensando cada uno lo que a partir de ahora hará, “por Jose”, por el amigo dormido.

(De tus amigos Nano y Gema)

Mona Lisa

Lisa suelta su cabellera y se mira en el espejo, contempla sus ojos ligeramente achinados de color miel y sonríe con esa sonrisa misteriosa que sólo el espejo sabe captar. Despacio se baja el vestido y contempla sus senos firmes y grandes, los acaricia y cierra los ojos, evoca momentos de placer, se concentra en el cosquilleo de su vientre y sonríe, otra vez con esa sonrisa misteriosa de Mona Lisa. Lisa es Mona Lisa, sonríe a la cámara, sonríe al espejo, sonríe al pintor. A cada uno de los hombres que se acuestan a su lado y la desean. Sonríe y mantiene el interés, seduce y juega al juego en que sólo hay un final posible, terminar en una cama cumpliendo con su parte del juego. Después… “nadie dijo que fuera tu novia”, unos lo entienden otros… no!

Hoy Lisa espera visita, una segunda visita. Este hombre es diferente, más mayor, lo que le convierte en una pieza única a seducir. Lo sedujo, casi como a los demás, sonrisa, movimiento de cabeza, mirada esquiva, demasiado fácil. Ahora sabe que lo tendrá durante unos días, se plantea si mostrarse o no, ¿podría ser un amigo? Baja su mano por el vientre y acaricia su sexo, húmedo, figura en su mente que es otra mano la que acaricia y le hace gemir, pero no es capaz de distinguir esa mano, simplemente es una mano diferente a la suya. No sabe poner caras porque tiene guardadas montones de caras en su memoria, con los ojos cerrados, con los ojos abiertos, con la boca apretada o gimiendo. Ella sabe lo que puede dar, pero pocas veces sabe apreciar lo que recibe. Se mira, esta vez a los ojos, contempla un pozo profundo donde se remueven miles de recuerdos, comienzan a salir sin orden, el primer beso, la humedad de su sexo adolescente, el dolor de la primera vez… no quiere verlo, no quiere pensarse, tan solo salir a cazar. Hoy cazará una rareza, ella lo sabe, esta vez en su territorio, podrá mostrar partes de sí misma o no.

Mira al espejo y sonríe, el espejo le da la recompensa, Lisa nunca se expone, ella es equilibrada y misteriosa, lo justo para intensificar el deseo por ella.

  • Vamos a cenar, te llevaré a uno de mis sitios favoritos.
  • ¿Qué se come?
  • Sobre todo pescado, pero tienen un poco de todo.

Él se relame, se entrega a los placeres de la comida primero, del sexo después. Pero primero cenan, y charlan de fútbol, de libros, de música, de cine… poco a poco el vino suelta la lengua y la mirada, depositan en las copas dosis de deseo, un deseo alimentado por la sonrisa de ella primero, la mirada de él después. Él consume la vida a tragos, come, bebe, observa y toca sin prisa, sabe que lo hará, sabe lo que hará, y quiere saborear el momento. Desea más que nada en el mundo romper la sonrisa de Mona Lisa, desea que ella admire sus cualidades más allá del físico. Sale de su cuerpo y se contonea, desplaza el centro de gravedad y se inclina hacia ella, y susurra preguntas inocentes cargadas de profundidad.

Pero Lisa es sobre todo resistente a los encantos de la seducción, ella sólo piensa en el momento de jugar, está pensando en cómo lo va a hacer, quiere hacer que él muera por ella, que gima y pierda el control. Está acostumbrada a ello, sabe que en el momento de la penetración sólo hay que moverse para que ellos se derramen en un grito de triunfo. Ella sabe que él es distinto, pero confía en que esta segunda vez sea capaz de llevarle al pozo de la desesperación. Intenta erigirse en reina, pero él la devuelve de un soplo a su tronito de princesa consentida.

Lisa se enfada, pero disimula el enfado. Vuelve a sonreír para mostrar seguridad, se mira al espejo, y una vez compuesta, le devuelve la mirada y pide disculpas, “me adelanté”.

Él maneja la situación como un maestro, propone ir a tomar algo, ella acepta. Beben, bailan, se besan. Lisa ya se siente segura, se besan, vuelve a sentir su triunfo. Él siente que le ha regalado un beso a cambio de que pueda seguirse mirando al espejo y seducir. Ahora baja los párpados lo suficiente como para dar a su mirada un aspecto arrasador, ella esquiva su mirada, le provoca miedo y las piernas le avisan de que esa mirada podría hacerle caer y perder el equilibrio. Él busca sus ojos, y los encuentra, vuelve a besar, ya está cerca de conseguir que Lisa pierda su sonrisa de Mona y muestre su sonrisa de persona.

Durante el sexo no ha dejado de ser perfecta. Lisa no frunce el ceño, no grita exageradamente, no mira más que de reojo. Lisa gime con el tono adecuado, el que provoca y excita, abre los ojos a ratos y contempla brevemente si él está descontrolado. Quiere descontrolarlo, quiere el desayuno en la cama por la mañana, flores en la oficina y cartitas de amor declarándose. Si cierra los ojos lo sueña y lo ve, lo peor es cuando los abre y ve el más absoluto control, ni desayunos ni flores ni cartas, tan solo cuándo quedamos la próxima vez para darnos placer.

Lisa suelta su melena frente al espejo, está desnuda y satisfecha. Comienza a mirarse de abajo a arriba, contempla sus piernas torneadas y bronceadas, su sexo revuelto, su ombligo redondo y le causa mucho placer. Sube poco a poco por el vientre y contempla sus pechos enrojecidos por el ardor de la noche, siente nuevamente cosquilleo y sonríe. El espejo le devuelve la imagen de una mujer misteriosa y enigmática llena de dudas y obligaciones. Lisa mira a sus ojos y ve asomar la sombra del servilismo, un servilismo hacia sí misma y hacia esa imagen que el espejo refleja tan bien. Aparta los ojos del espejo y sonriendo se mete en la ducha.