Odjuret

Brutal es el titulo que han dado en España a esta película. Salvaje en la versión sajona. Y efectivamente, la película refleja la brutalidad….de nuestra sociedad. Usando una estética que recuerda a las primeras películas de Ken Loach y un tratamiento argumental que podría “relacionarse” con Haneke (Funny Games) pero sin su extremada potencia, Odjeret nos cuenta en que consiste el concepto de karma en la actualidad occidental, es decir, que dependiendo de donde naces puedes estar jodido. Este es el caso de Kim, hijo de un delincuente, educado en la violencia por este, su interés en la vida es desmarcarse de ese tipo de vida…trabajar, tener una casa, una novia. Y el de los demás protagonistas, amigos.

Encontramos en la película una mezcla de violencia, sexo, fanatismo religioso, delincuencia, prejuicios, mundo laboral…que sirven para marcar el destino de cada uno de los personajes, de una forma unívoca. Y es que, aunque supuestamente las oportunidades las tienen todos, como publicita el marketing de las sociedades occidentales, algunos las tienen más que otros.

Nominada al premio de Mejor Película Nórdica, es una muy decente opción para ir al cine, si es que llega a España.

Título original:
Odjuret
Título castellano:
Brutal
Nacionalidad:
Suecia
Dirigida por:
Martin Jern, Emil Larsson
Ficha imdb:
http://www.imdb.com/title/tt1565435/
Trailer:
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Web:
http://www.filmenodjuret.se/
Ficha Seminci 2011:
http://www.seminci.es/pelicula.php?id=1633

Farsan

Dentro del ciclo “Novisimos. El cine sueco del siglo XXI”, del que solo voy a ver un par de películas, Farsan es una comedia suave y amable para retratar las pequeñas cobardías que todos tenemos.Cobardías en muchos casos debidas a aferrarnos a nuestros recuerdos y aprendizajes. Ese típico hacer cosas para no dar un disgusto a nuestros padres. O no querer reconocer el estado real de las cosas por resultarnos doloroso el final necesario. El habitual miedo a perder lo que tenemos por creernos “peores”. Y por supuesto, dentro del ámbito de las perdidas se mantiene presente, por diversas vías, el concepto de la muerte

Se utiliza para esto a un inmigrante en Suecia, Aziz, con un hijo absolutamente integrado en Suecia, y las situaciones que esto puede generar, afortunadamente sin abusar de los tipismos que se podrían utilizar por el origen del protagonista.

Las mayores risas las generan las escenas asociadas con el jefe, Jörgen, y en concreto una sobre la preparación y aliño de una ensalada.

Y no hay que perderse los títulos de crédito por la música final “Hey You (The Rock Steady Crew)” para terminar con un toque alegre, como la película en general, y que podéis oír en el original del álbum “80s Grove and Soul” @Spotify (Hey You) The Rock Steady Crew

En definitiva una película muy agradable y amable de ver, y además con moraleja: la honestidad con nosotros mismos nos hace más felices
Y eso no es poco.

Título original:
Farsan
Título castellano:
Farsan
Nacionalidad:
Suecia
Dirigida por:
Josef Fares
Ficha imdb:
http://www.imdb.com/title/tt1570966/
Trailer:
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Web:
Ficha Seminci 2011:
http://www.seminci.es/pelicula.php?id=1628

¿Cuánto ha variado el IPC desde……?

……el 1 de enero del 2002? Exactamente el día que empezó a circular el euro. Las pesetas siguieron en circulación hasta el 28 de febrero de 2002 (tras 133 años de vida), por lo que siendo pulcros con lo que viene a continuación, quizás debería usar esa fecha. Pero lo haremos con el uno de enero.
No se si conocéis una página, muy interesante, del INE que se llama justamente ¿Cuánto ha variado el IPC desde….? Así resulta muy fácil saber su variación desde exactamente enero del 2002. Yo lo he hecho, y hasta septiembre del 2011 el resultado es: 30,2%

Todo esto empezó cuando me enviaron en un correo la foto de un escaparate en sol con un cartel haciendo una comparativa de precios. Era la época en que los indignados estaban en Sol y no tan cerca de Wall Street como ahora ;-)

Así que con mi mente cuadriculada, y a la vista de que los precios no me parecían tan incorrectos, incluso alguno era bastante modesto, como la barra de pan a 0,60 euros, y  la leche por 0,80 euros , usé de nuevo la página anterior del INE me calculé el IPC, ahora desde enero del 99, resultando ser del 43,6. ¡Estupendo, porque el 30,2 parecía poco para hacer las cuentas!

¡Que útil es la excel para sacar conclusiones con números! Pones en una columna los precios que recordamos del 99 en pesetas. En la siguiente columna calculas el precio que deberían tener las cosas usando el IPC real en la actualidad, y lo pongo en verde porque es lo que sería más correcto. Y ya está, ahora otra columna con los precios del 2011 de la foto directamente. Y una nueva columna con estos mismos precios en pesetas, puro romanticismo (y sobre todo que sino me toca pasar a euros las dos primeras columnas citadas). Y tachán…la siguiente columna la configuro para que calcule la diferencia entre este precio (en el café, por ejemplo, 199,66 ptas.) y el precio que debería ser y que tengo en verde (114,88 para el café) . Y además configuro la celda para que se pongan automáticamente en rojo si el número es positivo, porque eso significa que ese precio ha subido más que el IPC real del periodo. Y resulta que todos los precios están en rojo, y el sueldo en negro (esto solo se pone en rojo si hundes Cajas de Ahorro, parece ser) :-( (

Calculo por último el SOBREPRECIO en porcentaje, y salen unas cosas maravillosas, como que los libros de texto sobrepasan el 200% de sobreprecio. Y la barra de pan está en un muy honroso 178% de sobreprecio. No son x4 más ricos, como se dice en el cartel de la foto, pero no está mal el x que han metido.

Así que yo llevo ya un tiempo traduciendo nuevamente a pesetas lo que voy pagando, siguiendo la recomendación de mi amigo Antonio del Albayzín. Veo mucho mejor como me engañan, y encima no me tengo que comprar el Brain-Training. Pues nada, ya solo me queda esperar a que mi amigo Pep me desmonte algo de las cuentas anteriores, que es lo bueno de tener amigos economistas, que terminas refinando tus cuentas.

Tecno-adicciones y otras hierbas

El pasado 17 de septiembre El Confidencial publicó un reportaje sobre Niños adictos a la Blackberry en el que tuve la oportunidad de participar como “experta” en el tema. El títular era ese y el subtitular: “No es recomendable que los menores de 17 años tengan su propio dispositivo” y exponía dos posturas contrapuestas aunque no tan diferentes como veremos a continuación. En cualquier caso no me considero “tecnófila” como me presentan en el artículo, si no más bien preocupada e interesada en los procesos de cambios y adaptación.

El artículo expone que también los dispositivos electrónicos móviles pueden generar adicciones igual que las sustancias consideradas adictivas hasta ahora. Y efectivamente es así, pero esto no va relacionado con el uso que normalmente vemos a nuestros jóvenes hacer. La ausencia de límites en general conlleva muchos trastornos para los niños, tanto si usan o no móviles, blackberrys, iPhones… Hay una serie de repertorios fundamentales que el ser humano debe aprender para tener una adecuada adaptación a la sociedad, como por ejemplo horarios, límites,  consecuencias a su comportamiento, recibir y expresar afecto,  resistencia a la frustración, demora del refuerzo… y si somos capaces de enseñar todos estos repertorios y algunos más a nuestros infantes, seremos capaces de hacerles ver que no pueden depender de ninguna sustancia ni ningún dispositivo para ser felices.

Los cambios generacionales en general se llevan mal. Esta mañana en el vestuario de la piscina escuchaba como dos mujeres comentaban que los niños de ahora no quieren aprender, que no sienten curiosidad, y que es importantísimo el clima de cultura que se viva en las casas. Son comentarios demasiado serios, si el ser humano está llegando a no querer aprender estamos completamente sentenciados a la extinción como especie. Por otra parte, nunca ha existido tanta cultura en las casas como ahora, por lo menos en mi ciudad. Yo recuerdo mi infancia y mi adolescencia (y no es que sea una jovencita precisamente) y sé que en mi casa la cultura estaba restringida, no porque mis padres no quisieran si no porque no podían, porque el entorno educativo era muy diferente, porque nuestros padres bastante tenían con suministrarnos el acceso a la educación-cultura que ellos no pudieron tener en muchos casos. Y esto se traducía en enciclopedias de 50 tomos con el saber estático y, en algunos casos, doctrinario. Se traducía después en algunos programas educativos que podíamos ver con cuentagotas, y quien tuviera suerte, quizás, podría tener algún padre, madre o hermano mayor que le ayudara con los deberes aunque esto era en contadas ocasiones. ¿Recordamos con nostalgia esta época? ¿o es que estamos absolutamente perdidos con la generación que nos acompaña ahora? ¿Creemos que éramos mejores o teníamos menos riesgos? Durante mi adolescencia el riesgo a consumir drogas en edades tempranas era real, existían también (como ahora) y además teníamos mucha menos información tanto padres como hijos. No por eso nos hicimos todos drogadictos.

¿Y queríamos aprender? ¿O teníamos que aprender? Era una deuda con tus padres, con la sociedad, con tu entorno, con tu generación. Pero evidentemente, tampoco esto era para todos.

Vivimos una etapa magnífica para el saber, tenemos una generación magnífica para el aprendizaje, pero tenemos muchos miedos y muchos prejuicios. Demasiada nostalgia de tiempos pasados que nos impide desarrollar la creatividad para explorar nuevos lugares, nuevos métodos, nuevos escenarios para la generación actual que se caracteriza por formas diferentes de aprendizaje, de relacionarse con el entorno. Es una generación muy motivada para el aprendizaje, al contrario de lo que mucha gente se empeña en hacernos creer.

Sin embargo, es una generación con poca orientación justamente porque sus adultos (nosotros) nos empeñamos en no quererlos conocer. Queremos que sean como éramos nosotros, nos extrañan sus formas de reaccionar, y nos molestan. Y como no sabemos, les dejamos hacer. Y como TODOS lo hacen, no se nos vaya a frustrar, hay que dejarles hacer lo que hacen todos. Y ahí sí que existen riesgos de adicciones o determinados comportamientos que les impida desarrollarse adecuadamente. Han de plantearse los límites también con las tecnologías móviles, hay que mostrarles lo absurdo de sus comportamientos (cuando se den). Pero hemos de mentalizarnos de que las tecnologías móviles o no, tienen mucho de positivo para que ellos quieran aprender también.

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Las adicciones existen, normalmente motivadas por la ausencia de aprendizaje de diferentes repertorios. Una Blackberry por supuesto que tiene riesgos de generar adicciones, pero no todos los niños con BB son adictos. Ni tampoco lo son los que continuamente consultan sus mensajes o, incluso, participan de una reunión liderada por estos aparatitos con sus amigos. La adicción la define el comportamiento que se da cuando no existe el elemento adictivo, si a esos niños les quitamos la BB u otro de los dispositivos móviles a los que están enganchados, manifiestan síntomas de un síndrome de abstinencia (irascibilidad, ansiedad, obsesión, …), en definitiva muestran dependencia y pérdida de control sobre el dispositivo. Y esto se puede dar, pero no creo que el hecho de prohibir y limitar la edad de acceso sea la solución. Creo que la solución se ha de dar durante toda la vida del individuo. Enseñamos y orientamos desde que nacen, y no hemos de dejar de hacerlo con ninguna de las cosas que se encuentren en el camino, ni con los aparatitos, ni con las sustancias, ni con las personas. Es una educación del carácter, de saber decir no, de tener autocontrol.

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Poner límites de edad sólo provoca que los niños tengan la necesidad de mentir, como pasa con las redes sociales (¿cuántos niños tienen tuenti o facebook con 12 años?), a sabiendas de los padres que lo consideran normal. ¿Alguna vez nos hemos planteado que permitir que un niño mienta sobre su edad en las redes, está enseñándole a mentir en otros sitios? Quizás sólo estamos centrándonos en el aparato (BB, iPhone, iPod, móvil) en lugar de en lo que no se ve. Quizás estamos dejando de hacer algunas cosas que como sociedad deberíamos hacer, como enseñar a utilizar las cosas, y a prevenir la aparición de conductas dañinas y poco saludables.

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…la vida en salsa

Esta mañana me levanté muy temprano  con la intención de vivir. De vivir a pesar del panorama gris que tenemos encima de las cabezas:  futuro difuso, incertidumbre generalizada, puesta en cuestión de logros sociales conseguidos en las últimas décadas con enormes sacrificios, corrupción política, especulación inmobiliaria, futuro hipotecado con una deuda pública que obligará al Estado a recortar, lógicamente,  el bienestar de las clases trabajadoras…. A pesar de todo esto, me he levantado con la intención de vivir.

He pensando que este día no me lo va a quitar nadie, y sabía que dependería  de mí exclusivamente, siempre que gestionara inteligentemente todo lo que tenía a mi favor.

Decidí que la mejor celebración de la vida la podíamos hacer compartiendo una comida que nosotros mismos elaboráramos desde la tienda hasta la mesa. Con esa idea en la cabeza me encaminé hacia mi mercado y, una vez  en la plaza Larga del Albaicín, me encontré con la primera sorpresa: ¿donde está el puesto  de La Trini?, donde su Paco y sus niños, y toda la ristra de personajes y colores que generan con su movimiento?. Después de no muchas indagaciones supe que la ausencia se debía a la definitiva ausencia de su hermano Juanillo, emblemático gitano y figura indispensable  del Camino del Sacromonte, como así rezaba en el noticiero que pude leer mientras daba cuenta   de un café doble en “el Aixa”, contemplando el panorama de un viernes de agosto desde  su estratégica ventana . También daban cuenta de la defensa y dignificación  que, a lo largo de su vida, Juan llevó por bandera de la raza gitana. Así constaba en el obituario del Ideal de Granada, y así sonaba en “el run run  de la Plaza Larga“, hoy más corta que nunca por el vacío inabarcable  que ocasionaba la ausencia de  la gitana y su puesto.

Ante esta situación inesperada, he resuelto acercarme por vez primera al puesto contiguo  al  de la Trini (nunca antes lo había hecho, seguramente por mi histórico de tendero, y por entender la lealtad entre vendedor y cliente de manera un tanto rígida), y merqué, vaya que si merqué: tomates maduros, lechugas, cebolletas (cebolla fresca), ciruelas blancas y negras y unos poquitos melocotones, además de unos cuantos limones bien lustrosos.  No he notado grandemente la  diferencia en la mercancía, donde si la noté fue precisamente en la nota. En este caso sale expedida de un diabólico peso que nada tiene que ver con las herramientas de la Trini,  y mucho menos con sus ilegíbles anotaciones en un trozo de papelillo que le da al cliente, pienso que con la única intención de hacerle ver que efectivamente todo se pesa y nada se pasa, y que en función de lo que pese y del precio por kilo, el resultado es la cuenta total que te entrega en una hoja de libretilla de muelle que solamente entiende ella.

Si pasas por la Plaza de martes a sábado, y te encuentras con el puesto de frutas y verduras de la Trini, compres lo que compres-mucho o poco, caro o barato-siempre te cobrará 6 euros con 25 céntimos, pero lo mejor de esta historieta, y la segunda sorpresa, es que cuando le he preguntado por la cuenta a la vecina de la Trini, ha sacado el papelito de la máquina y arrojaba la mágica cifra de 6 euros con 25 céntimos. Extraordinario.

Como ya tenía en la cabeza lo que avíaría de comida,  de vuelta a casa por la calle Panaderos, pasé por la tienda de Luís y por la panadería, y me hice con dos bollillos de pan gallego y vino blanco para el guiso.

Ya en la casa conseguí asociarme con mi Antonio y hemos repartido las tareas hasta conseguir un resultado razonablemente gustoso, una carne con salsa de tomate de la que no ha quedado muestra alguna, excepto las fotos que hemos ido haciendo mientras la elaborábamos.

Ingredientes para tres personas:

6 filetes (cortados gruesos) de ternera o cerdo

2 kilos de tomates maduros

1 cebolleta

1/4 de setas (también valen los champiñones)

1 vaso de vino blanco

1 limón estrujado

Sal, la punta de una cucharita de canela, una ramilla de romero y otra de tomillo.

Aceite de oliva virgen extra (mejor cuanto más sepa a aceite)

Tiempo aproximado: 40 minutos

Elaboración:

Lo primero que hago es rehogar la carne en una sartén antiadherente hasta que reduzca y pierda la apariencia de cruda.  Seguidamente la retiro en un recipiente sobre un papel de cocina para que pierda la grasa sobrante. También se puede hacer pasándola primero por harina y sumergiéndola posteriormente  en aceite fuerte, escasísimo tiempo hasta conseguir el mismo resultado que el anterior. Nosotros elegímos la primera opción para que sea un poco más ligero.

La cebolla, cortada en juliana, se vierte en la olla rápida y con tres cucharadas de aceite se pocha antes de añadirle el tomate picado y sin piel. Cuando el jugo de todo ello empiece a pompear añadimos la carne, el vino, un vaso de agua, sal, la puntilla de canela, las ramillas de romero y de tomillo y el jugo del limón estrujado. Tapamos la olla, y una vez suban los anillos del vapor, bajamos el fuego hasta el núm. 2,  y aguardamos 8 minutos para el cerdo y 12 ó 14 para la ternera.

Mientras esto ocurre rehogamos las setas en una sartén y las sazonamos convenientemente. Se sacan en recipiente a parte,  se escurre la grasa sobrante igual que hicimos con la carne, y se vierten en la olla una vez transcurrido el tiempo de cocción. Cerramos de nuevo la olla (previamente hemos comprobado que la carne está tierna y hemos movido el contenido para que se liguen los productos que darán sentido a nuestro plato), y ahora, por último, mantendremos los anillos arriba en el nún. 2 del fuego no más de tres minutos.

Mientras escribía la receta y el modo de llevarla a cabo he vuelto a vivir, más bien a revivir. Revivir los comentarios de mi  Antonio, los olores, los sonidos de la calle, la luz, el calor, el color, el sabor y sobre todo la certeza de que mientras pasaba todo esto… estoy vivo y viviéndolo a calzón quitado.

Si además, como te digo, el guiso estaba rico… qué más puedo pedir?. Nada, no pido nada, sólo no distraer la capacidad que está en mi mano de crear muchos más momentos de vida como el de la carne en salsa…   (o el de la vida en salsa…)

Departures

“El que envía” sería la traducción más correcta de la película japonesa Okuribito, y denominada “Despedidas” en España. Ganadora de un montón de premios en festivales de todo el mundo, de la academia japonesa y del Oscar 2009 a mejor película de habla no inglesa.
Película muy interesante, con varias líneas paralelas de pensamiento en el guión, alguna de estas lineas que se podría obviar un poco (o un mucho) y otras sumamente inteligente.
Empecemos por lo peor, no me interesa mucho el tema del trauma del protagonista por haber estado sin padre durante 30 años, supongo que porque no lo comparto, y si existe un tema a solucionar no se debe ver como algo determinista. Un niño no necesariamente debe de tener un trauma por esa falta, y sobre todo me molesta el trato habitual que se da en las películas a esa falta de padre. Si la falta es por una separación, un abandono, la secuela traumática es enorme, insoportable. Sin embargo si el padre falta por fallecimiento, el trauma es mucho menor, o directamente no existe. Ya lo he visto en tantas películas que me molesta lo facilón del tratamiento.
Dicho esto, que no invalida en absoluto la historia ya que no es algo central, vamos con las lineas interesantes.
La más interesante es la significación del trabajo personal, la profesionalidad, la decisión de no ser alguien mediocre en algo sino ser el mejor en algo que no se nos había ni siquiera pasado por la cabeza. En el caso del protagonista abandonar el chelo para dedicarse a la ceremonia del noku (un ritual de embalsamamiento) y descubrir la gran ayuda que proporciona, haciéndolo bien, a las familias de la persona difunta.
Dado lo peculiar del trabajo, se entra en como todos juzgamos cosas de forma equivocada, para con posterioridad tener la necesidad de usarla. Así en la película hay un par de personajes, incluida la mujer del protagonista, que no aceptan esa profesión. Pero se ven inmersos después en tener que incluso venerar dicha tarea.
Muy interesante también el tema del aprendizaje haciendo, con un maestro, que entra en un tema que los sistemas educativos actuales han abandonado y se han equivocado al hacerlo, pero este es otro tema ;-)

En definitiva una película para disfrutar de la estética oriental y sobre todo de una coral de personajes que permiten retratar un montón de comportamientos sociales, tanto en los personajes principales como en los personajes secundarios (familiares de los difuntos). Y a la vez nos podemos plantear filosofar con los amigos sobre la muerte, los temas que dejamos abiertos, la relación de pareja, el trabajo, la profesionalidad, el aprendizaje, la dignidad personal, las relaciones familiares, nuestra red de personas y nuestra forma de juzgar.
Pero no se debe ver doblada, yo lo intente con un trozo, y cambia la película, se convierte en algo mucho más ñoño.

Título original:
Okuribito
Título castellano:
Despedidas
Nacionalidad:
Japón
Dirigida por:
Yojiro Takita
Ficha imdb:
http://www.imdb.com/title/tt1069238/
Web:
http://www.departures-themovie.com/
Trailer:
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JMJc desde el Albayzin

Escribo esto desde el Albayzin (Granada) en un acto cobarde de huida de los fastuos organizados en Madrid de las JMJc, con la complicidad de los politicos. Cometiendo el error, en cualquier caso de salir el 18, justo cuando llegaba el mandatario, y sufriendo por lo tanto el corte de TODA la calle Principe de Vergara.

Ya desde este tranquilo enclave, se puede ver con cierta tranquilidad y distancia los sucesos, pero no dejo de alucinar en todos los sentidos, o al menos en varios de ellos.

Quizás lo que más me asombra es el retroceso que creo que se esta viviendo en nuestras fuerzas policiales, que parece que están sumamente “motivadas” a seguir métodos que casi todos pensábamos que habían ya quedado atrás.
Escenas de cargas policiales absolutamente injustificadas, como la siguiente, donde los policías se cruzan de acera para abofetear a una chica al decirles “Qué pasa” y luego seguir con su compañero e incluso con un periodista que fue testigo de esta agresión
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pero nadie mejor que Daniel, el periodista agredido, que nos cuenta lo sucedido en su blog.
Este vídeo lo han colgado también periodicos como El País y El Mundo.
Pero podéis encontrar más, por supuesto, en Youtube como estos
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Me ha llamado especialmente la atención esta foto de Cristóbal Manuel publicada en El País

donde la detención la están haciendo agentes (espero) de paisano con la cara cubierta, con una imagen muy similar a la que hemos visto en algunos vídeos del 15M de los “alborotadores” de las manifestaciones, y en algunos casos “salvados” por la propia policía cuando eran cercados por los manifestantes no violentos.

Podemos también leer el relato de Gustavo Vidal en Redes Cristianas sobre como vivió él la manifestación laica y su opinión sobre la acción policial.

Pero mi siguiente motivo de alucine es lo que veo alrededor del Primer Ministro del Vaticano con sus manifestaciones, yo me atrevería a tildar de fundamentalistas, pidiendo “radicalidad cristiana frente al rechazo de la fe” y que intuyo, que las mismas palabras en la boca de algún imán de cualquier mezquita serían entendidas como una llamada al terrorismo religioso.

Podéis analizar todos los discursos en el ABC.

Y lo siguiente que me alucina, es que preparen un Vía Crucis en Madrid con esculturas de toda España. Y esto me escandaliza sobre todo por ser de Valladolid y conocer lo delicadas que son estas imágenes y el sumo cuidado con el que hay que realizar sus traslados. En general no se permiten este tipo de movimientos incluso dentro de la misma provincia, luego con más motivo varios cientos de kilómetros

Y mientras se preparan vigilias con el Mandatario Vaticano, parece que las vigilias que interesan más son otras, y que están llevándolas a cabo desde que empezaron sus vacaciones recorriendo diversas ciudades españolas, como este “Botellón del JMJc en Valladolid (14 de Agosto)”
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O estos ya en Madrid cuando se terminan los actos del día que han salido en Verano Directo.

Tengo que reconocer que no me parecen mal, ya que hay que divertirse, pero sí que no me cuadra que estos mismos actos los persiga la policía municipal el resto del año, ¿a que se deben esas diferencias?. O bien que se pretenda dar una imagen irreal, como escuché en la radio a un señor que dijo que “daba gusto pasear por Madrid de noche, con todos los jóvenes del JMJc bebiendo agua solamente”. ¡Pero hombre! ¿por qué denigrar el alcohol? Si un poquillo es bueno para hacer la digestión!!

En resumen, estamos convirtiendo de nuevo la religión en un motivo de disputa, en algo para hacer alardes y juegos florales que ejecuto ante los demás, y a los cuales obligo a realizar también estos juegos para “salvarles” del camino equivocado. ¿No es mucho más interesante e intensa la espiritualidad íntima, con uno mismo, donde me desarrollo sin avasallar a nadie y donde además elaboro más libremente mis convicciones? Ese supuestamente es el camino que llevábamos y que justamente nos ha permitido un mayor desarrollo, como nos recuerda Juan G. Bedoya en su articulo ‘Persistencia de “Pestilentes errores” ‘.

Afortunadamente se ven otro tipo de cosas, como esta asamblea entre el 15M y peregrinos del JMJc.
Y me parece también interesante de leer la “Nota de prensa de los colectivos organizadores de la Manifestación por la Laicidad

Y solucionado el mundo, desde mi espiritualidad individual, me voy a ver Departures, en V.O. japonesa, a una casa morisca. ¡Viva Miguel de Luna!

El espejo de Alicia

Alicia se miró al espejo y vio una niña que no era ella, como si hubiese perdido su alma, el espejo la miraba con sus mismos ojos y su misma boca, hasta su misma ropa, pero no era ella. No conseguía saber qué era, sonrió y el espejo sonrió, sacó la lengua y también la imagen lo hizo, movió una mano, la otra, saltó, se agachó, se puso de perfil, nada, seguía igual, la imagen hacía todo lo que ella, pero no era ella. Despacio, se acercó y miró dentro de sus ojos, los de la imagen, los suyos propios y, de repente, los ojos se agrandaron hasta convertirse en dos grandes agujeros oscuros que la aspiraban hacia dentro y cayó.

Pensó que estaba soñando, igual que Alicia en el País de las Maravillas, cayendo a través de la madriguera, o Alicia a través del espejo, ¡claro, eso era!, lo que había detrás de su espejo. Quiso despertar pero no sentía que estuviera dormida, hasta se pellizcó y se hizo daño. No entendía qué estaba pasando, los sueños son absurdos pero esto era muy real, veía claramente las paredes del lugar donde había caido,  que eran rugosas y húmedas, le recordaban a una cueva. Hasta el olor era húmedo y oscuro, como si se hallara en el interior de un sótano. Intentó encontrar algo con lo que iluminar el recinto para buscar la salida, por lo menos saber si podría volver, y tanteó con las manos temerosas el suelo y la pared. Tropezó con una piedra y volvió a caer quedando boca abajo. Allí estaba, era como una especie de farol diminuto con una luz diminuta. Reptó hasta él y lo cogió. En ese momento, el farol comenzó a emitir más luz, creció hasta hacerse del tamaño de su mano e iluminó la estancia. Alicia sentía el corazón en la garganta, le dolía la cabeza y le escocían los ojos, pero había algo en esa luz que la reconfortaba. Miró alrededor de sí y pudo ver una habitación parecida a una cueva pero mucho más bonita, las paredes estaban manchadas de humedad, pero el techo era abovedado y tenía varias comunicaciones a otras estancias similares. Volvió a negar con la cabeza, como diciéndose a sí misma que su imaginación era demasiado, pero la luz siguió brillando y ella se sintió confiada al mismo tiempo que intrigada por saber donde estaba. Se dio la vuelta y ahí estaba, ella misma, mirándola sonriendo. Por un momento pensó que se había vuelto loca y cerró los ojos, ¡la imagen del espejo estaba allí con ella! No podía ser, eso sólo pasaba en los cuentos y en los sueños.

- No temas, no estás loca, es cierto que me está viendo – le dijo la imagen.

Alicia abrió los ojos mucho y la volvió a ver, allí estaba. Tuvo ganas de salir corriendo pero ¿adonde? No sabía donde estaba, así que respondió:

- Pero ¿tú quien eres? Pareces yo, mejor dicho, eres yo, pero pareces otra.

- Soy tu imagen, la del espejo, te he traido hasta aquí para que me reconozcas y volvamos juntas al otro lado, a tu casa, a nuestra casa.

- ¿Pero qué dices? Como vas a ser mi imagen, no estamos en el País de Nunca Jamás, no soy Peter Pan. Ya sé que esto será un sueño pero la verdad, está durando más de la cuenta, yo quiero despertar.

La otra Alicia comenzó a caminar, se metió por una de las dependencias de la sala y desapareció. Alicia se quedó quieta por un momento, pensando que quizás si volviera a cerrar muy fuerte los ojos cuando los abriera estaría en su cama, pero no fue así. Decidió levantarse y caminar detrás de su imagen. Al entrar en la nueva estancia reconoció otras paredes, incluso otra luz. Parecían las paredes de su instituto, con azulejos verdes hasta la mitad y una pintura color beige descascarillada hasta el techo. En el centro de la sala estaba ella (mejor dicho, su otra ella) con otra niña que reconoció al instante, su mejor amiga. Ambas se pasaban notas y reían, no había nadie más, pero parecía que ellas sentían que estaban haciendo algo malo porque se reían por lo bajo y miraban continuamente hacia el frente como si estuvieran en clase. Reconoció la escena, se vio a sí misma en el Instituto y sonrió por primera vez. Le duró poco la sonrisa porque la escena cambió y comenzó una nueva, su amiga le decía que hiciera algo que ella no quería hacer, y ella lo hacía a regañadientes para no disgustarla. Aunque no escuchaba sus voces, Alicia volvió a reconocer la escena… un momento, se dijo, ¿qué está pasando aquí? ¿estoy presenciando mi propia vida?, ¿acaso estoy muerta? ¡Es como el Cuento de Navidad!, exclamó. La otra Alicia se volvió y la miró: “quizás empieces a reconocerme ¿no? Al fin y al cabo, somos una”, le dijo y se volvió a ir, dejándola sola otra vez.

Cada vez estaba más confusa, no le gustaba lo que había presenciado, ni tampoco lo que le había respondido la niña esa. Se había reconocido, pero unos meses atrás, y además había algo en esa imagen que le hacía diferente, era como una especie de suplente o doble, una Alicia mucho más oscura, con más tensión. Hasta cuando sonreía se veía que no era ella, porque ella sonreía más como su hermana gemela, con los ojos, con la boca y con los dientes, como su madre, achinando los ojos hasta hacerse dos rayitas finas. Pero la imagen proyectaba una sonrisa seria, sin arrugas, dejando ver los dientes sí, pero el resto de la cara permaneciendo igual, definitivamente no era ella.

Sin embargo entró en la siguiente habitación y volvió a cambiar de escenario. Ahora era como su casa, de hecho olía como en su casa, a una mezcla de cocina, incienso y colonia. Miró y la volvió a ver, esta vez le dio un vuelco el corazón, la imagen (su imagen) estaba con su madre y su hermana. Un pinchazo profundo debajo de sus ojos la sacudió entera, ¿también estaba su madre en todo esto? Parecía que actuase como si fuera ella, pero notaba un rayo de preocupación en la frente de su madre. Su hermana las observaba nerviosa y hacía gestos para tranquilizar a su madre. La imagen de Alicia, miraba fijamente a su madre sin pestañear con los ojos abiertos de par en par y una seriedad indiferente que comenzó a mover todas las cosas de la estancia. Cuanto más miraba así, más se movían los cubiertos, las cacerolas, el mantel, los vestidos y cabellos de su madre y hermana, que a estas alturas miraban desconcertadas a la imagen de Alicia, le pedían que dejara de hacerlo, pero ella seguía mirando así.

Alicia se acercó a su imagen y le cerró los ojos. Sujetó con una mano los ojos de la imagen que, por cierto, era tan real como ella misma. Con la otra mano tocó a su madre en la frente para borrarle ese rayo de preocupación que se había convertido en una arruga profunda como si hubiese cumplido diez años de golpe. Su hermana, temerosa, se acercó y le ayudó a tapar los ojos a su imagen para que pudiera abrazar a su madre. Entonces la otra Alicia volvió a hablar:

- ¿Qué pasa Alicia?, ¿vas a dejar que tu hermana me elimine así como así? Tú sabes quien soy, sabes que soy la que quieres ser. Si me reconoces, podremos irnos juntas y ya nunca más sentirás miedo. Tú sabes a qué me refiero, sabes que no eres como tu hermana, tampoco como tu madre. Tú eres diferente, eres como yo.

Alicia lloraba y se tapaba los oídos para no escuchar. El sonido de la voz inundaba su cabeza y comenzó a ver imágenes: la de sí misma de niña, obediente y buena, no queriendo herir a nadie, no queriendo herir a su madre sobre todo a su madre; se vio en clase, maltratada por esa compañera; y se vio en las noches oscuras, en camas ajenas con manos ajenas, llorando, consolada solo por su hermana, anhelando a su madre en su otra casa, notando las horas una tras otra hasta poder volver. Apretó más los ojos y logró verse sonriendo de verdad produciéndole una sensación de bienestar y una determinación que hasta ese momento no había sentido. Se separó de su madre, y se puso frente a su imagen, apartó las manos de su hermana de los ojos de la otra Alicia y la miró. Abrió los ojos, y miró, como antes había hecho en el espjo, se acercó y sonrió arrugando tanto los ojos que ya no eran igual que los ojos de su imagen. Poco a poco, Alicia empezó a reír, primero tímidamente, después muy fuerte, con ganas. Agarró las manos de su madre y hermana y trasladó una corriente de optimismo y seguridad que las mantuvo unidas mientras, mirando a los ojos de la falsa imagen comenzaron a flotar y a volar alto, libres. Abajo quedaron las imágenes de su cabeza, la imagen falsa de sí misma que la miraba con la boca en círculo por la sorpresa pero cada vez más y más pequeña.

Alicia llegó acompañada a su casa, una casa rodeada de espejos que le devolvían una imagen de sí misma, la imagen de una adolescente con ganas de enfrentarse al mundo.

El espejo de Alicia

Alicia se miró al espejo y vio una niña que no era ella, como si hubiese perdido su alma, el espejo la miraba con sus mismos ojos y su misma boca, hasta su misma ropa, pero no era ella. No conseguía saber qué era, sonrió y el espejo sonrió, sacó la lengua y también la imagen lo hizo, movió una mano, la otra, saltó, se agachó, se puso de perfil, nada, seguía igual, la imagen hacía todo lo que ella, pero no era ella. Despacio, se acercó y miró dentro de sus ojos, los de la imagen, los suyos propios y, de repente, los ojos se agrandaron hasta convertirse en dos grandes agujeros oscuros que la aspiraban hacia dentro y cayó.

Pensó que estaba soñando, igual que Alicia en el País de las Maravillas, cayendo a través de la madriguera, o Alicia a través del espejo, ¡claro, eso era!, lo que había detrás de su espejo. Quiso despertar pero no sentía que estuviera dormida, hasta se pellizcó y se hizo daño. No entendía qué estaba pasando, los sueños son absurdos pero esto era muy real, veía claramente las paredes del lugar donde había caido,  que eran rugosas y húmedas, le recordaban a una cueva. Hasta el olor era húmedo y oscuro, como si se hallara en el interior de un sótano. Intentó encontrar algo con lo que iluminar el recinto para buscar la salida, por lo menos saber si podría volver, y tanteó con las manos temerosas el suelo y la pared. Tropezó con una piedra y volvió a caer quedando boca abajo. Allí estaba, era como una especie de farol diminuto con una luz diminuta. Reptó hasta él y lo cogió. En ese momento, el farol comenzó a emitir más luz, creció hasta hacerse del tamaño de su mano e iluminó la estancia. Alicia sentía el corazón en la garganta, le dolía la cabeza y le escocían los ojos, pero había algo en esa luz que la reconfortaba. Miró alrededor de sí y pudo ver una habitación parecida a una cueva pero mucho más bonita, las paredes estaban manchadas de humedad, pero el techo era abovedado y tenía varias comunicaciones a otras estancias similares. Volvió a negar con la cabeza, como diciéndose a sí misma que su imaginación era demasiado, pero la luz siguió brillando y ella se sintió confiada al mismo tiempo que intrigada por saber donde estaba. Se dio la vuelta y ahí estaba, ella misma, mirándola sonriendo. Por un momento pensó que se había vuelto loca y cerró los ojos, ¡la imagen del espejo estaba allí con ella! No podía ser, eso sólo pasaba en los cuentos y en los sueños.

- No temas, no estás loca, es cierto que me está viendo – le dijo la imagen.

Alicia abrió los ojos mucho y la volvió a ver, allí estaba. Tuvo ganas de salir corriendo pero ¿adonde? No sabía donde estaba, así que respondió:

- Pero ¿tú quien eres? Pareces yo, mejor dicho, eres yo, pero pareces otra.

- Soy tu imagen, la del espejo, te he traido hasta aquí para que me reconozcas y volvamos juntas al otro lado, a tu casa, a nuestra casa.

- ¿Pero qué dices? Como vas a ser mi imagen, no estamos en el País de Nunca Jamás, no soy Peter Pan. Ya sé que esto será un sueño pero la verdad, está durando más de la cuenta, yo quiero despertar.

La otra Alicia comenzó a caminar, se metió por una de las dependencias de la sala y desapareció. Alicia se quedó quieta por un momento, pensando que quizás si volviera a cerrar muy fuerte los ojos cuando los abriera estaría en su cama, pero no fue así. Decidió levantarse y caminar detrás de su imagen. Al entrar en la nueva estancia reconoció otras paredes, incluso otra luz. Parecían las paredes de su instituto, con azulejos verdes hasta la mitad y una pintura color beige descascarillada hasta el techo. En el centro de la sala estaba ella (mejor dicho, su otra ella) con otra niña que reconoció al instante, su mejor amiga. Ambas se pasaban notas y reían, no había nadie más, pero parecía que ellas sentían que estaban haciendo algo malo porque se reían por lo bajo y miraban continuamente hacia el frente como si estuvieran en clase. Reconoció la escena, se vio a sí misma en el Instituto y sonrió por primera vez. Le duró poco la sonrisa porque la escena cambió y comenzó una nueva, su amiga le decía que hiciera algo que ella no quería hacer, y ella lo hacía a regañadientes para no disgustarla. Aunque no escuchaba sus voces, Alicia volvió a reconocer la escena… un momento, se dijo, ¿qué está pasando aquí? ¿estoy presenciando mi propia vida?, ¿acaso estoy muerta? ¡Es como el Cuento de Navidad!, exclamó. La otra Alicia se volvió y la miró: “quizás empieces a reconocerme ¿no? Al fin y al cabo, somos una”, le dijo y se volvió a ir, dejándola sola otra vez.

Cada vez estaba más confusa, no le gustaba lo que había presenciado, ni tampoco lo que le había respondido la niña esa. Se había reconocido, pero unos meses atrás, y además había algo en esa imagen que le hacía diferente, era como una especie de suplente o doble, una Alicia mucho más oscura, con más tensión. Hasta cuando sonreía se veía que no era ella, porque ella sonreía más como su hermana gemela, con los ojos, con la boca y con los dientes, como su madre, achinando los ojos hasta hacerse dos rayitas finas. Pero la imagen proyectaba una sonrisa seria, sin arrugas, dejando ver los dientes sí, pero el resto de la cara permaneciendo igual, definitivamente no era ella.

Sin embargo entró en la siguiente habitación y volvió a cambiar de escenario. Ahora era como su casa, de hecho olía como en su casa, a una mezcla de cocina, incienso y colonia. Miró y la volvió a ver, esta vez le dio un vuelco el corazón, la imagen (su imagen) estaba con su madre y su hermana. Un pinchazo profundo debajo de sus ojos la sacudió entera, ¿también estaba su madre en todo esto? Parecía que actuase como si fuera ella, pero notaba un rayo de preocupación en la frente de su madre. Su hermana las observaba nerviosa y hacía gestos para tranquilizar a su madre. La imagen de Alicia, miraba fijamente a su madre sin pestañear con los ojos abiertos de par en par y una seriedad indiferente que comenzó a mover todas las cosas de la estancia. Cuanto más miraba así, más se movían los cubiertos, las cacerolas, el mantel, los vestidos y cabellos de su madre y hermana, que a estas alturas miraban desconcertadas a la imagen de Alicia, le pedían que dejara de hacerlo, pero ella seguía mirando así.

Alicia se acercó a su imagen y le cerró los ojos. Sujetó con una mano los ojos de la imagen que, por cierto, era tan real como ella misma. Con la otra mano tocó a su madre en la frente para borrarle ese rayo de preocupación que se había convertido en una arruga profunda como si hubiese cumplido diez años de golpe. Su hermana, temerosa, se acercó y le ayudó a tapar los ojos a su imagen para que pudiera abrazar a su madre. Entonces la otra Alicia volvió a hablar:

- ¿Qué pasa Alicia?, ¿vas a dejar que tu hermana me elimine así como así? Tú sabes quien soy, sabes que soy la que quieres ser. Si me reconoces, podremos irnos juntas y ya nunca más sentirás miedo. Tú sabes a qué me refiero, sabes que no eres como tu hermana, tampoco como tu madre. Tú eres diferente, eres como yo.

Alicia lloraba y se tapaba los oídos para no escuchar. El sonido de la voz inundaba su cabeza y comenzó a ver imágenes: la de sí misma de niña, obediente y buena, no queriendo herir a nadie, no queriendo herir a su madre sobre todo a su madre; se vio en clase, maltratada por esa compañera; y se vio en las noches oscuras, en camas ajenas con manos ajenas, llorando, consolada solo por su hermana, anhelando a su madre en su otra casa, notando las horas una tras otra hasta poder volver. Apretó más los ojos y logró verse sonriendo de verdad produciéndole una sensación de bienestar y una determinación que hasta ese momento no había sentido. Se separó de su madre, y se puso frente a su imagen, apartó las manos de su hermana de los ojos de la otra Alicia y la miró. Abrió los ojos, y miró, como antes había hecho en el espjo, se acercó y sonrió arrugando tanto los ojos que ya no eran igual que los ojos de su imagen. Poco a poco, Alicia empezó a reír, primero tímidamente, después muy fuerte, con ganas. Agarró las manos de su madre y hermana y trasladó una corriente de optimismo y seguridad que las mantuvo unidas mientras, mirando a los ojos de la falsa imagen comenzaron a flotar y a volar alto, libres. Abajo quedaron las imágenes de su cabeza, la imagen falsa de sí misma que la miraba con la boca en círculo por la sorpresa pero cada vez más y más pequeña.

Alicia llegó acompañada a su casa, una casa rodeada de espejos que le devolvían una imagen de sí misma, la imagen de una adolescente con ganas de enfrentarse al mundo.

El espejo de Alicia

Alicia se miró al espejo y vio una niña que no era ella, como si hubiese perdido su alma, el espejo la miraba con sus mismos ojos y su misma boca, hasta su misma ropa, pero no era ella. No conseguía saber qué era, sonrió y el espejo sonrió, sacó la lengua y también la imagen lo hizo, movió una mano, la otra, saltó, se agachó, se puso de perfil, nada, seguía igual, la imagen hacía todo lo que ella, pero no era ella. Despacio, se acercó y miró dentro de sus ojos, los de la imagen, los suyos propios y, de repente, los ojos se agrandaron hasta convertirse en dos grandes agujeros oscuros que la aspiraban hacia dentro y cayó.

Pensó que estaba soñando, igual que Alicia en el País de las Maravillas, cayendo a través de la madriguera, o Alicia a través del espejo, ¡claro, eso era!, lo que había detrás de su espejo. Quiso despertar pero no sentía que estuviera dormida, hasta se pellizcó y se hizo daño. No entendía qué estaba pasando, los sueños son absurdos pero esto era muy real, veía claramente las paredes del lugar donde había caido,  que eran rugosas y húmedas, le recordaban a una cueva. Hasta el olor era húmedo y oscuro, como si se hallara en el interior de un sótano. Intentó encontrar algo con lo que iluminar el recinto para buscar la salida, por lo menos saber si podría volver, y tanteó con las manos temerosas el suelo y la pared. Tropezó con una piedra y volvió a caer quedando boca abajo. Allí estaba, era como una especie de farol diminuto con una luz diminuta. Reptó hasta él y lo cogió. En ese momento, el farol comenzó a emitir más luz, creció hasta hacerse del tamaño de su mano e iluminó la estancia. Alicia sentía el corazón en la garganta, le dolía la cabeza y le escocían los ojos, pero había algo en esa luz que la reconfortaba. Miró alrededor de sí y pudo ver una habitación parecida a una cueva pero mucho más bonita, las paredes estaban manchadas de humedad, pero el techo era abovedado y tenía varias comunicaciones a otras estancias similares. Volvió a negar con la cabeza, como diciéndose a sí misma que su imaginación era demasiado, pero la luz siguió brillando y ella se sintió confiada al mismo tiempo que intrigada por saber donde estaba. Se dio la vuelta y ahí estaba, ella misma, mirándola sonriendo. Por un momento pensó que se había vuelto loca y cerró los ojos, ¡la imagen del espejo estaba allí con ella! No podía ser, eso sólo pasaba en los cuentos y en los sueños.

- No temas, no estás loca, es cierto que me está viendo – le dijo la imagen.

Alicia abrió los ojos mucho y la volvió a ver, allí estaba. Tuvo ganas de salir corriendo pero ¿adonde? No sabía donde estaba, así que respondió:

- Pero ¿tú quien eres? Pareces yo, mejor dicho, eres yo, pero pareces otra.

- Soy tu imagen, la del espejo, te he traido hasta aquí para que me reconozcas y volvamos juntas al otro lado, a tu casa, a nuestra casa.

- ¿Pero qué dices? Como vas a ser mi imagen, no estamos en el País de Nunca Jamás, no soy Peter Pan. Ya sé que esto será un sueño pero la verdad, está durando más de la cuenta, yo quiero despertar.

La otra Alicia comenzó a caminar, se metió por una de las dependencias de la sala y desapareció. Alicia se quedó quieta por un momento, pensando que quizás si volviera a cerrar muy fuerte los ojos cuando los abriera estaría en su cama, pero no fue así. Decidió levantarse y caminar detrás de su imagen. Al entrar en la nueva estancia reconoció otras paredes, incluso otra luz. Parecían las paredes de su instituto, con azulejos verdes hasta la mitad y una pintura color beige descascarillada hasta el techo. En el centro de la sala estaba ella (mejor dicho, su otra ella) con otra niña que reconoció al instante, su mejor amiga. Ambas se pasaban notas y reían, no había nadie más, pero parecía que ellas sentían que estaban haciendo algo malo porque se reían por lo bajo y miraban continuamente hacia el frente como si estuvieran en clase. Reconoció la escena, se vio a sí misma en el Instituto y sonrió por primera vez. Le duró poco la sonrisa porque la escena cambió y comenzó una nueva, su amiga le decía que hiciera algo que ella no quería hacer, y ella lo hacía a regañadientes para no disgustarla. Aunque no escuchaba sus voces, Alicia volvió a reconocer la escena… un momento, se dijo, ¿qué está pasando aquí? ¿estoy presenciando mi propia vida?, ¿acaso estoy muerta? ¡Es como el Cuento de Navidad!, exclamó. La otra Alicia se volvió y la miró: “quizás empieces a reconocerme ¿no? Al fin y al cabo, somos una”, le dijo y se volvió a ir, dejándola sola otra vez.

Cada vez estaba más confusa, no le gustaba lo que había presenciado, ni tampoco lo que le había respondido la niña esa. Se había reconocido, pero unos meses atrás, y además había algo en esa imagen que le hacía diferente, era como una especie de suplente o doble, una Alicia mucho más oscura, con más tensión. Hasta cuando sonreía se veía que no era ella, porque ella sonreía más como su hermana gemela, con los ojos, con la boca y con los dientes, como su madre, achinando los ojos hasta hacerse dos rayitas finas. Pero la imagen proyectaba una sonrisa seria, sin arrugas, dejando ver los dientes sí, pero el resto de la cara permaneciendo igual, definitivamente no era ella.

Sin embargo entró en la siguiente habitación y volvió a cambiar de escenario. Ahora era como su casa, de hecho olía como en su casa, a una mezcla de cocina, incienso y colonia. Miró y la volvió a ver, esta vez le dio un vuelco el corazón, la imagen (su imagen) estaba con su madre y su hermana. Un pinchazo profundo debajo de sus ojos la sacudió entera, ¿también estaba su madre en todo esto? Parecía que actuase como si fuera ella, pero notaba un rayo de preocupación en la frente de su madre. Su hermana las observaba nerviosa y hacía gestos para tranquilizar a su madre. La imagen de Alicia, miraba fijamente a su madre sin pestañear con los ojos abiertos de par en par y una seriedad indiferente que comenzó a mover todas las cosas de la estancia. Cuanto más miraba así, más se movían los cubiertos, las cacerolas, el mantel, los vestidos y cabellos de su madre y hermana, que a estas alturas miraban desconcertadas a la imagen de Alicia, le pedían que dejara de hacerlo, pero ella seguía mirando así.

Alicia se acercó a su imagen y le cerró los ojos. Sujetó con una mano los ojos de la imagen que, por cierto, era tan real como ella misma. Con la otra mano tocó a su madre en la frente para borrarle ese rayo de preocupación que se había convertido en una arruga profunda como si hubiese cumplido diez años de golpe. Su hermana, temerosa, se acercó y le ayudó a tapar los ojos a su imagen para que pudiera abrazar a su madre. Entonces la otra Alicia volvió a hablar:

- ¿Qué pasa Alicia?, ¿vas a dejar que tu hermana me elimine así como así? Tú sabes quien soy, sabes que soy la que quieres ser. Si me reconoces, podremos irnos juntas y ya nunca más sentirás miedo. Tú sabes a qué me refiero, sabes que no eres como tu hermana, tampoco como tu madre. Tú eres diferente, eres como yo.

Alicia lloraba y se tapaba los oídos para no escuchar. El sonido de la voz inundaba su cabeza y comenzó a ver imágenes: la de sí misma de niña, obediente y buena, no queriendo herir a nadie, no queriendo herir a su madre sobre todo a su madre; se vio en clase, maltratada por esa compañera; y se vio en las noches oscuras, en camas ajenas con manos ajenas, llorando, consolada solo por su hermana, anhelando a su madre en su otra casa, notando las horas una tras otra hasta poder volver. Apretó más los ojos y logró verse sonriendo de verdad produciéndole una sensación de bienestar y una determinación que hasta ese momento no había sentido. Se separó de su madre, y se puso frente a su imagen, apartó las manos de su hermana de los ojos de la otra Alicia y la miró. Abrió los ojos, y miró, como antes había hecho en el espjo, se acercó y sonrió arrugando tanto los ojos que ya no eran igual que los ojos de su imagen. Poco a poco, Alicia empezó a reír, primero tímidamente, después muy fuerte, con ganas. Agarró las manos de su madre y hermana y trasladó una corriente de optimismo y seguridad que las mantuvo unidas mientras, mirando a los ojos de la falsa imagen comenzaron a flotar y a volar alto, libres. Abajo quedaron las imágenes de su cabeza, la imagen falsa de sí misma que la miraba con la boca en círculo por la sorpresa pero cada vez más y más pequeña.

Alicia llegó acompañada a su casa, una casa rodeada de espejos que le devolvían una imagen de sí misma, la imagen de una adolescente con ganas de enfrentarse al mundo.