La importancia de la confianza para evaluar

Ayer tuve la magnífica oportunidad de asistir a una conferencia virtual impartida por mi amiga Núria de Salvador sobre Evaluación y TIC. Tengo que decir que me encantó, tanto por la forma de exponer los contenidos y las ideas, como por el gran trabajo realizado con su grupo de alumnos.

Núria es profesora de secundaria en un instituto de la periferia de Barcelona donde hay un 67% de inmigración y un nivel bajito de aprendizaje, y ella sólo ha suspendido a un niño y además, como nos contaba ayer, todos (alumnos y profesora) están intentado trabajar para que ese niño apruebe finalmente.

Cuando dices esto, mucha gente puede pensar que Núria es una profesora “floja”, poco exigente, y sin embargo ella es una de las profesoras que conozco que está en permanente aprendizaje e investigación, por lo que la amplitud con que plantea a sus alumnos la diversidad de tareas es bastante más exigente y requiere de más estrategias que la mayor parte de tareas que propondría un profesor “tradicional” de los que suspenden masivamente, por ejemplo aprobar a un sólo niño de toda una clase (vivido por una de mis hijas recientemente).

¿Y por qué pasa esto? Creo que la diferencia estriba en el enfoque que hagas del aula y de los alumnos. Puedes tratarlos de manera vertical donde tú eres el que estás en la cúspide y tienes todo el saber, y por lo tanto no confías en sus capacidades ni en su aprendizaje. Tú te conviertes en el líder indiscutible que tiene todo el saber y el poder, un poder que es, además, irrevocable y nada negociable. Planteas las tareas de forma estructurada pero no das visión global de objetivos y adquisición de competencias y nuestros alumnos muchas veces no saben para qué están ahí.

Pero también puedes basar tu sistema en una evaluación “confiada”. Es decir, basada en premios, y no en castigos, y además consensuados. El resultado es que los chavales trabajan, aprenden y aprueban. Trabajan más, probablemente, que cuando su profesor les guía de la mano hasta las últimas consecuencias.

Y en todo ese camino utilizas las TIC… y éstas te abren un panorama fundamental para motivar, abrir y generar trabajo para adquirir muchas de las competencias que nuestros alumnos han de adquirir.

¿Y por qué basado en premios? Porque los seres humanos aprenden siempre por refuerzos, pero difícilmente por castigos. El castigo genera indefensión la mayor parte de los casos y poca construcción creativa de conocimiento. El castigo sólo funciona cuando hay una alternativa reforzante y normalmente se nos olvida esta segunda parte. Pero muchas veces en las aulas de secundaria basamos nuestra didáctica (sobre todo para controlar el comportamiento) en penalizaciones, en puntos negativos en lugar de positivos. Y lo de dar positivos nos parece que nos hace ser “blandos”, cuando lo que sucede es que los alumnos comienzan a confiar en tí, y tú puedes confiar en ellos. Y esto es porque son ellos los que tienen en su mano conseguir los positivos, ellos son “autónomos” en la evolución de su propio aprendizaje y esto construye muchas más competencias además de las que el currículum exige.

Y por último, cuando el profesor evalúa está pensando en comprobar cuáles son los aprendizaje obtenidos y el avance de sus alumnos gracias a las tareas y diseño metodológico propuesto. Si éste ha sido bien diseñado por el profesor, consensuado y entendido por los alumnos, éstos tendrán éxito y, por supuesto, el profesor también. Mi opinión es que un profesor que aprueba es un buen profesor, y es competente en su trabajo: enseñar.

Pensamiento libre, educación para tener conciencia

Merece la pena escuchar esta entrevista a José Luis Sampedro porque tiene una claridad de pensamiento que a mí, particularmente me conmueve. Hace tiempo leí su libro “Escribir es vivir”, que recoge un curso que impartió en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander,  dentro de un ciclo dedicado a “”El autor y su obra”, y en él explica toda su evolución y su relación con la escritura y la economía. Una vida realmente ejemplar, para mí es uno de los sabios de la actualidad.

En este vídeo que comienza con una pregunta sobre cómo salir de la crisis, hace una aunténtica exposición ordenada de grandes ideas para salir de la crisis y avanzar como sociedad, incidiendo especialmente en la importancia de la educación para promover la cooperación, el pensamiento libre y la generación de una conciencia crítica.

¡Fantástico e imprescindible!

La educación prohibida

Este vídeo resume perfectamente lo que creo que necesita ahora mismo la educación. Es el avance de una película que ha sido apoyada por las redes de personas, magnífica!

Se habla de aprender, de arte, de emociones, de teatro… ¡de responsabilidad! ¡Una película propiedad de la humanidad con un objetivo claro: cambiar la conciencia sobre la escuela.

¡Que lo disfrutéis!

Sobre las dos punto cero

Inauguro este blog escribiendo sobre un tema que me ronda por la cabeza últimamente desde que los términos TIC en educación, escuela 2.0, innovación educativa, etc. están en boca de muchos profesionales de la educación. Algunos son profesionales porque trabajan con niños, otros (como yo) porque trabajan con profes, otros porque trabajan generando movimientos de dinero en proyectos relacionados con educación, y otros simplemente porque andan en redes sociales donde leen sobre el tema pero que dudo que realmente sepan lo que es un aula, un centro y un claustro.

Lo digo porque no hace mucho leí una petición de ayuda para comenzar un proceso de transformación hacia la escuela 2.0 de un profesor,  y la respuesta que obtuvo fue que se presentase a un concurso para obtener un premio por la mejor experiencia tic. Realmente me preocupa la ligereza con que a veces nos estamos tomando esto de la integración de las tic en los centros educativos. Entre otras cosas porque creo que no es tanto un proceso de integración, si no un proceso de transformación profunda y que afecta a muchos estamentos de la escuela tal cual está considerada hoy en día.

Hemos avanzado mucho en educación, pero también hemos retrocedido. Somos tan rígidos que muchas veces somos incapaces de atender a la diversidad que hoy se nos plantea. Repetimos modelos aprendidos, echamos de menos tiempos pasados, queremos que los niños de hoy sean los de ayer. Y nosotros fuimos esos niños de ayer… por favor, que alguien me responda a esta pregunta ¿estábamos muy a gusto en el cole cuando éramos niños? ¿o simplemente teníamos miedo y exceso de respeto a la autoridad que representaban nuestros profesores y padres? Y otra cosa, ¿es malo que los niños de hoy hablen y respondan? ¿eso es falta de respeto?

Pero volviendo a las tic, muchas veces tengo la sensación de que nos estamos agarrando al problema que suponen la entrada de estos medios en las aulas para no abordar otros que aún no están resueltos. Pero además, la integración de estas tecnologías tampoco es un tema sin importancia, la tienen y mucha, tanta que supone un proceso de transformación lento y muchas veces poco gratificante para la gente que, como yo, se dedica a promover y apoyar esta transformación.

Durante los últimos cuatro o cinco años de mi vida profesional me he dedicado a formar profesores para el cambio metodológico y pedagógico utilizando las tic. He tenido ocasión de asistir en primera persona a la ansiedad que supone para la mayor parte del claustro, a los pinitos pequeños que van dando, a las dudas y temores que les despiertan, y también al florecimiento de un nuevo enfoque educativo, cosa que te deja una sonrisa en los labios por el trabajo bien hecho, quizás no el mejor, pero sí bueno. Y esto ha sido en los últimos años, pero llevo toda mi vida profesional intentando generar cambio, formando para la mejora pedagógica, con o sin tic, y los pasos son iguales pero sin el resultado del florecimiento del que hablaba antes.

La conclusión que saco es que en general cuesta más cambiar estructuras pedagógicas sin tic, que hacerlo “forzados” por las tic. Y esto es una buena noticia, pero nos lleva a otra cuestión, una simple experiencia (o un conjunto de ellas) no produce el cambio necesario ya que normalmente son realizadas por profesores de forma aislada sin contar con el apoyo del resto de compañeros o, lo que es peor, del propio equipo directivo. Creo que hablar de Escuela 2.0  es hablar de cambiar procesos y estructuras en un centro educativo, con todo lo que eso implica. Un proceso guiado por un proyecto bien armado donde se contemplen objetivos, plazos, cambios estratégicos, formación y por último, dotación de cacharros, pero nunca al revés. Las experiencias tic tienen que tener como marco de fondo un proceso amplio de transformación que afecte a todos los miembros de la comunidad educativa, y quizás después sí se pueden ganar premios, aunque me gustaría que se premiara el esfuerzo de un colectivo, de un centro como equipo de personas que trabajan juntas para conseguir un objetivo común.

Bienvenido a mi blog

Bienvenido a mi blog!

¿Te vienes de Romería? Ponte tus mejores galas para la ocasión, trae tus mejores deseos y ayúdame a debatir sobre educación, TIC, aprendizaje… Hagamos un gran debate entre todos para mejorar nuestra realidad educativa. ¡Vamos allá! ¡Os espero!

Monsieur Moyano

Brujas_2002Agosto_0015 copia
Hagamos un brindis por ti, ¿lo oyes?, el chocar de las copas con ese sonido transparente y brillante de las celebraciones. La voz de mi hija gritando desde la cama: “por Jose”, ¿lo oyes?

Bebo un sorbo de vino mirando los ojos de mi amigo, los ojos más bonitos del mundo, me sumerjo en ellos mientras saboreo la madera del líquido color sangre y te veo liando un cigarrillo, sentado en tu banco de madera con una sonrisa en la cara asintiendo. Te veo los ojos claros, infinitos cuando mirabas, muy pocas veces. Las más, lo hacías hacia abajo, hacia el suelo, la mesa o, como ahora, el cigarrillo que estás liando. Me enseñas una maquinita que hace por ti el trabajo, es muy práctica, metes el papel y el tabaco y al girar la rueda consigues un cigarro perfecto. Bueno, a veces no tan perfecto, entonces miras, sonríes y lo enciendes.

Fumas y cuando das una calada te veo de joven, soy capaz de ver en ese gesto el hombre joven y alegre que yo no llegué a conocer. Veo a tu hija en ese gesto, complaciente, sin ganas de pelear, tolerante con todos, demasiado tolerante con todos. Miro tus manos, grandes y cortas, tecleando al ordenador, levantas tus ojos por encima de las gafas y miras la pantalla, frunciendo el ceño y entornando los párpados, luego vuelves a bajar la mirada hacia el teclado y me concentro en tus manos otra vez. Me llaman la atención tus manos, lo sabes, pero no dices nada.

El vino ha pasado por mi cuerpo y vuelvo a mirar los ojos de mi amigo, de nuestro amigo. Me sumerjo en ellos y veo su brillo, él también ha pensado en ti, seguramente él ha recordado alguna conversación, tu tono de voz fuerte pero templado, sin mirarle a los ojos, miras hacia abajo y asientes, entiendes lo que él te dice pero no puedes hacerlo, ríes, siempre que hablas con él te ríes, te encanta su humor, su valentía y su coherencia. Te encanta su fuerza, la que tú sabes que no tienes. Es tu amigo, un gran amigo. Te gusta que te visite porque sientes que tienes respaldo, aunque no lo hayas dicho nunca.

Volvemos a chocar las copas, “por Jose”, y esta vez recordamos lo que no hicimos, lo que estábamos a punto de hacer, mi amigo ir a verte, otra vez. Yo, quizás algún día, ir a verte con mis hijas, siempre me lo decías. Cada vez que me iba, ven algún día con las niñas. Imagino qué pensarías si las vieras ahora, tan mayores, ya no niñas pero sí chicas. Nuestro amigo piensa, tardé mucho, intenta borrar de su cabeza esa idea y vuelve a sentir los ojos vidriosos. Entonces sonríe y me dice, disfrutemos la vida a tope, a Jose le gustaría seguramente que hiciéramos esto por él. Nos miramos otra vez, nos abrazamos. Es el abrazo de los vivos, los que aún tienen la oportunidad de disfrutar, los que aún pueden decir sí y no, los que aún pueden ir a recorrer el mundo, y consumirlo. Es el abrazo de los vivos que han consumido parte de su vida y asisten enmudecidos a la sorpresa de la muerte, pensando cada uno lo que a partir de ahora hará, “por Jose”, por el amigo dormido.

(De tus amigos Nano y Gema)

Monsieur Moyano

Hagamos un brindis por ti, ¿lo oyes?, el chocar de las copas con ese sonido transparente y brillante de las celebraciones. La voz de mi hija gritando desde la cama: “por Jose”, ¿lo oyes?

Bebo un sorbo de vino mirando los ojos de mi amigo, los ojos más bonitos del mundo, me sumerjo en ellos mientras saboreo la madera del líquido color sangre y te veo liando un cigarrillo, sentado en tu banco de madera con una sonrisa en la cara asintiendo. Te veo los ojos claros, infinitos cuando mirabas, muy pocas veces. Las más, lo hacías hacia abajo, hacia el suelo, la mesa o, como ahora, el cigarrillo que estás liando. Me enseñas una maquinita que hace por ti el trabajo, es muy práctica, metes el papel y el tabaco y al girar la rueda consigues un cigarro perfecto. Bueno, a veces no tan perfecto, entonces miras, sonríes y lo enciendes.

Fumas y cuando das una calada te veo de joven, soy capaz de ver en ese gesto el hombre joven y alegre que yo no llegué a conocer. Veo a tu hija en ese gesto, complaciente, sin ganas de pelear, tolerante con todos, demasiado tolerante con todos. Miro tus manos, grandes y cortas, tecleando al ordenador, levantas tus ojos por encima de las gafas y miras la pantalla, frunciendo el ceño y entornando los párpados, luego vuelves a bajar la mirada hacia el teclado y me concentro en tus manos otra vez. Me llaman la atención tus manos, lo sabes, pero no dices nada.

El vino ha pasado por mi cuerpo y vuelvo a mirar los ojos de mi amigo, de nuestro amigo. Me sumerjo en ellos y veo su brillo, él también ha pensado en ti, seguramente él ha recordado alguna conversación, tu tono de voz fuerte pero templado, sin mirarle a los ojos, miras hacia abajo y asientes, entiendes lo que él te dice pero no puedes hacerlo, ríes, siempre que hablas con él te ríes, te encanta su humor, su valentía y su coherencia. Te encanta su fuerza, la que tú sabes que no tienes. Es tu amigo, un gran amigo. Te gusta que te visite porque sientes que tienes respaldo, aunque no lo hayas dicho nunca.

Volvemos a chocar las copas, “por Jose”, y esta vez recordamos lo que no hicimos, lo que estábamos a punto de hacer, mi amigo ir a verte, otra vez. Yo, quizás algún día, ir a verte con mis hijas, siempre me lo decías. Cada vez que me iba, ven algún día con las niñas. Imagino qué pensarías si las vieras ahora, tan mayores, ya no niñas pero sí chicas. Nuestro amigo piensa, tardé mucho, intenta borrar de su cabeza esa idea y vuelve a sentir los ojos vidriosos. Entonces sonríe y me dice, disfrutemos la vida a tope, a Jose le gustaría seguramente que hiciéramos esto por él. Nos miramos otra vez, nos abrazamos. Es el abrazo de los vivos, los que aún tienen la oportunidad de disfrutar, los que aún pueden decir sí y no, los que aún pueden ir a recorrer el mundo, y consumirlo. Es el abrazo de los vivos que han consumido parte de su vida y asisten enmudecidos a la sorpresa de la muerte, pensando cada uno lo que a partir de ahora hará, “por Jose”, por el amigo dormido.

(De tus amigos Nano y Gema)

Monsieur Moyano

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Hagamos un brindis por ti, ¿lo oyes?, el chocar de las copas con ese sonido transparente y brillante de las celebraciones. La voz de mi hija gritando desde la cama: “por Jose”, ¿lo oyes?

Bebo un sorbo de vino mirando los ojos de mi amigo, los ojos más bonitos del mundo, me sumerjo en ellos mientras saboreo la madera del líquido color sangre y te veo liando un cigarrillo, sentado en tu banco de madera con una sonrisa en la cara asintiendo. Te veo los ojos claros, infinitos cuando mirabas, muy pocas veces. Las más, lo hacías hacia abajo, hacia el suelo, la mesa o, como ahora, el cigarrillo que estás liando. Me enseñas una maquinita que hace por ti el trabajo, es muy práctica, metes el papel y el tabaco y al girar la rueda consigues un cigarro perfecto. Bueno, a veces no tan perfecto, entonces miras, sonríes y lo enciendes.

Fumas y cuando das una calada te veo de joven, soy capaz de ver en ese gesto el hombre joven y alegre que yo no llegué a conocer. Veo a tu hija en ese gesto, complaciente, sin ganas de pelear, tolerante con todos, demasiado tolerante con todos. Miro tus manos, grandes y cortas, tecleando al ordenador, levantas tus ojos por encima de las gafas y miras la pantalla, frunciendo el ceño y entornando los párpados, luego vuelves a bajar la mirada hacia el teclado y me concentro en tus manos otra vez. Me llaman la atención tus manos, lo sabes, pero no dices nada.

El vino ha pasado por mi cuerpo y vuelvo a mirar los ojos de mi amigo, de nuestro amigo. Me sumerjo en ellos y veo su brillo, él también ha pensado en ti, seguramente él ha recordado alguna conversación, tu tono de voz fuerte pero templado, sin mirarle a los ojos, miras hacia abajo y asientes, entiendes lo que él te dice pero no puedes hacerlo, ríes, siempre que hablas con él te ríes, te encanta su humor, su valentía y su coherencia. Te encanta su fuerza, la que tú sabes que no tienes. Es tu amigo, un gran amigo. Te gusta que te visite porque sientes que tienes respaldo, aunque no lo hayas dicho nunca.

Volvemos a chocar las copas, “por Jose”, y esta vez recordamos lo que no hicimos, lo que estábamos a punto de hacer, mi amigo ir a verte, otra vez. Yo, quizás algún día, ir a verte con mis hijas, siempre me lo decías. Cada vez que me iba, ven algún día con las niñas. Imagino qué pensarías si las vieras ahora, tan mayores, ya no niñas pero sí chicas. Nuestro amigo piensa, tardé mucho, intenta borrar de su cabeza esa idea y vuelve a sentir los ojos vidriosos. Entonces sonríe y me dice, disfrutemos la vida a tope, a Jose le gustaría seguramente que hiciéramos esto por él. Nos miramos otra vez, nos abrazamos. Es el abrazo de los vivos, los que aún tienen la oportunidad de disfrutar, los que aún pueden decir sí y no, los que aún pueden ir a recorrer el mundo, y consumirlo. Es el abrazo de los vivos que han consumido parte de su vida y asisten enmudecidos a la sorpresa de la muerte, pensando cada uno lo que a partir de ahora hará, “por Jose”, por el amigo dormido.

(De tus amigos Nano y Gema)

Monsieur Moyano

Brujas_2002Agosto_0015 copia
Hagamos un brindis por ti, ¿lo oyes?, el chocar de las copas con ese sonido transparente y brillante de las celebraciones. La voz de mi hija gritando desde la cama: “por Jose”, ¿lo oyes?

Bebo un sorbo de vino mirando los ojos de mi amigo, los ojos más bonitos del mundo, me sumerjo en ellos mientras saboreo la madera del líquido color sangre y te veo liando un cigarrillo, sentado en tu banco de madera con una sonrisa en la cara asintiendo. Te veo los ojos claros, infinitos cuando mirabas, muy pocas veces. Las más, lo hacías hacia abajo, hacia el suelo, la mesa o, como ahora, el cigarrillo que estás liando. Me enseñas una maquinita que hace por ti el trabajo, es muy práctica, metes el papel y el tabaco y al girar la rueda consigues un cigarro perfecto. Bueno, a veces no tan perfecto, entonces miras, sonríes y lo enciendes.

Fumas y cuando das una calada te veo de joven, soy capaz de ver en ese gesto el hombre joven y alegre que yo no llegué a conocer. Veo a tu hija en ese gesto, complaciente, sin ganas de pelear, tolerante con todos, demasiado tolerante con todos. Miro tus manos, grandes y cortas, tecleando al ordenador, levantas tus ojos por encima de las gafas y miras la pantalla, frunciendo el ceño y entornando los párpados, luego vuelves a bajar la mirada hacia el teclado y me concentro en tus manos otra vez. Me llaman la atención tus manos, lo sabes, pero no dices nada.

El vino ha pasado por mi cuerpo y vuelvo a mirar los ojos de mi amigo, de nuestro amigo. Me sumerjo en ellos y veo su brillo, él también ha pensado en ti, seguramente él ha recordado alguna conversación, tu tono de voz fuerte pero templado, sin mirarle a los ojos, miras hacia abajo y asientes, entiendes lo que él te dice pero no puedes hacerlo, ríes, siempre que hablas con él te ríes, te encanta su humor, su valentía y su coherencia. Te encanta su fuerza, la que tú sabes que no tienes. Es tu amigo, un gran amigo. Te gusta que te visite porque sientes que tienes respaldo, aunque no lo hayas dicho nunca.

Volvemos a chocar las copas, “por Jose”, y esta vez recordamos lo que no hicimos, lo que estábamos a punto de hacer, mi amigo ir a verte, otra vez. Yo, quizás algún día, ir a verte con mis hijas, siempre me lo decías. Cada vez que me iba, ven algún día con las niñas. Imagino qué pensarías si las vieras ahora, tan mayores, ya no niñas pero sí chicas. Nuestro amigo piensa, tardé mucho, intenta borrar de su cabeza esa idea y vuelve a sentir los ojos vidriosos. Entonces sonríe y me dice, disfrutemos la vida a tope, a Jose le gustaría seguramente que hiciéramos esto por él. Nos miramos otra vez, nos abrazamos. Es el abrazo de los vivos, los que aún tienen la oportunidad de disfrutar, los que aún pueden decir sí y no, los que aún pueden ir a recorrer el mundo, y consumirlo. Es el abrazo de los vivos que han consumido parte de su vida y asisten enmudecidos a la sorpresa de la muerte, pensando cada uno lo que a partir de ahora hará, “por Jose”, por el amigo dormido.

(De tus amigos Nano y Gema)

Mona Lisa

Lisa suelta su cabellera y se mira en el espejo, contempla sus ojos ligeramente achinados de color miel y sonríe con esa sonrisa misteriosa que sólo el espejo sabe captar. Despacio se baja el vestido y contempla sus senos firmes y grandes, los acaricia y cierra los ojos, evoca momentos de placer, se concentra en el cosquilleo de su vientre y sonríe, otra vez con esa sonrisa misteriosa de Mona Lisa. Lisa es Mona Lisa, sonríe a la cámara, sonríe al espejo, sonríe al pintor. A cada uno de los hombres que se acuestan a su lado y la desean. Sonríe y mantiene el interés, seduce y juega al juego en que sólo hay un final posible, terminar en una cama cumpliendo con su parte del juego. Después… “nadie dijo que fuera tu novia”, unos lo entienden otros… no!

Hoy Lisa espera visita, una segunda visita. Este hombre es diferente, más mayor, lo que le convierte en una pieza única a seducir. Lo sedujo, casi como a los demás, sonrisa, movimiento de cabeza, mirada esquiva, demasiado fácil. Ahora sabe que lo tendrá durante unos días, se plantea si mostrarse o no, ¿podría ser un amigo? Baja su mano por el vientre y acaricia su sexo, húmedo, figura en su mente que es otra mano la que acaricia y le hace gemir, pero no es capaz de distinguir esa mano, simplemente es una mano diferente a la suya. No sabe poner caras porque tiene guardadas montones de caras en su memoria, con los ojos cerrados, con los ojos abiertos, con la boca apretada o gimiendo. Ella sabe lo que puede dar, pero pocas veces sabe apreciar lo que recibe. Se mira, esta vez a los ojos, contempla un pozo profundo donde se remueven miles de recuerdos, comienzan a salir sin orden, el primer beso, la humedad de su sexo adolescente, el dolor de la primera vez… no quiere verlo, no quiere pensarse, tan solo salir a cazar. Hoy cazará una rareza, ella lo sabe, esta vez en su territorio, podrá mostrar partes de sí misma o no.

Mira al espejo y sonríe, el espejo le da la recompensa, Lisa nunca se expone, ella es equilibrada y misteriosa, lo justo para intensificar el deseo por ella.

  • Vamos a cenar, te llevaré a uno de mis sitios favoritos.
  • ¿Qué se come?
  • Sobre todo pescado, pero tienen un poco de todo.

Él se relame, se entrega a los placeres de la comida primero, del sexo después. Pero primero cenan, y charlan de fútbol, de libros, de música, de cine… poco a poco el vino suelta la lengua y la mirada, depositan en las copas dosis de deseo, un deseo alimentado por la sonrisa de ella primero, la mirada de él después. Él consume la vida a tragos, come, bebe, observa y toca sin prisa, sabe que lo hará, sabe lo que hará, y quiere saborear el momento. Desea más que nada en el mundo romper la sonrisa de Mona Lisa, desea que ella admire sus cualidades más allá del físico. Sale de su cuerpo y se contonea, desplaza el centro de gravedad y se inclina hacia ella, y susurra preguntas inocentes cargadas de profundidad.

Pero Lisa es sobre todo resistente a los encantos de la seducción, ella sólo piensa en el momento de jugar, está pensando en cómo lo va a hacer, quiere hacer que él muera por ella, que gima y pierda el control. Está acostumbrada a ello, sabe que en el momento de la penetración sólo hay que moverse para que ellos se derramen en un grito de triunfo. Ella sabe que él es distinto, pero confía en que esta segunda vez sea capaz de llevarle al pozo de la desesperación. Intenta erigirse en reina, pero él la devuelve de un soplo a su tronito de princesa consentida.

Lisa se enfada, pero disimula el enfado. Vuelve a sonreír para mostrar seguridad, se mira al espejo, y una vez compuesta, le devuelve la mirada y pide disculpas, “me adelanté”.

Él maneja la situación como un maestro, propone ir a tomar algo, ella acepta. Beben, bailan, se besan. Lisa ya se siente segura, se besan, vuelve a sentir su triunfo. Él siente que le ha regalado un beso a cambio de que pueda seguirse mirando al espejo y seducir. Ahora baja los párpados lo suficiente como para dar a su mirada un aspecto arrasador, ella esquiva su mirada, le provoca miedo y las piernas le avisan de que esa mirada podría hacerle caer y perder el equilibrio. Él busca sus ojos, y los encuentra, vuelve a besar, ya está cerca de conseguir que Lisa pierda su sonrisa de Mona y muestre su sonrisa de persona.

Durante el sexo no ha dejado de ser perfecta. Lisa no frunce el ceño, no grita exageradamente, no mira más que de reojo. Lisa gime con el tono adecuado, el que provoca y excita, abre los ojos a ratos y contempla brevemente si él está descontrolado. Quiere descontrolarlo, quiere el desayuno en la cama por la mañana, flores en la oficina y cartitas de amor declarándose. Si cierra los ojos lo sueña y lo ve, lo peor es cuando los abre y ve el más absoluto control, ni desayunos ni flores ni cartas, tan solo cuándo quedamos la próxima vez para darnos placer.

Lisa suelta su melena frente al espejo, está desnuda y satisfecha. Comienza a mirarse de abajo a arriba, contempla sus piernas torneadas y bronceadas, su sexo revuelto, su ombligo redondo y le causa mucho placer. Sube poco a poco por el vientre y contempla sus pechos enrojecidos por el ardor de la noche, siente nuevamente cosquilleo y sonríe. El espejo le devuelve la imagen de una mujer misteriosa y enigmática llena de dudas y obligaciones. Lisa mira a sus ojos y ve asomar la sombra del servilismo, un servilismo hacia sí misma y hacia esa imagen que el espejo refleja tan bien. Aparta los ojos del espejo y sonriendo se mete en la ducha.